La menta es muy fácil de cosechar y de secar. Solo tienes que cortar los tallos justo antes de la floración, dejarlos secar a la sombra, lejos de la luz, en un lugar seco y bien ventilado, y luego guardar las hojas en un frasco hermético. Así podrás disfrutar de su aroma y de sus propiedades aromáticas durante varios meses, tanto en la cocina como en infusión.

Para saberlo todo sobre su cultivo, descubre nuestra ficha aromática: "La menta: plantar, cultivar, hacer esquejes".

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¿Cuándo y cómo cosechar la menta?

La menta se cosecha desde la primavera hasta principios de otoño, en cuanto los tallos estén lo bastante desarrollados. El momento ideal es justo antes de la floración, normalmente entre junio y agosto según la región, ya que en ese punto las hojas son más ricas en aceites esenciales y, además, están especialmente perfumadas.

  • Cosecha preferentemente por la mañana, cuando ya se haya evaporado el rocío pero antes de que haga mucho calor.
  • Ten a mano una podadora o unas tijeras limpias y, después, corta los tallos a unos 5 a 10 cm del suelo, justo por encima de un par de hojas. Este corte favorece la ramificación y estimula la producción de nuevos brotes.
  • Selecciona solo tallos vigorosos, con hojas de un verde vivo, sanas y sin señales de enfermedades o de plagas.
  • No coseches más de un tercio de la planta en una misma recolección para dejarle suficiente follaje con el que seguir creciendo y obtener nuevas cosechas.

¿Cómo secar las hojas de menta?

Tras la cosecha, el secado permite conservar la menta durante varios meses y, al mismo tiempo, preservar una buena parte de su aroma. Estos son los pasos a seguir:

  • Clasifica los tallos, retirando las hojas estropeadas, amarillentas o manchadas.
  • Enjuaga rápidamente la menta bajo un chorro de agua si es necesario y, a continuación, sécala bien con un paño limpio o con papel absorbente.
  • Forma pequeños ramilletes con algunos tallos y átales con hilo. También puedes extender las hojas en una sola capa sobre una rejilla o sobre un paño limpio.
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  • Seca en un lugar seco, cálido y bien ventilado, protegido del sol directo para conservar el color y los aceites esenciales.
  • Espera una o dos semanas: las hojas estarán perfectamente secas cuando queden quebradizas y se desmenucen con facilidad entre los dedos.

Dato a tener en cuenta: también puedes secar la menta en deshidratador o en el horno a un máximo de 40-45 °C, con la puerta ligeramente entreabierta. Sin embargo, el secado natural sigue siendo el método más suave para preservar sus aromas.

¿Cómo conservar la menta seca?

Una vez que las hojas de menta estén perfectamente secas, sepáralas de los tallos y guárdalas enteras, en lugar de desmenuzadas. Así conservarán más sabor y solo tendrás que aplastarlas ligeramente en el momento de usarlas.

Guárdalas en un frasco de vidrio hermético, en una caja metálica o en una bolsa de papel bien cerrada, protegidas de la luz, el calor y la humedad. En buenas condiciones, la menta seca mantiene sus cualidades aromáticas durante aproximadamente un año, aunque su perfume suele ser más intenso durante los primeros seis meses.

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La congelación es también una alternativa excelente. Después de lavar y secar las hojas, colócalas en una bolsa de congelación o reparte en una cubitera con agua para obtener porciones listas para usar. De este modo conservarán una buena parte de su aroma durante varios meses.

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¿Cómo utilizar la menta seca?

La menta seca es muy versátil y te permite disfrutar de su aroma durante todo el año. Como su sabor es más concentrado que el de la menta fresca, es mejor usarla en menor cantidad.

Se aprecia sobre todo en infusión, sola o combinada con otras plantas aromáticas, para preparar una infusión refrescante y digestiva. En cocina, perfuma salsas de yogur, marinadas, verduras, patatas, platos a base de cordero y, también, recetas con inspiración mediterránea y oriental. Además, queda genial en postres, ensaladas de frutas, compotas, galletas o bebidas caseras, como tés fríos y limonadas.

Para aprovechar al máximo sus aromas, solo tienes que triturar ligeramente las hojas entre los dedos justo antes de incorporarlas a la preparación. Así se liberan los aceites esenciales y se revela todo su perfume.

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