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Alergia al polen: ¿cómo prevenirla?

Alergia al polen: ¿cómo prevenirla?

Plantas a evitar y nuestros consejos para reducir los síntomas alérgicos

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Modificado el 23 de noviembre de 2025  por Marion 7 min.

La primavera es la estación de la renovación, la que anuncia el regreso de las aves, del sol y del buen tiempo. Pero, para las personas alérgicas al polen, también marca el inicio de un periodo especialmente complicado. La « fiebre del heno », con su conjunto de síntomas molestos y más o menos incapacitantes, afectaría de hecho a cerca del 30 % de los adultos y al 20 % de los niños, según el Ministerio de Sanidad.

Para protegerse, lo esencial es, ante todo, conocer las diferentes plantas que provocan alergias, su modo y periodo de acción. Hemos así recopilado las principales plantas alergénicas que conviene evitar, así como las medidas que conviene adoptar para limitar los riesgos y gestionar mejor este periodo sensible.

Invierno, Primavera, Verano Dificultad

Comprender las alergias al polen

Los pólenes implicados

Los pólenes que causan problemas e intervienen en las alergias estacionales son los de las plantas anemófilas, que se diseminan por el viento. Tras la floración, los pólenes pasan a encontrarse en gran cantidad en el aire, para que la planta pueda reproducirse.

Por el contrario, las plantas entomófilas, cuyo polen es transportado por los insectos para asegurar la reproducción, no figuran entre las implicadas.

Por tanto, este método de diseminación aérea es el que provoca síntomas alérgicos. Los pólenes se introducen en las vías respiratorias y ponen en alerta al sistema inmunitario.

Entre los vegetales anemófilos, algunos pólenes provocarán alergias (se habla entonces de potencial alergénico moderado o alto), mientras que otros no causarán problemas o lo harán en poca medida (potencial alergénico bajo o insignificante). Algunas plantas, como los pinos, pueden producir gran cantidad de polen, pero seguir siendo poco alergénicas. Las plantas que combinan una alta concentración de polen en el aire + un polen con gran carga de alérgenos son las más problemáticas.

Los periodos de riesgo

Los periodos de alergias al polen varían según la zona geográfica y las condiciones meteorológicas. Suelen comenzar antes en el sur que en el norte de Francia. Las alergias estacionales aparecen con el regreso del buen tiempo y las primeras floraciones primaverales. De un año a otro, las oleadas de polinización también pueden variar, de unos días a varias semanas.

Los periodos de riesgo duran varios meses, desde comienzos de la primavera en marzo-abril hasta finales de verano en agosto-septiembre. El pico suele situarse entre abril y junio, aunque varía según el tipo de plantas implicadas.

Algunas condiciones climáticas y ambientales también agravan los riesgos de alergia, al favorecer la diseminación de los pólenes: ausencia de lluvia, calor, presencia de viento, etc. La contaminación es asimismo un factor agravante que puede acentuar estos problemas.

Síntomas alérgicos

Las manifestaciones de una alergia estacional, o «fiebre del heno», difieren, por supuesto, de una persona a otra, según la cantidad de polen en el aire y las plantas implicadas. La reacción al polen es inmediata cuando los alérgenos entran en contacto con las mucosas respiratorias (no hay periodo de incubación).

Los pólenes afectan a las mucosas y a las vías respiratorias, y pueden ocasionar rinitis alérgica e incluso crisis de asma. La alergia al polen suele identificarse por los siguientes síntomas, que pueden sumarse.

  • Picor y goteo nasal
  • Conjuntivitis
  • Picor en la garganta o la boca
  • Tos
  • Estornudos
  • Dificultades respiratorias
  • Fatiga inusual
  • Eccema o urticaria

Principales plantas alergógenas que conviene evitar

Hemos enumerado las plantas alergénicas más comunes, con potencial alérgico moderado o alto, que es probable que encuentres en nuestro territorio. Algunos géneros de plantas cuentan con varias especies distintas con polen alergénico.

Encontrarás también más detalles en el sitio plantes-risque.info, lanzado por el Ministerio de Solidaridades y de Salud, que recopila todas las especies que pueden provocar alergia respiratoria por el polen.

Las herbáceas

Las herbáceas suelen desarrollarse de forma espontánea en la naturaleza y aparecen por todas partes: en jardines, a pie de carretera, en praderas, en zonas húmedas, en bosques, en barbechos, etc.

Entre las herbáceas con riesgos de alergia conocidos, destacamos:

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Artemisia vulgaris, Ambrosia artemisiifolia, Rumex y Equisetum arvense

Las gramíneas (o Poáceas) también se cuentan entre las plantas más alergénicas y están muy extendidas. Entre ellas:

  • el alpiste cinta (Phalaris arundinacea);
  • la grama de monte (Deschampsia cespitosa);
  • el dáctilo (Dactylis glomerata);
  • la hierba azul de la playa (Leymus arenarius);
  • la festuca de los prados (Festuca pratensis);
  • la timotea (Phleum pratense);
  • el fromental bulboso (Arrhenatherum elatius);
  • el heno blanco (Holcus lanatus);
  • las Lágrimas de la Virgen (Lagurus ovatus);
  • el ballico perenne (Lolium perenne);
  • cereales como trigo, centeno, cebada, avena, mijo, maíz…
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Phalaris arundinacea, Leymus arenarius, Festuca pratensis, Arrhenatherum elatius y Lagurus ovatus

Árboles y arbustos

Numerosos árboles, arbustos o coníferas presentes en nuestro territorio presentan riesgos de alergia:

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Alergénicas, las flores de aliso, abedul, ciprés, acacia y avellano

Diversificar nuestros paisajes y evitar el cultivo masivo de las especies de riesgo, tanto en zonas urbanas como rurales, es por tanto un verdadero reto en la lucha contra los pólenes alergénicos.

¿Cómo limitar los riesgos de alergia?

Optar por un jardín sin polen

Lógicamente, para protegerse de una posible alergia al polen, lo primero es evitar plantar en casa vegetales con alto potencial alergénico.

Descarta por tanto las plantas mencionadas anteriormente y apuesta por otros cultivos: en el mundo vegetal, ¡tienes mucho donde elegir!

Opta, por ejemplo, por un jardín a la francesa, un jardín de estética mineral o un jardín de inspiración japonesa: depurados, cuidados y podados con regularidad, no dejan espacio a las «malas hierbas» alergénicas. Para sustituir el césped, también puedes optar por plantas cubresuelos vivaces.

Prioriza los parterres de flores (rosales, geranios, pensamientos, …) y los arbustos pequeños (retamas, camelias, lilas, espino, …). Para aportar altura, las plantas trepadoras no tendrán rival. Piensa en las pasifloras perfumadas, hiedras o glicinias.

En climas adecuados, un jardín seco con cactus y plantas suculentas apenas requerirá mantenimiento y te protegerá de las alergias.

Alrededor de un estanque o de una charca, las plantas acuáticas como los lotos o los nenúfares prosperarán sin riesgo de alergia. De hecho, son plantas hidrógamicas, cuyo polen es transportado por el agua.

Por último, en el huerto, cultiva sin problema aromáticas (perejil, romero, orégano, menta, …), pero también verduras y frutos del bosque (lechugas, tomates, remolachas, melones, judías, fresas, …).

Para ir más allá, incluso puedes elegir crear un jardín hipoalergénico, desterrando todos los vegetales susceptibles de provocar alergias o irritaciones a través de su polen, pero también de su látex, su savia o su perfume.

alergia al polen de las plantas

Soluciones para limitar los riesgos de alergias en el jardín: jardín seco con cactus y suculentas, sustituir las zonas con hierba por alternativas al césped (aquí Lippia nodiflora) y huerto

Mantenerse informado

Anticipar los episodios alérgicos y las emisiones de polen es crucial. Permite a las personas sensibles adaptar su tratamiento y poner en práctica los gestos preventivos que acabamos de ver.

Para ello, numerosas herramientas permiten mantenerse al tanto. En nuestro territorio, existe una buena red de información creada para alertar en tiempo real a las poblaciones alérgicas de los riesgos en curso o por venir. Por supuesto, también puedes informarte con tu médico, farmacéutico o alergólogo.

El Red Nacional de Vigilancia Aerobiológica (RNSA) es una asociación especializada en el estudio del contenido del aire en partículas biológicas (polen, mohos, …), que presentan riesgos de alergias para la población. Utiliza captadores implantados en distintos lugares, que aspiran el aire reproduciendo el ritmo de la respiración humana. El análisis permite después identificar el polen y la cantidad presente en el aire. El RNSA informa en tiempo real a alergólogos y pacientes en su sitio web, a través de un boletín o la aplicación. Indica los picos de emisión, así como los inicios y finales de los periodos de riesgo.

Los polinarios regionales también recopilan las plantas alergénicas propias de tu zona geográfica, indicando asimismo los periodos de riesgo. Se realizan mediciones periódicas en el aire, lo que permite obtener información local precisa. Para inscribirte en las alertas, entra en el sitio Alerte pollens. En algunas regiones también puedes convertirte en «centinela» para participar en esta red de intercambio, aportar tus propias observaciones y conocimientos, seas profesional o aficionado.

Por último, la fenología también ayuda a las personas alérgicas al polen. Esta ciencia se apoya en la observación de diversos indicadores que ofrece la naturaleza. Permite conocer con precisión los periodos de mayor riesgo, según los distintos vegetales y la zona geográfica en cuestión. Para más información al respecto, te invitamos a consultar el artículo de Olivier: « Indicadores fenológicos: ¿qué son? ».

Algunas medidas preventivas

Como complemento, medidas de prevención y de sentido común te permitirán protegerte del polen y limitar los riesgos de alergias.

Para las personas más sensibles:

  • evita salir, hacer jardinería o deporte a pleno día, con tiempo ventoso y soleado;
  • usa mascarilla en exteriores (las alergias al polen disminuyeron durante la pandemia de la Covid con la generalización del uso de mascarilla);
  • ventila tu casa al principio o al final del día, cuando la humedad natural reduce la diseminación del polen en el aire;
  • date una ducha, aclara el pelo y cámbiate de ropa al llegar a casa; si es necesario, limpia también la nariz con un espray adecuado;
  • tiende la ropa en interior para evitar que se deposite polen en ella;
  • consulta a un médico en caso de síntomas, para poner en marcha un tratamiento o una desensibilización.

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