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Las gramíneas de bajo mantenimiento: aliadas para un jardín sin complicaciones

Las gramíneas de bajo mantenimiento: aliadas para un jardín sin complicaciones

Aliadas para un jardín fácil y elegante

Contenido

Modificado el 20 de enero de 2026  por Ingrid 8 min.

Las gramíneas ornamentales seducen cada vez más a los jardineros y por una buena razón: combina belleza, resistencia y facilidad de mantenimiento. Con sus formas variadas, sus follajes aportan movimiento al jardín y se adaptan con facilidad a muchas situaciones. Además, estas plantas aportan un aire natural a los macizos a la vez que requieren pocos cuidados. Descubre las gramíneas más fáciles de cultivar, ideales para quienes desean un espacio verde sin demasiado esfuerzo.

Dificultad

Las festucas (Festuca), pequeñas gramíneas perennes

Pequeñas y compactas, las festucas se aprecian por su follaje perenne, a menudo coloreado. Su paleta va del azul plateado al verde tierno, pasando por tonos ligeramente púrpuras según las variedades. Estas gramíneas encuentran su lugar en las rocallas, en los bordillos o incluso como plantas cubresuelos en taludes. Muy resistentes a la sequía y al frío (-15 °C para las más sensibles), se desarrollan plenamente en suelos bien drenados y en ubicaciones soleadas.

Entre las variedades, la festuca azul (Festuca glauca) es una de las más conocidas por los jardineros. Forma un pequeño erizo de follaje azul plateado que ilumina las zonas secas del jardín.

La festuca amatista (Festuca amethystina), por su parte, ofrece un follaje verde tierno que en otoño toma reflejos púrpuras, aportando un toque de dinamismo a los macizos. En definitiva, ofrece, a finales de primavera y al inicio del verano, espiguillas con bonitos reflejos violetas, que recuerdan a la amatista.

Las festucas combinan a la perfección con otras plantas de rocalla, ya que también aman el sol y no temen la sequía, como las lavandas, las sedums o las euforbias para crear escenas luminosas y gráficas.

El mantenimiento se limita a retirar las hojas secas en primavera, por lo que es una planta ideal para jardineros que buscan simplicidad.

dos festucas en el jardín

Festuca glauca y Festuca amethystina

Las Stipa, la elegancia en movimiento

Las stipas son sinónimo de ligereza y movimiento gracias a su porte flexible y vaporoso, que les permite captar la luz y danzar con el viento. Según las variedades, pueden medir apenas 40 cm de altura en el caso de la Stipa pennata y hasta 2 metros de altura en la Stipa gigantea. Estas gramíneas prosperan en suelos pobres y bien drenados, con un sol generoso, lo que las hace especialmente adecuadas para jardines mediterráneos o climas secos.

La stipa pelo de ángel, Stipa tenuifolia ‘Pony tails’, es una de las variedades más apreciadas. Con sus 45 cm de altura, sus finos mechones dorados aportan una textura sedosa y un aspecto natural a los bordes y a los macizos.

La stipa gigante, Stipa gigantea, se distingue por sus grandes tallos dorados, de hasta 2 metros de altura, que dominan los macizos y crean una estructura vertical impresionante, pero con ligereza.

Para realzar su elegancia, las stipas se combinan magníficamente con gauras, con agapantos o incluso con cistus.

Su mantenimiento es mínimo: basta con que se conformen con condiciones difíciles y no necesitan poda regular. Como mucho, puede hacerse un «peinado» a finales de invierno, con una azada de escardado o a mano, para retirar las hojas muertas. Con las stipas tampoco hace falta abonar.

dos stipas en el jardín

Stipa tenuifolia ‘Pony tails’ y Stipa gigantea

Los Pennisetums, por sus delicados penachos tipo “cepillos”

Los Pennisetums, también llamados hierbas de los cepillos, son gramíneas en matas que se distinguen por sus espigas plumosas, delicadas y ornamentales. Estas gramíneas se adaptan a suelos drenados y fértiles y se desarrollan tanto en los macizos como en macetas o jardineras. El follaje verde en verano toma tonos dorados en otoño y permanece en su sitio todo el invierno, aportando presencia al jardín durante la estación fría. Una vez bien establecidas, toleran bien el frío, generalmente hasta -20 °C.

Entre las variedades, Pennisetum alopecuroides ‘Hameln’ es una variedad muy apreciada por sus espigas crema que iluminan los jardines en verano, mientras que el Pennisetum ‘Rubrum’ enamora por su follaje púrpura, ideal para composiciones contemporáneas.

Los Pennisetums se combinan armoniosamente con vivaces de colores, de aire campestre, como las asteres, las rudbeckias o las equinacéas, y son perfectos para jardines bucólicos.

Requieren pocos cuidados: basta con recortar la mata a 10-20 centímetros del suelo a finales del invierno, para dejar espacio a los nuevos brotes y devolverles toda su belleza.

Pennisetum o hierbas de los cepillos

Pennisetum alopecuroides ‘Hameln’ y Pennisetum ‘Rubrum’

Los Eulalia, para aportar volumen

Los Miscanthus, también conocidos como cañas de China, son gramíneas imponentes que atraen la mirada por su porte gráfico y sus penachos espectaculares. Estas plantas rústicas se adaptan bien a climas fríos y toleran hasta -29 °C una vez bien establecidas. Prefieren suelos ricos y bien drenados, con exposición soleada, aunque también toleran suelos arcillosos.

Se aprecia el Miscanthus sinensis ‘Gracillimus’ por su follaje fino y caído, de color verde vivo, que luego se vuelve bronce con el frío. Sin olvidar su floración plumosa, de un hermoso rojo cobrizo.

Si prefiere follajes delicadamente abigarrados de blanco, el Miscanthus sinensis ‘Zebrinus’ le encantará y aportará una luz suave a los macizos.

Estas gramineas majestuosas son ideales para estructurar los macizos o formar setos ligeros, ocultando el jardín de las miradas. Se combinan bien con phlox paniculata, con gauras o también con persicarias.

Al igual que las Pennisetums, los Miscanthus requieren una poda anual, a 10-20 centímetros del suelo, a finales del invierno. Sin embargo, tenga en cuenta que, si su suelo no es lo bastante rico, las cañas de China también necesitarán un aporte de abono, una o dos veces al año, para mantenerse vigorosas.

cañas de China

Miscanthus sinensis ‘Gracillimus’ y Miscanthus sinensis ‘Zebrinus’

El pasto varilla (Panicum virgatum), para aportar color

La hierba doncella, o Panicum virgatum, es una gramínea que se distingue por su follaje vertical, a menudo coloreado de verde, azul, naranja o rojo, según la variedad. También se aprecia su floración, compuesta por numerosas panículas ligeras y plumosas, generalmente de color rosa o púrpura. Los Panicums se adaptan perfectamente a suelos drenados y ligeramente húmedos y prefieren las ubicaciones soleadas. Además, toleran muy bien el frío invernal (hasta -29 °C) y la sequía estival, por lo que es una planta ideal para cultivar en macizos en jardines modernos, de estilo campestre o en praderas naturales.

Entre las variedades más interesantes, Panicum virgatum ‘Northwind’ ofrece un follaje verde azulado muy estructurante, que alcanza 1,70 metros de altura. En otoño, adquiere tonos rubios y permanece así durante todo el invierno.

También se aprecia la variedad ‘Shenandoah’, cuyo extremo de las hojas se tiñe progresivamente de rojo borgoña desde principios del verano, aportando dinamismo al jardín.

Los Panicums se prestan bien a combinaciones con equináceas, gauras o margaritas para crear composiciones ligeras y llenas de vida.

Su mantenimiento se limita simplemente a cortar los tallos secos a comienzos de la primavera, lo que permite disfrutar de su hermosa silueta durante todo el invierno.

Panicum

Panicum virgatum ‘Northwind’ y Panicum virgatum ‘Shenandoah’

Las Calamagrostis, para aportar Verticalidad

Los calamagrostis son gramíneas esbeltas que aportan estructura y verticalidad al jardín. Estas plantas resistentes presentan un follaje caduco que se marchita bastante tarde, tomando tonos dorados en invierno, y deja paso rápidamente a nuevos brotes a principios de la primavera. Aprecian los suelos ligeros, bien drenados y con buena exposición al sol, pero toleran muy bien los suelos más frescos, incluso ligeramente arcillosos. También se adaptan tanto a climas cálidos como a zonas donde los inviernos son más duros.

Una variedad destacada es Calamagrostis acutiflora ‘Karl Foerster’, conocida por su floración prolongada y su silueta esbelta de 1,60 metros. Sus espigas verde claro aparecen ya a finales de la primavera y se van vistiendo progresivamente de reflejos dorados que duran hasta el invierno. Se utiliza a menudo en macizos o en alineaciones formales.

Calamagrostis brachytricha ofrece una alternativa más vaporosa con sus espigas plumosas que se desarrollan en otoño, captan la luz e iluminan el jardín.

Los calamagrostis son perfectos para jardines contemporáneos o naturales, donde su verticalidad contrasta con vivaces más bajas como las asteras, las rudbeckias o las persicarias. También son muy eficaces como ligeros brise-vue o para delimitar espacios.

Al no ser exigentes, solo requieren una simple limpieza (un «cepillado» manual) de las partes secas al final del invierno. Su robustez y su capacidad de adaptación convierten a estas gramíneas en una apuesta segura para cualquier tipo de jardín.

graminées

Calamagrostis acutiflora ‘Karl Foerster’ y Calamagrostis brachytricha

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Miscanthus sinensis ‘Gracillimus’