7 gramíneas para suelos húmedos
Variedades ornamentales para suelos pesados, frescos o encharcados
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Entre las plantas adaptadas a suelos húmedos o encharcados, numerosas gramíneas ornamentales y afines permiten vegetalizar de forma elegante las orillas, los márgenes de arroyos o incluso los terrenos pesados o pantanosos, mal drenados. Sean bajas o más altas, se adaptan a condiciones de vida que desaniman a muchas otras vivaces. En ocasiones apreciadas por su follaje decorativo, que puede ser uniforme o abigarrado, perenne o caduco, algunas ofrecen además inflorescencias llenas de gracia, más aún porque estas gramíneas vivaces suelen adoptar un porte flexible, que la más leve brisa pone en movimiento. En esta selección, ¡Descubre 7 gramíneas decorativas perfectamente a gusto en terrenos donde la humedad reina con fuerza!
Juncus inflexus (Junco)
Juncus inflexus es una vivácea de unos cincuenta centímetros de altura, con tallos perennes muy finos. Aporta una bonita verticalidad allí donde crece. Su follaje, semiperenne, es de un verde azulado muy original, y en verano lo coronan pequeñas espigas marrones. Este ‘junco’ posee rizomas vigorosos, capaces de estabilizar los márgenes húmedos, pero también puede volverse invasor y extenderse más allá de los límites que le hayas fijado. Si deseas mantenerlo a raya, plántalo en un contenedor, que incluso puede instalarse directamente en una charca o en una jardinera en una terraza. Muy resistente, resistente a las enfermedades y al salitre, solo requiere un pequeño mantenimiento anual. Aprecia los suelos pesados y arcillosos; la caliza no le intimida. Para disfrutar de sus bellas tonalidades glaucas, colócalo a pleno sol o, eventualmente, en media sombra.

Juncus inflexus
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Plantar gramíneasCarex pendula (cárice colgante)
Miembro de un género muy amplio, Carex pendula es una especie de gran tamaño. Alcanza 1,20 m, pero puede alcanzar hasta 1,80 m cuando está en flor. Esta vivácea robusta, emparentada con las gramíneas, de hojas anchas perennes, de color verde oscuro y con el revés azulado, adopta un porte flexible, en fuente, aún más marcado cuando florece en verano. Sus largas espigas cilíndricas, de color pardo, cuelgan a lo largo de tallos grácilmente inclinados, de ahí su nombre de «Cárice colgante». Muy presente en los jardines ingleses, su aspecto desenfadado la destina a escenas naturales y silvestres, pero su follaje no desentona en diseños más exóticos. Muy resistente, este Carex prospera en todas las exposiciones, en suelo fresco a húmedo, sin exceso de cal, donde se siembra de manera natural. Úsalo en el borde del bosque, en el sotobosque, o para fijar las orillas de un estanque, que viste durante todo el año.

Carex pendula
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Arundo donax ‘Variegata Versicolor’ (Caña comun abigarrada)
Arundo donax ‘Variegata Versicolor’ es una gramínea ornamental gigante, capaz de crear una pantalla densa y de hasta 2,50 m de altura. Menos vigorosa que la especie tipo, en cambio es más colorida y luminosa. Su follaje ancho, largo y afilado mezcla diferentes tonos de verdes, blanco, crema, amarillo y plateado. La floración, en grandes panículas vaporosas, es bastante rara y solo se produce tras un verano caluroso. En cuanto a la rusticidad, también es limitada: el follaje desaparece a partir de -6 °C, y la planta sufre si las temperaturas bajan durante mucho tiempo por debajo de -10 °C. Muy decorativa, esta ‘Caña comun’ desarrolla raíces potentes que, aunque se extienden un poco menos que las de la variedad de follaje verde, pueden sin embargo merecer una pequeña vigilancia. Amante de las zonas frescas y húmedas, acepta todo tipo de suelos, incluidos los arenosos, pobres y calcáreos. En suelos pesados, su rusticidad es más incierta. Resérvale una exposición soleada a media sombra, en el fondo del macizo, en el borde de una charca o en una zanja, y acógela también en un contenedor grande en una terraza. Su aspecto de bambú, su grafismo y su presencia rotunda destacan en diseños salvajes o más modernos.

Arundo donax ‘Variegata Versicolor’
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¿Cómo crear un jardín de gramíneas?Milium effusum ‘Aureum’ (mijo de los bosques dorado)
Milium effusum ‘Aureum’ es una magnífica vivácea cubresuelos cuyo follaje acintado y ancho es sin duda uno de los más luminosos entre las gramíneas decorativas. Caduco, primero luce un magnífico amarillo dorado en primavera, luego vira gradualmente al verde chartreuse en verano. La planta forma una mata de 40 cm por 30 cm, de porte lánguido y flexible. La floración en panículas de espiguillas amarillo verdosas aparece a comienzos de primavera, y se valora para la confección de ramos secos. De crecimiento bastante lento pero bien resistente, sus colores resultan más bonitos en climas algo frescos. Para evitar que entre en reposo en verano y que, al contrario, conserve una buena presencia, proporciónale un suelo rico en humus que se mantenga de fresco a húmedo, en exposición de sombra o semisombra, donde crea puntos de luz bienvenidos. Ideal para bordillos, y plantado en varios ejemplares, el ‘mijo dorado’ forma magníficos tapices que acompañan y realzan las flores de sus vecinas, como los bulbos, desde la primavera hasta el otoño.

Milium effusum ‘Aureum’ (foto Leonara Enking – Flickr)
Acorus gramineus ‘Variegata’ (Acoro)
Aunque no es botánicamente una gramínea, Acorus gramineus ‘Variegata’ merece un lugar en esta selección. Este Acoro se cultiva, en efecto, por su follaje graminiforme denso y lustroso, de un verde claro atravesado por bandas longitudinales color crema. Sus tonos claros la convierten en una vivácea luminosa y muy decorativa para exposiciones de semisombra, que aprecia especialmente. De crecimiento lento, con el tiempo la planta forma un montículo de unos treinta centímetros en todas direcciones, de porte ligeramente abierto. La floración, verdosa, tiene lugar a comienzos del verano, pero no presenta un interés decorativo real. Oscilando entre el aspecto de un iris y el de una gramínea, el follaje, además, es aromático, con notas de anís. De rusticidad media, resérvale un suelo fresco a húmedo, incluso en suelos pesados, mal drenados, y en zonas pantanosas y suelos encharcados, ya que teme sobre todo los terrenos secos. Aprecia tanto la frescura que puede crecer sumergido bajo unos diez centímetros de agua. Plántalo cerca de (o en) una charca, a lo largo de un arroyo o una cascada, o incluso en una maceta en una terraza, donde deberás procurar que el sustrato no se seque.

Acorus gramineus ‘Variegata’ (foto F.D. Richards)
Phalaris arundinacea (Cinta de hierba doncella)
Phalaris aundinacea es una gramínea grande de ribera de follaje acintado verde, que forma una mata ancha que puede alcanzar 2 metros cuando produce sus grandes panículas plumosas, de plateadas a violáceas, desde la primavera hasta el verano. Vivácea de clima frío, es lógicamente perfectamente resistente e incluso puede entrar en periodo de latencia parcial o total si el verano es muy caluroso. Al recortarla a mitad de temporada, la animas a producir un follaje nuevo, que permanece decorativo al secarse, incluso durante la temporada invernal. Al crecer sobre potentes raíces rastreras, ‘Cinta de hierba doncella’ puede volverse invasiva en suelo adecuado, por lo que conviene mantenerla bajo control. Este inconveniente se convierte en ventaja si tu objetivo es estabilizar riberas, además de que esta gramínea es conocida por mejorar la calidad de los suelos. Asimismo, posee propiedades depuradoras. Extremadamente rústica, se establece en todo tipo de suelos, fangosos o más duros y compactos, y prefiere terrenos neutros a ligeramente ácidos, que se mantengan frescos a húmedos, aunque sorprendentemente puede soportar la sequía una vez establecida. También existen variedades abigarradas, como Phalaris ‘Picta’ o ‘Cote de Nacre’, mucho más pequeñas, y adecuadas para cultivo en maceta.

Phalaris aundinacea ‘Picta’ (foto Koran)
Eriophorum angustifolium (Algodoncillo de pantano)
Eriophorum angustifolium es una encantadora vivácea de clima frío, de rusticidad imperturbable. El follaje, verde claro y fino, se eleva en una mata de unos cuarenta centímetros, que puede teñirse de reflejos rojizos con el frío. Eriophorum es, de hecho, una planta persistente, que evita que las zonas donde la coloques queden desnudas en invierno. Entre finales de primavera y verano, aparecen numerosas inflorescencias, que sobresalen del follaje unos veinte centímetros. Aunque en sí mismas son poco llamativas, los frutos que les siguen, en cambio, resultan especialmente decorativos. Agrupados en espiguillas, se asemejan a pequeños mechones de algodón con pelusa, de un blanco puro, que capturan de maravilla la luz, y lo hacen durante muchos meses. La visión del junco algodonero en ese momento es de una poesía inolvidable, más aún cuando se planta en masa. Da lo mejor de sí en clima frío, a pleno sol y en un suelo fresco y ligero, necesariamente ácido. Crece en turberas y marismas, incluso bajo hasta 5 cm de agua, y también puede instalarse entre guijarros y grava si el suelo se mantiene lo bastante húmedo. Sus frutos originales, a modo de pequeños plumones de seda, son muy apreciados en ramos secos.

Eriophorum angustifolium
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