Los follajes marcescentes: una ventaja para el jardín en invierno
Definición, función y ventajas de estos árboles y arbustos que conservan su follaje en invierno
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Generalmente, se distinguen dos tipos de follajes en las plantas: los que permanecen en la planta y los que caen en otoño. Pero los árboles y arbustos de follaje marcescente tienen la particularidad de no ser ni realmente perennes, ni totalmente caduco. Esta especificidad de su follaje, que muere pero aun así permanece sujeto a las ramas durante el invierno, ofrece varias ventajas en el jardín. Veamos cuáles son y redescubramos las especies más populares.
La marcescencia: un fenómeno botánico fascinante
Empecemos recordando que el follaje caduco hace referencia a una planta que pierde sus hojas cada año en otoño. Con la disminución de la luminosidad y de las temperaturas, las plantas caducifolias entran entonces en el periodo de reposo vegetativo. Por lo tanto, primero limitan su necesidad de energía desprendiéndose de su follaje. Pero la caída de las hojas también permite reducir la evapotranspiración, es decir, la pérdida de agua a través de los estomas de las hojas, en una época en la que el suelo helado vuelve menos accesibles los recursos hídricos. Sin embargo, precisamente por eso también puede observarse el fenómeno de pérdida de hojas durante los veranos secos. Por último, es una buena manera de protegerse mejor del frío, al que las hojas ricas en agua son muy sensibles.
Por su parte, las plantas que conservan su follaje durante todo el año son perennes. En realidad, pierden sus hojas de forma progresiva. Pero la renovación constante del follaje da esa impresión de persistencia. Estas hojas suelen ser más gruesas y coriáceas. Este tipo de vegetación, menos rústica, se encuentra sobre todo en regiones con inviernos suaves. Por extensión, las semipersistentes son las que conservan su follaje solo si las temperaturas invernales no son demasiado intensas.
La marcescencia es una variante de la caducidad. Se refiere a un tipo de follaje que muere en otoño, pero que aun así permanece sujeto a las ramas durante todo el invierno, sin caer (salvo en caso de vientos fuertes o lluvias abundantes). No es hasta la primavera, en el momento de la aparición de los brotes jóvenes, cuando se desprenden del árbol o del arbusto. Como las hojas están muertas, esto permite reducir las necesidades energéticas durante la estación fría. Pero el fenómeno sigue sin estar del todo comprendido y los investigadores aún se preguntan por la utilidad de este punto intermedio. En cualquier caso, este tipo de follaje ofrecería una protección adicional frente al frío y al viento, al tiempo que limita el ramoneo por parte de los herbívoros (las hojas muertas tienen poco interés nutritivo).

Abedules caducos, Pittosporum tobira ‘Variegata’ perenne y carpe de marcescencia
Hojas que se degradan tardíamente
Estos árboles y arbustos pierden, por tanto, sus hojas más tarde, generalmente a finales del invierno. Esto permite retrasar el proceso de descomposición, algo poco interesante para una planta en periodo de latencia y, así, aprovechar mejor los nutrientes generados en un momento más favorable. El inicio de la primavera es, en efecto, la estación en la que se reanuda la actividad vegetativa, el momento en el que las plantas con frecuencia tienen mayores necesidades nutritivas para garantizar su crecimiento. Así pues, es una forma para que los árboles y arbustos aprovechen mejor la fertilización natural de sus hojas. Además, las hojas se descomponen en dos etapas: en efecto, ya habrán comenzado una primera fotodegradación permaneciendo en las ramas. Bajo el efecto de la luz invernal, las sustancias leñosas empezarían ya a descomponerse.
Por tanto, los árboles y arbustos marcescentes se encargan de parte de su propia fertilización primaveral, lo que favorece su crecimiento.
Una pantalla de privacidad o un cortavientos eficaz incluso en invierno
Puesto que el follaje se seca, pero permanece en su sitio, estas plantas seguirán actuando como verdaderas pantallas protectoras. Son especialmente interesantes en un seto cortavientos o en un seto con pantalla de privacidad, ya que permiten protegerse de las miradas o filtrar las rachas. Aun así, dejan pasar un poco más de luz que los follajes perennes, como una especie de velo final que va a jugar con los efectos de transparencias. Un punto a favor especialmente interesante en invierno, cuando el sol está más bajo y se deja ver menos, para aportar un toque de poesía y magia.

El carpe constituye una bonita pantalla de privacidad en invierno
Ver también
La marcescencia, ¿qué es?Un mantenimiento de las hojas más fácil
Las plantas de follaje caduco pueden requerir un mantenimiento muy laborioso y regular en otoño. Las hojas muertas conviene recogerlas por diversos motivos de seguridad (riesgo de resbalones, riesgo de obstrucción de las canaletas…) o de estética. Con los follajes marcescentes, no hay una verdadera tarea de recogida de hojas en otoño. En primavera, cuando estas plantas se desprenden de ellas, las hojas se degradarán más rápidamente debido al aumento de las temperaturas y al reinicio de la actividad de todo el microcosmos del suelo. Así que incluso pueden permanecer en su sitio, constituyendo un interesante acolchado nutritivo.
Un jardín que se mantiene activo durante la estación fría
Los follajes marcescentes pueden seguir cambiando de color. Con la llegada del otoño, las hojas adquieren matices dorados, púrpuras o marrones antes de marchitarse. Pero la marchitez también puede mostrar tonos rojizos, de miel y cobrizos, que permiten aportar un pequeño toque de colores cálidos al jardín, en una época más monótona y con menos actividad. Estos árboles y arbustos tienen, por tanto, un auténtico interés ornamental durante la estación fría.

Quercus pyreanica o roble tauzin
Nuestros árboles y arbustos favoritos de frondosas caducas (con hojas que permanecen secas en la planta)
Seguro que ya conoces los árboles de hojas marcescentes que pueblan nuestros bosques de Europa.
Empecemos con el roble común o roble pedunculado (Quercus robur), un árbol de follaje típico con lóbulos redondeados, asimétricos. Ha dado lugar a numerosos cultivares muy variados, que también son marcescentes. Este es el caso de ‘Posnania’, que produce un follaje muy fino, o de ‘Variegata’, de follaje abigarrado.
Hablemos también del carpe común (Carpinus betulus), un excelente árbol para setos, y sus cultivares como ‘Globulus’, una versión más pequeña y muy compacta, perfecta para jardines pequeños.
No olvidemos el haya común (Fagus sylvatica), un primo del roble. También encontramos el follaje marcescente en ‘Marmor Star’, una haya abigarrada, o en ‘Atropurpurea’, una haya roja.
Observemos que la marcescencia también aparece en algunos árboles cuando son jóvenes, como los castaños (Castanea sativa) o los sauces.

Quercus robur y Fagus sylvatica ‘Atropurpurea’
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