Asociar el Elaeagnus
7 ideas para asociar el Eleagno
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El Elaeagnus, a veces abreviado como Eleagnus y más comúnmente llamado Chalef o Goumi du Japon según las especies, es un arbusto usado con frecuencia en el jardín por sus numerosas cualidades. Su follaje, que puede ser perenne o caduco, ofrece un verde grisáceo, un gris metálico o variegaciones según las variedades. Su floración, primaveral o otoñal, es más bien discreta a la vista, pero ¡el perfume que desprende es inolvidable! Sus pequeñas bayas comestibles son apreciadas por las aves, pero un poco harinosas para el jardinero, salvo las que produce el Goumi. Fáciles, adaptables y, en general, bastante rústicas, algunos se lo piensan antes por su crecimiento vigoroso, que sin embargo permite un efecto rápido. Aunque puede utilizarse como seto, el Eleagnus gana si se mezcla con otras plantas, a las que puede aportar una base neutra interesante o virtudes de las que carecen. Aquí te propongo 7 ideas de asociaciones para encontrar con qué otras plantas combinar tu Chalef y así aprovecharlo al máximo y crear bonitos macizos.
En cualquier tipo de seto
L’Elaeagnus es un arbusto que se presta especialmente bien a la confección de setos, y esto con independencia de los estilos de jardín y de la finalidad que se busque.
- Para un seto opaco todo el año, complételo con Fotinia, Evónimos, Cotoneaster persistentes, Pittosporum, Phyllirea o también con el Laurel-tin.
- En seto defensivo, las especies con aguijones, como Elaeagnus ebbingei, desempeñan perfectamente su función junto a Berberis, Mahonia, Rosa rugosa o Pyracantha y disuaden a los posibles intrusos.
- Los Chalefes forman parte de los campeones para obtener rápidamente un seto funcional, al igual que las Arboles de las Mariposas, Aligustres, Grevillea arbustiva o incluso Cotoneaster laiteux, con los que puede combinarlos.
- Los principiantes normalmente no suelen fracasar eligiendo el Chalef para formar un seto, mezclándolo, por ejemplo, con otros arbustos infalibles como los Cotoneaster, Fotinia, Carpe, Cornuélos o Espinos.
- Soporta perfectamente la poda, y el Elaeagnus se utiliza a menudo para la confección de setos regulares, como también el Fotinia, el Laurel palme ‘Etna’ (una versión más compacta, que requiere menos podas), Pittosporum y el Aligustre.
A excepción, claro, de que el objetivo buscado sea deliberadamente diferente, piense en mezclar 2/3 de arbustos caducos (Vitex, Espino, Ceanoto ‘Gloire de Versailles’, Forsitia, Sauco…) con 1/3 de persistentes (Elaeagnus, Pittosporum, Fotinia, Phyllirea, Camélia…).

Elaeagnus ebbingei, Cotoneaster laiteux, Fotinia y Carpinus betulus
En un jardín contemporáneo
Muy maleable bajo la tijera, el Elaeagnus solo pide intervenciones bastante regulares para mantenerlo en forma, porque su crecimiento es vigoroso. Conducido en topiaria, permite integrar rápidamente plantas con una bonita forma redondeada. Retomen estas formas “rellenitas” recurriendo a otras plantas podadas, como puedan ser el boj, el madreselva arbustiva (disfrutando también con los diferentes colores del follaje), el ligustro o el carpe. Perennes de gran carácter como el Acanto, el Echinops, el Fatsia (¡de las que una versión variegada es espectacular!), las helechos arborescentes o los bambúes ofrecen una bonita diversidad de follajes según la exposición, tanto sobria como elegante. Los coníferos, algunos de los cuales se mantienen en dimensiones pequeñas, pueden ser una opción interesante, gracias a sus siluetas gráficas y a la diversidad de tonos posibles. Del mismo modo, el color puede introducirse de forma discreta, pero refinada, mediante el uso de árboles de corteza coloreada. Rojo caoba de un Cerezo de Manchuria, blanco inmaculado de un Abedul del Himalaya, ámbar de un Cerezo de Manchuria o incluso verde con un bonito rayado blanco para un arce de corteza de serpiente, Acer cappilipes. Gramíneas de diferentes alturas se colocan aquí y allá para marcar el ritmo, aportar movimiento y enriquecer la evolución del conjunto a lo largo de las estaciones.

Elaeagnus ebbingei, Fatsia japonica ‘Spider’s Web’, Dicksonia squarrosa y gramínea Carex comans ‘Frosted Curls’
Más información Elaeagnus
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En un macizo de flores
Algunos critican a los Eléagnus por ser demasiado “vigorosos” o bastante comunes. Sin embargo, el jardinero necesita plantas visualmente discretas para realzar y dar relieve a vecinas más llamativas, y suavizar las transiciones. Sin mencionar que la floración de muchas especies capta la atención inevitablemente y te obliga a olisquear.
- Los Eléagnus de follaje verde grisáceo con brillo metálico, como Elaeagnus ebbingei, o los más románticos Árbol del paraíso y Eleagno plateado, pueden templar cualquier escena. Las rosas, y especialmente las que tienen flores blancas, combinan muy bien con estos follajes.
- Los Eléagnus abigarrados, del tipo ‘Gilt Edge’, ‘Eleador’ o ‘Viveleg’, gracias al amarillo contenido en su follaje, deben utilizarse con mayor prudencia. Por ejemplo, juega con un amarillo más intenso o con el naranja para crear un macizo de tonos cálidos, o bien contraponérselo con un color complementario, como el violeta, incluso el malva y el azul, que puedes combinar con gris o blanco. Así, entre geranios vivaces de floración azul interminable como ‘Rozanne’, Perovskia de tallos plateados y floración lavanda, Agapantos malvas, panicares erizados o el azul metálico del follaje de festucas como ‘Elijah Blue’, el contraste puede resultar muy interesante. Para suavizar el conjunto y aportar un poco de ligereza, algunas floraciones blancas son bienvenidas. Las Agapantos blancos aportan un eco sutil a sus compañeras azules. Crambe cordifolia se alzan formando nubes blancas y vaporosas, mientras que Aquileas, Aguileñas, Asteres, Bergenias, Campanillas y Gaura aparecen aquí o allá. No olvides algunos grupos de gramíneas para que el viento pueda expresarse en ellas…

Elaeagnus commutata ‘Zempin, Perovskia atriplicifolia ‘Blue Spire’, Aguileña ‘Clementine Salmon Rose’ y Gaura lindheimeri ‘Baby Butterfly Dark Pink’
Ver también
Eleagnus (Eleagno) pierde las hojas.En un macizo perfumado
Un jardín debe despertar todos los sentidos, y el del olfato no es el menos importante. Por eso, que los Elaeagnus sean tan perfumados viene de perlas. Súmalos con otras plantas que también desprenden aroma, ya sea al mismo tiempo que tu Chalef, o en momentos distintos. Elaeagnus angustifolia, E. commutata ‘Zempin’, E. umbellata y E. multiflora florecen entre abril y junio, mientras que otras especies (Elaeagnus ebbingei y E. pungens) esperan hasta finales del verano y el otoño para esparcir su fragancia a metros a la redonda. Instala una para cada una de las dos temporadas y completa tu selección para las dos que faltan. Para el invierno, apóyate en una Viburnum de invierno, un Sarcoccoca, un Styrax o un Daphne (con follaje liso o abigarrado). Perfuma el verano y parte del otoño con Clerodendron, Arbusto de las mariposas, Choisya (que vuelve a florecer hacia septiembre), Heptacodium y Seringat. En cuanto a las vivaces, apuesta por bulbos perfumados (Jacintos, Narcisos, Lirios…) y por vivaces a la vez bonitas y aromáticas (Claveles, Lirio de las damas, Muguet, Phlox e Iris), sin olvidar las fragancias de los rosales y de las peonías.

Elaeagnus angustifolia, Sarcococca orientalis, Choisya ‘White Dazzler’ y Rosier ‘Martin des Senteurs’
Una farándula de bayas
Si los Elaeagnus son conocidos por su follaje y su perfume, también producen bayas comestibles. En la mayoría de las especies, el fruto es áspero y de consistencia harinosa, pero estas bayas son una gran oportunidad para la fauna y, además, pueden prepararse en mermeladas. Su papel decorativo no debe pasarse por alto tampoco, y el Chalef puede, por tanto, incorporarse a la confección de un decorado junto a arbustos reputados por su producción de frutos decorativos (y a veces comestibles), como los manzanos ornamentales (Malus ‘Golden Hornet’, con manzanas amarillas; Malus ‘Evereste’, con frutos rojo-naranja), de un Clerodendron con cáliz de un rosa intenso que encierra una baya azul turquesa, Aucuba, Árbol de las bonitas bayas, Cotoneaster, Euonymus, Espino amarillo o los Pyracantha, por no citar solo algunos.
Elaeagnus multiflora y Elaeagnus umbellata corresponden al Goumi del Japón y dan los mejores frutos del género. Para un rincón o una seto comestible, elígelos junto a arbustos cuyos frutos para algunos son bastante poco conocidos, como por ejemplo Amelanchier, Madroño, Aronia y Cornus mas.

Elaeagnus multiflora, Malus ‘Golden Hornet’, Callicarpa bodinieri ‘Profusion’ y Amelanchier alnifolia ‘Saskatoon Berry’
En un jardín a orillas del mar
Los Elaeagnus se adaptan especialmente bien al cultivo en jardines a orillas del mar. El viento y la sal no les suponen ningún problema, e incluso son excelentes arbustos para crear setos cortavientos. Sus otras cualidades no deberían hacerte dudar a la hora de integrarlos en un macizo, eligiendo plantas vecinas que también sean capaces de tolerar estas condiciones particulares.
- En cuanto a los arbustos, apuesta por una composición en compañía del Acebo, el Laurel portugués, Taray, el Argousier, Griselinia, Pittosporum tobira, Escalonia, las Jaras o el Olearia, todos ellos igual de resistentes al viento que el Chalef.
- Para las vivaces, la lista podría ser muy larga, pero conviene pensar en plantas que ya han demostrado su valía, como las Lirios africanos y sus grandes (o más pequeñas) cabezas repletas de múltiples flores en forma de trompeta, el Cordiline (algunas con colores simplemente asombrosos), las Statices (ligera y vaporosa floración azul lavanda), el Crisantemo del Pacífico, (una vivácea tapizante atractiva por su follaje y por su floración). También puedes pensar en la Hinojo marino y sus bonitas flores en umbela blancas, la Siempreviva de Italia y su sorprendente follaje perfumado con curry, el Campanita morada de flores azul intenso o, incluso, las Erigerones, con una floración realmente rápida.
- De gramíneas, como las Festucas, Cortaderia, el Andropogon, Popotillo azul, el Cárices o las Stipas forman corrientes de gran flexibilidad, un primer plano de líneas relajadas o puntitos elegantes que el viento ondula con regularidad sin llegar nunca a desbaratarlos.

Tamarix tetrandra, Phormium tenax ‘Variegatum’, Crithmum maritimum y Elaeagnus ebbingei ‘Maryline’,
Juego de frondoso
No dudes en aprovechar el Acoro integrándolo en un macizo de follajes. El gris plateado por el envés, con un tono más bien dorado, de los Chalefs como Elaeagnus ebbingei y su versión menos vigorosa ‘Compacta’ son excelentes en primavera, y además pueden conservarse en una bola de crecimiento regular gracias a la poda. Este tono neutro queda bien con todo, pero lo encuentro especialmente interesante junto a plantas de follaje púrpura, más o menos oscuro. En los arbustos, el Árbol de las Pelucas ‘Royal Purple’, cuyas hojas jóvenes además se realzan con matices rosados, un Loropetalum ‘Ever Red’, que en primavera se cubre también de una generosa floración roja, o un Arce japonés ‘Garnet’, con hojas recortadas como encaje, son los tres muy buenas elecciones. Unas Heuchéras ‘Black Pearl’, una Persicaria ‘Red Dragon’ o un Geranio ‘Purple Ghost’ pueden reproducir esos colores en el nivel inferior. En suelos frescos, un tapiz de Bugle rastrero también puede servir de nexo. Para aportar luz, arbustos de follaje amarillo o dorado pueden colocarse aquí o allá. Por supuesto, las versiones abigarradas del Acoro como ‘Gilt Edge’, ‘Eleador’ o ‘Viveleg’ incluyen amarillo en sus abigarrados, pero también puedes ir más allá y jugar con follajes uniformes y de formas distintas. Un Physocarpus ‘Angel Gold’ se pinta de un magnífico amarillo sobre un follaje decorativo, y además ofrece en su conjunto una floración bonita y una fructificación interesante. Otras opciones pasan por un Cotinus ‘Golden Lady’, un Saúco ‘Welsh Gold’, un Ligustrum ‘Lemon and Lime’ (¡imprescindible colocarlo al sol para conseguir este tono!) o incluso una conífera de pequeño porte como Taxus baccata ‘Kupfergold’, un tejo de tonalidades doradas.

Elaeagnus ebbingei ‘Compacta’, Cotinus coggygria ‘Royal Purple’, Geranio vivaz pratense ‘Purple Ghost’ y Physocarpus opulifolius ‘Angel Gold’
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