¿Cómo mejorar el suelo de tu huerto con leguminosas?
Todos nuestros consejos para cultivar y sacar el máximo partido a las fabáceas en el jardín
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Todos conocemos el interés de incluir legumbres en nuestros platos para llevar una alimentación equilibrada. Más allá de su sabor, estas lentejas, alubias secas, guisantes, sojas de huerto y otras habas encierran numerosos beneficios para nuestro organismo. Muy ricas en proteínas vegetales, constituyen una alternativa sabrosa a la carne para vegetarianos y veganos. Tampoco hay que pasar por alto su contenido en fibra, minerales y vitaminas, así como su bajo contenido en grasas. Por lo tanto, comer legumbres es aconsejable. Ahora bien, de ahí a cultivarlas en el huerto, hay un paso. Sin embargo, todas estas legumbres, fabáceas para el jardinero, son bastante fáciles de sembrar y cosechar y apenas requieren cuidados. ¿Pero sabías que estas legumbres también pueden mejorar y enriquecer la estructura del suelo?
¿Qué son exactamente las leguminosas?
Si en cocina se habla de legumbres, en jardinería se emplean más bien los términos “fabáceas”, las ex-papilionáceas. Se trata de una familia botánica que reúne miembros tan eclécticos como árboles, lianas, plantas herbáceas, plantas ornamentales, planteros y semilleros de hortalizas, acuáticas… En definitiva, es una familia que cuenta con unas 20 000 especies entre las cuales podemos encontrar tanto las acacias como los cercis canadensis, los garbanzos como las retamas, las glicinias o la mimosa, así como los lupinos o las lentejas…
Su primer punto en común reside en que el fruto de las leguminosas o fabáceas adopta la forma de vainas, hinchadas o planas, aladas o cilíndricas, que contienen varias semillas.

Una vaina de garbanzos
Pero lo que las hace singulares (y útiles para el jardinero) es la presencia en su sistema radicular de nudosidades, es decir, agallas vegetales o abultamientos de forma redondeada, que trabajan en simbiosis con unas bacterias, los rizobios, capaces de metabolizar el dinitrógeno atmosférico. En resumen, la colaboración entre las fabáceas y los rizobios es de beneficio mutuo: la planta aporta carbono a las bacterias y estas aportan nitrógeno a la planta. Un nitrógeno que las raíces son capaces de fijar, utilizar y también devolver al suelo.
Ventajas de cultivar leguminosas en el huerto
Esta fijación simbiótica del nitrógeno atmosférico es uno de los principios de la agroecología, fácilmente trasladable al huerto. Por ello, las leguminosas son aliadas eficaces para jardineros a fin de incrementar la actividad biológica del suelo.
Las leguminosas favorecen la fertilidad del suelo
Mejorar la fertilidad del suelo a corto y medio plazo: ese es el principal beneficio de cultivar leguminosas.

Plantas de garbanzo, soja, haba, judía para desgranar y lenteja
Gracias a su capacidad para captar el nitrógeno presente en el aire, acumularlo y devolverlo en pequeña cantidad, las leguminosas enriquecen el suelo. Porque el nitrógeno es un elemento primordial para el crecimiento y el desarrollo de una planta. Así, se limitará el uso de fertilizantes compuestos de nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K). Por tanto, las leguminosas pueden considerarse un abono verde nitrogenado que alimenta el suelo y, a su vez, las hortalizas. Especialmente si el suelo es muy pobre y carece de nitrógeno. Porque las leguminosas tienden, aun así, a utilizar ese nitrógeno para su propio consumo.
Las leguminosas mejoran la estructura del suelo
La mayoría de las leguminosas cuentan con un sistema radicular bastante desarrollado que penetra en las capas más profundas del suelo, hasta 2 metros en algunas. Así, ellas participan en la estructuración del suelo al airearlo, descompactarlo y, por tanto, facilitar su porosidad. El agua y el aire penetran mejor, lo que reduce la erosión.
Las leguminosas atraen fauna auxiliar
Las leguminosas también ofrecen una ventaja indiscutible para los insectos polinizadores, ya que sus flores son ricas en néctar y polen. Así, estos insectos auxiliares visitarán tu jardín, en particular atraídos por plantas forrajeras como los tréboles, la alfalfa asiática, la esparceta, el meliloto, las vezas, los altramuces. Y contribuyen indirectamente a la polinización y al rendimiento de los cultivos.

Sobre una flor de esparceta...
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¿Cómo incorporar las leguminosas al huerto?
Cuando se cultivan judías para desgranar, garbanzos, habas o lentejas, se hace ante todo por la cosecha, que sirve de alimento. Sin embargo, la forma de introducir las leguminosas en el huerto influirá en el beneficio que se obtenga.
En rotación de cultivos
Está claro que plantar leguminosas en el huerto es buena idea. Aun así, procura no cultivarlas en el mismo lugar de un año a otro. Así, si un año siembras judías para desgranar en una parcela, al siguiente planta hortalizas más exigentes que se beneficiarán de las ventajas del cultivo de leguminosas: aporte de nitrógeno, aunque sea mínimo, y aireación del suelo. Por ejemplo, puedes plantar tomates, berenjenas, pimientas o calabacines después de los guisantes verdes o de las judías para secar. En resumen, siguiendo un plan de rotación preciso, tus Planteros y semilleros de hortalizas saldrán beneficiados. Y de paso rompes el ciclo de desarrollo de enfermedades.
En asociación de cultivos
No dudes en cultivar lado a lado hortalizas exigentes como las Cucurbitáceas y leguminosas que fertilizan naturlamente el suelo. En efecto, el nitrógeno fijado por la leguminosa se libera y queda disponible en el suelo para la hortaliza vecina. Las hortalizas de hoja también agradecen la compañía de las Fabáceas, que devolverán más nitrógeno que si se plantaran solas. Otros cultivos, en cierto modo, estimulan a la leguminosa y la ayudan a expresar su potencial.
Para variar, no dudes también en plantar leguminosas Melíferas en medio de los cultivos de tu Huerto como altramuces o Esparceta en medio de los tomates.

¿Por qué no plantar altramuces en medio de los tomates?
Como abonos verdes
También se puede dar un descanso a una parcela durante una temporada y sembrar en ella leguminosas forrajeras como Trébol blanco enano o violeta, meliloto, altramuz blanco, la arveja de primavera, veza, la Alfalfa asiática…

Trébol blanco enano, meliloto (en amarillo), arveja (rosa oscuro) y alfalfa asiática (violeta)
Justo antes de la floración, todas estas plantas forrajeras se siegan. O bien se dejan en superficie a modo de acolchado, o bien se entierran mediante volteo. Al descomponerse, liberarán el nitrógeno que han fijado en sus raíces. El beneficio compensa el inconveniente de no disfrutar de la floración de estas bellas plantas.
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