7 magníficos macizos para el otoño

7 magníficos macizos para el otoño

Inspírate con estas composiciones para crear un magnífico jardín de fin de temporada.

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Modificado el 13 de agosto de 2025  por Jean-Christophe 9 min.

Un bonito jardín de otoño está al alcance de cualquier jardinero. Basta con respetar algunas reglas y seguir unos principios sencillos, empezando por la elección de plantas. Te propongo aquí analizar juntos 7 macizos de otoño espléndidos, fotografiados a finales de octubre, y con atmósferas a veces muy diferentes. Son otras tantas fuentes de inspiración, para reproducir o adaptar ¡para componer el jardín de otoño de tus sueños!

Descubre también todos nuestros consejos para diseñar un bonito jardín en otoño.

Dificultad

¡Un bosque encantado y multicolor!

Bosque otoñal multicolor

Juego de follajes impresionante (Jardin du Mesnil) – Copyright: JC Aumont

¡Aquí tienes un magnífico ejemplo de diseño dedicado a los colores otoñales! Situada en el Jardin du Mesnil, esta composición produce el efecto de un auténtico bosque encantado, donde las tonalidades se mezclan con brío. Se ha dado un amplio protagonismo a los perennes, gracias al uso de numerosas coníferas, de las que se puede apreciar la variedad de formas, tamaños y colores. Si el Tejo (1) es de un verde bastante oscuro, el gran Cryptomeria japonica ‘Sekkan Sugi (2), de Porte piramidal y que parece dominar la escena, muestra por su parte un verde claro muy fresco. A este lo escoltan dos de sus primos, Cryptomeria japonica ‘Elegans’ (3), cuyo follaje se tiñe de color óxido, evitando así cualquier monotonía. Esta base, que tiene la ventaja de permanecer todo el invierno, permite además crear un marco para los colores más vivos de las otras plantas. Dos Arces japoneses aportan sus colores a la escena: Acer palmatum ‘Orange Dream (4), y otro arce (5), de siembra esta vez, ambos con tonalidades particularmente vivas. Cada uno de estos arces se asocia a un Cornejo de corteza colorida, Cornus sanguinea ‘Magic Flame’ (6). Al no estar muy condicionados por la poda, han alcanzado buenas dimensiones y superan holgadamente los 2 metros. Sus ramas anaranjadas serán impresionantes en invierno, cuando se hayan desprendido de sus hojas y destaquen sobre el follaje de las coníferas. La presencia de un Cornus controversa ‘Variegata’ (7), con su follaje claro y abigarrado, aporta un toque de gran delicadeza y permite a la vez unir los colores entre sí, al tiempo que modera este derroche de color.

Un jardín de espíritu zen sobre grava

Jardín de estilo zen en otoño

Un buen ejemplo de jardín zen en otoño (Jardin de la Mansonière) – Copyright: JC Aumont

En los Jardines de la Mansonière, los jardineros han creado un espacio de atmósfera muy serena, de inspiración zen. Con la estatuilla, la pileta redonda y la grava en el suelo, la presencia mineral queda bien definida. Armoniza especialmente bien con plantas, cuya diversidad y valor ornamental son múltiples. Los Arces japoneses (1 y 2 – Acer ‘Emerald Lace) imponen sus follajes decorativos y de colores cálidos al final de la temporada. Están bien espaciados para crear repeticiones y enmarcan una vegetación más baja, donde varias coníferas aportan una presencia tranquilizadora, incluso en invierno. El follaje azul plateado de un Enebro enano (Juniperus suqamata ‘Blue Star’ – 3) se repite en las matas de gramíneas igualmente azuladas (Festuca glauca ‘Intense Blue’ – 4). Un Pino enano (Pinus mugo – 5), de porte compacto, en bola regular y bien verde, y otro Enebro (Juniperus communis – 6) sobre tallo, completan la paleta de follajes perennes, al igual que la camelia de otoño (7), cuya floración se prolongará durante varias semanas. El arce japonés ‘Bi Hoo’ (8) ya ha perdido sus hojas, pero tiene la ventaja de conservar ramas de un amarillo intenso, que aportan color durante los meses grises (en el mismo género, no puedo sino aconsejar Acer ‘Sango Kaku’, con maderas rojo coral impresionantes). Sus tonos se repiten, con más discreción pero con mucha gracia y ligereza, en las matas lánguidas de Carex ‘Bronze Form’(9), cuyo fino follaje bronce es perenne. Para rematar el conjunto, algunos Ciclámenes de Nápoles (10) forman tapices bajos, con follaje decorativo y una bonita floración rosa.

Un macizo de gramíneas, elegante y opulento

Macizo de gramíneas en otoño

Un macizo de gramíneas opulento (Jardín de Entêoulet) – Copyright: JC Aumont

En el Jardín de Entêoulet, las gramíneas son las reinas del otoño. Estructuran los macizos de este suelo calizo durante muchos meses, y despliegan toda su belleza en otoño, cuando sus espigas ligeras y vaporosas bailan con el viento. En este ejemplo, es difícil no sucumbir al encanto de los innumerables penachos plateados de las grandes matas de Miscanthus ‘Yaku-Jima’ (1)), de porte en fuente. Marcan el ritmo de los distintos macizos, y acompañan el follaje colorido de los arbustos. Los tonos anaranjados de un arce japonés de siembra (2) se ven realzados por la luz rasante de la tarde. Se apoya en un seto de Ciprés de Leyland (3), una conífera de crecimiento rápido, a menudo utilizada para formar setos formales y persistentes. Casi más alto que el arce, una gran mata de Miscanthus giganteus (4) reina en el fondo del macizo y exhibe sus largas cañas. Un Viburnum dentatum (5), tras haber ofrecido una generosa floración blanca a finales de primavera, seguida de bonitas bayas azules, tiñe ahora sus hojas caducas de un rojo intenso. En tonos más púrpuras y más oscuros, un Physocarpus ‘Little Devil’ (6) contrasta con fuerza con las espigas de las eulalias, y cierra el triángulo formado por los tres arbustos de coloración otoñal. Un Cornejo siberiano abigarrado (7), de follaje marginado de blanco, también se viste de tonos cálidos antes de caer. Aporta una bella verticalidad la corteza beige pálido, recorrida por estrías más oscuras, de un álamo púrpura (8), cuyo follaje caduco, casi negro, se aclara en otoño. Se adivina, detrás de él, la silueta de un Aligustre del Japón (9) que, no recortado, se ha convertido en un verdadero arbolito. Su follaje perenne está salpicado de una multitud de pequeñas bayas negras, que suceden a una generosa floración de verano, blanca y perfumada.

Pradera naturalista, bella y poética

Pradera naturalista en otoño

Una pradera de espíritu natural (Jardín de Mesnil-Gaillard) – Copyright: JC Aumont

Las praderas naturalistas van viento en popa. Inspiradas en praderas silvestres y espontáneas, combinan una simplicidad (aparente), estructuras y colores. En este tipo de diseño, las gramíneas tienen un papel muy importante, porque aportan estructura y texturas marcadas. En este ejemplo, fotografiado en el Jardín de Mesnil-Gaillard, se han seleccionado dos ejemplares magníficos. En primer lugar, un Miscanthus sinensis ‘Rotsilber’ (1), cuyo follaje suele teñirse de rojo cobrizo con la llegada del frío, antes de decorar el jardín invernal con sus tonos pajizos. Resistente, despliega espigas púrpuras, que tornan plateadas al madurar. Calamagrostis acutiflora ‘Karl Foerster’ (2) muestra una silueta mucho más esbelta y erguida. Muy popular, esta gramínea de gran poder estructurante deja sin embargo pasar la vista, incluso cuando sus finas espigas blanco rosadas se alzan por encima del follaje. También toma bonitos tonos de final de temporada y permanece decorativa durante mucho tiempo. Único arbusto presente aquí, un Cornus alba ‘Sibirica’ (3), cuyas tonalidades otoñales anaranjadas y ramas de un rojo vivo que lucen todo el invierno le han dado su merecida fama. El resto de plantas son todas flores de aspecto ligero y natural. Plantadas en masas, o fruto de siembra natural, aportan pinceladas de color muy bienvenidas, sin saturar nunca la escena. Así, un gran Bidens ‘Hannay’s Lemon Drop’ (4), de flores amarillas y blancas, refuerza los tonos cálidos del final de temporada. Helianthus ‘Lemon Queen’ (5) ha terminado de florecer, cumpliendo así a la perfección su papel de transición entre la floración veraniega y la de pleno otoño, pero su follaje ocre y sus yemas florales marchitas siguen siendo decorativos. También es el caso de Helenium (6). Entre todos estos tonos cálidos, la presencia de dos Ásteres (7 y 8), uno violeta y otro más azulado, es un buen ejemplo del uso de los colores complementarios. Colocados a cierta distancia entre sí, puntúan esta partitura para crear una seductora sinfonía de colores suaves.

Mezcla de flores tardías y follajes vistosos

Follajes y flores en un macizo de otoño

Mezcla de follajes y flores a final de temporada (Jardin du Mesnil) – Copyright: JC Aumont

El Jardin du Mesnil nos brinda de nuevo aquí una composición otoñal de una belleza increíble. Predominan los tonos cálidos, porque abundan los follajes. La silueta de un gran Abedul (Betula nigra – 1) recorta su follaje dorado contra el cielo. Muy resistente, de crecimiento bastante rápido, presenta corteza decorativa y un follaje otoñal que llama la atención. Un Haya común (2) también ha cambiado de color, pero, a diferencia de su vecino, caduco, conserva sus hojas secas en sus ramas todo el invierno, antes de renovarlas con la llegada del buen tiempo. En segundo plano, el amarillo se repite, en matices ligeramente distintos, con un Cornus alba ‘Elegantissima’ (3), de bonito follaje variegado, y con un Arce japonés (4). Otro color dominante del otoño, el naranja, se despliega aquí en el follaje de un Cornus kousa (5), cuya floración blanca de finales de primavera y la fructificación, semejante a fresas, son otros dos de sus atractivos. Fácil de cultivar en suelos no demasiado calcáreos, es un pequeño árbol de crecimiento lento, pero especialmente decorativo desde la primavera hasta el otoño. Detrás de él, se alza un Sorbus commixta ‘Olympic Flame’ (6). Raro en cultivo en Francia, puedes orientarte hacia uno de sus primos, Sorbus aucuparia ‘Autumn Spire’, que también adquiere magníficos tonos de final de temporada. El color verde, imprescindible para unir todos estos tonos vivos, lo aportan un gran Cryptomeria ‘Elegans’ (7), de matices, no obstante, ligeramente púrpuras, y un Berberis darwinii (8), arbusto de hoja perenne y espinoso, con floración primaveral naranja vivo. El follaje de un Boj (9) templa la escena, al igual que el de un rosal trepador (10), aunque su floración rosa vivo aporta un color frío que dinamiza la escena. Este tono se retoma, en tonalidades de color rosa nude, por las inflorescencias pasadas de un Hydrangea (11). Si su vecino (12) es más apagado, ambos aseguran una bella presencia por sus formas generosas, en cojines opulentos y generosos.

¡Un bosquete otoñal, como una puesta de sol!

Bosquete otoñal

Bosquete en tonos cálidos (Jardín de Moulin-Ventin) – Copyright: JC Aumont

Esta escena otoñal en el jardín de Moulin-Ventin es una pequeña joya. Sin embargo, está compuesta por pocas plantas, pero se combinan de maravilla para formar este tapiz lleno de color. Tres árboles grandes hacen de telón de fondo. Para empezar, los imprescindibles liquidámbares, cuyo Follaje dividido, que recuerda al de un arce, se presenta en numerosos tonos, desde los más amarillos hasta los más rojos, pasando por los anaranjados, los de color de heces de vino o el púrpura casi negro. Las variedades que aparecen en la imagen (1- ‘Anja’ y 2- ‘Stella’) pueden sustituirse por otros cultivares, la coloración de este árbol está garantizada cada año. En un jardín pequeño, puedes optar por la variedad ‘Gumball’, que no supera los 3 metros, o, si tu suelo les conviene, decantarte por Arces japoneses, también muy ricos en colorido de final de temporada. El tercer gran elemento es un Cornejo de mesa abigarrado (Cornus controversa ‘Variegata’ – 3). Es un árbol de grafismo inigualable, gracias a su porte muy tabular y a sus hojas ampliamente abigarradas de crema. Con 7 m de altura y 6 m de envergadura, requiere por tanto algo de espacio para lucirse. En un jardín de tamaño modesto, sustitúyelo, por ejemplo, por Cornus alternifolia ‘Argentea’, de follaje igual de abigarrado, pero mucho más compacto (3 m x 2,5 m). Siguiendo con los cornejos, encontramos dos ejemplares célebres por el color de sus ramas. Cornus alba ‘Sibirica’ (4) ya ha perdido sus hojas, pero eso realza sus ramas de un rojo vivo, que destacan de maravilla sobre el Follaje dorado de un Cornus sanguinea ‘Midwinter Fire’ (5). Este, por su parte, revelará un ramaje naranja fluorescente una vez caídas sus hojas. Estas dos variedades tienen cabida en todos los jardines, pues pueden podarse a ras cada año y así no superar 1 a 1,5 m. Un Miscanthus ‘Gracillimus’ (6), de Follaje muy fino, verde fresco, y con espigas plateadas, aporta una nota de ligereza muy bienvenida. Otro detalle interesante es la presencia de un Aster cordifolius ‘Blütenregen’ (7). El malva pálido de este áster otoñal es a la vez el color complementario del cornejo que tiene enfrente, y también una forma de deslizar un matiz más frío, lo que hace el conjunto aún más atractivo.

Composición alegre para un macizo pequeño

Pequeño macizo colorido en otoño

Un pequeño macizo rico en colores (Jardines de la Mansonière) – Copyright: JC Aumont

Los jardines de la Mansonière nos brindan aquí otro hermoso ejemplo de macizo otoñal logrado. Los follajes de color están, por supuesto, presentes, gracias ante todo a un Itea virginica (1) con tonalidades de fuego. Este arbusto bien resistente, con bonita floración de verano perfumada, sigue siendo poco conocido. Sin embargo, acumula cualidades y sus dimensiones modestas permiten integrarlo incluso en macizos pequeños. Un Hydrangea macrophylla ‘Merveille Sanguine’ (2), tras lucir sus grandes cabezas rojas a finales de verano, también enciende su follaje, pero en tonos burdeos más oscuros. Para el amarillo, por una parte entra en juego un seto de Carpe (3). Muy utilizado para formar setos densos y opacos, su follaje, incluso seco, permanece adherido a las ramas todo el invierno, por lo que continúa cumpliendo su función. Ese amarillo se recoge en un bonito ejemplar de Callicarpa dichotoma ‘Issai’ (4), apodado «árbol de los caramelos» por sus pequeñas bayas violetas. Reunidas en racimos, bien realzados sobre su follaje de oro pálido, seguirán adornando las ramas desnudas parte del invierno. Un Miscanthus ‘Ghana’ (5) alza sus espigas plateadas por encima de una mata de follaje que mezcla tonos anaranjados, chocolate y púrpuras. Muchas gramíneas, de hecho, se colorean intensamente en otoño; una razón más para integrarlas en las composiciones de fin de temporada. Tampoco faltan las flores, como lo demuestra un magnífico Aster ericoides ‘Blue Wonder’ (6), de abundante floración parma, y también Brezos de verano (7), cuya floración se prolonga hasta noviembre. En primer plano, el follaje verde fresco de una mata de Lirios de día (8) y de un Eléboro oriental (9) es una hermosa introducción a esta explosión de colores. Además, estas vivaces permiten asegurar el espectáculo en otras estaciones, algo que el jardinero debe tener siempre presente para que la escena no sea interesante solo una parte del año.

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