¿Se pueden realmente utilizar cáscaras de huevo en el jardín?
Hagamos un balance objetivo del uso de las cáscaras de huevo en el jardín
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Tienes unas cuantas gallinas que, a cambio de los buenos cuidados que les das, ponen a mansalva. Es difícil estimar el número de huevos puestos al año, que varía según la estación, la raza y la edad de tus gallinas y, sobre todo, según las condiciones de confort e higiene que les ofreces. Con todo, una buena ponedora como una gallina roja, una Harco o una Sussex pone de media entre 250 y 300 huevos al año. Otro dato significativo: un francés consume alrededor de 200 huevos al año. Así que la cantidad de cáscaras de huevo se vuelve enseguida impresionante. Y si eres partidario del reciclaje y del compostaje, seguro que te has planteado cómo utilizar esas cáscaras de huevo en el jardín. Un pequeño vistazo a internet parece confirmar que es un producto milagroso que resuelve todos los problemas de babosas y otras enfermedades. ¿Qué hay de cierto?
¿Qué hay en una cáscara de huevo?
Una cáscara de huevo es una envoltura mineralizada, un escudo, en cierto modo, que amortigua los golpes y protege un posible embrión. Se forma en unas veinte horas a una temperatura de 40 a 41 °C (que corresponde a la temperatura corporal de una gallina) y puede resistir una presión de 4 kg. ¡Toda una proeza de la naturaleza!

Un huevo se forma en 24 horas en el cuerpo de la gallina, que recurre a sus reservas de calcio. Su cáscara puede resistir una presión de 4 kg
Con un peso aproximado de 6 gramos, una cáscara de huevo está compuesta por un 96 % de minerales (calcio, carbonato de calcio, magnesio y fósforo), un 2,4 % de proteínas y un 1,6 % de agua. Es este alto contenido en calcio lo que puede suscitar dudas. Porque cualquier jardinero con un mínimo de experiencia sabe que el calcio del suelo (aunque menos primario que el nitrógeno, el fósforo o el potasio) es importante para retener los elementos nutritivos útiles para el crecimiento de las plantas, al tiempo que contribuye a elevar el pH. Del mismo modo, una simple búsqueda en un buscador de internet parece confirmar que las cáscaras de huevo son útiles como abono para el suelo, pero también pueden librarte de babosas y caracoles, o incluso evitar la propagación de enfermedades como la abolladura del melocotonero o la necrosis apical… Lejos de poner en entredicho a nuestra abuela y sus recetas milagrosas, tenemos ciertas dudas sobre la veracidad de estas soluciones. Máxime cuando ningún estudio científico respalda estas afirmaciones.
Al mismo tiempo, las cáscaras de huevo no tienen por qué ser perjudiciales. Así que te toca formarte tu propia opinión poniéndolo en práctica y probándolo.
¿Cáscaras de huevo como abono para el jardín?
Cierto, es un hecho demostrado, las cáscaras de huevo son ricas en calcio y minerales. Por lo tanto, pueden considerarse un abono formidable para el huerto o el jardín ornamental, e incluso para las plantas de interior. Puedes, por tanto, esparcirlas alrededor de tus planteros y semilleros de hortalizas o de tus vivaces, colocarlas en la superficie de tus plantas de interior o incluso incorporarlas a la tierra con un cultivador de mano. Aun así, no esperes milagros, porque la cantidad de calcio liberada es mínima en relación con tu parcela… Así que permíteme dudar del beneficio de las cáscaras de huevo sobre el crecimiento de las plantas. O, como mucho, en tus plantas verdes que crecen en una cantidad de sustrato limitada.

Las cáscaras de huevo tienen fama de ser un buen abono, por ser ricas en calcio.
Con todo, siempre puedes añadir estas cáscaras al compost; aportarán materia orgánica nada despreciable, a la vez que corrigen la acidez de este medio. Toma la precaución de triturarlas finas en un mortero o con un rodillo de cocina, porque tardan en descomponerse. Aun así, te hará falta un poco de paciencia, porque las cáscaras de huevo se descomponen lentamente, muy lentamente…
En la misma línea, también puedes esparcir sobre un suelo ácido cáscaras trituradas para ayudar a que la tierra se vuelva más básica. ¡Pero, de nuevo, el resultado no está garantizado!
¿Las babosas temen las cáscaras de huevo?
Pongámonos unos segundos en la piel de una babosa o de un caracol, irremediablemente atraídos por una planta de lechuga muy tierna. Pero un jardinero precavido, ávido de consejos recogidos en internet, ha rodeado dichas lechugas con una barrera de cáscaras finamente trituradas. ¡Ay, eso duele! Todo eso nos parece muy lógico desde nuestra sensibilidad humana. Solo que una babosa o un caracol segrega mucosidad que le permite deslizarse sobre cualquier superficie, incluidas las cáscaras de huevo, que solo la frenarían parcialmente.
La nota de Pascale: me viene a la memoria una pequeña anécdota: cuando no era más que una joven jardinera aún muy ingenua, había plantado en maceta una magnífica hosta de follaje variegado verde y crema, a la que me había tomado la molestia de colocar a la sombra. ¡Un follaje magnífico pero deliciosamente tierno a ojos de una babosa! Sin pensármelo dos veces, rodeo mi bonita hosta con una buena capa de cáscaras de huevo, llena de esperanza en ese truco de jardinero que me había soplado un abuelo muy seguro de sí. En vano. Las babosas devoraron mi hermosa hosta hasta el tallo, sin inmutarse por mis cáscaras de huevo.
Pero, una vez más, haced vuestras propias pruebas. O bien utilizad, con más garantías, gránulos de Ferramol, ceniza de madera o cintas de cobre para deshaceros de las babosas.
¿Son útiles los huevos de nuestras gallinas en el huerto de frutales o en el huerto?
A menudo difundida por webmasters que nunca han puesto un pie en un jardín o por blogueros influyentes que creen tener buena mano, la idea de que las cáscaras de huevo son eficaces contra la abolladura del melocotonero o la necrosis apical (también llamada culo negro) de los tomates es bastante frecuente. ¡Al menos en internet! Algunos nos explican que hay que machacar las cáscaras de huevo sin cocer, meterlas en un filamento y colgarlas de las ramas de los árboles. Ahora bien, ningún estudio científico lo demuestra y estas enfermedades a menudo desaparecen por sí solas si mejoran las condiciones climáticas o de cultivo. Menos lluvia y humedad para la abolladura del melocotonero; un suelo menos seco, regado de forma más regular y más rico para compensar una carencia de calcio en la necrosis apical. Además, algunos tratamientos preventivos han demostrado su eficacia, como el hidróxido de cobre o la Decocción de cola de caballo para la abolladura del melocotonero, y el aporte de materia orgánica y buenos riegos contra la necrosis apical.
Aun así, si te sobra tiempo, nada te impide probar con las cáscaras de huevo…
Otro truco a base de cáscaras de huevo contra la polilla o gusano del puerro también me deja escéptica: clavar cáscaras de huevo (vaciadas, enjuagadas y con un pequeño agujero) en palitos de madera y esparcirlas por tu bancal de puerros recién trasplantados. La polilla o gusano del puerro iría a poner los huevos en las cáscaras y dejaría en paz tus puerros. Más allá de que no me explico por qué nuestra mariposa preferiría una cáscara de huevo en lugar de un puerro, me cuesta imaginarme vaciando huevos y luego fijándolos en un palito sin romperlos. Si tienes alguna experiencia al respecto, me encantará conocerla… y mejor confía en las cápsulas de feromonas contra la polilla del puerro.
¿Debemos volver a darles a nuestras gallinas las cáscaras de huevo?
Cada día (o casi), una gallina pone un huevo, lo que implica que sus necesidades de calcio son enormes. Con una buena alimentación perfectamente equilibrada, compuesta por una mezcla de trigo, maíz, avena, guisantes, soja, lino, girasol o colza, y sobras de la mesa, una gallina cubre sus necesidades de calcio. Se pueden añadir papillas o sopas caseras compuestas de arroz, pasta, lentejas o patatas cocidas, mezcladas con peladuras de verduras cocidas.
A veces puede producirse una carencia de calcio, visible cuando ponen huevos con cáscara blanda. Algunos recomiendan dar a las gallinas sus propias cáscaras de huevo para compensar la falta de calcio. Y, en este punto, las opiniones difieren.

Algunas propietarias de gallinas no dudan en darles sus propias cáscaras de huevo; otras prefieren las conchas de ostras
Personalmente, como feliz propietaria de cinco gallinas igual de felices con su suerte, no les doy las cáscaras de sus huevos. Simplemente porque una gallina que ha probado un huevo roto le coge rápidamente el gusto, ya que la yema está repleta de grasas. Así evito tentarlas a comer sus propios huevos. Por consiguiente, prefiero dejarles a su disposición conchas de ostra trituradas de las que se atiborran por la noche, antes de irse a dormir. En ellas encuentran, en efecto, el calcio que necesitan durante la noche para «construir» su huevo.
Actividades lúdicas para niños
Con los huevos de tus gallinas, puedes:
- fabricar pequeñas macetas para hacer la siembra. Basta con recuperar las cáscaras de huevos pasados por agua, lavarlas y hacerles un orificio diminuto. Rellénalas con sustrato de siembra y colócalas en una caja de huevos. Puedes plantar en ellas una pequeña semilla a tu gusto. Para hacerlo más divertido, tus hijos (o nietos) estarán encantados de decorar estas macetas improvisadas.

Hacer la siembra en cáscaras de huevo es muy divertido
- hacer un mosaico con cáscaras de huevo trituradas, pintadas o coloreadas, y luego pegadas sobre hojas de papel.
- cocer huevos en agua con plantas para colorearlos. Para teñirlos de amarillo, añade hojas de alquemila, de ortiga o de milenrama, flores de manzanilla o pieles de cebolla. Para obtener rojo, pon peladuras de remolacha, de repollo rojo, bayas de saúco o de grosella negra. Y para obtener verde, las hojas de espinacas son perfectas.
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