¿Cómo regar sin ahogar tus plantas?
¿O cómo adaptar el riego a las necesidades de las plantas?
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Saber dosificar el agua en el jardín es una competencia esencial del jardinero, sobre todo frente a la sequía crónica y a las épocas de olas de calor recurrentes. En efecto, el riego forma parte de las tareas más frecuentes en el jardín y, sin embargo, también es una de las más mal dominadas. Muchos jardineros, incluso con experiencia, riegan demasiado a menudo, no lo hacen con suficiente profundidad o en momentos inadecuados. Y los resultados no se hacen esperar: estrés hídrico, enfermedades criptogámicas, podredumbres en las raíces o floraciones abortadas. Para regar sin encharcar, hay que aprender a observar el suelo, comprender el comportamiento de las plantas y adaptar el riego a las condiciones reales, tanto en campo abierto como en maceta.
Descubra cómo encontrar el ritmo adecuado y evitar los excesos de riego en el jardín, para las plantas en campo abierto o en maceta.
Entender las necesidades reales de las plantas en cuanto al agua
El agua es indispensable para la vida de las plantas, ya que interviene en la fotosíntesis y transporta los elementos minerales nutritivos, imprescindibles para el crecimiento de la planta. Sin embargo, no todas las plantas tienen las mismas necesidades de agua. ¡Todo depende en realidad de la fisiología!
Algunas, como las plantas suculentas o los cactus, capaces de almacenar agua o de ralentizar su metabolismo para sobrevivir en un entorno árido, mientras que otras necesitan un aporte regular y controlado de agua. Las especies xerófilas, como las magueys o las aromáticas como las lavandas, los romeros, los tomillos… resisten muy bien la sequía gracias a mecanismos de adaptación fisiológica, hasta el punto de sobrevivir sin agua, a veces durante varios meses. Por el contrario, las plantas de sotobosque o de origen tropical, como los helechos o los impatiens, necesitan un suelo fresco y húmedo para crecer de manera normal.

Un maguey y un helecho no tienen las mismas necesidades de agua
Las necesidades también varían según las fases de desarrollo. Una planta durante la fase de crecimiento activo, la floración o la fructificación consume más agua que en la etapa de latencia. Por eso es esencial no regar de forma sistemática, sino en función del ciclo de vida de la planta. Un rosal silvestre establecido en un suelo profundo solo necesitará agua en primavera, cuando empiece a subir la savia, y luego muy poca en verano.
Los factores que influyen en el ritmo de riego
Más allá de las necesidades fisiológicas de cada planta, otros factores pueden influir considerablemente en el ritmo de riego. Para empezar, el suelo. Un suelo arenoso y drenante retiene poca agua y exige riegos más frecuentes, pero ligeros. Al contrario, un suelo arcilloso conserva la humedad durante mucho tiempo, aunque puede volverse asfixiante rápidamente en caso de exceso. Un suelo rico en humus, abundante en materia orgánica, ofrece un buen equilibrio entre retención y aireación.
La exposición también desempeña un papel fundamental. Una planta a pleno sol y expuesta al viento transpira más que una planta en la sombra. Las condiciones climáticas deben integrarse en el razonamiento: el calor, el viento seco, la humedad ambiental o la lluvia reciente modifican las necesidades de agua. En verano, una maceta de barro colocada al sol del sur puede perder toda su humedad en menos de un día, mientras que un macizo en un suelo pesado y en sombra se mantendrá húmedo durante varios días después de una lluvia.

Las plantas cultivadas en maceta requieren una atención especial en comparación con las cultivadas en terreno abierto
Por último, las plantas cultivadas en maceta requieren una atención especial. Al ser el volumen de sustrato limitado, el agua se evapora con más rapidez. Pero el exceso de agua o el agua residual en los platillos o en las jardineras también puede ser igual de mortal con mayor rapidez, ya que las raíces están confinadas y permanecen en el agua. El drenaje del contenedor, la naturaleza del sustrato y el material de la maceta (barro, plástico, resina) influyen directamente en la frecuencia de riego.
Aprender a identificar los signos visibles de la falta de agua
Para aprender a regar en el momento adecuado, hay que observar bien las señales que envían las plantas.
La primera señal que hay que comprobar es el estado del suelo: si está seco por la superficie, pero fresco en profundidad, el riego puede esperar. En maceta, la prueba del dedo o el simple peso del recipiente suelen ser suficientes para evaluar la necesidad.
Las plantas también expresan su estado: hojas que se mustian, un porte más blando o un follaje apagado indican un inicio de estrés hídrico. Aun así, los vegetales o las plantas de huerto como las calabazas y calabacines, con grandes hojas, sufren más fácilmente el calor, sin que necesariamente haya una necesidad inmediata de agua. En cambio, hojas amarillas, blandas o con manchas, sobre todo en la base, suelen ser el síntoma de un exceso de agua.
Un pie de tomate, por ejemplo, reacciona rápidamente a un riego mal controlado: los riegos irregulares provocan una necrosis apical, comúnmente llamada culo negro, mientras que un exceso constante causa necrosis en la base de las hojas.

En los tomates, la necrosis apical o culo negro se debe esencialmente a riegos irregulares
Ya os lo concedemos: no siempre es fácil interpretar estas señales, pero la experiencia os ayudará.
Ver también
Riego del Huerto: nuestros consejos¿Cómo adaptar el ritmo de riego?
En cuanto al riego, hay algunas reglas de oro que se aplican tanto a las plantas ornamentales como a las plantas hortícolas:
- Es mejor regar menos a menudo, pero de forma más abundante, para favorecer un enraizamiento profundo. Un riego superficial, repetido a diario, anima a las raíces a quedarse en la superficie, haciéndolas más sensibles a la sequía. Las plantas jóvenes, aún poco enraizadas, requieren un seguimiento más regular. Pero, en cuanto una planta se establece, lo mejor es espaciar los aportes
- En verano, es preferible regar por la mañana para limitar la evaporación y evitar los riesgos de enfermedades. En invierno o con tiempo fresco, es mejor regar durante el día para que el agua no se estanque en el frío.

El riego con regadera es siempre lo mejor, porque está dirigido justo a la base de las plantas, sin mojar el follaje
- Las técnicas de riego también influyen. El riego con regadera es siempre lo mejor porque está dirigido justo a la base de las plantas, sin mojar el follaje. Y, para regar las siembras, se utiliza el rociador en forma de lluvia. El goteo permite un aporte lento y regular, especialmente útil en el huerto, pero no favorece el enraizamiento profundo. Las ollas, recipientes de barro enterrados, distribuyen el agua en profundidad. En cuanto a las cubetas de riego alrededor de los árboles jóvenes, concentran el agua en la base, sin desperdicio
- El acolchado permite conservar un suelo fresco y reducir la frecuencia de los riegos.
¿Cómo regar sin exceso según el tipo de plantas?
Algunos casos prácticos para adoptar el ritmo de riego adecuado.
- Macizos de plantas perennes : las plantas perennes rústicas y adaptadas al clima local se vuelven autónomas después de una o dos temporadas. Una adelfa arbustiva o un gaura bien enraizado no necesita ningún riego, salvo en sequía extrema. Un buen acolchado vegetal y un suelo bien preparado reducen muchísimo las necesidades
- En el huerto : las hortalizas de hoja (lechugas, espinacas) y los rábanos requieren una humedad constante, si no, tienden a espigar. Las hortalizas de fruto (tomates, calabacines, calabazas, berenjenas, pimientos…) necesitan agua en el momento adecuado: al inicio del crecimiento y, después, en el momento de la nascencia. Las hortalizas de raíz como las zanahorias, los nabos, las chirivías… necesitan riego constante durante la germinación, menos abundante después, pero siempre regular. Las judías y los guisantes verdes deben regarse con regularidad hasta la floración. El ajo, la cebolla, la cebolla chalota y también las patatas o las remolachas pueden crecer incluso en periodos de sequía.
- Plantas en maceta en un balcón o una terraza : en recipientes, el riego es más frecuente. Una adelfa en maceta, expuesta al sur, puede consumir hasta 4 litros de agua cada dos días en verano. Mientras que la misma planta en campo abierto puede arreglárselas prácticamente sin agua.

Una adelfa en maceta, expuesta al sur, puede consumir hasta 4 litros de agua cada dos días en verano. Mientras que la misma planta en campo abierto puede arreglárselas prácticamente sin agua
- Árboles y arbustos en campo abierto : el primer verano después de la plantación es determinante. Hay que regar de forma regular para favorecer un enraizamiento profundo. Tras dos o tres años, las necesidades disminuyen muchísimo. Un durillo en un clima suave se vuelve autónomo. Un arce japonés, instalado en un suelo drenado y en sombra, necesita un riego semanal en verano, pero nada en invierno.
Nuestras estrategias para mejorar la gestión del agua
Trabajar el suelo con regularidad y en las estaciones adecuadas, sin darle demasiada vuelta y a una profundidad excesiva, sigue siendo la mejor estrategia a largo plazo. La adición de compost, de materia orgánica o de arena según la textura permite retener mejor o drenar mejor el agua.
Colocar un acolchado vegetal limita la evaporación, regula la temperatura del suelo y protege los microorganismos.
La elección de las plantas es determinante: no tiene sentido cultivar una Lobelia en un suelo seco a pleno sol. Mejor adapta la selección de plantas al clima local. En un jardín seco, apuesta por las lavandas, euforbias, aquileas, santolinas… En zonas de media sombra a sombra, con un suelo fresco, elige astilbes o hostas.
Aprovechar el agua de lluvia es una ventaja para aliviar la red y ahorrar agua potable. Un depósito bien colocado suele ser suficiente para cubrir las necesidades del jardín de adorno durante el verano.
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