Los coníferos enanos: perfectos para los Pequeños jardines
Pequeños coníferos fáciles de cuidar, con diversidad y adaptados a espacios reducidos
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Cuando se mencionan los coníferos, a menudo pensamos en los grandes bosques de abetos: majestuosos e imponentes. Pero ¿sabías que estos vegetales no están necesariamente reservados para los grandes espacios y que también existen variedades enanas? No superan los 2 a 3 metros de altura y conservan la mayoría de las características de sus “congéneres” gigantes: agujas o escamas persistentes, aunque a veces también presentan un perfume aromático y una fructificación decorativa.
Fáciles de cultivar y muy estéticos, los pequeños coníferos son candidatos perfectos para vestir jardines de tamaño modesto, pero también balcones y terrazas. Además, se prestan muy bien al cultivo en maceta. Descubre aquí sus distintas ventajas.
¿Por qué decantarse por las coníferas enanas?
Los coníferas tuvieron sus horas de gloria durante muchos años, antes de caer un poco en desuso. Demasiado utilizadas, sobre todo para crear setos de aspecto demasiado monótono y poco natural, también se asocian a una imagen oscura y triste. Sin embargo, existen muchas coníferas ornamentales que merecen volver a integrarse en nuestros jardines.
Se trata de plantas que, en efecto, no carecen de puntos fuertes:
- por lo general, son fáciles de cultivar, crecen lentamente y requieren poco mantenimiento si no se utilizan para formar setos recortados con precisión;
- su follaje es perenne, lo que les permite mantenerse atractivas durante todo el año, incluso en invierno;
- pueden adaptarse a diferentes condiciones de cultivo;
- su gran diversidad permite integrarlas en todos los estilos de jardín, aportando un toque gráfico y estructurado;
- son beneficiosas para la biodiversidad, ya que sirven de refugio para los pájaros y los murciélagos, de alimento para las ardillas, etc.
Las variedades pequeñas tendrán ventajas adicionales: serán fáciles de acompañar en macizos, macetas o setos. Su silueta aportará volumen, pero su sobriedad permite resaltar a todas sus vecinas de flores, frutos, follajes decorativos o maderas coloreadas.
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Si no quieres un pequeño conífero de porte arbustivo con el color verde “de base” pino, no hay problema: existen variedades más atrevidas o que cambian de color a lo largo de las estaciones, para romper la monotonía. Ofrecen así follajes matizados de azul, alquemila (plateados), amarillo dorado o incluso pueden estar abigarrados.
Esto ocurre especialmente con los enebros, como el Juniperus squamata ‘Blue Carpet’, que lleva perfectamente su nombre. Forma, en efecto, un auténtico cojín vegetal denso, de 40 cm de altura y 1 metro 50 de envergadura. Pero sobre todo nos gusta por su follaje, ya que luce bonitas tonalidades azul-plateado. Por su parte, el Juniperus communis ‘Goldschatz’ se muestra muy soleado. Si se llama “tesoro”, es porque su follaje verde grisáceo en la base se viste con magníficos brotes dorados. Un cubresuelos muy luminoso para jardines pequeños. También citemos el Juniperus pfitzeriana ‘Glauca’, un gran cubresuelos interesante por su follaje gris azulado.
¿Aburrido, el tuya? No necesariamente: la Thuja occidentalis ‘Golden Tuffet’ forma un cojín cálido, con su follaje amarillo en verano, que en invierno adquiere tonos anaranjados bronce.

Juniperus ‘Blue Carpet’
En el caso de los cedros del Japón enanos, mencionemos el adorable Cryptomeria japonica ‘Vilmorin Gold’, que forma una pequeña bola de apenas 1 metro en todas direcciones. Tiene follaje verde, pero se adorna con jóvenes brotes dorados, que se volverán crema en verano.
Por su parte, el pino de montaña ‘Ophir’ forma un mini arbusto compacto, con un verde claro muy luminoso, que durante el invierno se vuelve amarillo-dorado.
Otra joya pequeña: el Podocarpus lawrencii ‘Blue Gem’, cuyo follaje azulado crea un bonito contraste con la fructificación, en forma de bayas rojas.
No olvidemos los tejos, como el Taxus baccata ‘Summergold’, formando una alfombra luminosa gracias a sus jóvenes brotes dorados en verano.
También la bonita picea azul Picea pungens ‘Karpaten’, un conífero cubresuelos que forma un domo denso compuesto por un follaje gris azulado.
Y para un toque aún más original, nos decantamos por el Chamaecyparis obtusa ‘Baldwin Variegated’. Este pequeño ciprés Hinoki del Japón nos regala un follaje verde abigarrado de blanco, hermoso durante todo el año.

Pinus mugo ‘Ophir’
Los pequeños coníferos de siluetas originales
Cuando pensamos en los coníferas, a menudo nos viene a la cabeza la imagen del abeto bien recto y rígido, con su tronco único. Pero en realidad existe una gran diversidad de portes y siluetas: rastrera, en bola, llorona, piramidal, etc.
Las redondas y esféricas
En el caso de las coníferas pequeñas con una adorable silueta esférica, las opciones son muchas. Por ejemplo, cuente con el cedro del Japón ‘Green Pearl’, que forma una bola de 50 cm en todas direcciones. El pino enano de las montañas ‘Picobello’ también crea un arbusto esférico de 80 cm en todas direcciones. Por su parte, el pino de Weymouth enano ‘Minuta’ se convertirá en una bola ligeramente aplanada, cubierta de agujas verde-azuladas. Mencionemos también la silueta compacta del Chamaecyparis pisifera ‘Blue Moon’ (80 cm en todas direcciones). Para terminar, el abeto rojo de Sitka enano ‘Tenas’, cuya silueta redondeada tiende a volverse un poco más cónica con el paso del tiempo.
Las tapizantes y rastreras
Para vestir la base de un talud, una rocalla o la parte superior de un muro de piedra, las mini-coníferas de siluetas rastreras y tapizantes serán ideales. Úselas también para aportar volumen en el primer plano de un macizo. Más anchas que altas, forman auténticas alfombras vegetales que permanecen ornamentales durante todo el año.
Es el caso de muchos ene-bros. Adopte, por ejemplo, el Juniperus horizontalis ‘Icee Blue’, que con el tiempo formará una bonita cobertura vegetal de 2 metros de envergadura, con espinas azul plateado. Por su parte, el enebro de las playas ‘Blue Pacific’ forma una alfombra de ramitas escamosas, muy flexibles. Al principio, es de color verde manzana; bajo el efecto del frío invernal adquiere matices azulados. Mencionemos también el enebro escamoso (Juniperus squamata) ‘Holger’, con su porte extendido. Sus dimensiones alcanzan 70 cm de altura para 1 metro 20 de anchura en madurez.
El abeto de Corea ‘Green Carpet’ también presenta un porte bien extendido, en casi dos metros de envergadura. Muy pequeña, con solo 35 cm de altura y 45 cm de envergadura, la variedad ‘Tundra’ formará un cojín plano, denso y extendido, casi perfecto.
Mencionemos también la silueta postrada del ciprés siberiano rastrero, una conífera especialmente tolerante y fácil de cultivar, capaz de extenderse por más de 2 metros 50 de anchura.
Y para vestir la parte superior de un muro, piense en el Chamaecyparis pisifera ‘Sungold’. También llamado ciprés Sawara, es una conífera pequeña con un follaje muy luminoso, de color verde-amarillo que a veces se vuelve dorado. Con sus 1 metro 20 de altura por 2 metros de envergadura, formará una auténtica cascada vegetal.
Otras siluetas interesantes
Asombrosa por sus ramas caídas hasta el suelo, el Tsuga heterophylla ‘Thorssen’s Weeper’ presenta una silueta llorona, pero flexible. Se puede tutorar para formar una verdadera mini fuente vegetal o bien utilizarse como cobertura vegetal.
En el Thuja plicata ‘Whipcord’, las ramitas también son lloronas y contribuyen a que esta conífera tenga un aspecto elegante. Para integrar en el jardín o en maceta.
Sorprendente, el aspecto despeinado del tuya del Canadá ‘Filiformis’ no pasa desapercibido, con sus ramitas que parecen deshilacharse.
Mencionemos también el pino japonés de cola de vaca, que nos ofrece una silueta en columna abierta, ligeramente ensanchada. Se compone de ramas dirigidas hacia arriba, no ramificadas en sus extremos, lo que seguramente explica el nombre de esta conífera.
En cuanto al alerce de América ‘Arethusa Bog’, se decanta por una silueta llamada «escoba de bruja». En efecto, produce ramas horizontales provistas de ramitas colgantes.

Thuja plicata ‘Whipcord’
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Si las coníferas no nos ofrecen floraciones ornamentales como las que apreciamos en otras plantas, pueden no obstante lucirse con bonitos frutos decorativos, como las famosas piñas. Pero algunas también pueden ser muy coloridas. Es especialmente el caso del l’Abies koreana ‘Green Carpet’ mencionado anteriormente, que en primavera produce numerosos conos erguidos de un bonito rosa violáceo. En el caso de ‘Luminetta’, los conos se decantan más por un azul violáceo empolvado.
Por el lado del enebro de playas ‘Schlager’, lo que destacan son unas bonitas bayas azules que conviven con el follaje escamoso.
Los pies femeninos del tejo común dorado se adornan con decorativas bayas de un rojo vivo. Son tóxicas para los seres humanos y los animales, pero son muy apreciadas por las aves.
Los pequeños coníferos para la sombra
La mayoría de los coníferos se sienten bien a pleno sol no abrasador o en semisombra. Pero algunas variedades tendrán la ventaja de tolerar la sombra: una gran ventaja para los pequeños jardines con poca exposición, o bien para terrazas y balcones poco luminosos.
Es el caso, por ejemplo, de la tsuga del Canadá, una conífera pequeña rastrera ideal para dar vida a un talud sombreado o a una rocalla poco soleada. Ofrece un bonito contraste entre la corteza blanca de sus ramas centrales y el verde de sus acículas.
Por su parte, la Pícea de Oriente (Picea orientalis ‘Silver Seedling’) iluminará las zonas sombreadas o tamizadas con su follaje abigarrado de forma aleatoria, con tonos de plata y arena.
Muy adaptable, el Pinus mugo ‘Green Column’ tolera todas las exposiciones, incluso a la sombra. Por su tamaño moderado, solo alcanzará 2 metros de altura y 1 metro de envergadura.

El Pinus mugo ‘Green Column’ se planta a la sombra
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