¿Qué graminéas elegir para un suelo arenoso?
Nuestra selección de especies de gramíneas adaptadas a un suelo arenoso
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Tanto si es a orillas del mar como en el interior de las tierras, los suelos arenosos suelen ponerles las cosas difíciles a los jardineros aficionados. De hecho, cuesta imaginar un jardín exuberante allí. Algunas plantas se adaptan perfectamente a estos suelos arenosos, generalmente pobres y secos. Para empezar, las gramíneas que pueden, en gran medida, salvarte el día. Por su robustez y su sobriedad, las gramíneas pueden ser excelentes aliadas de los suelos arenosos. Además, les aportarán ligereza, estructura y un innegable toque salvaje.
Descubre nuestra selección de las ocho mejores gramíneas capaces de crecer en un suelo arenoso, así como nuestros consejos para plantarlas y cuidarlas.
¿Cuáles son las características de un suelo arenoso?
Un suelo arenoso es, por definición, un suelo constituido por al menos un 60% de arena. Por lo tanto, es especialmente ligero y fácil de trabajar. Además, tiene la ventaja de calentarse rápidamente en primavera y de mantenerse más cálido en invierno.
Sin embargo, es un tipo de suelo que a veces se considera poco agradecido por su pobreza y su sequedad. En efecto, en un suelo arenoso ni el agua ni los nutrientes se retienen. Sencillamente porque un suelo compuesto por una gran cantidad de arena es muy drenante. El agua y los elementos nutritivos se infiltran muy deprisa y desaparecen en las capas inferiores del suelo.
Por último, el suelo arenoso es una tierra que se desmenuza y no se aglomera.
Nuestra selección de gramíneas adaptadas a suelos arenosos
Plantar y cultivar vegetales en un suelo arenoso puede ser todo un desafío. Sin embargo, algunas gramíneas se han adaptado perfectamente a estas condiciones y prosperan en este tipo de suelo. A menudo, porque crecen de forma natural en suelos que suelen encontrarse en la costa, a lo largo del litoral. Entre las gramíneas para suelo seco :
La koeleria azul (Koeleria glauca)
Originaria de Eurasia, Koeleria glauca, a menudo llamada koeleria de las arenas, crece de forma natural en praderas arenosas, áridas y soleadas. Se trata de una gramínea resistente que forma matas compactas y redondeadas de follaje persistente azul verdoso, lineal y fino. En verano aparecen espigas florales gris plateadas, que le otorgan un aspecto plumoso y ligero. Se ondulan con elegancia con el más mínimo soplo de viento. Apenas supera entre 30 y 60 cm de altura y anchura.
Muy rústica, resistente al viento y ahorradora de agua, esta gramínea resulta muy decorativa durante todo el año. Se siembra de nuevo con mucha facilidad. Está perfectamente adaptada a suelos arenosos, secos y calcáreos, pero también tolera suelos pobres y pedregosos. Prefiere una exposición soleada y resiste bien la sequía una vez establecida.
Es una planta ornamental popular en jardines de rocalla, en borduras y en macizos, pero también puede utilizarse para estabilizar los suelos y prevenir la erosión.
El trigo de azur (Leymus arenarius)
Además, conocida como élyme de las arenas, esta gramínea es especialmente adecuada para entornos costeros y dunas, donde desempeña un papel esencial en la estabilización del suelo y la protección frente a la erosión. Dicho de otro modo: disfruta en un suelo arenoso.
El Leymus arenarius se distingue por su follaje azulado o grisáceo, compuesto por hojas largas y relativamente anchas, recubiertas de pruina, que a menudo se enrollan sobre sí mismas para reducir la pérdida de agua. Sus tallos florales, que pueden alcanzar hasta 1,20 m de altura, llevan espigas densas y cilíndricas, de color amarillento hasta la madurez. La floración suele tener lugar entre junio y agosto.

El trigo de azur (Leymus arenarius)
Con un sistema radicular profundo y rastrero, esta gramínea puede resultar invasiva. Es perfecta como cubresuelos natural, pero se adapta bien al cultivo en macizos, borduras o rocallas.
La caña de las arenas (Ammophila arenaria)
Ammophila arenaria, comúnmente llamada caña de las arenas u oyat, es una especie de gramínea pionera de las dunas litorales, muy bien adaptada a ambientes arenosos y áridos. Presenta largas hojas estrechas, cortantes y puntiagudas, de un verde grisáceo, enrolladas sobre sí mismas para limitar la pérdida de agua. De mayo a julio aparecen las inflorescencias, agrupadas en espigas densas, de color amarillento a blanquecino, recordando a los trigos. Sus tallos son robustos y pueden alcanzar hasta 1,2 m de altura.

La caña de las arenas (Ammophila arenaria)
Gracias a su sistema radicular profundo y denso, la caña de las arenas fija la arena e impide que se desplace por el viento o las olas. Así contribuye a la formación y mantenimiento de las dunas, lo que le confiere un indiscutible papel ecológico. En tu jardín, esta gramínea se sentirá a gusto en un talud, en un macizo o en una bordura. Pero tiene cierta tendencia a colonizar los suelos…
La canche flexible (Deschampsia flexuosa)
La canche flexible o flexuosa es una gramínea de follaje persistente, discreta, pero encantadora. Es muy útil en los jardines por su aspecto ligero y su capacidad para crecer en condiciones difíciles. Además, crece de forma natural en zonas secas y pobres, a menudo sobre suelos ácidos y arenosos.

La canche flexible
La canche flexuosa forma pequeñas matas de hojas finas y persistentes, generalmente de color verde oscuro. Sus tallos son finos y flexibles, y llevan espiguillas ligeras y aireadas que florecen en verano. Las inflorescencias al principio son verdosas y luego adquieren un tono dorado, con matices bronceados, a medida que se secan. El conjunto de la planta es bastante delicado y ligero.
Esta gramínea de aspecto silvestre es perfecta para macizos de flores, borduras, rocallas o incluso como cubresuelos en zonas complicadas, donde aporta ligereza.
La hierba del amor (Eragrostis spectabilis)
Eragrostis spectabilis es una gramínea ornamental originaria de Norteamérica, apreciada por su floración vaporosa y colorida. La hierba del amor forma una mata de hojas finas y verdes, de la que emergen, de julio a octubre, largos tallos con espiguillas ligeras y aireadas. Las flores, de color rosa a púrpura, crean un efecto de nube o bruma muy estético. A menudo permanecen hasta el invierno. Normalmente alcanza entre 50 y 70 cm de altura, con un ancho similar.

La hierba del amor (Eragrostis spectabilis)
Amante de los suelos bien drenados, rústica hasta – 15 °C, esta gramínea se adapta a distintos tipos de suelo, incluso los pobres y arenosos. Prefiere el sol y tolera bien el calor y la sequía una vez establecida. La hierba del amor es ideal para aportar ligereza y movimiento a los macizos de flores o en los bordes de los caminos.
Los pelos de ángel (Stipa tenuifolia)
Stipa tenuifolia es una gramínea de espigas plateadas, con una finura increíble, que bailan y brillan al sol del verano. Cuando llega el otoño, sus espigas se visten de reflejos dorados, prolongando la magia hasta las primeras heladas. Su follaje verde, parecido a una fuente ondulante, muestra la misma ligereza. Su mata densa aporta un toque real de poesía en todos los espacios: rocalla, bordura de camino o macizo. Además, emite un suave susurro al pasar.

Los pelos de ángel (Stipa tenuifolia)
Fácil de mantener, esta gramínea ama el sol y la sequía. No necesita mimos: se conforma con poco. Insensible a condiciones difíciles, se adapta perfectamente a suelos pobres, secos y arenosos.
Los Schizachyrium
Los Schizachyrium son gramíneas apreciadas por su follaje colorido y su aspecto ligero. Su follaje, fino y lineal, suele ser azuloso o verde, y adquiere hermosos colores otoñales alrededor del naranja, el rojo y el púrpura. En verano, las inflorescencias en espiguillas plumosas nacen con discreción. Estas gramíneas forman matas densas y erguidas, de 50 cm a más de un metro.

Schizachyrium scoparium
Los Schizachyrium prefieren el sol, pero toleran la media sombra. Se adaptan a distintos tipos de suelo, incluso pobres, arenosos y secos, siempre que estén bien drenados.
Las festucas (Festuca)
Para quien aprecia las gramíneas, es difícil pasar por alto las fescas (Festuca), que forman matas compactas y hemisféricas de follaje persistente, especialmente rígido. Se valoran por su diversidad, su adaptabilidad y su interés ornamental. El follaje suele lucir tonalidades verdes, azuladas o grisáceas. Sus flores se agrupan en espiguillas, formando panículas ligeras y aireadas que aparecen en verano. El tamaño varía considerablemente según las especies, desde unos pocos centímetros en las festucas enanas hasta más de un metro en algunas especies más altas.
Entre los aciertos seguros de esta especie, destaca la festuca azul (Festica glauca) por lo fácil que resulta de cultivar. Encuentra su lugar en todas partes, incluso en un suelo arenoso.

La festuca azul (Festuca glauca)
¿Cómo plantar y cuidar las gramíneas en un suelo arenoso?
Las gramíneas son excelentes opciones para jardines con suelo arenoso. Pero hay que ofrecerles lo mínimo indispensable.
La plantación
Como el suelo arenoso es muy drenante, conviene añadir un poco de materia orgánica (compost o sustrato) en el momento de la plantación para mejorar la retención de agua. También hay que aflojar el suelo a una profundidad de 20 a 30 cm para facilitar el enraizamiento de las gramíneas.
Después de la plantación, hay que apisonar la tierra y regar abundantemente. Un mantillo ayudará a conservar cierta frescura.
El mantenimiento
Para facilitar el enraizamiento, durante las semanas posteriores a la plantación, los riegos deben ser regulares. Después, estas gramíneas prescindirán de ellos, gracias a su resistencia. Un riego ocasional puede ser beneficioso en caso de sequía prolongada.
A finales del invierno, poda las hojas secas y los tallos agostados para favorecer el rebrote. Para algunas especies, una poda ligera a lo largo de la temporada puede ayudar a mantener un porte compacto y estético.
La fertilización no es necesaria.
¿Cómo asociar estas gramíneas?
Para acompañar las gramíneas en suelos arenosos, es necesario elegir plantas que resistan la sequía y que no sean demasiado exigentes. Entre los clásicos de este tipo de suelo, se pueden citar las vivaces y los arbustos mediterráneos como la lavanda, el romero, la santolina, el tomillo… Para aportar un poco de color, elige vivaces con flor como las gaillardias, las equináceas y las rudbeckias, o también las coreopsis, las milenramas, las gordolobos…
Las gauras y las verbenas de Buenos-Aires combinan muy bien, por su ligereza, con las gramíneas. Por supuesto, en un jardín seco, las sedums, las siemprevivas y las delospermas ganan en estar acompañadas por las gramíneas.
Y para un toque exótico, asocia tus gramíneas con yuccas, con agaves y con las opuntias, perfectamente adaptadas a los suelos secos y arenosos.
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