Las higos se aprecian mucho por su pulpa jugosa y su sabor dulce y suave. Estos frutos emblemáticos de la cuenca mediterránea son especialmente ricos en vitaminas y minerales. Los higueros (Ficus carica) son además árboles muy ornamentales y fáciles de cultivar. En este tutorial te damos todos nuestros consejos para saber cómo recolectar, conservar y cocinar los higos, para disfrutarlos durante todo el año.
Para saber más sobre el cultivo del higueral, no dudes en consultar nuestra ficha completa: "Higuera: plantar, podar y cuidar".
¿Cuándo y cómo recolectar los higos?
Los higos se recolectan a pleno verano, entre principios de julio y mediados de agosto, e incluso hasta octubre según las variedades. Más concretamente, existen variedades unifloras, que producen una sola cosecha al año, a finales de verano (agosto-septiembre), y variedades bíferas, que fructifican dos veces al año: a principios de verano (junio-julio) y luego a principios de otoño (de finales de agosto a octubre). Los higos se cosechan conforme maduran, cuando ceden al tacto (sin estar demasiado blandos) y cuando se desprenden con facilidad: basta con un ligero movimiento de lado para romper el pedúnculo. Los higos maduros suelen ser más coloridos, volviéndose más oscuros, pero esto también depende de las variedades. Las higueras alcanzan su máximo rendimiento aproximadamente entre 5 y 7 años después de haber sido plantadas.

¿Cómo conservarlos?
Los higos son frutos delicados y solo se conservan muy poco tiempo después de haber sido recolectados, sobre todo a temperatura ambiente. Para prolongar un poco su vida útil, te recomendamos colocarlos en un lugar fresco y ventilado, idealmente en el cajón de verduras de tu frigorífico, donde pueden mantenerse hasta una semana. Para una conservación más larga, será necesario secarlos o congelarlos.
Por secado:
Es la mejor técnica para conservar los higos. Los higos secos pueden conservarse durante varios meses y son una excelente forma de aprovechar sus beneficios durante todo el año. Para secarlos, también existen distintas técnicas: al sol, en el horno o con un deshidratador. En cualquier caso, empieza lavando los higos, sécalos con un paño de cocina o con papel absorbente y, si son grandes, córtalos por la mitad para facilitar el secado. Después, puedes colocarlos en la rejilla del horno, con la parte cortada hacia arriba, evitando que se toquen, y hornear a 50 °C durante 36 horas. O bien colocarlos en el deshidratador a 40 °C, o dejarlos secar al sol (siempre que tengas condiciones meteorológicas adecuadas: mucho sol, temperaturas altas y muy poca humedad ambiental).
Luego coloca tus higos secos en un recipiente hermético, idealmente en un tarro de vidrio, y consérvalos en un lugar seco, protegido de la luz.
Para saber más, consulta nuestra ficha-consejo: "¿Cómo hacer secar los higos?"

Por congelación:
También es posible congelar los higos. Empieza por lavarlos, sécalos con un paño de cocina o con papel absorbente y, después, córtalos por la mitad o en cuatro partes. A continuación, deberás extenderlos sobre papel de horno, evitando que se toquen, y meterlos en el frigorífico durante 24 horas. Después, puedes pasarlos a una bolsa de congelación y guardarlos en el congelador (este paso intermedio evita que los higos se peguen entre sí por efecto del frío).
¿Cómo cocinarlos?
Aunque es evidente que están deliciosos tal cual, los higos también se pueden cocinar para preparar tartas, confituras, pasteles, chutneys… Frescos, son ideales para añadir a ensaladas, aportando un agradable toque dulce. Los higos combinan muy bien con distintos quesos, en especial con queso de cabra, y pueden incorporarse en platos salados para darles un punto dulce, por ejemplo con pollo.
Los higos secos, por su parte, son perfectos en recetas de pan, pasteles, bizcochos o como tentempié saludable. Se pueden incorporar en platos como cuscús, tajines, ensaladas…

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