¿Te apetece probar a cultivar semillas germinadas directamente en casa? Tanto si buscas un enfoque de autonomía alimentaria como si simplemente quieres disfrutar con más frecuencia de sus múltiples beneficios para la salud, puedes empezar sin complicaciones.
Tan buenas en la cocina como para la salud, es cierto que estos alimentos de alto valor nutritivo llevan años siendo la comidilla de todos. Pero, en realidad, su consumo se remonta a la Antigüedad.
El proceso es bastante sencillo y rápido, aunque requiere algunas precauciones y un poco de material para que tus semillas germinadas salgan bien. Más allá de lo lúdico y gratificante de la experiencia, te resultarán mucho más económicas que las del comercio y te garantizarán una frescura incomparable.
Veamos entonces juntos cómo elegir tus semillas, cómo proceder paso a paso para iniciar la germinación y, por supuesto, cómo degustarlas.
Elegir semillas germinadas
Gracias al proceso de germinación, recordemos que estas semillas aportan múltiples ventajas:
- multiplicación de sus cualidades nutricionales naturales y de su riqueza en vitaminas, minerales, fibras, aminoácidos, proteínas y también enzimas;
- mejor asimilación de sus beneficios por parte del organismo;
- mejor digestión.
Las semillas germinadas pueden elegirse según varios criterios: su sabor, sus beneficios específicos o también su tiempo de germinación, que varía desde varias horas hasta varios días. Puedes optar por una mezcla de semillas o probar una variedad concreta. Las semillas pueden ser de cereales, leguminosas, oleaginosas, aromáticas, etc.
Prueba, por ejemplo:
- la alfa alfa o alfalfa, seguramente una de las más extendidas, con un sabor verde y suave (germinación en pocos días);
- el trigo, con un sabor bastante suave y ligeramente dulce (germinación en unas horas);
- la lenteja, apreciada por su riqueza en hierro y proteína (germinación rápida en 2 días);
- el rábano, valorado por sus propiedades detoxificantes y drenantes, con un toque picante;
- el puerro, cuyo sabor potenciado realza los platos (germinación en 10 días);
- la rúcula, con un sabor a pimienta bien marcado;
- la quinua, rica en proteínas y naturalmente sin gluten (germinación rápida);
- la avena;
- el girasol (germinación en pocas horas, aunque un poco más delicado de hacer);
- el alholva;
- el alforfón;
- la soja;
- el frijol mungo, rico en fibras (germinación en 2 días);
- la cebada;
- la mostaza;
- el garbanzo;
- el berro;
- etc.
Para empezar, se recomiendan principalmente la lenteja o también la alfalfa.
→ Atención: no todas las semillas se pueden consumir germinadas. Es el caso, por ejemplo, de las de las solanáceas (tomates, pimientos, berenjena…) que son tóxicas y, por lo tanto, no se prestan a este proceso.

Cuenco de semillas germinadas, semillas germinadas de calabazas y de garbanzos
El material necesario para la germinación
Si solo quieres probar a hacer tus propias semillas germinadas y no tienes intención de convertirlo en una práctica habitual, puedes usar perfectamente algunos elementos sencillos de uso cotidiano para empezar.
Consigue:
- un tarro de cristal;
- una goma elástica;
- un trozo de tela que servirá para evacuar el agua y dejar pasar el aire (tul, estameña, medias viejas, compresa de gasa…); también puedes reutilizar la tapa haciéndole pequeños agujeros;
- un plato hondo, un platillo o cualquier otro recipiente para recoger el agua del escurrido;
- agua mineral o filtrada (mejor, porque está menos concentrada en productos que el agua del grifo).
Pero si tienes pensado germinar semillas en casa de forma regular, puedes invertir en un germinador. Normalmente se compone de:
- o bien de un tarro sencillo con tapa perforada, que es lo más recomendable para fabricar cantidades pequeñas;
- o bien de varios bandejas de germinación, que permiten cultivar varias variedades a la vez y en mayor cantidad.
El germinador puede ser de vidrio, de plástico o incluso de barro cocido. Puedes encontrarlos fácilmente en internet o en tiendas especializadas a partir de unos diez euros. También existen modelos automáticos, evidentemente bastante más caros, reservados sobre todo para especialistas y para la germinación de semillas menos fáciles. Para elegir bien tu germinador, comprueba sobre todo el tamaño de los orificios de las rejillas o filtros (deben ser lo bastante finos como para que no se escapen las semillas). También conviene que sea fácil de limpiar. Una higiene impecable evitará, de hecho, cualquier riesgo de problemas sanitarios.

Un tarro sencillo y gasa, o un germinador de los “serios”
Germinar tus semillas: tutorial sin germinador
La germinación es fácil de realizar. Para iniciar el proceso, las semillas en reposo solo necesitan agua.
El remojo
- Limpia a conciencia el material y sécalo con un paño limpio.
- Coloca la cantidad equivalente a una cucharada sopera de semillas para germinar en tu tarro.
- Añade agua mineral para que las semillas queden bien sumergidas todas.
- Mezcla haciendo girar el tarro.
- Fija el trozo de tela al tarro con la goma elástica.
- Deja en remojo durante unas 8 horas en un lugar oscuro (el tiempo de remojo puede variar según las semillas; sigue siempre las indicaciones del envase).
El escurrido
- Vacia el agua del remojo (que se habrá coloreado) dejándola pasar a través del trozo de tela, que retendrá las semillas.
- Rellena con agua para enjuagar las semillas mezclando bien.
- Vacia y vuelve a poner agua.
- Coloca el tarro en el recipiente para escurrir. Asegúrate de que esté boca abajo o bastante inclinado hacia el lado del trozo de tela para evitar que se estanque el agua dentro del tarro.
Inicio del proceso de germinación
- Enjuaga tus semillas con agua 2 a 3 veces al día.
- Vuelvelas a escurrir.
- En cuanto empiecen a germinar, puedes colocar el tarro con luz.
El objetivo aquí es que las semillas se mantengan húmedas, pero sin exceso de agua, que podría favorecer el desarrollo de mohos. Al germinar, las semillas aumentarán de volumen: empieza mejor con cantidades pequeñas, y aumenta si es necesario.
Espera unos días antes de ver los primeros brotes. La duración de la germinación dependerá del tipo de semillas elegido. Cuenta normalmente entre 2 y 7 días. Cuando hayan desarrollado el brote y el primer crecimiento, las semillas estarán listas para consumir. Si aparecen las primeras hojas (los cotiledones), tus semillas se habrán convertido en micropuntas, que pueden consumirse de la misma manera.
Conservación y uso de las semillas germinadas
Antes de consumir
Enjuaga bien tus semillas germinadas y escúrrelas antes de consumirlas. Algunas semillas tienen una cubierta que se desprenderá y se puede retirar antes de degustarlas.
Para evitar cualquier riesgo sanitario, comprueba:
- que no haya rastro de moho;
- que el olor sea neutro, nunca desagradable;
- que los tallos estén firmes y crujientes: que no estén mustios, amarillentos ni pardeados.
Conservación
Las semillas germinadas deben consumirse rápidamente. Se conservan en el frigorífico, y el frío permite detener la germinación. Guárdalas en un recipiente apto para alimentos y consérvalas solo durante 2 a 4 días.
Usos en cocina
Para conservar bien todos los beneficios de las semillas germinadas, te recomendamos consumirlas crudas. Algunas semillas de leguminosas, sin embargo, pueden blanquearse rápidamente con agua (por ejemplo, el garbanzo).
Las semillas germinadas se pueden incorporar en muchas recetas:
- en ensaladas;
- en sándwiches;
- para dar chispa a platos de pasta, arroz o patata;
- en tostadas o rebanadas de pan;
- en una salsa de yogur;
- repartidas sobre una sopa o una tortilla después de la cocción.
Se pueden degustar tal cual, o bien aliñadas. En cuanto a las cantidades, empieza con el equivalente a una cucharada sopera.
¡Ahora te toca descubrir las diferentes combinaciones de sabores y colores de las semillas germinadas!

Sándwiches, ensaladas, sopas: ¡las semillas germinadas solo están esperando tus ideas!
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