Los hayas, los robles, pero también los carpes y los castaños ya están perdiendo las hojas en verano antes de la llegada del otoño, en agosto, pero a veces incluso desde mediados de julio. Este fenómeno poco habitual hace que los bosques tengan aspecto de otoño temprano… y que nuestros jardines presenten un aire otoñal prematuro, con un tapiz de hojas muertas que ya cubre el suelo. Dos olas de calor, un déficit hídrico importante y un terreno sediento han debilitado estos árboles, llevándolos a una caída prematura del follaje. Como síntoma visible del estrés hídrico y de la alteración climática, cada verano se observa ya un pardeamiento con algo más de intensidad. ¿Qué especies son las más sensibles? Hojas chamuscadas por el sol en los árboles, amarilleamiento de las hojas en verano: ¿este pardeamiento temprano anuncia la muerte del árbol? ¿Y, sobre todo, qué podemos hacer para atenuar estos efectos? Te lo contamos.

¿Por qué las hojas de los árboles se vuelven amarillas a pleno agosto?

El mes de agosto de 2025 no habrá perdonado a la vegetación. En muchas regiones, especialmente en Nueva Aquitania, los árboles empezaron a defoliarse mucho antes de lo previsto. Este fenómeno no se debe a una estación adelantada, sino a un estrés fisiológico provocado por condiciones climáticas extremas.

En época estival, el follaje debería mostrar normalmente un verde intenso, alimentado por la clorofila, que capta la energía solar y permite al árbol producir sus reservas mediante la fotosíntesis. Pero la multiplicación de olas de calor, combinada con suelos cada vez más secos, altera profundamente este ciclo.

Árboles perdiendo sus hojas en verano debido al calor y la sequía

Los datos hablan por sí solos: en el periodo 2021-2023, se estima que el 8 % de los árboles del bosque francés (vivos o muertos en pie desde hace menos de cinco años) presentaban alteraciones a nivel fisiológico — es decir, 186 millones de árboles sobre un total de 2 270 millones. No se trata de un incidente aislado: el IGN (Instituto Nacional de Información Geográfica y Forestal) también señala un aumento del 54 % en la mortalidad de los árboles entre 2012 y 2022.

Y esto no es más que el comienzo. Según las proyecciones, de aquí a 2050 las sequías estivales durarán en promedio entre dos y cuatro meses, frente a los dos meses actuales, afectando de forma más duradera a los suelos. Si el calentamiento continúa, algunas regiones podrían registrar hasta 39 días adicionales de sequía al año, y en el sur los suelos podrían permanecer secos durante siete u ocho meses consecutivos.

En Francia, las especies autóctonas, adaptadas desde hace milenios a un clima templado, tienen dificultades para seguir el ritmo de esta alteración. Algunas se adaptan parcialmente; otras muestran señales claras de agotamiento.

La falta de agua, combinada con temperaturas muy elevadas, empuja a los árboles a cerrar sus estomas para limitar las pérdidas de agua. Este reflejo de supervivencia bloquea la fotosíntesis y provoca una pérdida rápida de vigor. Las hojas, privadas de agua y nutrientes, se pardean, se desecan y caen. El fenómeno de las hojas que amarillean en verano no tiene nada de natural: es un mecanismo de defensa para reducir la superficie de evaporación. Entonces hablamos de estrés hídrico.

Algunas especies, como el haya, son especialmente vulnerables : sufren quemaduras del follaje, lesiones en la corteza e incluso microfisuras que impiden la subida de la savia o provocan embolias (burbujas de aire). Todas estas alteraciones interrumpen el funcionamiento hídrico, comprometen la fotosíntesis — y debilitan el árbol de manera duradera.

Árboles muertos en un bosque

¿Qué ocurre después de una caída temprana del follaje?

Cuando un árbol pierde sus hojas desde el verano, entra en una forma de dormancia anticipada, como si se auto-protegiera frente a una situación crítica. Este mecanismo de defensa permite reducir sus necesidades de agua y energía, pero tiene consecuencias a medio y largo plazo.

1. Fotosíntesis detenida = reservas que no se reconstituyen

En condiciones normales, las hojas permanecen activas hasta el otoño para producir azúcares mediante la fotosíntesis. Estos azúcares sirven para reforzar las reservas radiculares, esenciales para pasar el invierno y reanudar el crecimiento en primavera. Una caída estival impide este proceso. Por tanto, el árbol entra en la estación fría con reservas insuficientes, lo que lo hace más vulnerable a enfermedades, al frío y a los ataques de plagas.

2. Crecimiento en pausa

Sin hojas, el árbol no puede seguir creciendo, ni en altura ni en diámetro. Durante varias temporadas consecutivas, esto se traduce en un desarrollo más lento, una copa más aclarada y una disminución progresiva de la vitalidad.

3. Riesgo de debilitamiento duradero

Si el episodio de estrés es puntual, el árbol puede recuperarse, sobre todo si está bien establecido. Pero si este estrés se repite (como cada vez ocurre más), el árbol no tiene tiempo de reconstituir sus reservas y se debilita progresivamente. Este proceso puede durar varios años antes de llevar a un decaimiento total.

4. Consecuencias diferidas visibles en primavera

Un árbol que haya perdido las hojas en agosto puede parecer vivo durante el invierno, pero no brotar (producir hojas nuevas) la primavera siguiente, o hacerlo de manera parcial. Esta ausencia de follaje refleja entonces un agotamiento interno, que a menudo resulta irreversible.

Arce común sufriendo la sequía

¿Esto anuncia la muerte del árbol?

No necesariamente, pero es preocupante. El pardeamiento y la defoliación tempranos son signos de estrés agudo, no una condena irreversible. Sin embargo, si estos episodios se repiten año tras año, pueden provocar una fragilización duradera, perder reservas de carbono, debilitar la resistencia frente a plagas y aumentar el riesgo de mortalidad.

Las especies más sensibles

No todas las especies reaccionan igual ante estos episodios climáticos extremos. Algunas son más vulnerables que otras:

  • El haya (Fagus sylvatica) : es una de las especies más afectadas. Originaria de climas húmedos y templados, sufre rápidamente la falta de agua y los golpes de calor. El pardeamiento del follaje es frecuente en verano, incluso en bosques densos. El déficit foliar —es decir, la proporción de follaje que falta en comparación con lo normal— pasó de alrededor del 15 % entre 1997 y 2003 a casi el 35 % entre 2017 y 2023. Este aumento de carga refleja una tendencia inquietante, aunque la especie a veces muestra capacidad de recuperación, en cuanto las condiciones vuelven a ser más favorables.
  • Los robles (Quercus robur, Q. petraea) : entre ellos, el roble pedunculado resulta más sensible al estrés hídrico estival, mientras que el roble albar y el roble pubescente presentan una resistencia mejor. No obstante, su debilitamiento repetido los hace más vulnerables a plagas como el bupreste o a ciertos hongos patógenos. Representan cerca del 25 % de la superficie forestal en Francia, es decir, una parte significativa de nuestros bosques.
  • El carpe (Carpinus betulus) y el castaño (Castanea sativa) : también muestran señales de debilidad desde finales del verano, con una caída temprana del follaje en caso de sequía prolongada.
  • Las coníferas como el abeto rojo : poco adaptadas a los veranos secos, sufren un debilitamiento notable, a menudo aprovechado por plagas como los escolítidos.

Esto refleja un deterioro general que afecta a todas las categorías de árboles. Así, se estima que un tercio de los robles (albares y pedunculados), dos tercios de las hayas, el 60 % de los abetos en altitudes bajas y medias, y el 90 % de los abetos rojos tienen riesgo de no poder seguir desarrollándose en sus zonas actuales de aquí a 2050.

Calentamiento climático: los árboles más vulnerables
Haya (Fagus sylvatica), Roble pedunculado (Quercus robur) y Olmo de Siberia (Quercus pumila)

¿Qué se puede hacer?

Ante este panorama, se pueden contemplar varias acciones:

  • Plantar especies más adaptadas

En el contexto actual, tiene sentido replantear las elecciones de especies, sin renunciar a los vegetales locales. Algunas especies muestran una mejor tolerancia a las sequías estivales repetidas. Conviene priorizar especies resilientes, pero variadas, y adaptar las plantaciones a las condiciones edafoclimáticas locales: tipo de suelo, exposición, capacidad de retención de agua, altitud…

Entre las especies más adecuadas para condiciones secas, encontramos el roble pubescente, el cedro del Atlas y el micocoulier de Provenza, además de especies mediterráneas como el pino carrasco o el roble carrasqueño. Todas estas especies son capaces de resistir el calor, siempre que se planten en zonas bien expuestas y con el clima adecuado. Especies como el sophora del Japón (Styphnolobium japonicum) o elolmo de Siberia (Ulmus pumila) también muestran buenas capacidades de adaptación.

Calentamiento climático: los árboles más adaptados
Roble pubescente (Quercus pubescens), Cedro del Atlas (Cedrus atlantica) y Micocoulier de Provenza (Celtis australis)
  • Fomentar la biodiversidad vegetal : diversificar las especies es una estrategia eficaz para reforzar la resiliencia global. Las formaciones mixtas (especies con sistemas radiculares y necesidades diferentes) resisten mejor las adversidades climáticas.
  • Preservar el suelo : un suelo vivo, rico en materia orgánica, retiene mejor el agua. Acolchar, dejar las hojas muertas en su lugar y evitar el compactado del suelo son gestos sencillos, pero muy eficaces.
  • Reducir las intervenciones durante el periodo de estrés : evita podas severas, trasplantes o aportes de abono nitrogenado en pleno verano. No te apresures para podar o talar un árbol estresado: a veces puede recuperarse, con tiempo y mejores condiciones.

Los hayas, los robles, pero también los carpes y los castaños ya están perdiendo las hojas en verano antes de la llegada del otoño, en agosto, pero a veces incluso desde mediados de julio. Este fenómeno poco habitual hace que los bosques tengan aspecto de otoño temprano… y que nuestros jardines presenten un aire otoñal […]

Aquí hay una tendencia singular que se consolida en nuestros exteriores, ¡y no solo entre paisajistas enamorados de los jardines conceptuales o únicamente junto al mar! Si el jardín de arena es especialmente adecuado para jardines costeros, también se revela como un jardín frugal y muy en tendencia, plenamente en sintonía con los cambios climáticos actuales.
Le proponemos descubrirlo en tres escenas que demuestran todo su interés estético y su ambiente soleado.

El jardín de arena: una tendencia paisajística entre la frugalidad y la estética

Lejos de la idea del tradicional jardín zen japonés, con grava o arena clara rastrillada, el jardín de arena se impone como una versión nueva del jardín. Mantiene una noción de serenidad, pero la traslada a una perspectiva más cálida, donde el mantenimiento y el riego se reducen al mínimo imprescindible. Responde a una necesidad ante el cambio climático: ¿cómo introducir vegetación más meridional en regiones septentrionales? Aunque las temperaturas aumentan y lo permiten, el problema de los suelos húmedos en invierno, a menudo mortal para estas plantas, persiste. El jardín de arena es una de las soluciones, ya que garantiza un drenaje eficaz.

Es un jardín funcional, todavía experimental a nivel mundial, que otorga protagonismo a los vegetales ondulantes con el viento, como un guiño a un mar que no siempre está ahí. También pone el foco en los materiales y las texturas contrastadas, a menudo con acero corten como soporte, pero también con mimbre trabajado en toninas o esculturas, la presencia de grandes piedras o de muros de contención.

Las plantas frugales crecen en un sustrato formado por una capa espesa de arena. Por lo tanto, deben ir a buscar el agua lejos para asegurar su supervivencia. Por esta razón, se eligen las plantas más resistentes a la sequía y las plantas xerófitas, que, gracias a su sistema radicular pivotante, no sufrirán con los veranos sofocantes.
También buscamos aquí acentuar el lado dorado de la arena con toda una paleta de tonos cálidos a nuestra disposición, tanto en las plantas como en los materiales. Las plantas suelen ser de porte bajo, tapizantes o flexibles, incorporando además algunos follajes grisáceos para reforzar aún más la sensación de calor.

jardin de arena diseño paisajístico
El jardín de arena se apoya en la evocación de las dunas y del litoral

Como un aire de vacaciones

Los jardines de primera línea de mar, y más en particular los que se encuentran en la franja costera sobre la línea de costa, son complicados de plantar debido a la omnipresencia de arena en el terreno. Encajan perfectamente con las exigencias del jardín de arena. Con un espíritu de regreso a la playa, se apuesta a fondo por este dúo arena y playa, tomando como ejemplo el ecosistema dunar.

Las plantas indispensables: valeriana, Lagurus ovatus y oyat (Ammophila arenaria), Armeria maritima 'Vesuvius' (gazón de España), sabline, Erigeron glaucus 'Sea Breeze' o Erigeron karvinskanius, claveles de arena, Perovskia, festuca azul, cardos marítimos (Eryngium maritimum), cardo mariano, etc.

Para traer la claridad vegetal, también se apuesta por lamas de madera a modo de terraza, por mini gaviones y se combina un toque cobrizo con un brasero bien útil para las noches de verano.

Nuestro consejo: aun así, procura evitar multiplicar los códigos de la playa. Nos limitamos solo a la arena, sin exceso ni añadidos de guijarros, conchas u otros detalles balnearios para no caer en la caricatura. ¡Las plantas crean el decorado, y no al revés!

ideas para jardín de arena
Alrededor de un brasero muy oportuno, las Stipas tenuifolia, los penachos de Lagurus ovatus, el Erigeron glaucus 'Sea Breeze', Eryngium planum y la Armeria maritima

Jardín de arena contemporáneo

Al contrario de este primer jardín dunar, que conecta con el entorno de forma natural, la idea de plantas frugales y de arena también evoca el minimalismo y la mineralidad de los jardines modernistas. La sobriedad de la materia arena, combinada con una paleta vegetal adecuada, permite crear un jardín de arena que sugiere una costa que no tiene por qué estar cerca, en perfecta armonía con una arquitectura contemporánea.

Aquí la combinación de colores se concibe en monocromía, o en dúo blanco/negro, blanco/malva o púrpura y verde, por citar solo algunas combinaciones pertinentes. Las plantas se eligen por su porte postrado, por su originalidad en la textura o en la forma de sus inflorescencias. También se aprecia el aporte de tonos grisáceos para unos follajes que combinan bien con el mobiliario exterior, a menudo en antracita. El acero corten, utilizado en las tablas o en paravientos estéticos, se impone como material que realza el brillo de la arena, igual que el ladrillo que puede servir como itinerario.

Las plantas indispensables: santolina plateada, artemisa 'Powis Castle', Ballota pseudodictamnus, gramíneas medias o altas como Carex cobrizo (Carex testacea), el movimiento de la Hordeum jubatum, siluetas gráficas (Cordylines, Yuccas) en terreno llano, y plantas bajas a medias, como en este caso en un montículo de arena acondicionado (gazón de España, gypsophila rastrera, tomillo serpol, etc.).

idea inspiración jardín de arena
Este ejemplo se inspira en el jardín efímero del paisajista Nigel Dunnett, en el último Chelsea Flower Show de 2025 (©Promesse de fleurs), imitando la curvatura y la movilidad de las dunas de arena: Ballote, Carex testacea 'Prairie Fire', artemisa 'Powis Castle' y cordyline

Ambiente sudafricano

Una de las buenas ideas del jardín de arena es viajar a un universo árido, aplastado por el calor. Allí se pueden plantar bonitas vivaces y gramíneas ultra-resistentes y acercarse a un ambiente californiano, o como aquí, sudafricano.

Inspirémonos en el trabajo de Léon Kluge, paisajista sudafricano de renombre mundial, en el Domaine de Chaumont-sur-Loire en Francia: pocas plantas para un efecto espectacular en este jardín a pleno sol. La escena bebe del matorral africano, donde la arena roja y las esculturas sobredimensionadas de baobabs estilizados componen esencialmente el decorado, con olas de Stipa tenuifolia y brasas de Satan. En casa, podemos imaginar altas toninas de mimbre rojo o el sauce trenzado en grandes bolas para añadir volumen y fundirse con este ambiente.

Las protagonistas: suculentas y gramíneas ligeras (Aloes, Euphorbia myrsinites, Stipas, Sesleria argentea, Lomandra longifolia, y plantas vivaces de colores en floraciones soleadas, de amarillos a naranjas (Kniphofias, Euryops pectinatus, bulbinas, Leonotis leonurus, gazanias...). Se priorizarán las plantas originarias de Sudáfrica, desde la Patagonia hasta Tasmania, algunas capaces de soportar hasta -8 °C en condiciones resguardadas.

idea diseño jardín de arena
En el sentido de las agujas del reloj: Stipas y kniphofias en el jardín "Bajo el sol africano" (©Domaine de Chaumont-sur-Loire), Euryops pectinatus, Kniphofia triangularis, Aloe polyphylla y Aloe arborescens

El jardín naturalista y el jardín inglés también se inspiran en esta técnica vanguardista, y podríamos haber elaborado escenas igual de bien en estos dos mundos que se prestan a ello y que se están experimentando, especialmente al otro lado del Canal de la Mancha, actualmente.


Descubre nuestra selección de vegetales adaptados al espíritu Jardín de arena en nuestra vivero en línea y en nuestra página de inspiración en el Carnet de tendencia 2026 .

¿Te gustan estos ambientes tan singulares? Descubre otras escenas inspiradoras en universos bastante cercanos:

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Durante siglos, las verduras han viajado a través de los continentes, transportadas por exploradores, comerciantes y botánicos. Berenjenas, patatas, apios, coles, zanahorias y otros nabos… Las verduras tan familiares en nuestra cocina de todos los días suelen venir de los antípodas, o al menos de territorios lejanos. Se aprende en nuestras clases de historia que el tomate y el maíz nos llegaron de América. Pero, ¿qué sabemos realmente sobre la epopeya de nuestras verduras?
De la Antigüedad a las últimas hibridaciones modernas, verduras procedentes de Asia y de Oriente Próximo u originarias de América: les propongo una escapada espacio-temporal por los cuatro rincones de nuestro planeta. Quizá descubran cuál es la verdura más antigua del mundo, cuáles son las verduras más consumidas hoy en el mundo y algunos relatos sabrosos sobre su historia y su procedencia hasta nosotros.

origen des legumes historia

Origen de las verduras: los continentes que las vieron nacer

Tres grandes zonas del mundo son el origen de la mayor parte de las verduras que hoy componen nuestra alimentación: Oriente Próximo, Asia y las Américas. Tengan en cuenta que cuando se habla de este origen, se refiere a las zonas geográficas donde esas verduras se han cultivado, y no a donde la verdura se registró como planta silvestre. Esto a veces explica las divergencias que observamos entre el origen de algunas verduras (un buen ejemplo es el debate aún sin resolver sobre la berenjena, que sería china o india).

Estos son los orígenes de algunas de las verduras más utilizadas en la actualidad, por continente y grandes regiones del mundo:

  • América : tomate (México y América Central), judía, calabazas y calabacín (México), patata (Perú y Bolivia), pimiento (América Central), boniato (Perú), maíz (México)
  • Asia : berenjena y pepino (India), espinaca (Persia), ajo, chalota y cebolla, zanahoria, pepino, nabo, crosne (Japón)
  • Oriente Próximo : guisantes* (media luna fértil), rábano, lenteja, garbanzo, rúcula y la col que allí se domesticó probablemente.
  • Medio Oriente : zanahoria (Afganistán), cebolla (Irán y Afganistán),

*(a menudo se admite como una de las verduras más antiguas del mundo; su cultivo se remonta a 7 000 a 10 000 años)

Europa y África también son el lugar de origen de varias verduras de nuestro día a día. Col, hinojo, acelga, chirivía, haba, y muchas ensaladas como la mâche (procedente de Sicilia y Cerdeña), la escarola o la achicoria para Europa; la remolacha y el cardo provienen de África del Norte.

Si todas estas verduras fueron traídas por las grandes expediciones de los siglos XV y XVI o por la conquista árabe (la Ruta de la Seda y la Ruta del Incienso no trataban de víveres, sino de especias, tejidos y maderas preciosas), se producirá una lenta evolución: se domesticaron y, después, se aclimataron en regiones con climas muy distintos a sus zonas de origen.

Las verduras a través del tiempo: pequeña cronología de un éxito anunciado

El consumo de verduras está documentado en numerosos textos y manuscritos antiguos a través de diferentes culturas y épocas, pero también mediante pinturas y bodegones a partir del Renacimiento. Así, los arqueólogos han permitido identificar la despensa de nuestros lejanos antepasados; los historiadores han investigado su introducción, y los naturalistas y botánicos han estudiado su aclimatación en nuestros países.


Se aprende en la escuela: el ser humano nómada no cultivaba; era un cazador-recolector. Cuando se vuelve sedentario, en el Neolítico, aproximadamente -10 000 antes de nuestra era, empieza a domesticar algunos animales… y ¡a plantar! Los primeros focos de sedentarización en Oriente Medio, lo que se denomina la media luna fértil (correspondiente a Irán, Irak y Turquía) dan cuenta del cultivo de cereales, como la cebada (Hordeum vulgare), y después del trigo, la avena y el centeno. Considerada como primer alimento cultivado, la cebada figuraba claramente en el menú de nuestros antepasados de la cuenca mediterránea.
El Antiguo Egipto, que nos dejó multitud de testimonios sobre sus prácticas alimentarias en templos, tumbas y papiros, cultivaba en el fértil valle del Nilo la col y el pepino, pero también los garbanzos y, de manera sorprendente, el rábano, además del mastranto (papiro), que se consumía. Era un pueblo esencialmente vegetariano.


Más cerca de nosotros, en la Roma antigua, se han podido identificar las verduras que comían los habitantes de Pompeya: guisantes, habas y lentejas encontrados en Egipto, así que, muchas legumbres, pero ya aparecen también verduras como la col, el puerro, las cebollas y los espárragos. Todas estas verduras las menciona Columela, un agrónomo romano, y Plinio el Viejo en su Naturalis Historia.

histoire legumes
Las legumbres y los cereales fueron parte de los primeros alimentos cultivados

Más tarde aún, en la Edad Media, muchos manuscritos relatan las verduras que se cuelan en las mesas: sobre todo verduras de hoja, como la espinaca, la acelga y la borraja, verduras de raíz (crosne, chirivía, zanahorias, nabos…) y las llamadas verduras perpetuas o vivaces. Todavía hay rastros de legumbres como los garbanzos y las lentejas. La remolacha aparece y Carlomagno intenta imponerla en el huerto. La incluye en su Capitulare de Villis y la recomienda como cultivo hortícola para el Imperio. La cocina medieval se reduce entonces a menudo a todas estas verduras, consumidas en forma de sopas, caldos, tartas y guisos. Las carnes, la caza y los pescados quedan reservados para las clases nobles.

La era de los descubrimientos en los siglos XV y XVI hace más densa esta cartografía de las verduras. El descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492 es el origen de la introducción de muchas verduras nuevas en Europa, como el tomate, la patata, el maíz, el pimiento y la calabaza, por citar solo las más conocidas. Estas verduras procedentes del Nuevo Mundo fascinan literalmente a nuestro viejo continente. Estarán en las mesas de los monarcas y las cortes europeas, garantizando el esplendor de los banquetes durante el Renacimiento, y después se integrarán en las cocinas europeas en la época moderna.

Después, asistimos a la aclimatación y apogeo de estas verduras en climas cálidos, para adaptarlas a nuestras regiones, a nuestra higrometría y a nuestras cuatro estaciones. Los invernaderos, que se desarrollarán a partir del siglo XVIII, permitirán un impulso sin precedentes del cultivo hortícola. Los agricultores podrán producir poco a poco muchos tipos de verduras a lo largo de todo el año, aumentando tanto la diversidad como la productividad.

Berenjena, zanahoria y alcachofa: tres verduras domesticadas sometidas a lupa

Alexandra ya se había acercado a la fascinante historia de algunas verduras en Mi huerto viene de lejos, como la patata, el tomate o las calabazas. Completo esta lista hablándoles aquí de la berenjena, la zanahoria y la alcachofa: tres verduras llenas de sabor y color… bueno… ¡no todas al principio!

  • La berenjena

La berenjena (Solanum melongena L), a la que durante mucho tiempo apodaron la manzana de los locos o la manzana de Sodoma en el siglo XIV, tuvo una reputación bastante mediocre antes de convertirse en esa verdura de verano tan apreciada hoy en la cocina mediterránea, libanesa y asiática. Se decía entonces que era peligrosa, porque se la asimilaba, como se hacía con el tomate, sin demasiadas razones, a la belladona, que pertenece a la misma familia botánica: la de las solanáceas. Se le atribuían fiebres, crisis de epilepsia, y quienes la comían estaban incluso destinados a perder la razón.

Así pues, las berenjenas fueron, como otras verduras, consideradas inicialmente plantas ornamentales en Europa, pero pronto ganaron mucha popularidad como alimento en el sur de Europa. Se constata su cultivo hacia el 500 a. C. en la India y en Birmania. Las berenjenas blancas serían las formas cultivadas más antiguas. En la India, Birmania y China, aparecen referencias a variedades claras o blancas en textos antiguos, ya desde el siglo V.
De hecho, en inglés todavía se llaman "eggplants" porque se parecían… a huevos de gallina.
Fueron los árabes quienes la descubren en la Edad Media y la traen desde Asia, probablemente desde la India, en el siglo XV. La llaman "al-bâdinjân", la introducen en el área mediterránea y la adoptan rápidamente gracias a sus intercambios comerciales con el mundo árabe. La berenjena pasa por el norte de África, luego por España y, después, por otros países del Magreb. Pero son los italianos quienes realmente la popularizan en el siglo XIX. A partir de entonces, se consumirá más en España e Italia, además de en Grecia. La berenjena no llegará a los mercados del norte de Francia hasta la mitad del siglo XIX.

La berenjena sigue siendo muy consumida en Oriente Medio, donde es la estrella de platos emblemáticos como el baba ghanoush en el Líbano, o el Imam bayildi en Turquía, por ejemplo. Además, en Turquía, donde la mermelada de berenjenas es una especialidad, también se consume dulce, pero asimismo en Andalucía se come cocinada con miel como plato: la berenjena recupera así su estatus de fruta, porque botánicamente, lo es.
Hoy en día, la berenjena aparece en el top 7 de las verduras más cultivadas del mundo, con más de 60 millones de toneladas al año. La producción mundial de berenjena es esencialmente china e india: China representa aproximadamente el 63 % de la producción mundial y la India, alrededor del 24 %. Se consume mayoritariamente en Asia. Hoy no hay menos de 341 variedades de berenjenas registradas en el catálogo oficial.

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  • La zanahoria

Se atribuye a Irán un cultivo desarrollado de la zanahoria (Daucus carota), pero se dice que apareció en Afganistán en el siglo X, en realidad, bastante recientemente. Inicialmente se producirá en Europa, sobre todo en España, y al pasar los Pirineos llegará a Francia y, después, a Italia en el siglo XIV.

Zanahorias amarillas, blancas y rojas, antepasados de la zanahoria naranja, han deleitado las mesas reales europeas con ese color hasta el Renacimiento. Como otras verduras o frutas que poco a poco cambiaron de color, la zanahoria muestra en su origen tonos blanquecinos. Fueron los holandeses quienes, a lo largo del siglo XVII, mediante numerosas hibridaciones, transforman esa zanahoria pálida en una zanahoria cada vez más naranja.

Ahora encontramos en los puestos zanahorias amarillas y púrpuras: ¡qué curioso giro de los acontecimientos!

origen historia des legumes
  • La alcachofa

La alcachofa (Cynara scolymus), para nosotros un símbolo bretón, es originaria… de la cuenca mediterránea, de África del Norte, con más precisión. No es otra cosa que un cardo silvestre domesticado. Probablemente ya se consumía en la Antigüedad por los egipcios y los bereberes en su forma silvestre, el cardo (Cynara cardunculus).

A partir de esta especie, por selección, se obtiene la alcachofa cultivada. Gana Italia desde el siglo I, en época del Imperio romano, que la utiliza sobre todo, igual que Grecia, por sus propiedades medicinales. Es en el Renacimiento, hacia 1644, cuando se populariza de verdad y empieza a cultivarse en los huertos aristocráticos, especialmente en Nápoles y Sicilia. Entonces se le atribuyen virtudes digestivas e incluso afrodisíacas. Aparece en Francia gracias a Catalina de Médicis, que la introduce en los jardines reales en el siglo XVI. A Luis XIV le encantaba este vegetal… La Quintinie cultivará cinco variedades diferentes.

No es hasta principios del siglo XIX cuando la alcachofa se vuelve popular, gracias a la creación del famoso Camus grueso de Bretaña. Así, se convierte en un cultivo hortícola de gran envergadura en Bretaña, Provenza y en el Valle del Loira. Existen varias variedades, como la Gros vert de Laon, la alcachofa morada de Provenza o la poivrade—que aparece más tarde—, una variedad pequeña y tierna que a menudo se consume cruda o con aceite. La alcachofa sigue siendo una verdura emblemática de la cocina mediterránea, que se encuentra rellena, en barigoule o a la romana.

Hoy, Italia, España y Egipto figuran entre los tres principales productores de alcachofas del mundo, muy por delante de Francia.

histoire des legumes

Las "nuevas verduras"

Aunque a menudo pensemos que todas nuestras verduras son antiguas, algunas solo aparecen en nuestros huertos y en nuestros puestos hace muy poco, especialmente con la globalización alimentaria, el auge del bio y nuevas costumbres de consumo (sin gluten, vegetarianismo).

Entre las verduras que han llegado recientemente a nuestros huertos y a nuestros mercados figuran las verduras exóticas, pero no solo…

  • La chayote (o christophine), una cucurbitácea de América Central, muy utilizada en las cocinas antillanas y de Reunión, y que ahora ya está bien aclimatada y se cultiva en Francia, en la zona atlántica de clima suave o en el sur.
  • Col kale – regresó con fuerza desde los años 2010, estrella de las dietas saludables. Hoy se cultiva mucho en huertos urbanos, ecológicos y alternativos.
  • La col romanesco llegó a nuestros mercados en los años 1990.
  • La batata : era rara hace todavía 30 años y hoy está presente en todos los mercados, cultivada incluso en el suroeste francés. Algunas variedades están adaptadas al clima francés.
  • El yacón (pera de tierra): originario de Sudamérica, sigue siendo marginal, pero entra en los circuitos ecológicos y en las AMAP (Asociación para el Mantenimiento de una Agricultura Campesina). Su sabor es dulce, parecido al tupinambo.

Se suma a esta lista el rábano negro, una verdura antigua rehabilitada por la cocina moderna y las tendencias del bienestar. Durante mucho tiempo estuvo confinado a la herbolaria, pero hoy vuelve a aparecer en ensaladas de invierno y en platos detox. Estas verduras son una prueba del renacimiento vegetal del siglo XXI, entre el exotismo y las innovaciones culinarias.

También asistimos a la redescubierta de verduras olvidadas como el crosne, la acelga, la helianthi, el crosne o el cardo, y de hierbas como el ajo de oso, a menudo recuperadas por chefs o huertos ecológicos.

La agricultura del siglo XXI también ha visto la aparición de verduras híbridas o creadas mediante cruces, como el broccolini (cruce entre brócoli y kai-lan) o la kalette (kale + col de Bruselas). Son un reflejo de nuestro gusto creciente por la innovación vegetal, pero también de la necesidad de adaptarse a las nuevas condiciones climáticas.

¡Verduras que podrían no haber existido nunca!

Por último, también hay verduras que nunca llegaron a existir… y otras que podrían haber permanecido desconocidas en Europa.
Así, intentaremos consumir el tubérculo de la dalia, traído a Francia en 1802 desde México, vía España. Esta planta se cultivaba y se utilizaba con fines decorativos en tiaras floridas, pero también la consumían los aztecas desde hace siglos. El botánico André Thouin pensaba que podría utilizarse con nosotros, un poco como la patata: el tubérculo tiene una consistencia harinosa. Pero su sabor picante no convence a los probadores del momento, y así, queda relegada desde 1804 (¡para nuestro gran placer!) como única planta ornamental.

Algunas verduras tan apreciadas hoy en día han estado a punto de no entrar en nuestras cocinas. La patata y el tomate son buenos ejemplos: la primera se consideró durante mucho tiempo impropia para el consumo, indigesta, solo buena para alimentar a los animales y supuestamente transmisora de la peste; la segunda mantuvo durante mucho tiempo la imagen de planta tóxica. Los franceses no la adoptaron hasta partir de 1731, y los alemanes, más tarde, hacia 1870. Estas plantas acusadas de envenenadoras también tuvieron su lote en algunos frutos, pero volveremos sobre ello en un próximo artículo.

Para saber más

No puedo recomendarles demasiado uno de los libros que recibió recientemente el Premio Saint-Fiacre 2024: "Tour de France des fruits et légumes" de Noémie Vialard y Stéphane Houlbert, así como Histoire de légumes : Des origines à l'orée du XXI e siècle, de Michel Pitrat y Claude Foury.

Si pasean por Anjou, vayan a visitar los jardines del Puygirault, un lugar único que repasa la evolución del huerto desde los tiempos más remotos.

¿Quiere descubrir verduras antiguas? Descubra nuestros artículos y recetas sobre el tema:

Encuentra un artículo interesante de National Geographic sobre un termopolio descubierto intacto en Pompeya.

El Museo de Cluny nos inspira con sus recetas medievales !

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El Popillia japonica, comúnmente llamado escarabajo japonés, representa una amenaza cada vez mayor para la agricultura y los jardines en Europa, y en particular en Francia, donde podría asentarse próximamente. Este insecto, originario de Asia, está clasificado entre los organismos de cuarentena prioritarios por la Unión Europea debido a sus devastadores impactos económicos y medioambientales. En efecto, ataca a más de 300 especies de plantas, desde cultivos agrícolas hasta plantas ornamentales. Descubramos un poco más sobre esta posible (y una más) amenaza.

¿Cómo reconocer el escarabajo japonés?

El escarabajo japonés mide aproximadamente entre 10 y 12 mm de longitud. Su pequeño tamaño puede llevar a confundirlo con otros coleópteros presentes en Francia. Sin embargo, se distingue por la cabeza y el tórax de color verde metálico, los élitros marrón cobrizo, así como por los cinco mechones de cerdas blancas situados en los laterales del abdomen y otros dos en el extremo de este.

Por último, el escarabajo japonés es más pequeño que otros escarabajos europeos comunes. La forma de su cuerpo es compacta y ligeramente redondeada, con antenas cortas y segmentadas que terminan en mazas con forma de palo de golf. Estas antenas suelen recogerse cuando se posa, pero pueden ser visibles cuando está en movimiento o alimentándose.

escarabajo japonés Francia

Ciclo de vida del Popillia japonica

El ciclo de vida del Popillia japonica, o escarabajo japonés, es anual e incluye cuatro etapas: huevo, larva, ninfa y adulto. Las hembras depositan sus huevos en verano en el suelo, de donde emergen las larvas tras aproximadamente dos semanas, alimentándose de las raíces de las plantas y causando daños hasta el otoño. Después, hibernan en profundidad hasta la primavera, cuando se transforman en ninfas y pasan a la fase adulta. Los adultos están presentes en verano, se alimentan de hojas y flores, y luego se reproducen, cerrando así el ciclo.

¿Cuál es su impacto en las plantas?

Este insecto es polífago, es decir, se alimenta de múltiples especies vegetales (unas 300 especies). Los adultos se alimentan del follaje, las flores y los frutos, dejando las hojas en estado esqueletizado después de su paso. Por su parte, las larvas causan daños al alimentarse de las raíces de las plantas, en particular de gramíneas como los céspedes. Entre las plantas más afectadas, se encuentra la vid, los árboles frutales, los rosales y muchas otras plantas ornamentales y agrícolas.

En Italia, donde el escarabajo japonés está presente desde 2014, los viñedos son especialmente vulnerables. Los escarabajos devoran las hojas de la vid, reduciendo la superficie foliar necesaria para la fotosíntesis y, por tanto, la maduración de las uvas. Los cultivos de maíz y soja también se ven gravemente afectados por el escarabajo japonés.

Los rosales se encuentran entre las plantas ornamentales más afectadas. Los escarabajos japoneses devoran las hojas y las flores, lo que puede provocar una defoliación completa. Las larvas del escarabajo japonés, que se alimentan de las raíces de las gramíneas, también representan un serio problema para los céspedes.

Obviamente, como todas las especies invasoras, el Popillia japonica amenaza gravemente la biodiversidad local al competir con los coleópteros autóctonos por los recursos alimentarios y al alterar los ecosistemas naturales.

Estimación del coste de las pérdidas en el rendimiento agrícola

Las cifras precisas sobre los impactos económicos del escarabajo japonés en Europa todavía están en fase de evaluación, debido a la reciente introducción del insecto en el continente. No obstante, la experiencia estadounidense ofrece una idea de la magnitud de los posibles daños. En Estados Unidos, los costes directos e indirectos (pérdidas de rendimiento, tratamientos y gestión) asociados al escarabajo japonés superan los 450 millones de dólares al año.

Con la expansión continua del escarabajo japonés por Europa, los impactos económicos deberían aumentar, especialmente si el insecto logra asentarse en Francia, uno de los principales países productores de vino y cultivos agrícolas en Europa. Por ello, la prevención y la lucha temprana son esenciales para minimizar los daños.

A esto, se pueden añadir los costes asociados a la lucha, que incluyen los gastos para instalar trampas con feromonas, la compra de productos químicos o biológicos, y la movilización de los equipos para vigilar y tratar las zonas infestadas.

popillia japonica

Propagación del Popillia japonica

El escarabajo japonés se apoda “el autostopista” debido a su capacidad para desplazarse a grandes distancias al engancharse a diversos soportes, como vegetales, macetas, objetos e incluso medios de transporte (camiones, trenes, coches y aviones). Esto facilita su expansión rápida a través de distintos territorios. Desde su introducción en Italia en 2014 y en Suiza en 2017, el escarabajo japonés ha visto aumentar su población, con nuevos focos detectados de forma regular, incluso en Zúrich y Basilea en 2023 y 2024.

¿Pronto en Francia?

Aunque aún no se ha detectado el escarabajo japonés en Francia, es crucial mantenerse alerta. En caso de sospecha de detección, se recomienda capturar el insecto (si es posible, vivo) y comunicarlo de inmediato a la Dirección Regional de Alimentación, Agricultura y Bosques (DRAAF). Un aviso temprano permitirá poner en marcha medidas de control adecuadas para impedir su establecimiento en el territorio.

Medidas de lucha previstas y concienciación

En Italia, donde el Popillia japonica está presente desde 2014, se han puesto en marcha medidas rigurosas de vigilancia y trampeo, especialmente el uso de trampas con feromonas para capturar los adultos y limitar su propagación. Suiza, que se enfrenta a la invasión desde 2017, ha adoptado una estrategia similar, intensificando la vigilancia en las zonas fronterizas y utilizando métodos de lucha biológica, como la introducción de nematodos para atacar a las larvas en el suelo.

La lucha contra el establecimiento del Popillia japonica en Francia se basa en la detección temprana y en la erradicación rápida de los primeros focos. Los servicios del Estado han instalado trampas con señuelos mixtos (feromonas sexuales y atrayentes florales) a lo largo de las fronteras francesas y en zonas estratégicas como puertos y aeropuertos. Si se detecta el insecto, se delimita una zona infestada y se somete a una vigilancia reforzada mediante una combinación de métodos biológicos, físicos y, como último recurso, químicos.

Pero cualquiera puede contribuir a limitar la propagación de este insecto manteniéndose alerta al comprar plantas o durante intercambios de plantas, así como vigilando de forma regular las plantas de su jardín.

El Popillia japonica, comúnmente llamado escarabajo japonés, representa una amenaza cada vez mayor para la agricultura y los jardines en Europa, y en particular en Francia, donde podría asentarse próximamente. Este insecto, originario de Asia, está clasificado entre los organismos de cuarentena prioritarios por la Unión Europea debido a sus devastadores impactos económicos y medioambientales. […]

Cuando se habla de la reforestación o de la plantación de árboles nuevos, las imágenes que vienen a la mente suelen ser las de brotes jóvenes, símbolos de esperanza y de renovación para nuestro entorno. Sin embargo, aunque plantar nuevos árboles es esencial por muchas razones ecológicas, no puede sustituir el valor y las funciones ecológicas de los árboles viejos. Estos gigantes verdes, a menudo olvidados o descuidados en favor de sus sucesores jóvenes, poseen atributos insustituibles que merecen una atención especial.

Los árboles viejos son auténticos pilares ecológicos en sus ecosistemas. Su gran tamaño, resultado de décadas e incluso de siglos de crecimiento, les permite desempeñar un papel crucial en la absorción del dióxido de carbono, muy superior al de los árboles jóvenes. Su estructura compleja ofrece un hábitat rico y diverso para numerosas especies animales y vegetales, contribuyendo así a una biodiversidad sólida y resistente.

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El gran porte de los árboles maduros ofrece ventajas incomparables para la calidad del aire, la capacidad de dar sombra y el establecimiento de la pequeña fauna, entre otras...

Las ventajas ecológicas de los árboles viejos

Capacidad de almacenamiento de carbono

Los árboles viejos son campeones en la lucha contra el cambio climático gracias a su notable capacidad para almacenar carbono. Durante su larga vida, acumulan una cantidad significativa de carbono en su madera, lo que reduce la cantidad de dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero, en la atmósfera. Un árbol viejo puede contener cientos de kilos de carbono, almacenados no solo en su tronco, sino también en sus ramas y en sus raíces. Esta capacidad de secuestro de carbono es mucho mayor en los árboles viejos que en los jóvenes, porque tienen una biomasa más importante y un crecimiento más estabilizado.

Por ejemplo: un roble común de 20 m de altura y de alrededor de cien años puede almacenar más de 1 tonelada de carbono en su estructura, lo que equivale a absorber aproximadamente 3,67 toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera. Un árbol joven (digamos, de 10 años) de la misma especie puede almacenar alrededor de 9,5 kg de carbono al año. Si consideramos un pequeño bosque formado por 100 ejemplares de esos árboles jóvenes, el total sería de 950 kg de carbono almacenados anualmente, es decir, prácticamente lo mismo que un solo roble viejo.

Biodiversidad asociada a los árboles viejos

Además de su papel en el almacenamiento de carbono, los árboles viejos son ecosistemas por sí mismos. Su tamaño y su complejidad estructural ofrecen hábitats variados para muchas especies. Las cavidades en los troncos y en las ramas que envejecen pueden servir como nidos para las aves y como refugio para pequeños mamíferos e insectos. Sus amplias copas proporcionan sombra y un microhábitat esencial para distintas variedades de plantas, musgos y helechos. Esta diversidad de hábitats contribuye a una mayor diversidad de especies, convirtiendo a los árboles viejos en auténticos pilares de la biodiversidad local.

Papel en la regulación del microclima

Los árboles viejos también influyen en el microclima de su entorno. Su gran copa ayuda a moderar las temperaturas locales, proporcionando sombra y reduciendo el efecto de la isla de calor urbana. Esta sombra reduce la temperatura en el suelo y en el aire circundante, lo cual puede ser especialmente beneficioso en zonas urbanas donde el hormigón y el asfalto absorben y vuelven a emitir el calor del sol. Además, la transpiración de los árboles viejos aporta humedad al aire, lo que puede mejorar la calidad del aire y contribuir a un entorno más agradable y saludable.

Importancia estética y cultural de los árboles antiguos

Valor paisajístico y patrimonial

Los árboles antiguos desempeñan un papel crucial en el paisaje, aportando una belleza majestuosa que a menudo es el resultado de décadas o siglos de crecimiento. Su tamaño, la forma de su copa y la corteza texturizada atraen la mirada y sirven como punto focal en distintos proyectos de paisajismo, aportando carácter y continuidad. Estos árboles están en el centro de los esfuerzos de conservación del patrimonio natural, ya que representan un vínculo vivo con el pasado y se valoran por su contribución a la identidad y a la belleza de una región.

Árboles como testigos de la historia local y global

Los árboles antiguos también son testigos de la historia. Cada uno de estos árboles puede contar historias del pasado, habiendo sobrevivido a grandes acontecimientos históricos o siendo testigos de cambios significativos en su entorno inmediato. Por ejemplo, algunos árboles pueden identificarse como lugares donde tuvieron lugar eventos históricos, sirviendo de puntos de referencia para las comunidades locales y para los historiadores. También pueden representar símbolos históricos o culturales, vinculados a leyendas, poemas o prácticas culturales.

Más allá de su papel como testigos silenciosos de la historia humana, estos árboles a menudo tienen significados espirituales o religiosos, integrados en las prácticas y creencias locales. En ocasiones se consideran sagrados o como protectores por parte de las comunidades, reforzando su papel dentro del tejido cultural de una sociedad.

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El pino piñonero es un árbol que se ha plantado con frecuencia en el oeste de Francia junto a las casas protestantes.

Los desafíos asociados al crecimiento de los árboles jóvenes

En contraste con las plantas anuales o los arbustos, los árboles normalmente necesitan varias décadas para desarrollar por completo su estructura radicular, su tronco y su copa. Durante este periodo de crecimiento, todavía no cuentan con la capacidad de ofrecer los mismos servicios ecológicos que los árboles maduros, como un secuestro significativo de carbono, el sustento de una biodiversidad elevada y una regulación eficaz del microclima. Este largo retraso hasta que se vuelven totalmente “funcionales” en el ecosistema puede percibirse como una inversión a largo plazo, pero que no compensa inmediatamente la pérdida de árboles antiguos.

Los árboles jóvenes también se enfrentan a tasas de supervivencia relativamente bajas, especialmente en entornos urbanos o alterados. Los desafíos incluyen la competencia por recursos como la luz, el agua y los nutrientes, sobre todo si el espacio es limitado o si el suelo es de mala calidad. Los árboles jóvenes son más vulnerables a tensiones ambientales como las sequías, las inundaciones, las temperaturas extremas y las enfermedades. Además, pueden resultar dañados por actividades humanas, como la construcción y la contaminación. En otras palabras, no siempre sale bien y, por lo tanto, conviene mantener los árboles más viejos.

Estrategias de conservación de los árboles viejos

La conservación eficaz de los árboles viejos exige unos cuidados adecuados y políticas de gestión sostenible que valoren su importancia ecológica y cultural en entornos urbanos y rurales. Estas estrategias incluyen inspecciones periódicas, una poda prudente, un soporte estructural y ajustes en el riego y en la calidad del suelo, además de su integración en la planificación urbana, la protección legal, la sensibilización pública y una financiación adecuada para los programas de conservación. Estos esfuerzos conjuntos son esenciales para preservar estos árboles, que son elementos cruciales de nuestro patrimonio natural y contribuyen de manera vital a la biodiversidad y al bienestar ambiental.

Cuando se habla de la reforestación o de la plantación de árboles nuevos, las imágenes que vienen a la mente suelen ser las de brotes jóvenes, símbolos de esperanza y de renovación para nuestro entorno. Sin embargo, aunque plantar nuevos árboles es esencial por muchas razones ecológicas, no puede sustituir el valor y las funciones […]

El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestra época. Y el aumento del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera es uno de los principales responsables de este fenómeno. Afortunadamente, la naturaleza nos ofrece una solución: los sumideros de carbono.

Los sumideros de carbono son depósitos naturales o artificiales que absorben el CO2 de la atmósfera y lo almacenan de forma duradera. En este artículo descubriremos los diferentes tipos de sumideros de carbono, su funcionamiento y cómo podríamos utilizarlos para intentar invertir la tendencia del cambio climático.

Los bosques se encuentran entre los importantes sumideros de carbono del planeta

¿Qué es un sumidero de carbono?

Para decirlo de forma sencilla, un sumidero de carbono es cualquier sistema natural o artificial capaz de absorber el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y almacenarlo durante un periodo prolongado. Estos sistemas desempeñan un papel crucial en la regulación de los niveles de CO2 atmosférico y, por extensión, en la lucha contra el cambio climático. Los bosques, los océanos y los suelos son algunos de los sumideros de carbono naturales más importantes, ya que capturan cada año cantidades significativas de CO2 gracias a la fotosíntesis de las plantas y a otros procesos biológicos y químicos.

La diversidad de los ecosistemas desempeña un papel crucial en el fortalecimiento de los sumideros de carbono, lo que hace que su protección sea esencial. Los bosques, con su variedad de árboles y plantas, capturan el CO2 de manera eficaz, almacenando el carbono en su biomasa y en el suelo. Los océanos, gracias a sus ecosistemas marinos como los manglares y los arrecifes de coral, absorben una gran cantidad de CO2, contribuyendo así a regular el clima. Las zonas terrestres diversas, incluidas las praderas y las turberas, también se comportan como importantes sumideros de carbono, capturando y almacenando el CO2 mediante la vegetación y el suelo ricos en materia orgánica. Proteger la diversidad de estos ecosistemas garantiza, por tanto, no solo la salud de nuestro planeta, sino también su capacidad para combatir el cambio climático mediante una secuestración de carbono eficaz.

Los sumideros de carbono artificiales (ver más abajo) incluyen diversas tecnologías y prácticas diseñadas para capturar y almacenar el CO2 directamente desde el aire o a la salida de fuentes contaminantes antes de que llegue a la atmósfera. El desarrollo y la mejora de estas tecnologías son esenciales para reducir el impacto de las actividades humanas sobre el clima.

Principales tipos de sumideros de carbono

Sumideros de carbono naturales

  • Los bosques y las turberas absorben el CO2 de la atmósfera gracias a la fotosíntesis, un proceso en el que las plantas convierten el CO2 en oxígeno y en glucosa. Los árboles y la vegetación almacenan ese carbono en su biomasa (hojas, ramas, troncos) y en el suelo.
  • Los océanos son el mayor sumidero de carbono del planeta al absorber aproximadamente el 30% del CO2 emitido por las actividades humanas. Absorben el CO2 atmosférico directamente del aire o de forma indirecta a través de organismos marinos que utilizan el carbono para la fotosíntesis. El CO2 se almacena después en el agua de mar bajo distintas formas químicas o en el fondo marino.
  • Los suelos retienen el carbono gracias a la materia orgánica descompuesta, incluidos los restos de plantas muertas y los microorganismos. Las prácticas de gestión de las tierras, como la agricultura regenerativa y la reforestación, pueden aumentar la cantidad de carbono almacenada en los suelos.

Sumideros de carbono artificiales

  • La captura y el almacenamiento de carbono (CAC), que consiste en capturar el CO2 emitido por las industrias y las centrales eléctricas antes de que se libere a la atmósfera, y después almacenarlo bajo tierra en formaciones geológicas.
  • La bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS) combina la producción de energía a partir de biomasa con la captura y el almacenamiento del CO2, permitiendo así reducir las emisiones netas de CO2.
  • La mineralización del carbono acelera la transformación natural del CO2 en minerales estables, ofreciendo un método de almacenamiento seguro y permanente.
  • El uso del CO2 convierte el CO2 capturado en productos útiles, reduciendo así las emisiones mientras se crea valor.

¿Cómo funcionan los sumideros de carbono?

Los sumideros de carbono naturales, como los bosques, los océanos y los suelos, absorben el CO2 directamente de la atmósfera. Las plantas, a través de la fotosíntesis, convierten el CO2 y el agua en glucosa y en oxígeno, utilizando la energía solar. Este proceso natural permite no solo producir oxígeno, sino también almacenar el carbono en la biomasa vegetal y en el suelo. Los océanos, por su parte, absorben el CO2 atmosférico mediante procesos físicos y biológicos, y el CO2 disuelto se transforma después en carbonatos o lo consume el plancton.

En el ámbito de los sumideros de carbono artificiales, varias tecnologías destacan por su enfoque innovador en la captura y la gestión del dióxido de carbono (CO2). La Captura y el Almacenamiento de Carbono (CAC) ilustra perfectamente este avance. Este proceso comienza con la captura del CO2 en su fuente, como las instalaciones industriales o las centrales energéticas, donde se separa de los demás gases emitidos durante la combustión de los combustibles fósiles. Tras su captura, el CO2 se comprime y se transporta, a menudo mediante tuberías, hacia lugares donde puede almacenarse lejos de la atmósfera. Estos lugares suelen incluir formaciones geológicas profundas, como antiguos yacimientos de petróleo o de gas natural ya agotados, o capas salinas profundas, donde el CO2 puede inyectarse y atraparse de forma segura.

La Bioenergía con Captura y Almacenamiento de Carbono (BECCS) representa otra tecnología prometedora. Ella integra la producción de energía renovable a partir de biomasa, como residuos agrícolas o madera, con la captura del CO2 resultante de su combustión o transformación. El CO2 capturado se almacena después de la misma manera que en el proceso CAC, lo que hace que este enfoque sea especialmente atractivo por su capacidad no solo para generar energía sin emitir CO2, sino también para retirar activamente el CO2 de la atmósfera.

En cuanto a la mineralización del carbono, esta técnica acelera un proceso natural en el que el CO2 reacciona con ciertos minerales para formar nuevos compuestos minerales estables, como el carbonato de calcio. Esta reacción química natural se aprovecha y optimiza para capturar CO2 de manera permanente, ofreciendo una solución de almacenamiento duradera y ecológicamente segura.

Por último, el uso del CO2 constituye otra estrategia cuyo objetivo es convertir el CO2 capturado en recursos útiles, como combustibles sintéticos, materiales de construcción como los áridos para el hormigón, o también diversos productos químicos industriales. Este método no solo contribuye a reducir las emisiones de CO2, sino que además impulsa la economía circular al crear oportunidades comerciales y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Estas tecnologías de sumideros de carbono artificiales, en complemento con los sistemas naturales, forman una parte esencial de la estrategia global para combatir el cambio climático, al reducir de manera eficaz los niveles de CO2 en la atmósfera y abrir nuevas vías para una gestión sostenible del carbono.

¿Cómo crear un sumidero de carbono?

La reforestación desempeña un papel primordial en este proceso al plantar árboles en terrenos donde los bosques han sido destruidos o degradados. Esta acción no se limita a plantar árboles nuevos, sino que también incluye la restauración de los ecosistemas forestales, permitiendo así capturar significativamente más CO2 gracias a la fotosíntesis.

La mejora de las prácticas agrícolas también contribuye a la creación de sumideros de carbono optimizando la gestión del suelo. Técnicas como la agroforestería, el cultivo sin laboreo y el mantenimiento de los residuos del cultivo en los campos aumentan la cantidad de carbono orgánico en el suelo, convirtiendo las tierras agrícolas en importantes reservorios de carbono.

Además, los tipos de almacenamiento de carbono industrial como la bioenergía con captura y almacenamiento del carbono (BECCS) representan un enfoque moderno que combina la producción de energía a partir de biomasa con la captura y el almacenamiento del CO2 producido durante la combustión o la conversión de dicha biomasa.

En concreto, el proyecto de reforestación en Costa Rica transformó tierras degradadas en bosques exuberantes, aumentando la biodiversidad y capturando CO2, lo que muestra el impacto positivo de la reforestación en el medioambiente y en la economía local. En Francia, la agroforestería logró combinar agricultura y cultivo de árboles en los mismos terrenos, mejorando la salud del suelo y aumentando su capacidad para almacenar carbono. El proyecto BECCS en la planta de bioenergía de Drax en el Reino Unido captura el CO2 emitido durante la producción de energía a partir de biomasa, demostrando cómo la tecnología puede reducir de forma eficaz las emisiones de gases de efecto invernadero de la industria energética.

Nota bene: combatir el cambio climático mediante los sumideros de carbono requiere cooperación mundial, ya que las decisiones que se tomen afectan al clima a escala planetaria. Los acuerdos como el Acuerdo de París desempeñan un papel clave al fijar objetivos de reducción de CO2 y empujar hacia métodos respetuosos con el medioambiente. Es crucial que estos esfuerzos sean justos e incluyan a todas las comunidades, garantizando que los países desarrollados apoyen a los países en desarrollo y que los beneficios se compartan de forma equitativa. Pero, lamentablemente, aún no es así...

Si existen sumideros de carbono, entonces todo va bien, ¿no?

Ojalá fuera así de simple, pero no lo es.

En primer lugar, aquí van algunas cifras clave:

  • Océanos: 38 000 mil millones de toneladas de carbono almacenadas
  • Bosques: 800 mil millones de toneladas de carbono almacenadas
  • Suelos: 1 500 mil millones de toneladas de carbono almacenadas
  • Turberas: 400 mil millones de toneladas de carbono almacenadas (¡como para demostrar que las turberas están lejos de ser anecdóticas en este tema!)

Es importante señalar que la capacidad de los sumideros de carbono naturales para absorber el CO2 no es ilimitada. Si las emisiones de CO2 siguen aumentando, los sumideros de carbono podrían saturarse y dejar de ser capaces de absorberlas. Esto podría provocar un aumento aún más rápido del cambio climático.

Por tanto, es esencial reducir nuestras emisiones de CO2 y proteger los sumideros de carbono naturales existentes.

Los sumideros de carbono artificiales no son la solución definitiva

En el plano tecnológico, una de las principales dificultades reside en la capacidad de capturar el CO2 de manera eficaz y almacenarlo de forma segura y duradera. Las tecnologías actuales, como la captura y el almacenamiento de carbono (CAC), requieren infraestructuras complejas y costosas, además de una gran cantidad de energía, lo que puede reducir su eficacia neta en términos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Económicamente, el elevado coste de estas tecnologías limita su adopción y despliegue a gran escala. La financiación de la investigación, el desarrollo y la implementación de soluciones de captura y almacenamiento del CO2 supone una inversión considerable para los gobiernos, las empresas y las organizaciones, y a menudo requiere incentivos financieros o subvenciones para que sea viable.

Desde el punto de vista ecológico, aunque el objetivo sea reducir las emisiones de CO2, existen preocupaciones sobre el impacto ambiental del almacenamiento subterráneo del CO2, en particular el riesgo de fugas que podría afectar a las aguas subterráneas y a la estabilidad geológica. Además, el enfoque en soluciones tecnológicas para mitigar las emisiones de carbono podría desviar la atención y los recursos de soluciones basadas en la naturaleza y de la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles.

El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestra época. Y el aumento del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera es uno de los principales responsables de este fenómeno. Afortunadamente, la naturaleza nos ofrece una solución: los sumideros de carbono. Los sumideros de carbono son depósitos naturales o artificiales que absorben el […]

Si compras sustrato en tiendas, es muy probable que contenga turba. De hecho, se incorpora casi sistemáticamente a los sustratos por sus cualidades físicas, en términos de ligereza y retención de agua. Sin embargo, la generalización de su uso tiene un fuerte impacto ambiental. Esto implica la destrucción de humedales de gran importancia ecológica. Por suerte, existen soluciones para preservarlos. Hagamos juntos balance de las ventajas de la turba en el jardín, las consecuencias de su uso y descubre cómo preservar este recurso.

1- ¿Qué es la turba y de dónde procede?

La turba es una Materia orgánica fósil que resulta de una lenta acumulación de materia orgánica en un medio ácido, saturado de agua y muy pobre en oxígeno. Estas condiciones impiden que los Microorganismos, bacterias y hongos descompongan la materia orgánica, que se acumula progresivamente. Estos medios particulares reciben el nombre de turberas.

Como la materia orgánica no se descompone, estos medios son muy pobres en elementos minerales, lo que conlleva el desarrollo de una fauna y una flora específicas. De hecho, en las turberas abundan las plantas carnívoras (droseras, sarracenias, etc.): capturan insectos para complementar sus necesidades nutritivas, ya que no pueden obtener sus nutrientes del suelo, demasiado pobre.

La turba puede tardar entre 1.000 y 7.000 años en formarse. Por lo tanto, no es renovable a escala humana. Y, a la larga, al cabo de un millón de años, la materia orgánica que constituye las turberas se transforma en carbón.

La turbera del Chitelet, en Xonrupt-Longemer, en los Vosgos
La turbera de Haut-Chitelet, en los Vosgos

Existen distintos tipos de turba:

  • Turba rubia: procede de los esfagnos. Es relativamente joven (entre 3.000 y 4.000 años) y fibrosa. Es la parte más superficial de una turbera. Tiene una excelente capacidad de retención de agua, ya que los esfagnos se empapan de agua. Es la turba más utilizada en horticultura y jardinería.
  • Turba parda: procede de vegetación leñosa (árboles, arbustos), de carex, juncos y ericáceas. Es más antigua (unos 5.000 años) y se encuentra a mayor profundidad. También puede usarse en el jardín, aunque su uso es menos frecuente.
  • Existe también la turba negra, más antigua (hasta 12.000 años). Se utiliza principalmente para el tratamiento de aguas residuales.

Así, cuanto más oscura es la turba, más antigua es.

2 - Las ventajas de la turba en el jardín

La turba posee numerosas cualidades que las plantas necesitan, hasta el punto de que es difícil sustituirla. No es casualidad que su presencia se haya vuelto casi sistemática en los sustratos comercializados.

La turba actúa como una esponja: almacena el agua y los elementos minerales, y evita que el sustrato se seque demasiado rápido. Tiene una excelente capacidad de retención de agua. Por ello, la turba es ideal para plantas en maceta: como almacena agua, se pueden espaciar los riegos u olvidar alguno sin que las plantas sufran demasiado. Es un material especialmente ligero y aireado, que no se compacta: es ideal para un buen desarrollo de la raíz. En efecto, en maceta el sustrato puede tender a apisonarse y asfixiar las raíces. La turba tiene también la ventaja de constituir un sustrato estable, que no se descompone ni se altera.

La turba es particularmente útil en sustratos destinados al trasplante de plantas de interior, plantas con flor para la terraza, etc. También se utiliza mucho para el cultivo de plantas carnívoras, ya que corresponde perfectamente a su medio natural.

También existen pastillas de turba deshidratada, empleadas especialmente para la siembra. Al rehidratarlas se hinchan. Asimismo, se utiliza la turba para fabricar macetas de turba prensada, biodegradables.

3 - ¿Qué problemas plantea el uso de la turba?

Como las turberas son medios muy particulares (ácidos, saturados de humedad, pobres en oxígeno), con el tiempo se desarrolla en ellas una flora y fauna específicas que no se encuentran en otros lugares. Muchas especies raras y protegidas viven en las turberas y no pueden adaptarse a otros medios. Son principalmente plantas de suelos húmedos y ácidos. El esfagno es muy característico de las turberas: se trata de un género de musgo que se empapa de agua y tiende a acidificar el medio. Es la base de la formación de las turberas. En estas zonas húmedas también se encuentran plantas carnívoras, así como ericáceas, cyperáceas, juncos algodoneros y juncos. Asimismo, algunas plantas (helecho real, molinia, Carex...) forman macollas: estas plantas crecen sobre sus antiguas raíces y hojas muertas, ya que estas no pueden descomponerse, formando así estructuras en matas o micro-lomas.

La flora característica de las turberas: plantas carnívoras, esfagno, arándano, junco algodonero...
Algunas plantas representativas de la flora de las turberas: la planta carnívora Drosera rotundifolia, el esfagno Sphagnum palustre (foto Bernd Haynold), el arándano de los pantanos Vaccinium uliginosum y el junco algodonero Eriophorum angustifolium (foto Udo Schmidt)

Además de su gran diversidad biológica, las turberas actúan como una auténtica esponja... no solo a nivel del sustrato o del sustrato, sino que sucede lo mismo a escala regional. Mitigan el riesgo de inundaciones y devuelven también agua durante los periodos de sequía. Desempeñan un papel crucial en el equilibrio hidrológico de ciertas regiones. Además, las turberas almacenan enormes cantidades de carbono (ya que pueden estar compuestas hasta en un 50 % de carbono), y así limitan el calentamiento climático. Contribuyen a regular el clima a escala mundial y crean también microclimas frescos. Las turberas tienen además la ventaja de filtrar el agua: la purifican, eliminando distintos contaminantes, y actúan como una auténtica estación depuradora Natural. Las aguas que liberan al medio son, por tanto, especialmente puras.

La turba se forma a una velocidad muy lenta de unos 1 mm al año, o incluso menos, por lo que no es renovable a escala humana. ¡Tarda miles de años en formarse!

La importancia de las turberas no es “solo” ambiental, también tienen un verdadero interés histórico. Como la turba se forma de manera muy lenta y la materia no se descompone, los objetos, así como los restos vegetales o animales, permanecen intactos, lo que permite reconstruir fielmente la historia de una región. ¡Se trata de verdaderos archivos arqueológicos! En turberas se han hallado cadáveres humanos momificados, en perfecto estado de conservación, de varios miles de años de antigüedad. Del mismo modo, los granos de polen se conservan muy bien en la turba, lo que permite reconstruir la vegetación y el clima de una región miles de años atrás.

La turbera de Vénec, en Finisterre, clasificada como Reserva Natural Nacional
La turbera de Vénec, en Bretaña (foto Moreau Henri)

La explotación de las turberas es un verdadero desastre ecológico. Se drenan y se desecan para extraer la turba. Por lo general, el suelo queda después seco y pobre, y las plantas típicas de las turberas no podrán regresar.

La destrucción de las turberas, por desgracia, no es nueva. En el pasado, a menudo se consideraron medios inútiles e inexplotables tal cual, por lo que se drenaron para convertirlos en superficies agrícolas.

Las cifras son elocuentes: en Francia, la mitad de las turberas ha desaparecido en los últimos 50 años. Afortunadamente, las que quedan están hoy protegidas, lo que no impide la explotación de las turberas de otros países. Cerca del 70 % de la turba utilizada en Francia para horticultura procede de los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania) o de Irlanda. Por tanto, el problema sigue siendo el mismo, ya que ahora son las turberas de esos países las que están amenazadas.

Turba extraída de una turbera
La explotación de una turbera para extraer turba

4 - Nuestros consejos y buenas prácticas para preservar este recurso

Por suerte, existen alternativas a la turba, algunos materiales tienen la ventaja de ser ligeros y aireados, y al mismo tiempo retener agua y nutrientes: es el caso de las fibras de coco, cortezas compostadas, fibras de madera, cortezas de pino... Del mismo modo, la vermiculita es ideal para aligerar el sustrato. También existen sustitutos patentados que son verdaderas alternativas, como Turbofibre® (fibra de corteza de resinosos, sustituto de la turba rubia) u Hortifibre® (fibra de madera).

Si cultivas plantas acidófilas, te recomendamos utilizar agujas o cortezas de pino compostadas.

El compost de hojas es también una buena alternativa a la turba, con la ventaja añadida de ser rico en elementos minerales y en microorganismos. Puedes preparar tú mismo tu sustrato, mezclando compost bien descompuesto, Tierra de jardín y arena.

Hoy en día se encuentran en el mercado cada vez más sustratos sin turba, a menudo compuestos por fibras de coco, cortezas, fibras de madera... Son totalmente eficaces. Descubre, por ejemplo, el sustrato universal Père François Or Brun. o el sustrato universal Ecolabel.

Eso sí, cuidado con la certificación «Bio», que no garantiza la ausencia de turba, ¡al contrario! De hecho, al ser la turba por definición un material natural y biológico, puede formar parte perfectamente de la composición de sustratos «bio». Lee atentamente las etiquetas y revisa la composición antes de comprar. Mejor opta por la etiqueta Ecolabel, que sí certifica un sustrato sin turba.

Si aun así sigues utilizando sustratos con turba, haz un uso moderado. Limítalos, por ejemplo, a plantas de interior y a las más sensibles, cultivadas en macetas pequeñas con pocas reservas de agua y elementos minerales, o a las que no soportan la sequía. Para plantas menos delicadas en exterior, en jardineras grandes, puedes preparar tú mismo un sustrato compuesto de compost, Tierra de jardín y Arena gruesa.

La turbera y el marisma de Ponts-de-Martel
La turbera de Ponts-de-Martel, en Suiza

Para saber más:

Si compras sustrato en tiendas, es muy probable que contenga turba. De hecho, se incorpora casi sistemáticamente a los sustratos por sus cualidades físicas, en términos de ligereza y retención de agua. Sin embargo, la generalización de su uso tiene un fuerte impacto ambiental. Esto implica la destrucción de humedales de gran importancia ecológica. Por […]

Bienvenido al maravilloso mundo del compostaje, donde tu ambición de convertir restos de verduras en “oro negro” podría acabar en un fascinante fiasco. Olvida los consejos clásicos y las prácticas probadas; aquí vamos a explorar, con un punto de ironía, cómo no conseguir compost si sigues nuestras seis (malas) lecciones.

Pequeña advertencia amistosa: esta guía, evidentemente, está destinada a hacerte sonreír y resaltar de forma lúdica lo que no hay que hacer.

Para un compost verdaderamente exitoso, tendrás que hacer exactamente lo contrario de lo que se recomienda aquí. Considéralo como una guía anti-tutorial, donde cada consejo es una oportunidad para aprender qué hay que evitar.

Y para que de verdad tengas éxito con tu compost, mira nuestro vídeo:

Lección n.º 1: ¡Elige mal la ubicación!

Para empezar tu aventura en el “fracaso” compostico, la elección de la ubicación es primordial. Busca el rincón más oscuro y más apartado de tu jardín, donde ni tú ni el menor rayo de sol se atrevan a aventurarse. Si necesitas una lámpara frontal en pleno día (¡y una brújula!) para encontrarlo, es que vas por el buen camino. Recuerda: los micro-organismos adoran los desafíos; ¿y qué puede ser más estimulante que trabajar en un entorno parecido a una cueva? Al colocar el compostador en un lugar constantemente húmedo y a la sombra, sin sol, aseguras un entorno ideal para la proliferación de mohos y una descomposición lenta y con mal olor.

En efecto, una exposición parcial al sol es ideal. Demasiado sol puede secar el compost, mientras que demasiada sombra puede mantenerlo demasiado húmedo y frío. Y recuerda colocar el compostador a una distancia razonable de tu casa. Suficientemente cerca como para acceder fácilmente, pero lo bastante lejos como para evitar molestias (como, por ejemplo, los olores).

exposición ideal compostador, compostador sol o sombra
Elige la ubicación de tu compostador con cuidado

Lección n.º 2: ¡Mezcla alegremente todos los residuos!

Para un compostaje espectacularmente ineficaz, no hay nada como ignorar con alegría el equilibrio entre residuos verdes (ricos en nitrógeno) y marrones (ricos en carbono). Echa tus restos de verduras, el césped cortado y las hojas en exceso, y si quieres fingir que te las sabes, añádele también un par de periódicos. No olvides que el objetivo es crear un desequilibrio perfecto: demasiados “verdes” y tendrás una pasta maloliente; demasiados “marrones” y tu compost no se descompondrá nunca. Ese es el delicado arte de desequilibrar el compost.

Además, si tu plan es organizar una fiesta salvaje en tu jardín, entonces añade con generosidad restos de carne, queso y, por qué no, huesos al compost. No solo favorecerás los olores más exquisitos, sino que también te convertirás en el mejor amigo de las ratas y de las hormigas del barrio (sin contar los zorros o incluso los mapaches). ¡Un verdadero paraíso para los amantes de la fauna urbana y rural!

No, el compostador no es una papelera

Lección n.º 3: ¡No airees tu montón de compost!

Para asegurar un compostaje catastróficamente compacto, adopta la técnica secreta del apilado máximo. Se trata de tirar tus residuos en el compostador con la ilusión de un niño construyendo un castillo de arena. Amontona, compacta, comprime hasta que el compost parezca más una escultura moderna que un montón de residuos orgánicos. Cuanta más materia, mejor. Olvida esas viejas ideas sobre la importancia del aire en el compostaje.

El aireador de compost? ¡Qué invención tan inútil! Para lograr un compostaje verdaderamente infructuoso, evita esta herramienta a toda costa. El aireador está diseñado para introducir aire, favorecer la descomposición y acelerar el proceso de compostaje. Al no usar esta herramienta, garantizas un entorno perfecto para el cultivo de mohos y para la creación de una masa compacta y asfixiada, donde ni los micro-organismos más tenaces se atreverían a aventurarse.

aireación compostador como hacerlo
La aireación del compostador es uno de los elementos esenciales para tener éxito

Lección n.º 4: ¡El riego intensivo, la clave del éxito!

Puede que hayas oído que el compost debe estar húmedo como una esponja bien escurrida, pero ¿dónde está la diversión en eso? Para fracasar de verdad en tu aventura de compostaje, adopta el lema “cuanto más húmedo, mejor”. Convierte cada sesión de riego en un auténtico diluvio. No tengas miedo de inundar tu montón de compost hasta que desborde. Después de todo, ¿por qué conformarte con un compost moderadamente húmedo cuando puedes tener tu propio pantano en pleno jardín? No solo tendrás la oportunidad de atraer fauna variada (principalmente mosquitos y otros insectos acuáticos), sino que también podrías marcar una nueva tendencia en jardinería.

Lección n.º 5: ¡Revisa tu compost lo menos posible!

Para destacar de verdad en el arte del compostaje fallido, adopta la política de la ignorancia alegre. Deja que la naturaleza se arregle sola, sin ninguna intervención por tu parte. Al fin y al cabo, ¿por qué molestarte en comprobar la humedad, la aireación o incluso la temperatura de tu compost? Eso requiere demasiado esfuerzo. Convéncete de que los micro-organismos y los insectos saben lo que hacen y no necesitan tu ayuda (por lo general, así es, pero en este caso concreto, no).

Uno de los placeres inesperados de un compost descuidado es la sorpresa de descubrir plantas silvestres e incluso verduras olvidadas que han echado raíces.

Estos visitantes inesperados pueden ser el resultado de semillas de frutas o verduras que se hayan echado en el compost. Aunque eso no sea el objetivo de un compost bien mantenido, hay algo mágico en ver cómo la naturaleza recupera sus derechos y transforma el abandono en abundancia.

compost sin mantenimiento consecuencias
Un compostador requiere vigilancia; si lo dejas abandonado, no te dará el oro marrón esperado

Lección n.º 6: ¡Confía en los roedores y en los insectos dañinos!

No olvides invitar a participantes especiales: los roedores. Deja trozos de queso o pan para atraer a las ratas y a los ratones y observa con admiración cómo cavan, mueven y redistribuyen tus residuos orgánicos. ¿No es maravilloso ver a la naturaleza en acción, aunque sea en forma de pequeñas criaturas que se lo comen todo a su paso?

Después, ¡no olvides los insectos! ¿Por qué conformarte con lombrices de compost y con la fauna habitual de un montón de compost (larvas de cetonia, cochinillas de la humedad, colémbolos, milpiés...) cuando puedes conseguir un ejército de moscas, mosquitos y mosquitos? Estos pequeños insectos aportan un toque de vida y movimiento a tu montón de compost. Su presencia es una prueba indiscutible de que tu compost está vivo… pero quizá demasiado acogedor.

Para evitar la proliferación de moscas y mosquitos en la superficie de un compost, piensa en aportar una capa de materias secas sobre los restos de fruta y verduras.

compostador problemas animales roedores

Como epílogo…

Tras este viaje humorístico por las formas de arruinar tu compost, toca volver a la realidad.A partir de 2024, el compostaje de los residuos orgánicos será una obligación en Francia, de acuerdo con la legislación para reducir el impacto ambiental de los residuos. Esta medida pretende fomentar el reciclaje y el aprovechamiento de la materia orgánica.

Si de verdad quieres tener éxito con tu compost, haz exactamente lo contrario de todo lo que hemos sugerido. Busca un buen equilibrio entre residuos verdes y marrones, evita tirar restos de carne y queso, airea tu compost con regularidad, mantenlo húmedo pero no empapado, vigílalo para prevenir cualquier invasión de plagas y, sobre todo, no lo olvides en un rincón de tu jardín. Un compost bien mantenido es un tesoro para cualquier jardinero: enriquece el suelo, reduce los residuos y favorece un crecimiento sano y sostenible de tus plantas.

Por último, te invitamos a compartir tus propias historias y experiencias de compostaje. ¿Alguna vez cometiste un error cómico o te encontraste con un reto inesperado mientras compostabas? ¿Tu compost ha atraído alguna vez a visitantes sorprendentes? Cuéntanos tus aventuras y desventuras. Cada historia es una oportunidad para aprender, reír y recordar que, tanto en el jardín como en la vida, los errores suelen ser nuestros mejores maestros.

consejos para tener un buen compost

Bienvenido al maravilloso mundo del compostaje, donde tu ambición de convertir restos de verduras en “oro negro” podría acabar en un fascinante fiasco. Olvida los consejos clásicos y las prácticas probadas; aquí vamos a explorar, con un punto de ironía, cómo no conseguir compost si sigues nuestras seis (malas) lecciones. Pequeña advertencia amistosa: esta guía, […]

En un mundo en el que el cambio climático es una realidad ineludible, la búsqueda de soluciones sostenibles es más crucial que nunca. Cada gesto cuenta, también en nuestros jardines. Entre los numerosos medios para mitigar los efectos del cambio climático, la plantación de árboles desempeña un papel clave. Entre ellos, destaca un campeón llegado de Asia: el Paulownia, un árbol con propiedades excepcionales en cuanto a la captura de carbono.

Para saber más sobre este árbol, también puedes escuchar nuestro podcast:

arbol del emperador

¿Qué es el Paulownia?

El Paulownia es un árbol de hoja caduca que destaca por sus grandes hojas con forma de corazón y sus racimos de flores violetas. Puede alcanzar una altura impresionante de 10 a 25 metros en su medio natural, lo que lo convierte en una incorporación majestuosa para cualquier paisaje o para un jardín grande. Aquí, en Francia, alcanzará más bien entre 8 y 12 metros de altura según las condiciones de cultivo.

Es originario de Asia, especialmente de China y Japón, donde se le llama "el árbol del emperador". El Paulownia se introdujo en otras partes del mundo, incluida Europa y América del Norte, donde se ha adaptado bien a diversas condiciones climáticas.

Este árbol se utiliza tradicionalmente por su madera, que es a la vez ligera y resistente. Además, su capacidad para crecer rápidamente lo convierte en una opción muy apreciada para proyectos de reforestación y jardinería ecológica. También se emplea en la medicina tradicional asiática.

A tener en cuenta: el género Paulownia incluye seis especies diferentes. Sin embargo, las dos especies más cultivadas son el Paulownia tomentosa y el Paulownia fortunei.

flores del arbol del emperador

Las propiedades de captura de carbono del Paulownia

El Paulownia a menudo se conoce como el "campeón de la captura de carbono", y no es sin motivo. Según estudios científicos, este árbol tiene la capacidad de secuestrar una cantidad impresionante de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. De hecho, un Paulownia adulto puede absorber hasta 48 kilogramos de CO2 al año, lo que equivale aproximadamente a 10 veces más que la mayoría de los demás árboles que se utilizan habitualmente en proyectos de reforestación.

Esta capacidad excepcional se debe en parte a su crecimiento rápido. El Paulownia puede alcanzar la madurez en 10 años, lo que significa que empieza a tener un impacto positivo en el medio ambiente mucho antes que otros árboles.

Si lo comparamos con otros árboles como la encina o el pino, que normalmente se utilizan en proyectos de reforestación, el Paulownia destaca con claridad. Por ejemplo, una encina puede tardar hasta 30 años en alcanzar la madurez y, en promedio, solo captura entre 4 y 5 kilogramos de CO2 al año. El pino, aunque crece más rápido que la encina, captura en promedio entre 10 y 20 kg de CO2 al año, pero no alcanza los niveles del Paulownia.

Por último, también se menciona que el Paulownia puede regenerarse a partir del tocón tras la tala, un punto a favor que puede favorecer un nuevo crecimiento rápido y una captura de carbono continua. No obstante, esta capacidad varía muchísimo según las condiciones del suelo, el clima y las prácticas de gestión forestal.

hojas de paulownia

Ventajas adicionales del Paulownia

En invierno, sus grandes hojas, ricas en nutrientes, se descomponen rápidamente y enriquecen el suelo. Esto es una ventaja extra para el acolchado, el compost y la permacultura.

Resistente, el Paulownia es un árbol robusto que se adapta con facilidad a una amplia variedad de condiciones climáticas y tipos de suelo. También es resistente a enfermedades y parásitos, lo que lo convierte en una elección sostenible para cualquier jardín o proyecto de reforestación.

Para saber más

Para saber más sobre este árbol, lee nuestra ficha sobre el Paulownia, árbol imperial: plantación, cultivo y mantenimiento.

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Lejos de ser un simple sustrato inerte, el suelo alberga muchísimos organismos, la mayoría de los cuales, por cierto, son invisibles a simple vista. Se estima que un simple puñado de tierra puede contener entre 10 y 100 millones de seres vivos. Ahora bien, los pesticidas que se pulverizan sobre las plantas para combatir parásitos y los insectos que dañan los cultivos tienen un fuerte impacto sobre esos organismos. Aunque se sabe que sus efectos perjudican la biodiversidad y la salud humana, cada año todavía se usarían en Francia entre 55 000 y 70 000 toneladas de pesticidas de síntesis. 

Los pesticidas agrupan todos los productos fitosanitarios utilizados para proteger las plantas y combatir organismos nocivos para los cultivos: insecticidas (contra los insectos), fungicidas (contra los hongos), acaricidas (contra los ácaros), herbicidas (contra las «malas hierbas»). En la mayoría de los casos se pulverizan sobre las plantas, y una parte de ellos alcanza directamente el suelo. Los que se depositan en el follaje pueden ser arrastrados con el agua de riego o la lluvia, o terminar en el suelo cuando las hojas caen y se descomponen. Los pesticidas también pueden recubrir las semillas. Por último, algunos pesticidas se incorporan directamente al suelo en forma de gránulos. Sin embargo, contaminan la tierra y tienen un efecto a largo plazo.

Pulverización de pesticidas en el jardín

La fauna del suelo desempeña un papel clave en la fertilidad del suelo y en la salud de las plantas

El suelo contiene muchos organismos: los más visibles de ellos son las lombrices de tierra y los insectos. Las lombrices de tierra desempeñan un papel primordial en la estructura y la fertilidad del suelo. Lo airean excavando túneles, lo que facilita el enraizamiento de las plantas, permite que sus raíces respiren mejor, ayuda a combatir la erosión y mejora la infiltración del agua. Además, descomponen la materia orgánica, transformándola en nutrientes esenciales para las plantas. Por lo general, se suelen contabilizar entre 50 y 400 lombrices por m². Los insectos del suelo también contribuyen a airear el terreno y a aumentar su porosidad. Una disminución de su población puede provocar la compactación del suelo, haciendo más difícil cultivar las plantas. 

Muchos organismos vivos son invisibles a simple vista: se trata de microorganismos como bacterias, hongos, nematodos… Representarían el 75-90 % de la biomasa del suelo. Permiten la mineralización de la materia orgánica: así, los elementos minerales (nitrógeno, fósforo, azufre, potasio, magnesio…) se vuelven asimilables para las plantas. Producen moléculas orgánicas que favorecen una mejor cohesión del suelo. Algunas bacterias permiten almacenar el nitrógeno atmosférico. Estos organismos desempeñan un papel clave para garantizar la fertilidad de los suelos. Contribuyen a la degradación de la materia orgánica… También airean el suelo, permitiendo una mejor infiltración del agua. Todos estos organismos ayudan a mantener las plantas sanas. 

Al consumir los restos vegetales (hojas muertas, raíces, etc.), los insectos y los microorganismos del suelo descomponen la materia orgánica; de ahí que, literalmente, se cree el suelo y, en particular, el humus. Cuanto más vivo es el suelo, más fértil y nutritivo será para las plantas. Sin ellos, la materia orgánica se acumularía. A estos organismos que se alimentan de materia orgánica se les llama detritívoros. Se trata especialmente de las lombrices, los ácaros, los colémbolos…  

Impacto de los pesticidas en las lombrices de tierra

El impacto de los pesticidas sobre la vida del suelo

Los microorganismos del suelo, como las bacterias y los hongos, son los primeros en verse afectados por los pesticidas. Estas pequeñas criaturas desempeñan un papel esencial en la descomposición de la materia orgánica, la fijación del nitrógeno y la formación del suelo. Cuando se aplican pesticidas, pueden alterar el frágil equilibrio de estos organismos, reduciendo así su número y su diversidad.

En cuanto a las lombrices de tierra, son los insecticidas y los fungicidas los que tienen un mayor impacto sobre ellas. Son responsables de la disminución de las poblaciones de lombrices de tierra. 

Muchos pesticidas, incluso aquellos que supuestamente se dirigen a plagas específicas, pueden tener un efecto negativo sobre insectos no objetivo. Muchos insectos pasan los primeros momentos de su vida bajo tierra, en forma de huevos o larvas (en particular dípteros, como las moscas, los sírfidos, los moscardones…) y, por tanto, se ven afectados directamente cuando los suelos se contaminan.

Además, la presencia de diferentes pesticidas en el suelo crea un efecto cóctel : el efecto combinado de las sustancias activas de estos productos puede anularse o, por el contrario, intensificarse, con un impacto multiplicado. Así, la presencia de varias moléculas juntas genera efectos imprevisibles. 

Los pesticidas contaminan la cadena alimentaria, porque muchos animales se alimentan de los insectos y de las lombrices de tierra, como es lógico las aves, pero también pequeños mamíferos como el erizo, etc.

En Francia, casi la totalidad de los suelos estarían contaminados por residuos de pesticidas (principalmente fungicidas y herbicidas). Un estudio del INRAE sobre 47 emplazamientos franceses analizados entre 2019 y 2021 demostró que el 98 % de ellos presenta al menos una sustancia. En total, se encontraron 67 moléculas diferentes, y el glifosato figura entre las más detectadas. Ahora bien, estas moléculas perjudican a los organismos del suelo en más del 70 % de las 2 800 experiencias realizadas. Por ejemplo, los herbicidas a base de glifosato son nocivos para las bacterias y para las micorrizas, reducen la reproducción de las lombrices de tierra y obligan a los colémbolos a subir a la superficie, dejándolos más expuestos a los depredadores.  

Impacto de los pesticidas en los colémbolos
Colémbolos del género Entomobrya

¿Cómo conservar un suelo vivo?

Para conservar un suelo vivo, ya lo habrás entendido, es importante evitar el uso de pesticidas. Mejor apuesta por alternativas más ecológicas: insectos auxiliares, trampas con feromonas para capturar ciertos insectos dañinos y evitar que se reproduzcan, acolchado o escarda manual contra las plantas adventicias… Favorece una gran biodiversidad en tu jardín instalando hoteles para insectos, cajas nido, refugios para erizos, etc. También te recomendamos aportar materia orgánica para alimentar a esos insectos y microorganismos, y evitar darle la vuelta al suelo (basta con airearlo con una horquilla). Del mismo modo, es importante acolchar para no dejar el suelo al descubierto: así se protege de la radiación directa del sol y de la lluvia (erosión). 

Lejos de ser un simple sustrato inerte, el suelo alberga muchísimos organismos, la mayoría de los cuales, por cierto, son invisibles a simple vista. Se estima que un simple puñado de tierra puede contener entre 10 y 100 millones de seres vivos. Ahora bien, los pesticidas que se pulverizan sobre las plantas para combatir parásitos […]