Hakonechloa: Nuestras ideas de asociaciones
¿Qué plantas combinar con la Hierba de Hakone y para qué ambientes?
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La Hakonechloa, también llamada Hierba de Hakone o hierba japonesa, es una gramínea muy fácil de cultivar en zonas sombreadas de un jardín, en suelo fresco y más bien ácido. De fácil mantenimiento, nunca enferma, crece lentamente y acaba formando bonitos cojines de porte lánguido. Esta vivácea llena de gracia, bonita de la primavera al otoño, ofrece un follaje fino, de tonos cambiantes. Muy versátil en el paisajismo, encuentra su lugar en distintos ambientes, desde los más románticos hasta los más modernos, y adorna con la misma elegancia balcones y terrazas, pues su Cultivo en maceta no plantea ningún problema. ¿Cómo asociar Hakonechloa? ¿Qué otras plantas ofrecerle como compañeras? Descubre nuestros consejos e ideas para lograr combinaciones bonitas y crear un jardín a tu medida.

En un jardín de inspiración japonesa
La creación de un jardín japonés debe seguir reglas muy precisas, pero es totalmente posible acondicionar una parte del jardín con un espíritu zen, empezando por elegir plantas emblemáticas de este estilo. Por supuesto, Hakonechloa es imprescindible. Su porte en cojín suave obra maravillas al pie de arbustos que evocan el país del sol naciente. Los tonos dorados de Hakonechloa ‘All Gold’ contrastan de maravilla con los follajes púrpuras, como los que ofrecen arces japoneses como Acer ‘Garnet’, ‘Atropurpureum’ o ‘Red Pygmy’. Para crear continuidad, prueba con Pieris japonica ‘Sarabande’, cuyo follaje perenne y verde asegura una estructura todo el año. Sus hojas jóvenes púrpuras y su floración primaveral hacen evolucionar el conjunto con el paso de las estaciones. Retoma los tonos dorados de la Hakonechloa instalando un Bambú sagrado ‘Lemon Lime’, perenne también. En cuanto a vivaces, dispón las plantas anteriores sobre un tapiz de Soleirolia, de aspecto musgoso, y haz emerger prímulas del Japón, que colorean la escena con sus corolas delicadas en primavera, así como anémonas del Japón, cuyas flores blancas, violáceas o rosadas animan el final de la temporada y acompañan los cambios de tonalidad del arce y de la Hakonechloa.
Si el espacio no es un problema, piensa en camelias, azaleas y en el bellísimo Viburno de China (Viburnum plicatum), que parece cubierto de nieve en primavera y colorea magníficamente al final de la temporada.

Hakonechloa macra ‘all Gold’, Acer palmatum ‘Dissectum Garnet’ (foto wallygrom), Helxine soleirolii (foto Wikipedia), Primula japonica ‘Miller’s Crimson’ y Nandina domestica ‘Lemon Lime’
En un ambiente de sotobosque
La sombra no es sinónimo de tristeza en el jardín, sobre todo si no es demasiado densa. Hakonechloa macra ‘Aureloa’, con su follaje variegado en amarillo suave y verde, aporta mucha luz a los ambientes de sotobosque o de borde. Combínala, por ejemplo, con hostas, cuyo follaje grueso y acanalado se presenta en diferentes tonos de verde, azul o amarillo, a veces con variegados muy gráficos. Su delicada floración anuncia la llegada del verano y, en algunos casos, desprende un sutil perfume. Impensable hablar de un ambiente silvestre sin pensar en los helechos. Su follaje dividido se combina bien con las hojas lineales de Hakonechloa y contrasta con el de las hostas. Entre los Athyrium, la variedad ‘Pictum’ apuesta por la originalidad con su follaje de reflejos gris metálico, realzado por tonos rojizos. Entre los helechos perennes, Dryopteris erythrosora se viste en primavera de jóvenes frondas de un naranja cobrizo, antes de volver al verde el resto del año. Como telón de fondo, instala arbustos que aprecian las mismas condiciones, como las hortensias, de generosas inflorescencias, el Sarcococca, perenne y cuya floración de finales de invierno es discreta pero perfuma a metros a la redonda, o incluso un Dafne de follaje variegado, también divinamente perfumado en un momento en que muchas plantas aún están dormidas. Flores blancas o rosas aportan ese plus de luz que puede faltar en las zonas menos expuestas del jardín. La Tiarella ‘Morning Star’ alza sus espigas blanco rosadas en primavera, sobre un bonito follaje dividido, verde y marrón. Llega después el momento de gloria de la Astrantia ‘Star of Billion’, que despliega sus umbelas de un blanco matizado de verde durante casi 4 meses, entre junio y septiembre. Anémonas del Japón, como la clásica ‘Honorine Jobert’, toman después el relevo en otoño. Para cerrar el ciclo, inserta algunas matas de heléboros orientales. Estas bellas vivaces de sombra ofrecen colores de gran diversidad, y algunas florecen desde comienzos de año.

Daphne odora ‘Marianni Rogbret’ (foto P_Van_Rijssen), Hakonechloa macra ‘Aureola’, Athyrium niponicum ‘Pictum’, Anémona del Japón ‘Honorine Jobert’ (foto Wikipedia), Hosta y Tiarella ‘Morning Star’
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En un jardín geométrico y depurado
El grafismo depurado de Hakonechloa encaja a la perfección en los diseños contemporáneos. Elige pocas plantas distintas y combínalas repitiéndolas. Hakonechloa ‘Albostriata’ quizá sea la más adecuada por su aspecto, con su follaje verde y blanco crema. Plántala en masas, al pie de árboles con corteza decorativa, como los abedules. Betula ‘Jacquemontii’ presenta una blancura inmaculada, mientras que ‘Fascination’ ofrece un tronco cobrizo. Betula ‘Royal Frost’ es más compacto y su follaje púrpura chocolate contrasta tanto con su corteza clara como con el follaje de Hakonechloa. Algunos cornejos, como Cornus ‘Golden Shadow’ o Cornus alternifolia ‘Argentea’, por sus dimensiones razonables (unos 3 m), son adecuados para pequeños jardines. Para espacios amplios, Cornus controversa ‘Variegata’ es una maravilla arquitectónica, con sus ramas dispuestas en pisos horizontales. En otro estilo, los bambúes, sobre todo cuando sus cañas quedan despejadas en su tercio inferior, aportan un aire muy moderno a un diseño. Algunos, como el Bambú dorado (cañas doradas a anaranjadas) o el Bambú negro (pajas negras) deben contenerse con una barrera antirraices, pero existen variedades que no se extienden, como los Fargesias, que además suelen ser más pequeños. En cuanto a las vivaces, las Cimicifugas (o Actaea) crean bellas verticales, mientras que Ophiopogon ‘Nigrescens’ forma tapices de hojas graminiformes de un negro intenso.

Cornus alternifolia ‘Golden Shadows’, Phyllostachys aurea, Cimicifuga, Hakonechloa macra ‘Albostriata’ y Abedul del Himalaya (foto w cutler)
Ver también
Hakonechloa: las variedades más bellasEn una composición otoñal colorida
En otoño, las Hakonechloa adquieren tonos miel, amarillos, anaranjados o dorados. Hakonechloa ‘Nicolas’ es reconocida por su sutil combinación de oro, bronce y anaranjado. Combínala con arbustos cuyo follaje se enciende. Aronia arbutifolia ‘Brillant’ es uno de ellos; sus hojas tornan a rojo intenso a finales de temporada, tras producir una bonita floración blanca en mayo y luego frutas comestibles. A su lado, instala un Clethra alnifolia, que forma una masa de follaje amarillo dorado en otoño, o un Fothergilla, cuyo follaje, parecido al del avellano, se viste de oro, anaranjado y púrpura. Por supuesto, los Arces japoneses figuran entre los reyes del color otoñal, al igual que los Hamamelis, los Guillomos o numerosos Viburnos. Acompaña esos tonos cálidos con gamas más frías, que aporten chispa a la composición. Los Ásteres ofrecen una hermosa paleta de colores (azul, malva, rosa, blanco, rojo, amarillo…) y existen en distintos tamaños, desde pequeñas plantas cubresuelos de unos treinta centímetros hasta grandes variedades que alcanzan más de 1,50 m. Si la exposición es demasiado sombría para acogerlos, opta por Serpentinas, con espigas azules o blancas que emergen de un follaje lineal verde y perenne, o por Tricyrtis, cuyas flores recuerdan a las de las orquídeas. Completa con Anémonas del Japón, muy a gusto en sotobosque fresco, e intercala matas de Saxífraga ‘Rubifolia’, una de las pocas de su género que florecen en otoño, y cuyas inflorescencias blancas y etéreas se elevan sobre un follaje verde oscuro con nervaduras púrpuras. Los Lirios del Perú ofrecen flores de porte exótico y colores intensos y brillantes; procura no mezclar en exceso las tonalidades, a riesgo de cansar la vista.

Aster ageratoides ‘Ezo Murasaki’, Hakonechloa macra ‘Nicolas’, Hamamelis, Fothergilla major (foto de leewrighton – Flickr) y Tricyrtis ‘Imperial Banner’
En macetas en un balcón o una terraza
Todas las variedades de Hakonechloa se cultivan muy bien en macetas. Puede ser la ocasión de probar variedades como ‘Beni-Kaze’, ‘Sunflare’ o ‘Naomi’, de tonos originales y cambiantes. Puedes utilizarlas en grandes recipientes, para cubrir la base de arbustos que, como ellas, aprecian sustratos ácidos y frescos y exposiciones no abrasadoras. Otra opción consiste en cultivar distintas plantas en contenedores independientes, para crear niveles y composiciones que puedes modificar a voluntad según te apetezca en cada momento. Entre los arbustos, cabe citar las Andrómedas, cuyo follaje perenne, a veces abigarrado, brota en tonalidades a menudo muy vivas y, además, se adorna con una generosa floración primaveral en campanillas perfumadas. Azaleas y rododendros también son excelentes candidatos, cuyo follaje más tosco se suaviza con las finas hojas de las gramíneas. Con su follaje palmeado, de un verde salpicado de blanco, el Fatsia ‘Spider’s Web’ también es una excelente incorporación, al igual que los Arces japoneses. Nada te impide aportar color con anuales, como por ejemplo el Streptocarpus púrpura, cuya floración azul dura meses.

Fatsia japonica ‘Spider’s Web’, Pieris ‘Flaming Silver’ (foto Denolf), Streptocarpus púrpura (foto Rudy Raes) y Hakonechloa macra ‘Beni-Kaze’
En un Bordillo de líneas suaves
Con su porte lánguido, los Hakonechloa son excelentes plantas de bordillos. Puedes utilizarlos de forma continua, para realzar un macizo o enmarcar un sendero sombreado, o colocarlos en repeticiones o a tresbolillo, en alternancia con otras plantas cubresuelos como los Nomeolvides, de delicada floración azul. Bastante parecidos visualmente y dotados de un follaje muy decorativo, a veces de un gris plateado metálico, las Brunneras son verdaderas vivaces, que se vuelven más tupidas con el tiempo. Prueba también las ajugas rastreras, cuyo follaje perenne adopta tonos verdes, bronce o abigarrados, o las Alquemilas, cuya floración verde chartreuse se extiende de mayo a octubre según las variedades. Aster divaricatus, como la variedad ‘Beth Chatto’, alegran el bordillo con su floración en estrellas luminosas y apenas requieren mantenimiento. Igualmente muy fáciles de cultivar, los Bergenia forman bonitas colonias de follaje perenne, que a menudo se tiñe de púrpura en invierno, y que embellecen ramos de flores blancas, rosas o rojas, ya desde finales del invierno. Otras gramíneas pueden también acompañar a los Hakonechloa. Entre ellas, los carex tienen la ventaja de ser mayoritariamente perennes y de ofrecer una amplia paleta de follajes gráficos en tonos variados. Los Epimedium ofrecen un follaje muy diferente, pero igual de decorativo, cuyos tonos evolucionan con el paso de las estaciones y que se adorna con una delicada floración primaveral.

Ajuga reptans ‘Burgundy Glow’, Hakonechloa macra, Nomeolvides y Aster divaricatus ‘Beth Chatto’ (foto PBK)
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