Gestionar bien la convivencia entre las gallinas y los animales domésticos: ¡todos nuestros consejos!
¿Cómo facilitar la convivencia entre tus gallinas y el resto de animales de casa?
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Desde hace ya algunos años, acoger gallinas en el jardín se ha convertido en una auténtica tendencia. Una tendencia, además, impulsada por las comunidades de municipios, que no dudan en ofrecer gallinas o un gallinero a sus vecinos. Acoger gallinas sigue siendo una gran alegría: más allá de los huevos frescos y de la reducción de los residuos de la cocina, aportan vida al jardín. Sin embargo, cuando otros animales domésticos ya comparten el mismo espacio, surge una cuestión esencial: ¿cómo organizar su convivencia? Perro, gato, conejo… tienen su propio carácter y sus costumbres, que pueden entrar en conflicto con las de las gallinas.
Descubre cómo favorecer la convivencia y crear una auténtica armonía entre tus gallinas y los demás animales domésticos que visitan o frecuentan el jardín.
¿Cuáles son las necesidades específicas de las gallinas?
Antes de plantearse la convivencia con otros animales domésticos, es esencial comprender bien qué garantiza el equilibrio de las gallinas. Las gallinas son aves gregarias que viven naturalmente en grupo, con una jerarquía bien definida. Criar una gallina sola es pura utopía, porque necesita compañía. Además, su día a día, marcado por el amanecer y el atardecer, se basa en rutinas. Salirse de ellas puede perjudicar su bienestar.
Por definición, una gallina pasa el día rascando el suelo, picoteando, comiendo, haciendo huevos y durmiendo. Por eso, las gallinas necesitan un gallinero adecuado a su tamaño y a su número, para pasar la noche y poner a salvo sus huevos del frío y del calor, de las inclemencias y de los depredadores. Este gallinero debe estar obligatoriamente limpio, aireado y, sobre todo, protegido de zorros, garduñas, comadrejas… Durante el día, también deben tener acceso a un recinto con hierba para picotear con comodidad hierbas e insectos variados.

Las gallinas son animales gregarios que no les gusta la soledad
La alimentación también es un elemento esencial para su bienestar. Es cierto que su comida puede enriquecerse con algunos restos de la mesa y la cocina, pero no es suficiente. Necesitan una alimentación compuesta por un 70% de cereales (trigo, cebada, maíz, avena…) y un 30% de proteínas, tanto animales como vegetales. Los insectos que van encontrando a lo largo de sus paseos entre la hierba cubren una gran parte de estas necesidades. Así, las mezclas para perros, gatos o conejos no les convienen y, además, pueden llegar a perjudicar su salud. También hay que garantizarles el acceso a agua limpia y fresca.
Los perros y las gallinas: una convivencia posible, pero bajo vigilancia
El encuentro entre un perro y gallinas depende ante todo del instinto del primero. Algunos perros, sobre todo los procedentes de razas de caza o de pastoreo, pueden sentirse tentados a perseguir las aves de corral, ya sea por juego o por instinto depredador. Otros las ignorarán por completo. Para evitar cualquier accidente, es importante introducir progresivamente las gallinas en el entorno del perro y no dejarlos nunca juntos sin supervisión al principio.
La educación desempeña un papel clave. Un perro que conoce órdenes básicas y que ha aprendido a canalizar su energía se acostumbrará más fácilmente a la presencia de las gallinas. Las primeras interacciones deben ser tranquilas y controladas: sujetar al perro con la correa, permitirle observar las aves sin que pueda acercarse, y luego aumentar poco a poco la proximidad. Este proceso de habituación exige paciencia y constancia.

Algunos perros pueden sentirse tentados a perseguir las aves de corral, ya sea por juego o por instinto depredador. Otros las ignorarán por completo
Un corral resistente es indispensable, sobre todo al principio. Garantiza la seguridad de las gallinas y permite al perro entender que no tiene acceso directo a ellas. Cuando la confianza se instala, algunos perros se convierten en auténticos guardianes, protegiendo el gallinero de intrusos. Pero sigue siendo esencial mantener una vigilancia permanente, porque cualquier situación puede reavivar el instinto de persecución.
Si las gallinas se instalan antes de la llegada del cachorro, es más fácil. Basta con poner en contacto a las gallinas y al joven perro lo antes posible, siempre bajo su control. En efecto, un cachorro solo piensa en jugar y puede tener gestos desafortunados. Repita estos momentos de encuentro de forma regular. Con el tiempo, su perro se acostumbrará a sus compañeras emplumadas y, incluso, puede llegar a ser muy protector.
Gatos y gallinas: una convivencia bastante sencilla
A diferencia de los perros, los gatos rara vez suponen un problema para las gallinas adultas. Su instinto de cazador se manifiesta sobre todo con presas pequeñas, como roedores o pájaros, lo que hace que las gallináceas resulten demasiado imponentes como para despertar un interés real. En la mayoría de los casos, un gato se limita a observar las aves desde lejos, a veces con curiosidad, y después acaba ignorándolas por completo.
Sin embargo, hay que extremar la vigilancia con los pollitos, que, por su tamaño reducido y sus movimientos rápidos, pueden despertar el instinto depredador. Durante esta etapa especialmente delicada, conviene instalar un recinto seguro que impida cualquier contacto directo. Cuando las gallinas alcanzan el tamaño adulto, el riesgo disminuye considerablemente.
Además, como son muy territoriales, los gatos también pueden verse alterados por la llegada de nuevas habitantes al jardín. En ese caso, se recomienda llevar a cabo una adaptación progresiva, dejando que el gato tenga tiempo de explorar el recinto cerrado, olfatear y observar sin presión. Este paso tranquiliza al animal y reduce los comportamientos de rechazo.

Generalmente, la convivencia entre gallinas y gato es bastante fluida
En la mayoría de los hogares, los gatos y las gallinas conviven sin problemas. Después de que pasen los primeros instantes de curiosidad, cada uno retoma sus costumbres. Las gallinas picotean libremente, mientras que el gato disfruta de su territorio, a menudo indiferente a la presencia de las nuevas llegadas. Ese es mi caso: Romy, mi gata de 5 años, adoptada en el mismo periodo que mis gallinitas, nunca ha mostrado el más mínimo signo de agresividad. De joven, Romy tenía ganas de jugar, algo que se le reprimía rápidamente con un aleteo. Hoy, cada cual se ignora olímpicamente y se dedica a sus ocupaciones en el césped.
¿Y con los conejos, es posible la convivencia?
En principio, los conejos y las gallinas podrían compartir el mismo espacio. Sin embargo, sus necesidades son diferentes, sobre todo en lo que respecta a la alimentación. Las gallinas tienen una dieta variada compuesta por cereales, insectos y restos de cocina, mientras que los conejos necesitan una ración rica en fibras, con heno a voluntad. Si acceden al alimento de la otra especie, pueden aparecer trastornos digestivos.
Otro aspecto a considerar es el riesgo sanitario. Las gallinas, por sus excrementos, pueden transmitir ciertos parásitos o bacterias a los conejos. Y al revés. Del mismo modo, los conejos y las gallinas necesitan refugios distintos. Por la noche, la mayoría de las gallinas tienden a posarse, mientras que un conejo aprecia el confort de una cama de paja.

Puede haber un riesgo sanitario al hacer cohabitar gallinas y conejos
Por eso, quizá no sea recomendable dejar que gallinas y conejos evolucionen en el mismo espacio. A menos que se gestione la higiene de forma muy rigurosa, que se les ofrezcan zonas de descanso diferentes y que se les propongan áreas de comida bien separadas. Tanto es así que es mejor criarlos en dos espacios distintos…
¿Y las otras aves y animales de corral?
Introducir otras especies de aves de corral, como patos, ocas, pintadas o pavos, es una práctica habitual, pero que exige ciertas precauciones. Cada especie tiene su carácter, sus necesidades y su forma de ocupar el espacio. La base está en contar con un espacio lo bastante amplio para acoger toda esta parvada.
- Las pintadas, muy gregarias y muy ruidosas, tienen una necesidad vital de espacio. Si la convivencia con las gallinas es demasiado estrecha, pueden volverse agresivas
- Los patos son más pacíficos, pero buscan constantemente puntos de agua para chapotear, lo que puede convertir un terreno seco en una zona fangosa y molestar a las gallinas
- Las ocas, más territoriales, no dudan en defender su espacio y pueden intimidar a las aves más pequeñas
- Los pavos, por su tamaño y su carácter, obligan a reforzar la vigilancia para evitar conflictos.
La gestión de la jerarquía es otro factor clave. Las gallinas establecen entre ellas un orden social, pero este puede alterarse con la introducción de nuevas especies. Entonces aparecen comportamientos de dominancia, como el picoteo o la persecución, y requieren una supervisión atenta, sobre todo en el momento de la integración.
El riesgo sanitario también debe tenerse en cuenta. La mezcla de especies favorece la circulación de parásitos y enfermedades específicas de las aves de corral. Un seguimiento veterinario regular, una higiene estricta y espacios bien cuidados son indispensables para reducir los contagios.
Por tanto, la convivencia entre gallinas y otras aves de corral es posible, pero debe basarse en una organización adecuada, una higiene impecable y el respeto a las necesidades de cada una.
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