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¿Cómo crear un jardín de gramíneas?

¿Cómo crear un jardín de gramíneas?

¿Qué parámetros hay que tener en cuenta? ¿Cómo organizarlos y asociarlos?

Contenido

Modificado el 30 de octubre de 2025  por Jean-Christophe 11 min.

Las gramíneas ornamentales han alcanzado, a lo largo de las últimas décadas, un merecido reconocimiento. Lejos de considerarse simples “hierbas”, desempeñan hoy un papel protagonista en los proyectos de paisajismo. Y no es para menos: tienen mucho que ofrecer. Sus portes, formas, colores y flores son elementos plenamente ornamentales, y muchos jardineros lo han comprendido, máxime porque son plantas fáciles de cultivar y de cuidar. Por ello, es lógico que formen parte de los macizos y que se integren cada vez más en los jardines. Sin embargo, puede parecer difícil saber cuáles seleccionar, cómo combinarlas y con qué asociarlas. Por eso, te propongo un breve repaso para conocer mejor a estas bellezas y ser capaz de utilizarlas del mejor modo. ¡Con estas pistas, la creación de un jardín de gramíneas no tendrá (casi) secretos para ti!

Dificultad

¿Por qué hacer un jardín de gramíneas?

Las gramíneas ornamentales ( y algunas vivaces llamadas « graminiformes ») ofrecen múltiples ventajas, que pocas otras plantas reúnen tan bien. Todas estas cualidades son muy buenas razones para integrarlas en un jardín:

  • Estas « hierbas » son muy fáciles de cultivar, poco exigentes y se adaptan a numerosos tipos de suelos
  • La mayoría de las veces son resistentes, por lo que pueden integrarse en jardines bajo casi todos los climas
  • Requieren muy poco mantenimiento y prácticamente nunca enferman
  • Mayormente vivaces, son muy longevas y cumplen su papel decorativo durante muchos años
  • Son decorativas durante mucho tiempo, alrededor de 10 meses al año en las de follaje caduco o marcescente, y todo el año en las persistentes
  • Ofrecen una gran diversidad, tanto en sus dimensiones como en sus portes, sus colores o las formas y tonos de sus espigas.
  • Muy versátiles, su uso es casi infinito: aligerar parterres acompañando vivaces y arbustos, estructurar el espacio, delimitar zonas del jardín, servir de pantalla o usarse aisladas… ¡parecen no tener más límite que la imaginación del jardinero!

La única reserva a la creación de un jardín de gramíneas ornamentales concierne a las personas alérgicas a estas plantas. Algunas, sin embargo, producen menos espigas y, aunque visualmente sea una pena, siempre es posible cortar las inflorescencias antes de que se abran y disfrutar aun así de los bellos follajes que ofrecen.

Gramíneas de diferentes tamaños

No todas las gramíneas ornamentales son iguales. Algunas permanecen bajas y actúan como plantas cubresuelos, como los Carex o las Fétucas, por ejemplo, que rara vez superan 30 a 40 cm de altura. Otras son mucho más altas y pueden alcanzar 2 o 3 m, como Miscanthus giganteus o la Caña comun. Muchas, por último, se presentan en tamaños intermedios, lo que, en definitiva, permite crear distintos «niveles» de vegetación, colocando las más pequeñas en primer plano (lucen de maravilla en Bordillos), las medianas justo detrás, y por último las más imponentes al fondo del macizo. Atención, sin embargo, a no caer en la caricatura: para aportar más movimiento y naturalidad a tu macizo, no dudes en crear “quiebros”, formados, por ejemplo, por gramíneas bajas que se adentran en el macizo entre plantas más altas. Esto aporta ritmo, crea sorpresas y evita la monotonía.

La mayoría de las gramíneas son llamadas «cespitosas», es decir, se densifican año tras año manteniéndose en matas ordenadas. Sin embargo, existen rastreras, cuyos rizomas errantes se alejan del pie para asomar un poco más lejos. Ideales para vegetalizar un lugar de difícil acceso o las orillas de un estanque, o para estabilizar un talud, por ejemplo, su comportamiento puede resultar problemático en un macizo más organizado y pueden imponerse a algunas vecinas menos vigorosas. Conviene, por tanto, usarlas con pleno conocimiento de causa.

Algunas gramíneas bajas

Carex, Fétucas, Hakonechloa, Luzulas, Ophiopogon, las Stipa (Stipa gigantea puede lanzar sus espigas a casi 2 m, pero dejan pasar la vista y el follaje permanece bajo)

gramínea baja para jardín

Festuca glauca

Algunas gramíneas medianas

Barrón, Andropogon ‘Purple Konza’, Calamagrostis, Grama de monte, Cortaderia ‘Pumila’ o C. ‘Splendid Star’ (dos plumeros de la Pampa «enanos», adaptados a Pequeños jardines), ciertos Panicum, Pennisetum, Leymus arenarius, Molinia ‘Edith Dudszus’, Muhlenbergia rigens y M. capillaris, Popotillo azul., y algunos Eulalias (que oscilan entre 1,20 y 1,60 m).

gramínea mediana para jardín

Calamagrostis brachytricha

Algunas gramíneas altas

Ampelopsis mauritanicus, Arundo donax (así como su variedad abigarrada), Plumero de la Pampa (sin embargo, existen pequeños cultivares), Molinia ‘Windsaule’, ‘Skyracer’ o ‘Transparent’, Pennisetum macrourum, Phragmites australis, Stipa gigantea (por sus largos Tallos con flores), Chionochloa conspicua, y numerosas Eulalias (entre ellas la de mayor tamaño, Miscanthus giganteus).

gramínea alta para jardín

Pennisetum macrourum

→ Lee también: Gramíneas XXL: las variedades imprescindibles para dar volumen a los macizos.

Algunas gramíneas de carácter rastrero

Phalaris arundinacea (en particular la especie tipo y en suelo húmedo), Glyceria maxima ‘Variegata’ (en suelo húmedo), Leymus arenarius, Miscanthus sacchariflorus (moderadamente rastrero), Phragmites australis, Arundo donax, Carex morrowii. Podemos mencionar Miscanthus ‘Purpurascens’ (no realmente rastrero, pero su cepa puede ensancharse de forma algo anárquica), Imperata cylindrica (puede expandirse en Suelo fresco… o negarse a crecer en otros suelos), o bien Zoysia tenuifolia (alternativa interesante al césped, pero puede requerir cierto control).

gramínea de cepa trazadora

Phalaris arundinacea ‘Picta’ (foto koran)

Más información Gramíneas

Portes y siluetas muy variados

Si las dimensiones son importantes para el equilibrio de un macizo, el porte lo es igualmente. Algunas gramíneas se yerguen con firmeza y se mantienen bien rectas, sin por ello perder su elegancia. Su silueta, que aporta rigor y sobriedad, puede aprovecharse en un diseño minimalista o contemporáneo, pero también encajan perfectamente en composiciones más naturalistas o románticas. Entonces se acompañan de otras gramíneas cuya silueta es mucho más ancha, para crear relieve. Algunas presentan pajas que crecen rectas, pero cuya parte superior se abre, evocando una fuente, como por ejemplo Miscanthus ‘Gracillimus’. Otras, como los Pennisetum, forman una mata de silueta más bien redondeada desde la base. La forma en que las gramíneas llevan sus inflorescencias también puede aprovecharse. A veces, las espigas se sostienen en tallos bien rectos y muy por encima del follaje (Ampelodesmos mauritanicus y Deschampsia cespitosa son dos ejemplos). Otras prefieren desarrollar su espigado en continuidad con su follaje, con una distinción menos marcada. Para comprobarlo, basta con observar un Calamagrostis ‘Karl Foerster’ o un Panicum ‘Shenandoah’.

Algunas gramíneas de porte erguido

Andropogon, Calamagrostis, Panicum, Festuca ovina, Molinia, Schizachyrium.

Algunas gramíneas de porte ancho

Pennisetum, Carex, algunos Miscanthus, Hakonechloa.

gramínea erguida arqueada

Molinia caerulea ‘Moorhexe’ de porte erguido y Pennisetum orientale ‘Karley Rose’ de porte colgante

Follajes variados y coloridos

Las gramíneas ofrecen una gran diversidad cuando hablamos del follaje. Como en cualquier diseño paisajístico, un jardín de gramíneas también juega con las formas del follaje y con sus tonos. El follaje muy fino de una avena ornamental es, en efecto, diferente del de un Carex ‘Shima Nishiki’, cuyas hojas, mucho más anchas, evocan un bambú, o del de una Caña común. Combinar follajes finos y otros más anchos permite aportar profundidad a una composición, haciendo que cada planta realce a la de al lado. Si este contraste ligado al follaje resulta interesante, la paleta se enriquece aún más en lo referente a los tonos. Si muchas gramíneas son verdes (y, incluso dentro de ese color, hay matices), otras apuestan abiertamente por el color.

Así, es fácil introducir toques de azul gracias a candidatas como, por ejemplo, Helictotrichon sempervirens o Festuca ‘Intense Blue’.

Los bronces, rojos y púrpuras están bien representados, respectivamente, por cultivares como Carex ‘Bronze Form’, Imperata ‘Red Baron’ y Pennisetum ‘Rubrum’.

Anímate también con los naranjas (Carex ‘Prairie Fire’), los negros (Ophiopogon ‘Nigrescens’ es una vivácea, pero su follaje recuerda al de una gramínea), los amarillos y dorados (Carex ‘Aurea’, Pennisetum ‘Hameln Gold’ o Deschampsia ‘Tatra Gold’, por citar solo algunas), sin olvidar los follajes abigarrados, muy presentes, entre los que podemos citar Calamagrsotis ‘Overdam’, Carex ‘Aureovariegata’, Holcus ‘Albovariegatus’ o Miscanthus strictus… y la lista sigue. Aunque estos tonos son más suaves que los que ofrecen algunos arbustos o vivaces, cuidado con no confundir el mensaje ni cansar la vista multiplicando las mezclas en exceso. A veces, una combinación de solo 2 o 3 tonos luce mucho más que un batiburrillo de efecto caleidoscopio.

diferencias de follaje en gramíneas

Helictotrichon sempervirens (foto Declangi), Imperata ‘Red Baron’ y Ophiopogon ‘Nigrescens’ (foto Wikipedia)

Macizos de flores bonitos todo el año

Un jardín se disfruta todo el año, sea cual sea la estación. Para lograr un efecto visual interesante los 12 meses del año, es imprescindible seleccionar gramíneas, algunas de las cuales resultan más interesantes en distintos momentos del año.

El follaje perenne asegura una presencia permanente, y proporciona el armazón y la estructura del macizo. Si esto es cierto, por ejemplo, para los arbustos, las gramíneas no escapan a la regla. Así, Avena, Deschampsia, Plumero de la Pampa, Festucas y numerosos Carex forman parte de las que visten las composiciones todo el año.

Si bien algunas gramíneas ven desaparecer por completo o casi su follaje en invierno, otras conservan su follaje seco, que a menudo adquiere tonos pajizos. Entonces contrastan con las de follaje perenne y siempre colorido. Entre ellas (aunque no son las únicas), citemos las eulalias o las Stipa, cuyas siluetas quedan realzadas por la escarcha, la nieve o el sol rasante.

Muchas gramíneas literalmente se encienden en otoño, ofreciendo colores cálidos al final de la temporada. ¿Cómo no caer rendido ante el follaje rojizo de una Eulalia ‘Ghana’, el de tonos anaranjados de una Molinia ‘Heidebraut’ o de un Hakonechloa ‘Nicolas’, o quedar casi hipnotizado al contemplar los tonos mezclados de un Panicum ‘Heiliger Hain’?

La mayoría de las gramíneas desarrollan sus espigas entre finales de verano y el otoño, pero hay otras más tempranas, que permiten tender un puente entre estaciones y hacer así evolucionar el aspecto visual de tu macizo. Stipa gigantea, Elymus magellanicus y también Pennisetum massaicum (Michael y Olivier te las presentan en vídeo) forman parte de esas gramíneas tempranas que animan tus macizos desde finales de primavera o principios de verano.

Adaptar la elección a la exposición

Si bien muchas gramíneas se desarrollan mejor al sol, donde expresan todo su potencial, no obstante, es perfectamente posible componer un macizo de gramíneas a media sombra o a la sombra. Basta con seleccionar aquellas a las que esas condiciones no les afectan, o que incluso las prefieren. Entre las mejores candidatas, ten en cuenta que numerosos Carex se encuentran a gusto en situaciones menos luminosas, al igual que Hakonechloa, Hystrix patula, Luzula, Ophiopogon o incluso Phaenosperma globosa (una gramínea aún bastante poco conocida).

Con unas horas de sol al principio o al final del día, varias otras también hacen maravillas y completan la paleta del jardinero, siempre que se les proporcione un suelo adaptado a sus necesidades.

gramíneas para sombra

Hakonechloa macra ‘Aureola’, Hystrix patula y Luzula sylvatica ‘Marginata’ (foto Guido)

Proporcionar un suelo adecuado

«La planta adecuada en el lugar adecuado» es un adagio bien conocido entre jardineros. Si la exposición tiene su importancia, la naturaleza del suelo quizá lo sea aún más para la supervivencia de una planta y su buen desarrollo. Un suelo drenado pero que se mantiene fresco en temporada siempre es apreciado por las gramíneas y garantiza un espigado más generoso, aunque algunas se conforman con condiciones más secas. Por el contrario, otras solo prosperan en suelos francamente frescos, incluso húmedos, condiciones sin las cuales languidecen o incluso pueden desaparecer. Antes de lanzarte, comprueba este aspecto para ahorrar dinero y evitar decepciones.

¿Gramíneas solas o acompañadas?

Las gramíneas ofrecen numerosos atractivos ornamentales, lo que puede llevar a algunos jardineros a crear macizos compuestos exclusivamente por estas plantas de formas y colores variados. Sin embargo, en la naturaleza no es raro que algunas vivaces se sumen a la danza, como por ejemplo Violetas en primavera, Lupinos, Equináceas o Limonium en verano, Ásteres y Helianthus al final de la temporada.

Integrar arbustos y vivaces permite añadir colores que las gramíneas no pueden aportar, ya sea por su follaje o por su floración. Del mismo modo, el follaje de las gramíneas suele ser bastante similar por sus formas alargadas y finas. Vivaces y arbustos aportan de nuevo contrastes interesantes. Además, las floraciones melíferas y nectaríferas atraen a numerosos polinizadores y auxiliares, que a su vez animan a las aves a alimentarse. Algunas plantes (por su porte o por su estructura, por ejemplo) ayudan a crear un macizo o un jardín de estilo y atmósfera marcados. Te propongo algunas pistas en función del efecto buscado, pero esta lista está lejos de ser exhaustiva. ¡Adáptala a tu gusto!

cómo crear un jardín de gramíneas

Gramíneas en un jardín contemporáneo

Opta por plantas de líneas marcadas o minimalistas. Árboles y arbustos con corteza decorativa como los Abedules o ciertos Prunus combinan bien con las gramíneas, tanto en verano como en invierno. Los vegetales de porte naturalmente redondeado, o recortados en topiarios, crean un magnífico juego de formas con la ligereza de las gramíneas. Boj, Pittosporum, Eleagnus, Lonicera nitidaCarpes o Tejos se prestan bien a este juego. Coloca las plantas en grupos organizados o en motivos repetitivos para acentuar aún más el aspecto formal de la composición.

En cuanto a las vivaces, los Acantos, Helechos, Cimicifuga, Delphinium, Cardos azules, Kniphofia, Perovskia, Verbascum o Verbenas de Buenos Aires ya son un buen punto de partida.

También puedes integrar bambúes, también de la familia de las gramíneas, procurando elegir especies cespitosas o contener las más expansivas con barreras anti-rizomas.

Jardines naturalistas y gramíneas

Los jardines naturalistas de estilo pradera (aparentemente silvestres) están en auge. Impulsados por el paisajista Piet Oudolf, utilizan mucho las gramíneas, asociadas mayoritariamente a vivaces. Entre ellas, se pueden citar las Persicarias, Milenramas, Sedum, Eupatorios, Thalictrum, Helenium, Equináceas, Actaea, Niéspolas y Monardas, clásicos de las plantaciones de pradera. Plántalas mejor en manchas, para crear planos de color y forma, procurando plantar las más altas hacia el interior del macizo (si puede observarse desde todos los lados) o al fondo (si está adosado a un seto o un edificio).

Jardín romántico, gramíneas como refuerzo

Un jardín romántico o de tipo mixed-border a la inglesa a menudo incluye gramíneas que aportan movimiento, gracia y poesía. Los rosales desempeñan, por supuesto, un papel de primer orden en este tipo de jardín, al igual que ciertas vivaces, de encanto a veces algo clásico. Phlox, Nepeta, Geranios vivaces, Campanillas, Dedaleras, Astrancias, Salvias, Peonías, Claveles, Lirios de día y Gauras son casi imprescindibles. En cuanto a los arbustos, puedes integrar Hydrangea, Lilas, Buddleia o Camelias, que enriquecen las escenas con el paso de las estaciones. Por último, utiliza trepadoras como las Clemátides, que según la especie florecen en distintos momentos del año.

Un macizo de gramíneas para el otoño

Las gramíneas suelen estar en su mejor momento al final de la temporada. ¿Qué mejor que plantas de tonos cálidos al final de la estación para acompañarlas? Liquidámbares, Tulíperos de Virginia, arces grandes, algunos robles, Ginkgo convienen más a los grandes espacios (salvo que se elijan variedades enanas). Para los pequeños jardines, decántate por los Arces japoneses, Cotinus, Hydrangea quercifolia, Evónimo alado, Cornejos de corteza colorida, Árbol de Júpiter o Viburnos, apuestas seguras. Después, solo queda completar con vivaces de floración tardía como los Ásteres, Sedum, Anémonas del Japón, Ceratostigma, Crisantemos, Persicarias o algunas Salvias.

Sea cual sea el tipo de jardín de gramíneas que crees, no olvides instalar grupos de bulbos de floración primaveral, que ofrecen sus colores cuando las especies caducifolias ya se han recortado y que después pasan el resto del año bien ocultos bajo su nuevo follaje.

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