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Anaphalis: 5 ideas de asociación

Anaphalis: 5 ideas de asociación

¿Cómo combinar las Perlas nacaradas en el jardín?

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Modificado el 15 de octubre de 2025  por Jean-Christophe 6 min.

Conocida como Siempreviva del Himalaya, Siempreviva de Plata o Botón de Oro de los Alpes según la especie, Anaphalis es una vivácea muy fácil de cultivar, apreciada tanto por su follaje grisáceo y con pelusa como por su floración original. Provistas de brácteas con aspecto de papel nacarado, las inflorescencias alegran el verano y se mantienen decorativas hasta el otoño. Planta para suelo neutro o calcáreo, en cualquier suelo de seco a fresco pero bien drenado, agradece exposiciones soleadas pero no abrasadoras. Su aire de lo más natural permite integrarla en numerosas composiciones, tanto en el jardín como en el interior de la casa. Aquí tienes algunas pistas para elegirle compañeras adecuadas según los usos que quieras darle y el lugar donde quieres verla desarrollarse bien. Polivalente, puede de hecho florecer una rocalla, realzar un jardín naturalista, proporcionar material para componer ramos frescos o secos, o contribuir al enriquecimiento de la biodiversidad atrayendo a los polinizadores.

Dificultad

Una rocalla florida

Las rocallas ofrecen la ventaja de estar bien drenadas y, al mismo tiempo, conservar cierta frescura. Anaphalis es una vivácea que se desarrolla bien en estas condiciones de cultivo. Las especies más bajas (Anaphalis alpicola, por ejemplo) son perfectas en primer plano, mientras que las más altas, como Anaphalis margaritacea, pueden situarse en segundo plano, e incluso al fondo según el tamaño de tu macizo. Ofréceles compañeras adaptadas al mismo entorno, como Phlomis tuberosa ‘Amazone’, muy arquitectónica, con sus espigas florales malvas dispuestas en verticilios; el Aster sibiricus de tonos violáceos; o la Genciana, una vivácea de bellas flores en trompetas de un azul intenso. Algunas vivaces están especialmente indicadas para formar bonitos cojines floridos. Es el caso, por ejemplo, de la Saxífraga de las Montañas ‘Southside Seedling’, las Aubrietes o Silene acaulis, cuyo follaje fino se asemeja a un musgo. Haz que destaquen las flores esculpidas y espinosas de Eryngium alpinum ‘Blue Star’, cuyos tonos azul acero acentúan su presencia. La suavidad de las gramíneas añade movimiento y gracia a la composición. Entre ellas, cabe citar el Barrón (o Barrón), cuyo aspecto natural combina de maravilla con el de Anaphalis. Un Carex comans ‘Milk Chocolate’ de tonos bronce o el follaje azul de una Festuca glauca aportan toques de color permanentes. Los bulbos de floración precoz permiten, por fin, que tu rocalla se despierte con alegría muy temprano en la temporada.

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Ipheion ‘Jessie’, Anaphalis alpicola, Tecophilaea cyanocrocus, Saxifraga ‘Southside Seedling’, Silene acaulis (foto Pixabay) y Festuca glauca

Un jardín naturalista

Los jardines naturalistas están en auge. De aspecto desenfadado y a veces aparentemente silvestres, se integran en una corriente de regreso a la naturaleza y a la sencillez. Anaphalis encaja perfectamente en este espíritu sin complicaciones y se mantiene decorativa durante mucho tiempo, incluso una vez secas sus inflorescencias. Para acompañarla, elige otras plantas de aspecto natural, como algunas verbenas: Verbena bonariensis y Verbena hastata ofrecen ambas una larga floración violeta, en pompones ligeros la primera y en candelabros gráciles la segunda. Otras vivaces de larga floración, las escabiosas desarrollan inflorescencias en capitula de tonos violetas o rojos. Las Equináceas florecen un poco al estilo de las margaritas, pero se presentan en flores simples o más llenas, cuyos pétalos a veces se curvan con fuerza hacia abajo, a modo de volantes, todo ello en una amplia paleta de colores y tonalidades, del rosa al púrpura, pasando por el blanco, el amarillo, el anaranjado e incluso el verde. Para hacer eco del follaje de Anaphalis, integra algunos Verbascum, cuyas hojas a veces también son muy suaves y de un gris plateado. Las más altas (hasta 1,80 m) crean bellas puntuaciones que parecen surgir de los macizos. Las flores, en largas espigas, existen en blanco, amarillo, violeta o albaricoque. Otra vivácea gigante, el Eupatorio produce corimbos de flores ligeras y vaporosas, blancas o en diferentes matices de rosa. Y para variar un poco, prueba el Eupatorio ‘Chocolate’, ¡de follaje muy oscuro! Imposible concebir un jardín de aspecto natural sin mencionar las gramíneas y sus espigas que bailan con el viento. Los Calamagrostis, Panicum, Eulalia o también los Pennisetum ofrecen una amplia gama de siluetas, de porte y de colores, y algunas conservan una presencia muy bella en invierno, cuando la escarcha se posa sobre ellas.

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Verbena hastata, Anaphalis triplinervis ‘Sommerschnee’ (foto Wikipedia), Eupatorium ‘Plenum’, Echinacea ‘Big Kahuna’ y Pennisetum ‘Hameln’

Más información Anaphalis

Un macizo de flores para cortar en verano

Anaphalis es muy apreciada en la composición de ramos y, para llenar de flores el interior de la casa en pleno verano, conviene prever compañeras que la acompañen en un jarrón. Al cultivar las plantas siguientes, tienes todo lo necesario para traer un poco del jardín a tu salón. Las inflorescencias del siemprevivo permiten aportar mucha ligereza a una composición floral. Pueden asociarse así a las rosas ligeramente perfumadas del rosal antiguo ‘Joseph’s Coat’, cuyas flores semi-dobles y agrupadas ofrecen distintos colores, en amarillo o rosa púrpura según su madurez. Para acentuar el efecto vaporoso y elegante del ramo, intercala algunas varas de Gypsophila ‘Flamingo’, de diminutas flores dobles rosa pálido. De un amarillo limón que vira a crema, las flores de Leucanthemum ‘Sonnenschein’ hacen eco de los tonos del centro de las flores de siemprevivo. Si deseas hacer eco de los matices del rosal, la Echinacea ‘Pacific Summer’ te regala un naranja pastel de lo más delicado. No olvides aportar una nota vertical gracias, por ejemplo, a las espigas malva de una boca de dragón vivácea como Antirrhinum ‘Pretty Pink’. Por último, nada te impide, según tus gustos, añadir algunas varas de cosmos, de caléndulas o de girasol, tres anuales fáciles de cultivar y de floración generosa.

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Anaphalis triplinervis, Leucanthemum ‘Sonnenschein’ (foto Sharon K.), Caléndula, Rosal ‘Joseph’s Coat’ y Antirrhinum ‘Pretty Pink’

Una gama para ramos secos

Una de las ventajas del Siemprevivo blanco es que sigue siendo bonito incluso con las flores secas. Sus brácteas, de textura de papel y con reflejos nacarados, se combinan así con otras plantas para componer ramos secos que se mantienen decorativos durante mucho tiempo. Igual que con los ramos frescos, conviene plantar en el jardín una paleta de plantas adecuadas, que revelen otra belleza cuando sus flores se secan. Es, por ejemplo, el caso de la Moneda del Papa, planta fácil cuyas flores, blancas o violetas, dan lugar a silicuas, una especie de discos planos translúcidos y plateados. Con un aire muy ligero, los Statices de colina pueden completar tu composición, al igual que la Arañuela, anual muy fácil de sembrar, cuyas inflorescencias secas son verdaderas piezas de orfebrería. Tampoco dudes en jugar con el grafismo incomparable de los Cardos decorativos, que aportan, cómo no, un toque picante a tus ramos. Unos cuantos Tomates verdes, con frutas comestibles envueltas en un cáliz de encaje, añaden una pequeña nota de exotismo. Por último, las espigas de las gramíneas ofrecen formas muy variadas, insuflando mucho dinamismo a tus ramos. La elección es amplia, pero se puede citar, por ejemplo, la tembladera, de la que existe versión vivácea o anual.

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Lunaria annua (foto Alexandre Dulaunoy), Briza media, Nigella, Anaphalis ‘Yedoensis’, Eryngium ‘Big Blue’

Un edén para los polinizadores

Cuando es posible tener a la vez un jardín bonito y un jardín útil para los insectos, ¿por qué privarse? Selecciona plantas melíferas que, como Anaphalis, te permitan admirar el espectáculo de todos esos auxiliares en plena faena entre el verano y comienzos de otoño. Además, contribuyes a la riqueza de la biodiversidad en tu jardín. Entre los arbustos, los Vitex (o sauzgatillos) pueden servir de telón de fondo. Según el espacio del que dispongas, elige una especie de porte pequeño, como Vitex ‘Blue Puffball’ (1,10 m), o un gigante como Vitex ‘Albus’ (4 m). Los Vitex ofrecen una floración muy generosa en racimos azules o blancos según las variedades. Más pequeñas, pero igual de decorativas, las Lavandas te garantizan una magnífica floración perfumada, con, además, un follaje perenne, que mantiene el atractivo en invierno. Entre las vivaces y las bienales, las Verbenas de Buenos Aires, con sus altos tallos desnudos, rematados por sus ligeras inflorescencias violetas, ofrecen espectáculo durante muchos meses, y los insectos libadores las adoran. Disponibles en blanco o en diferentes tonos de rosa, las Valerianas son igual de bellas y poco exigentes. Útil para los insectos, el orégano es una planta cubresuelos que hace las delicias tanto de jardineros como de cocineros. Su follaje aromático existe incluso en una variedad de tonos dorados, como en Origanum ‘Aureum’. Melífero, Cirsium japonicum ‘Rose Beauty’ también es original, gracias a su floración en pompones hirsutos de un rosa magenta.

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Centranthus ruber (foto snapp3r), Anaphalis triplinervis, Vitex agnus castus ‘Latifolia’, Verbena bonariensis ‘Lollipop’, y Cirsium ‘Rose Beauty’ (foto tanaka)

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