Angustia, tristeza o enfado... somos muchos los que sentimos estas emociones ante la crisis climática. Lo que ocurre al planeta nos afecta a algunos profundamente y una sensación de impotencia y de falta de sentido nos absorbe. Este “mal del siglo”, también llamado solastalgia, pone de relieve el vínculo entre la salud mental y la salud ambiental: nuestra “madre tierra” no está bien, y nosotros tampoco. Y los jardineros, gracias - o debido - al lazo que los une a la naturaleza, son muchos los que sienten con especial intensidad este malestar que es la ecoansiedad.
¿Qué es la ecoansiedad y cómo hacer para superarla? Aquí tienes algunas líneas de reflexión y tentativas de respuesta.
¿Ecoansiedad o solastalgia: de qué estamos hablando?
Como sufrimos, aparentemente, un mal, lo primero que debemos hacer es definirlo y describirlo correctamente:
- Laecoansiedad, un concepto que surgió en la década de 1990, se refiere al conjunto de emociones ligadas a la sensación de fatalidad ante el deterioro del estado del planeta, desde la contaminación hasta el cambio climático. Son principalmente el miedo, la tristeza, el enfado y la frustración causados por la inacción o la insuficiencia de las acciones emprendidas a favor del clima por parte de los gobiernos y de la población. La ecoansiedad es, por tanto, consecuencia de lo que puede ocurrir, del miedo al futuro para nuestros hijos, para la especie humana y para la naturaleza. Es una especie de estrés pretraumático que no se reconoce como una enfermedad. No obstante, las asociaciones profesionales de psiquiatría la describen como un miedo crónico a catástrofes medioambientales.
- La solastalgia - literalmente “pérdida de consuelo” - es un concepto definido en 2007. Se trata de una forma de angustia psíquica que induce nostalgia ante los cambios ambientales, la destrucción de los ecosistemas y de la biodiversidad, y, por extensión, el calentamiento climático. Está ligada a un duelo por lo que ya se ha perdido y provoca tristeza, una inquietud muy intensa por el futuro y, a veces, una sensación de culpabilidad y enfado ante la inercia colectiva. Las personas que sufren solastalgia también suelen experimentar un sentimiento de desajuste y soledad frente a su entorno, que no comparte las mismas preocupaciones o no tiene la misma sensibilidad ambiental.

Es normal estar inquietos en un mundo que va mal
Los jardineros son un “público” sin duda muy afectado por estos males, porque a través de nuestra práctica de la jardinería - que a menudo es más que un simple pasatiempo, sino una auténtica pasión - vemos los efectos directos en nuestro pequeño rincón de naturaleza y de paraíso, al que dedicamos tanto tiempo y tantos cuidados. Jardines arrasados por las granizadas, plantas moribundas bajo la ola de calor, disminución de las reservas de agua que dificulta cultivar con esmero, insectos plaga imposibles de controlar... la jardinería, cada vez más, se parece a una especie de combate y muchos jardineros, simplemente, quieren tirar la toalla ante tantos esfuerzos que se reducen a la nada.
Entonces, ¿qué hacer, doctor?
En esta situación, ¡es imposible relativizar como se puede hacer frente a los pequeños males del día a día! Y sí, la situación es real y dramática, y esos famosos “pequeños gestos cotidianos” nos parecen simplemente irrisorios ante el panorama y la inacción del mundo que nos rodea.
Aun así, la acción y el hecho de volverse hacia soluciones son posturas más positivas y constructivas que lamentarse por el destino de nuestro planeta y el futuro poco alentador que nos espera. Cada gesto para reducir su impacto de carbono, ahorrar agua y favorecer la biodiversidad tiene una importancia real, y estas eco-soluciones aportan numerosos beneficios compartidos: son buenas para la salud, permiten ahorrar, posibilitan vivir de una manera más agradable y vuelven a crear vínculos entre las personas.
El enfado también puede ser beneficioso, más dinámico que la angustia y el repliegue sobre uno mismo: empuja a rebelarse y a actuar, a dar ejemplo a nuestro alrededor mediante la acción colectiva o individual. ¿Por qué no involucrarnos en una asociación de protección del medio ambiente, de la biodiversidad o de las aves? Aprender cómo funcionan estos ecosistemas, conocer la fauna y la flora de tu región y aquellos seres que están en peligro, actuar para protegerlos permite implicarse en causas con sentido y sentirse útil. En resumen, en lugar de estar ecoansiosos, seamos más bien ecoenfadados y sigamos librando nuestros pequeños y grandes combates, en nuestros jardines y a nuestro alrededor.

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