El slow gardening
Para un jardín placentero y responsable
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Ha llegado un nuevo anglicismo al mundo del jardín… Empiezas, en efecto, a oír cada vez más hablar de “slow gardening” (literalmente, jardinería lenta), que quizá apetezca traducir de forma espontánea como un elogio de la lentitud en el jardín, ¡pero no va por ahí!
Esta nueva tendencia es, en realidad, una auténtica filosofía de vida en el jardín, heredada de los distintos movimientos “slow”, y se articula en torno a varios principios clave: una conexión lo más cercana posible con la naturaleza, un rechazo a vivir la jardinería como una fuente de estrés y una forma de jardinear ecoresponsable.
Vamos a descubrir el slow gardening, este nuevo enfoque del jardín que adoptamos y que, por suerte, ¡cada vez es más habitual!
El slow gardening: ¿de dónde viene?
Este movimiento tiene su origen en el movimiento Slow food, nacido en Italia a mediados de los años 80 como un guiño al fast food, esa comida rápida sinónimo de “comida basura”, que entonces estaba muy de moda. Conquistó el universo gastronómico en las décadas siguientes hasta hoy, con una puesta en valor de una cocina de temporada, una cocina sencilla y sabrosa basada en alimentos locales.
En realidad, el acrónimo SLOW nos viene del inglés, y en este contexto no evoca la lentitud, sino valores ecológicos:
- S de sustainable – sostenible, sin impacto en el medio ambiente,
- L de local,
- O de organic o biológico en francés,
- W de whole, es decir, productos en bruto no transformados en el caso de la slow food
Este movimiento “slow” se ha ido ramificando poco a poco en varias corrientes, como el slow travel, o cómo viajar de manera más responsable, el slow fashion, una moda de mejor calidad producida localmente… hasta llegar a la slow life, que calma el ritmo frenético de nuestras vidas.
Aunque la idea de la lentitud es importante en este concepto, que se alza como una propuesta alternativa a un mundo donde todo se acelera, el slow gardening sigue siendo más bien una mentalidad. Lo impulsó cierto Felder Rushing, horticultor estadounidense que vive en Misisipi, y que publicó un libro del mismo nombre “Slow gardening” en 2011 (aún no traducido hasta la fecha), que defiende el placer como motor en nuestro enfoque del jardín. Hizo el elogio de una actitud más atenta al entorno, destacando por ejemplo nuestras propias plantaciones a partir de semillas, la búsqueda de un jardín productivo y que alimenta, basándose en recursos locales… En resumen: es un poco un retorno a los orígenes de la jardinería.

Vivaces resistentes a la sequía para un jardín resiliente, que se adapta a los cambios climáticos… entre otras
Jardinar con la naturaleza
… y no es contra… ¡Ahí está el verdadero reto de este slow gardening, que quiere recuperar el gusto por la naturaleza!
Se puede decir que quizás no valía la pena ponerle un nombre (¿un toque de marketing?) a este enfoque del jardinería, que al fin y al cabo es el de muchos de nosotros, preocupados por los retos ecológicos y de biodiversidad actuales, sin hablar del cambio climático. Pero, en cualquier caso, permite poner un pequeño foco sobre acciones tan sencillas de poner en práctica como estas:
- calcarnos del ritmo de la naturaleza, y de las estaciones, tomando plena conciencia de nuestras actividades en el jardín y de sus efectos
- modificar nuestros hábitos de siega, que consumen mucho tiempo, optando, cuando sea posible en grandes superficies, por cortes tardíos o unasiega razonada
- acoger la fauna del jardín, donde sea posible, con medios sencillos: fabricando o instalando comederos y bebederos para aves, creando hoteles para insectos, dejando a disposición montones de ramitas para los erizos, topillos y otros pequeños habitantes, utilizando plantas melíferas para atraer a los polinizadores y las mariposas, indispensables para la polinización de muchas flores
- utilizar especies locales e indígenas, para una mejor aclimatación
- re-salvajar el jardín (también se habla de renaturalización de forma más amplia en grandes espacios y en las ciudades) para un jardín diverso y vivo
- aprovechar el oro del jardín (hojas muertas, ramitas, restos de siega y de poda) para crear un círculo virtuoso con todo lo que la naturaleza nos regala de manera gratuita.
- valorar tanto la compañía de las aves como la de las plantas

La noción de biodiversidad en el jardín forma parte integrante del concepto de slow gardening
Más información Vivaces perennes
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Jardinar sin estrés y sin presión
Le slow-gardening está lejos de la idea de un jardinería para perezosos y de un exterior sin mantener: es más bien una filosofía que evita la idea del jardín-trabajo, donde la tarea a realizar ocupa tanto espacio que desplaza el placer que deberíamos obtener, y entonces jardinear se convierte en un problema en vez de en un momento relajante.
Para lograrlo y aprovechar, como mínimo, su jardín, nos volvemos más serenos frente a las tareas que hay que hacer, al redescubrir las virtudes de la paciencia, y nos damos pausas beneficiosas entre los diferentes trabajos durante todo el año.
Al adoptar una jardinería instintiva en lugar de una jardinería demasiado rígida, se puede:
- reducir las superficies de césped, que consumen mucho tiempo, y adaptar una jardinería razonada en los distintos espacios del jardín, como lo haría un ayuntamiento en diferentes zonas (prestigios a naturales)
- aceptar que las malas hierbas van a contrariar nuestros planes, o que los caracoles y babosas indeseables forman parte del lote del jardín
- observar el jardín de manera regular, es decir, concediéndose momentos de relajación y de respiro en el jardín: por ejemplo, haciendo la costumbre de pasear por la mañana temprano o al final del día
- jardinear con todos los sentidos y tomándose el tiempo para saborear: la vista, pero también el olfato y el tacto, desempeñan un papel importante en el efecto placer del jardín
- crear un jardín a imagen y semejanza, plantando ante todo las flores, las frutas y las verduras que nos gustan, sin caer en los dictados de una moda de jardinería cada vez más presente
- priorizar el modo de la siembra, para comprender y apreciar el ritmo de las cosas en el jardín
- aprender a desaprender, como sugiere Eric Lenoir en su tratado del jardín punk, pero no es el único que lo dice…
- disfrutar tanto mirando crecer las verduras y las nuevas plantaciones como degustarlas o cuidarlas

Saborear y disfrutar del jardín en lugar de intentar controlarlo todo
Ver también
El reciclaje en el jardínJardinería responsable
Entre las palabras clave del slow gardening, encontramos sin sorpresa el jardín eco-responsable, donde la reducción de nuestra huella de carbono combina con gestos anti-desperdicio.
El slow gardening pone así en primer plano el gran regreso del jardín de cultivo para comer, porque el huerto ya no se ve solo como una actividad de personas jubiladas, sino como una forma de comer bien y de manera saludable.
También nos apegamos a principios virtuosos para nosotros, para las plantas y para el planeta:
- El uso de abonos biológicos, de estiércol, y la elaboración casera de compost, o de tierra de hoja para macetas, como únicos permitidos en nuestras plantaciones
- La reducción, o incluso la eliminación, del plástico (sustituido por las mini macetas de turba; gran importancia para plantas de raíces desnudas o para las mini mottes)
N.B.: En Promesse de Fleurs, hemos puesto en marcha expediciones 100% sin plástico para avanzar en esta línea eco-responsable, ya que el mundo de los viveros y centros de jardinería se ve muy afectado por este problema - un jardín más sobrio, plantando especies que consumen menos agua y apostando por plantas que sepan resistir episodios de sequía repetidos
- un jardín que se toma su tiempo para crecer: plantamos pequeño, en mini macetas, lo que permite que los vegetales se asienten bien sin ningún insumo, o, en cuanto se puede, directamente a partir de siembra o de esquejes, para disfrutar el crecimiento y el desarrollo de nuestras plantas: ¡la satisfacción que se obtiene no tiene precio!
- el reciclaje en el jardín, en todas sus formas: fabricación de su propio acolchado o mulch, que evita los viajes constantes a la planta de residuos, upcycling de materiales antiguos, de palets, de sillas, de macetas, de botellas, de viejas socas…

Un jardín más responsable: semilleros y compost caseros, y plantas acostumbradas a los veranos secos (aquí, Leucanthemum vulgare)
Jardinar local y de temporada
Respetar el ciclo de la naturaleza es igual de importante en el jardín y en el huerto que en el plato, y es una forma de jardinear lo más cerca posible de las especies endémicas de la región donde vivimos. Las plantas locales siempre estarán mejor adaptadas al clima y a los suelos de la zona para vivir con más facilidad, con frecuencia con menos consumo de agua.
Pero querer a toda costa implantar magueyes en el Massif Central, hortensias en la Drôme o cítricos en terreno abierto en Hauts-de-France es, hay que decirlo, más bien una manía que una necesidad real, ya que la variedad del mundo vegetal nos permite satisfacer nuestros deseos.
Aun así, hay que admitir que, en lo que respecta a esta idea de jardinería local y de temporada, la mayoría de nosotros ya la tiene en cuenta desde hace mucho tiempo, porque sabemos bien que las frambuesas y los tomates no crecen en el mes de enero… Y que las ensaladas o los tomates de su propio huerto no tienen nada que ver con los de los comercios o incluso con los de los mercados.
Siguiendo la línea del slow food, esta jardinería local permite a los más motivados avanzar hacia la autosuficiencia alimentaria, y también a los más impacientes o a quienes disponen de poco espacio, el simple placer de cultivar y cosechar frutas y verduras, con sabores incomparables. Por último, es la oportunidad de cultivar variedades o especies antiguas y olvidadas de nuestras regiones.

Un huerto donde las verduras crecerán bien, porque están adaptadas al suelo y al clima
Para ir más allá
Cada año se publican una gran cantidad de obras sobre la temática del slow gardening, que, como ya hemos visto, abarca muchas nociones. Aquí tienes algunos ejemplos de esta biblioteca tan útil:
- Un jardín sin plástico. Elke Schwarzer. Ediciones du Rouergue
- Compost y acolchado, reciclar tus biorresiduos para alimentar la tierra. Denis Pépin. Ediciones Terre vivante
- Pequeño tratado de jardinería punk : aprender a desaprender. Eric Lenoir. Ediciones Terre vivante
- Vivir con las malas hierbas. Guylaine Goulfier. Ediciones Massin
- Plantas autóctonas para un jardín natural. Dominique Brochet. Ediciones Terran
- Soluciones para un jardín resiliente, Jean-Paul Thorez. Ediciones Terre vivante
- Plantaciones naturalistas : introducir la naturaleza en los espacios verdes. Nigel Dunnet – Ediciones Ulmer
Y en inglés dentro del texto también podemos encontrar Felder Rushing en su blog estadounidense
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