Hacer una jardinera para el invierno con coníferas
Para una maceta perenne y sin mantenimiento
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Si el invierno es la estación menos abundante y colorida en el jardín, no significa en absoluto la ausencia total de plantas. Algunos vegetales rústicos y perennes como las coníferas enanas son, de hecho, perfectos para decorar distintos espacios, alegrando fácilmente el jardín, las terrazas, los balcones o incluso los sencillos alféizares de las ventanas.
Veamos qué variedades elegir para crear una jardinera de invierno y cómo cuidarla de forma sencilla.
Elige coníferas adecuadas y diversas
Coníferas enanas perfectas en jardinera
Si las coníferas han perdido algo de popularidad en los últimos años, no dejan de ser interesantes. Por lo general, no es su floración lo que marca la diferencia, sino que tienen otras bazas: son fáciles de cuidar, resistentes a las heladas y decorativas durante todo el año gracias a su follaje persistente. Las variedades clásicas se cultivan en jardines amplios, mientras que las variedades enanas encajarán en todas partes. Así, son ideales para crear macetas o jardineras que iluminen el invierno, aunque, por supuesto, también pueden quedarse donde están durante las demás estaciones.
Las variedades enanas son bastante numerosas y variadas para satisfacer todos los gustos. Elígelas según tu exposición (soleada, a la sombra, semisombra, resguardada) y tus condiciones climáticas (vientos dominantes, invierno lluvioso o con heladas intensas, etc.). Por ejemplo, una hemlock de Canadá ‘Cole’s Prostrate’ agradecerá la sombra fresca (húmeda), mientras que Cryptomeria japonica ‘Vilmorin Gold’ o el falso ciprés hinoki del Japón ‘Nana Aurea’ necesitarán una exposición más bien soleada.
Elige plantas pequeñas de entre 20 cm y 1 metro 50 para cultivarlas en contenedor.
Juega con las formas, las texturas y las alturas
Para una bonita jardinera de invierno, apuesta por vegetales con siluetas variadas: globulares, rastreras, cónicas, columnar, colgantes, erguida, etc. Combina distintas alturas para aportar volumen a tu contenedor y prueba diferentes texturas, desde las más esponjosas y suaves hasta las más espinosas y punzantes.
Algunos ejemplos:
- la Pícea nana Picea mariorika ‘Machala’ produce ramitas en forma de “cepillos” un poco erizados, formando un bonito domo piramidal;
- el pino de montaña Pinus mugo ‘Varella’ se parece a un pequeño erizo vegetal auténtico, con su silueta en forma de bola y sus largas agujas punzantes;
- el tuya de Canadá ‘Mirjam’ forma una esfera casi perfecta, muy gráfica, con ramitas muy delicadas;
- el falso ciprés del Japón tiene un aspecto salvaje, con sus ramitas erguidas que crecen más o menos a su antojo;
- el ciprés ‘Hime-Sawara’ destaca por un porte extendido que forma un verdadero cojín cubresuelos;
- la pícea blanca nos regala una silueta bien cónica, compuesta por agujas cortas y erguidas, perfecta en una jardinera con inspiración japonesa o en una maceta contemporánea.
Juega con los colores
Las coníferas enanas también ofrecen una gran diversidad de colores de follaje, desde el verde clásico hasta el amarillo dorado, pasando por reflejos grisáceos, azulados o rojizos. Algunas incluso cambian de color según la estación, renovando el espectáculo, aunque de forma moderada, durante todo el año.
- el Pinus nigra ‘Oregon Green’ produce asombrosos brotes jóvenes primero blancos, antes de pasar a un verde típico de la especie;
- La Thuja occidentalis ‘Golden Tuffet’ dispone de follaje amarillo en verano, que en invierno adquiere tonos naranjas cálidos hacia el bronce;
- el Chamaecyparis pisifera ‘Blue Moon’ forma, como su nombre indica, una bonita bola con follaje azul plateado, mientras que el Juniperus squamata ‘Blue Carpet’ constituye un cubresuelos perfecto en tonos similares;
- el tuya del Japón ‘Solar Flare’, de follaje fino y recortado que recuerda algunas frondas de helechos, ofrece matices que van desde el amarillo dorado hasta el amarillo suave a medida que envejece;
- el enebro rastrero ‘Limeglow’ prefiere un follaje en evolución: verde limón a dorado en verano y luego bronce-púrpura en invierno.

Coníferas diferentes con bonitas texturas y colores: Pinus mugo ‘Varella’, Juniperus horizontalis ‘Limeglow’, Juniperus squamata ‘Blue Carpet’, Chamaecyparis obtusa ‘Nana Aura’, Chamaecyparis pisifera ‘Blue Moon’, Picea glauca ‘Sun on the Sky’, Thuya occidentalis ‘Mirjam’
Ver también
Crear una Jardinera de verano: 7 ideasAñadir vegetales y elementos complementarios
Otras plantas para maceta de invierno
Los coníferos enanos son buenos compañeros para otras plantas. En un sustrato más bien ácido, tipo tierra de brezo, acompañalos, por ejemplo, con encantadoras brezos de invierno, que tampoco requieren mucho mantenimiento. Prueba la magnífica floración rosa-magenta de Erica x darleyensis ‘Kramer’s Rote’ o las pequeñas campanillas rosa-lila de ‘Darley Dale’.
En una exposición fresca y semisombreada, opta por un hiedra cuyo follaje persistente seguirá siendo igual de decorativo durante todo el invierno en tu jardinera. Elige, por ejemplo, las hojas luminosas del pequeño Hedera helix ‘Kolibri’, abigarradas de crema, que acompañarán a la perfección nuestros coníferos enanos. Piensa también en las plantas con bayas decorativas en invierno, como la gaulthérie couchée, el Skimmia japonica ‘Pink Dwarf’ o ‘Rubesta’.
En una exposición más soleada y en un suelo bien drenado (que no retenga el exceso de agua), piensa en las siemprevivas con sus rosetas decorativas, que te permitirán crear una jardinera de invierno gráfica y moderna. Entre las aromáticas, un tomillo limón dorado aportará mucha luz con su follaje abigarrado en las regiones con inviernos no demasiado duros (hasta -15°C). También puedes probar una santolina argentada o ‘Lemon Fizz’, más rústica (aprox. -20°C).
Y si tienes ganas de flores, que eso sí requerirán un poco más de mantenimiento, dirígete a los camelios de otoño como el Camellia x hiemalis ‘Bonanza’, con su floración doble rojo-rosa de octubre a enero. Con un conífero enano de follaje verde, crearán un conjunto precioso en los tonos navideños. También piensa en los eléboros como ‘Linda’, que florece en blanco para un verdadero muestrario de temporada.
Por último, las gramíneas siempre ayudan a aportar un toque de ligereza a las jardineras o macetas. Elige entre las Carex o también los Miscanthus, cuyos tallos y hojas se habrán secado de forma bonita a finales de otoño.

Algunas vivaces de diferentes exposiciones y condiciones: Skimmia japonica ‘Rubesta’, Helleborus lemperii hgc ‘Linda’, Gaultheria procumbens, Erica darleyensis ‘Kramer’s Rote’, Hedera Helix ‘Kolibri’, Santolina chamaecyparissus, Santolina ‘Lemon Fizz’
Elementos decorativos de temporada
Puedes añadir a tu jardinera de invierno algunos elementos ornamentales para aportar todavía más relieve a la composición. Elige decoraciones naturales como ramas de acebo recogidas en el bosque, piñas, trozos de madera flotante, ramas retorcidas de avellano, pequeños haces de madera…
Para un toque más festivo, integra una guirnalda luminosa, unas cuantas bolas, lazos o estrellas de Navidad. Para un estilo kitsch y divertido, incluso puedes reutilizar las decoraciones de tu tronco de Navidad. ¡Las únicas limitaciones son las de tu imaginación!
Plantar y cuidar tu jardinera de invierno
El recipiente
Para pasar el invierno sin problemas, el recipiente elegido debe ser resistente a las heladas. Por tanto, evita las macetas o jardineras de barro cocido y prefiere la madera, el plástico, el hypertufa (una mezcla similar a la piedra) o incluso el hormigón. Si te encanta el encanto de los recipientes de metal, como los abrevaderos reciclados de zinc o las macetas de fundición, no olvides que estos materiales a veces pueden ser sensibles a las heladas según su calidad. En ese caso, colócalos en una ubicación bastante resguardada.
No importa la forma de tu jardinera: ya sea rectangular, cuadrada o redonda, debe ser lo bastante ancha para poder cultivar en ella al menos 3 a 4 coníferas. Así que prevé, como mínimo, 40 cm de diámetro o de anchura, pero con la misma profundidad.
Por último, elige un recipiente forzosamente con agujeros, para que el exceso de agua pueda drenar sin riesgo de que se pudran las raíces de las plantas. No pongas un platillo debajo del recipiente.

Diferentes recipientes para jardinera
El sustrato
Elige un sustrato universal de buena calidad o un sustrato para jardineras y macetas, que puedes mezclar con un poco de tierra de brezo para conseguir un pH más ácido, a menudo apreciado por las coníferas.
No dudes en añadir un puñado de arena de río, bolas de arcilla o grava para aligerar la mezcla y mejorar el drenaje.
Eventualmente, también puedes añadir un poco de abono universal de liberación lenta para favorecer el crecimiento de tus plantas o un puñado de compost casero bien descompuesto.
La plantación
La plantación se realizará idealmente a principios de otoño. Antes de ponerte manos a la obra, reúne todos los elementos que quieres integrar en tu jardinera, para crear tu disposición ideal.
Para facilitar la extracción de tus plantas en maceta y rehidratar su cepellón antes de la plantación, puedes sumergirlas en un cubo o barreño con agua durante unos veinte minutos.
- Coloca una capa fina de drenaje de 2 a 3 cm en el fondo del recipiente (bolas de arcilla, grava, trozos de maceta de barro cocido…).
- Rellena el recipiente con sustrato hasta 2/3.
- Retira las plantas de su recipiente y, si es necesario, desenreda con cuidado el sistema radicular.
- Utiliza un plantador o una pala para hacer los hoyos de plantación y coloca tus plantas respetando una distancia de unos 15 cm entre cada una. Según la forma de tu recipiente, puedes elegir una alineación horizontal o en disposición alterna.
- Completa con sustrato y presiona con los dedos.
- Riega abundantemente.
- Puedes añadir un acolchado mineral (pizarra, puzolana…) o un acolchado orgánico (cáscaras, astillas, cortezas, mantillo de plantas…) para la estética en la base de las plantas (opcional).
Como complemento, para obtener más consejos, no dudes en leer nuestro artículo « Cómo lograr que tus jardineras funcionen ? ».
El mantenimiento
La ventaja de nuestra jardinera de coníferas de invierno es que requiere prácticamente nada de mantenimiento. Las lluvias naturales suelen ser suficientes para cubrir las necesidades de agua de las plantas. En caso de invierno seco o en una situación resguardada, riega simplemente cuando el sustrato se haya secado en los primeros centímetros.
Las coníferas son plantas resistentes, raramente enferman, pero el cultivo en maceta puede volverlas más sensibles que en campo abierto. Para saber más, consulta nuestro artículo sobre las principales enfermedades y plagas de las coníferas.
Por último, como las coníferas son plantas de crecimiento lento, tu jardinera de invierno podrá durar varias años, hasta que las plantas se sientan apretadas y haya que trasplantarlas de nuevo a maceta o plantarlas en el jardín.
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