¿Una prueba de paciencia? ¿Un desafío? Según los jardineros, la siembra de semillas diminutas puede percibirse de formas muy distintas. Lo cierto es que esta siembra requiere una aproximación meticulosa y técnicas bien dominadas para garantizar una tasa de germinación óptima. El éxito de esta siembra suele depender de una preparación cuidadosa, de la precisión en el gesto y de condiciones ambientales controladas. Te lo explicamos todo.
La preparación de la siembra
Una preparación minuciosa es la primera etapa para poner todas las probabilidades de tu lado. Afecta tanto a las propias semillas, como al sustrato y al material de siembra.
La semilla adecuada, bien preparada
Antes de sembrar, hay que asegurarse de la viabilidad de las semillas. Las microsemillas suelen tener una vida útil más corta que las semillas grandes. Es preferible utilizar semillas del año o comprobar atentamente la fecha de caducidad.
Si tienes dudas sobre algunas semillas, siempre es posible hacer un test de germinación.

La preparación del sustrato
El sustrato es el entorno inmediato de la semilla y desempeña un papel fundamental. Debe cumplir tres requisitos: ser estéril, fino y drenante.
- O bien utilizas un sustrato para semillero estándar que es imprescindible tamizar para retirar los trozos de madera o de corteza que podrían dificultar la aparición de las plántulas
- O bien preparas tu mezcla con un 50% de turba rubia o de fibra de coco para la retención de agua y un 50% de perlita o de vermiculita para el drenaje y la aireación.
El sustrato debe humedecerse antes de sembrar con una ligera pulverización de agua.
El material de siembra
Elige preferentemente contenedores poco profundos pero anchos, como bandejas o tarrinas, para maximizar la superficie disponible. El fondo debe estar necesariamente perforado para lograr un buen drenaje.
Las técnicas de siembra
El reto principal con las microsemillas es repartirlas de forma uniforme y no enterrarlas.
La siembra en superficie
Por definición, las semillas diminutas tienen muy pocas reservas de energía. Si se entierran, incluso con una capa fina de sustrato, la plántula no tendrá fuerza para remontar hasta la luz, y de ahí el fracaso de la siembra. Por lo tanto, estas semillas diminutas casi siempre se siembran en superficie, expuestas a la luz, o ligeramente presionadas contra el sustrato. En este caso, basta con compactar un poco el sustrato con una tablita.
La técnica para extender las semillas
El problema es evitar sembrar todas las semillas en el mismo sitio y nada en otro. Basta con mezclar, en un platito pequeño, las semillas con arena fina, sémola fina o vermiculita tamizada. Después, utiliza una salerita pequeña para espolvorear la mezcla sobre la superficie del sustrato, dando toquecitos.
El cubrimiento de las semillas
Después de sembrar, no hay que cubrir las semillas con sustrato. Si hace falta un cubrimiento, utiliza:
- Vermiculita fina : Es la mejor opción. Es estéril, mantiene la humedad y deja pasar la luz. Con un grosor de 1 a mm es suficiente
- Arena fina y estéril : Una capa muy delgada puede ayudar a mantener las semillas en su sitio.
El entorno de las semillas
Las microsemillas necesitan una humedad constante, buena ventilación y, a menudo, un calor regular para poder brotar.
Mantener la humedad
Mantener una humedad estable sin que llegue a empaparse es el reto más difícil. Incluso el riego desde arriba, con pulverizador, no conviene. Desplaza las semillas y las entierra. ¿Cómo hacerlo?
- Coloca la bandeja de siembra sobre una alfombra capilar o dentro de una bandeja poco profunda
- Vierte agua en la bandeja. El sustrato absorberá el agua por capilaridad sin alterar la superficie
- Retira el exceso de agua después de 30 minutos para evitar el encharcamiento
- Cubre la tarrina con una tapa transparente o con una lámina de plástico (sujeta con una goma elástica) para crear un efecto invernadero, que conserva la humedad.

Calor y luminosidad
La temperatura de germinación varía según las especies (a menudo entre 18 y 25 °C). Por eso se recomienda el uso de una alfombra calefactora para aportar un calor suave y constante desde abajo. Se recomienda un termostato para evitar el sobrecalentamiento.
Desde la siembra, las semillas necesitan mucha luz. La colocación bajo lámparas de cultivo LED suele ser más eficaz que la luz del sol detrás de una ventana, que es menos intensa y puede provocar el espigado (las plántulas se alargan en busca de luz, se “estiran”).
Prevención de la “pudrición” de las plántulas
El ambiente cálido y muy húmedo, aunque necesario para la germinación, es ideal para el desarrollo de hongos patógenos.
- En cuanto aparezcan las primeras plántulas, es imprescindible empezar a ventilar. Retira la tapa unas horas al día y aumenta progresivamente el tiempo de aireación
- Agregar un poco de carbón vegetal triturado al sustrato puede ayudar a inhibir el crecimiento de hongos y mohos.
Cuidados después de la siembra
Una vez que la semilla ha germinado, lo más delicado queda por hacer: conseguir que la planta joven prospere.
El endurecimiento
Hay que endurecer las plántulas para prepararlas al aire seco y a las variaciones de temperatura del exterior o de la habitación. Expónlas gradualmente a periodos más largos sin la tapa durante una o dos semanas. Reduce ligeramente el riego. También puedes colocarlas en el exterior si las temperaturas son suficientes, solo durante el día y a la sombra.
El trasplante
El trasplante de las plántulas es el momento más arriesgado debido a la fragilidad de las raíces jóvenes. Debe realizarse lo antes posible, idealmente cuando las plántulas hayan desarrollado sus dos primeras hojas verdaderas (después de los cotiledones).
- Utiliza unas pinzas, un plantador pequeño o una etiqueta de plástico cortada en bisel para levantar delicadamente las plántulas. Agárralas siempre por una hoja (nunca por el tallo ni por la raíz).
- Haz un pequeño agujero en la nueva maceta, en el alvéolo, o en la minicepellón, rellenado con un sustrato especial para siembra.
- Coloca la plántula, asegurándote de que las raíces no se doblen.
- Compacta suavemente el sustrato alrededor del tallo.
- Riega inmediatamente desde abajo con agua y puedes añadir un fertilizante muy diluido, a un cuarto de la dosis recomendada.
- Mantén el riego desde abajo, pero espácialo. Deja que la superficie del sustrato se seque un poco antes de regar de nuevo.
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