Asociar Crambe
7 ideas de combinaciones para inspirarte
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Crambe es una planta vivácea de la familia de las coles. Las dos especies más conocidas son la col marina –o marítima–, Crambe maritima, cuyos brotes tiernos son comestibles y la col nube, Crambe cordifolia, que, como indica su nombre latino, posee hojas acorazonadas.
Las distintas especies de Crambe poseen grandes cualidades ornamentales gracias a su floración blanca muy ligera. Las pequeñas flores desprenden un delicioso aroma de mayo a julio. Forman una especie de nube aérea por encima del follaje, de un bonito verde o gris con reflejos azulados, perenne en la col marina y caduco en la col nube.
Crambe prospera en suelos frescos y bien drenados y agradece las exposiciones soleadas. Necesita espacio y no tolera la competencia radicular. Además, una vez establecido, no se recomienda trasplantarlo. Aunque puede conformarse con suelos pobres, Crambe se desarrollará mejor en un suelo rico, pero siempre muy drenante.
En un huerto de hortalizas perennes
Col marina, cuyos brotes tiernos son comestibles, puede integrarse en un huerto de hortalizas perennes.
Se puede asociar, por el lado ornamental, alcachofas y cardos, con su follaje gris y recortado. Algunos tupinambos enanos aportarán su floración amarilla al conjunto, pero resérvales un lugar a un lado, para no tener que desenterrar las plantas de alrededor en cada cosecha. Y por qué no, como telón de fondo, en una espaldera para dar un toque de color en la buena temporada, una capuchina tuberosa de floración naranja o una Apios americana de floración Parma que tendrá la ventaja de fijar nitrógeno y así enriquecer el suelo.
Así puedes crear un pequeño huerto que, además de ser productivo, será muy decorativo.

Crambe cordifolia, Apios americana, Helianthus tuberosus, Alcachofa y Tropaeolum tuberosum
En un jardín a orillas del mar
Quien dice Col marina, dice, por supuesto, jardín a orillas del mar. La Col marina está, en efecto, perfectamente adaptada a las condiciones tan específicas del litoral, a saber, el viento, el salitre y los suelos generalmente pedregosos y pobres.
Perfectas para este tipo de jardín, la silene marítima y la arméria marítima son plantitas de flores ligeras. El Glaucium flavum es una amapola de las dunas de follaje glauco, que combinará con el de la Col marina.
Yucca, romero y lavanda (por ejemplo, la variedad ‘Hidcote’) aportarán estructura gracias a sus siluetas distintas, mientras que las stipas o pelo de ángel se encargarán de aportar movimiento a la escena.
La col nube, mucho más grande que la col marina y que puede alcanzar 1,80 m de altura, debe, por su parte, estar protegida del viento para que sus grandes tallos no se rompan.

Crambe maritima, Lavandula angustifolia ‘Hidcote’, Glaucium flavum f. fulvum (foto Rictor Norton), Stipa tenuifolia y Silene maritima ‘Weisskehlchen’
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En un jardín romántico
Los crambes, con su floración muy aérea, lucirán de maravilla en un jardín de inspiración romántica, al estilo de los jardines cottage ingleses, donde la delicadeza y el perfume son protagonistas.
La rosa es emblemática de este tipo de ambiente. La nube de flores blancas del crambe suavizará el aspecto sofisticado de la rosa. Las hojas de un gris aterciopelado de las orejas de liebre, Stachys bizantina, acompañan bien el follaje azulado del crambe. Los ajos ornamentales de floración azul, como el Allium ‘Globemaster’ o el Allium ‘Pinball Wizard’, culminarán la armonía.
Los Sisyrinchium bellum forman pequeñas matas persistentes verde azulado y se adornan con pequeñas flores azules estrelladas durante el verano. ¡Ideal en primer plano de la col marina! Para la col nube, mejor optar por una planta más alta, como la Menta del Gato de Limón, Nepeta clarkei, que camuflará el follaje cuando este decaiga tras la floración.

Rosal ‘Albertine’ (foto Spedona), Crambe maritima, Allium globemaster, Sisyrinchium bellum y Stachys bizantina (foto Jean-Paul Grandmont)
En un jardín natural
Muy melífero, crambe tiene su lugar en un jardín natural, donde atraerá numerosos polinizadores.
Con su silueta gráfica y espinosa, los Echinops, esos cardos con inflorescencias en bolas azules, contrastarán con el aspecto vaporoso de crambe. La floración en espigas azules de la salvia de los bosques Salvia nemerosa ‘Blue Marvel’ o ‘Ostfriesland’ atrae, también, numerosas mariposas en verano. Además, su follaje semi-perenne ocultará la base de Crambe cordiflora – o col nube – cuando las hojas se marchiten. Las Mentas de gato también podrán desempeñar ese papel.
Gordolobos y verbascos, además de aportar un toque silvestre, sumarán bonitas verticales, al igual que los lupinos como el lupino ‘West Country Masterpiece’. Mientras que adormideras, con un follaje a menudo verde glauco, como Papaver somniferum ‘nigrum’ por ejemplo, aportarán pequeñas pinceladas de color.

Crambe cordifolia, Echinops ritro ‘Veitch’s Blue’ (foto FD Richards), Papaver somniferum ‘Nigrum’ (foto Wikipedia), Verbascum ‘Jackie’ y Salvia nemorosa ‘Blue Marvel’
En borduras herbáceas
Los crambes son muy interesantes en las borduras herbáceas gracias a la ligereza de su floración. Las coles marinas, de menor altura y con bonito follaje perenne, podrán situarse delante o en medio mientras que las coles nube deberán colocarse más bien al fondo de los macizos, o al menos en el centro, para disimular el follaje después de la floración.
En primer plano, los geranios vivaces formarán bonitos cojines que se cubrirán de flores. Con el geranio ‘Rozanne’, se obtendrá una armonía de colores durante varios meses.
A la ligereza de la floración blanca del crambe, se pueden combinar topiarios de boj, muy estructurantes. Las espuelas de caballero aportarán colores y Verticales con sus grandes bohordos floridos que además tienen la ventaja de atraer mariposas. Estos pueden sustituirse o asociarse con dedaleras.
La peonía es también todo un clásico de las borduras herbáceas. Se le pueden asociar milenramas, salvias y mentas de gato.

Crambe maritima, Paeonia lactiflora ‘Dr Alexander Fleming’, Digitalis purpurea (foto JörgHempel), Boj en topiario y Geranium ‘Rozanne’
En una rocalla fresca
Los cantos rodados blancos constituyen un acolchado ideal para este tipo de rocalla, resaltando así el follaje gris azulado de la col marina.
La floración vaporosa de la col marina contrastará con la de los sedum, como el Sedum ‘Bertram Anderson’ o el Sedum ‘Matrona’. La Hierba de San Jorge roja también tendrá una floración en tonos rosados y Erigeron karvinskianus aportarán un pequeño toque bucólico. Por último, para aportar movimiento, se pueden añadir gramíneas como la Festuca azul o Lágrimas.

Crambe maritima, Erigeron karvinskianus, Briza maxima ‘Amourette’ (foto Lemanieh), Centranthus ruber (foto snapp3r) y Sedum ‘Matrona’
En un jardín blanco
En un jardín blanco, Crambe aporta un toque de ligereza a otras flores más sofisticadas, como las de Hosta abiqua ‘Drinking Gourd’ cuyo follaje glauco combinará bien con el de la col marina.
Rosales como el arbustivo Maria Mathilda, que desprende un aroma ligero, o el trepador Adelaïde d’Orléans, cuyas flores son semidobles, podrán colocarse como telón de fondo con un arbusto de follaje perenne como Rhododendron ‘Madame Masson’.
En primer plano, las Iris sibirica ‘Not Quite White’ constituirán pequeñas verticales.

Crambe cordifolia, Hosta ‘Abiqua Drinking Gourd» (foto Wikimedia), Rhododendron ‘Madame Masson’ y Rosal ‘Maria Mathilda’
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