
Las micorrizas: ¿qué son? ¿Para qué sirven?
Explicaciones y consejos para su uso en el jardín
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Las micorrizas son una simbiosis entre un hongo y una planta, que permite a ambos organismos intercambiar nutrientes entre sí. El hongo produce filamentos (micelio) y se conecta con las raíces de la planta para transmitirle el agua y los minerales que obtiene del suelo. Se trata de un fenómeno natural, muy común, pero todavía poco utilizado en el jardín, aunque sus beneficios son numerosos. Las micorrizas constituyen un universo que se nos escapa la mayor parte del tiempo, porque se encuentra bajo el suelo y está formado por filamentos microscópicos. Descubre su importancia para las plantas, su papel en el jardín y todos nuestros consejos para favorecer esta simbiosis.
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Las micorrizas: ¿qué son?
El término micorriza proviene del griego myco: hongo, y rhiza: raíz. Se trata, por tanto, de la asociación entre un hongo y una planta, a través de las raíces de esta. Es beneficiosa para ambos organismos.
Los hongos se reproducen dispersando sus esporas. Una vez en el suelo, el hongo germina y empieza a desarrollar micelios. Estos entran en contacto con la planta, rodean el extremo de las raíces y penetran en ellas. La mayoría de las veces, el hongo entra en el interior de las células vegetales: se trata de una endomicorriza. Tras conectarse a la planta, el hongo desarrolla toda una red de micelio para explorar el suelo y captar elementos minerales.
A veces, es posible observar estos micelios, que adoptan la forma de pequeños filamentos blancos. Constituyen una red densa, muy ramificada. No hay riesgo para la planta, ya que no se trata de un hongo parásito. Las micorrizas son capaces de conectar varias plantas entre sí, formando así una vasta red ecológica subterránea y poniendo en común los recursos disponibles.
El hongo capta del suelo agua y elementos minerales, que transmite a la planta. Actúa como una prolongación de las raíces y multiplica así la superficie de absorción. Protege las raíces y hace que las plantas sean más resistentes.
A cambio, la planta le proporciona azúcares que él no puede sintetizar. De hecho, solo la planta realiza la fotosíntesis y es capaz de transformar elementos minerales en materia orgánica y azúcares asimilables por el hongo (savia elaborada). La planta también protege al hongo de patógenos y agresiones.
No se trata de un fenómeno raro : al menos el 90 % de las plantas terrestres desarrollan simbiosis de micorrizas. Y existen cientos de especies de hongos micorrícicos. Algunos de ellos nos resultan muy conocidos: boletus, rebozuelos, trufas… A veces, varios hongos diferentes llegan a asociarse a una misma planta.
Algunos hongos pueden colonizar la mayoría de las plantas, mientras que otros solo se asocian con un único tipo de plantas. Así, estas últimas tienen sus hongos específicos: es el caso de orquídeas, brezos y rododendros, de pinos, abedules, tilos, hayas comunes… Del mismo modo, existen plantas que no crean simbiosis de micorrizas.
Las micorrizas nos recuerdan el fenómeno de las nudosidades en las Fabáceas: las raíces de la planta se asocian con bacterias que le permiten fijar nitrógeno. Pero en este mecanismo también, las micorrizas son esenciales para aportar a la planta los recursos necesarios.
Las micorrizas actúan como una prolongación de las raíces de la planta, aumentando su radio de prospección. ¡Multiplican por 1 000 la superficie de absorción de las raíces! Debido a su pequeño tamaño, las micorrizas permiten explorar las microporosidades del suelo, donde las raíces no pueden llegar. Así tienen acceso a elementos minerales que hasta entonces eran inaccesibles para la planta. Además, en cuanto se agota el agua del suelo, el hongo envía una señal a la planta para avisarle, lo que desencadena el cierre de los estomas y evita que la planta se deshidrate.

Los filamentos blancos visibles en estas fotos son el micelio de micorrizas asociadas a las raíces de un Picea glauca (fotos: Silk666 / André-Ph. D. Picard)
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Dado que las micorrizas aportan a la planta elementos minerales, actúan un poco como fertilizantes, pero con un efecto mucho más duradero y ecológico. Las micorrizas son muy eficaces, en particular, para poner el fósforo a disposición de la planta. Mejoran el crecimiento de las plantas; estas crecen más rápido y están más sanas. Permiten cultivar plantas en suelos relativamente pobres en elementos minerales.
También les permiten resistir mejor al estrés causado por la sequía, el frío, las enfermedades, los parásitos o la contaminación… Hay menos riesgos de que a las plantas les falte agua o sufran carencias. Las micorrizas también pueden emitir antibióticos y eliminar microorganismos patógenos. Estimulan el sistema inmunitario y los mecanismos de defensa de la planta. Las micorrizas protegen además las raíces de la planta de la contaminación y de los metales pesados. Pueden almacenarlos y neutralizarlos.
En el huerto y en el huerto de frutales, las cosechas serán más abundantes y de mejor calidad. Al estar mejor nutridas, las plantas producirán más frutas y hortalizas, que por lo general tendrán más sabor.
Las micorrizas permiten limitar los aportes de fertilizantes y espaciar los riegos. En conjunto, las plantas requieren menos mantenimiento y cuidados.
Las micorrizas favorecen una mejor recuperación tras la Plantación y ayudan a que las plantas queden mejor ancladas al suelo. Las plantas sobreviven con mayor facilidad cuando se repican o se trasplantan.
Las micorrizas también ayudan a estabilizar el suelo, a mejorar su cohesión y su estructura. Tienen impacto en las propiedades físicas y químicas del suelo y evitan la erosión. Son esenciales para el mantenimiento de la fertilidad del suelo.
Las plantas que crecen en suelos pobres y secos, contaminados, en jardines urbanos, etc., son las que más necesitarán las micorrizas. Las ayudarán a superar estas condiciones difíciles y a encontrar en el suelo los recursos necesarios para crecer. En un Suelo rico, fresco y fértil, son menos imprescindibles, ¡pero siguen siendo beneficiosas!
Las micorrizas también tienen un papel ecológico: permiten almacenar agua y redistribuirla a las plantes en caso de Sequía (función de esponja), limitan la lixiviación del suelo de fertilizantes y elementos minerales, lo que disminuye los riesgos de contaminación.

Micorrizas fijadas a las raíces de un aliso (foto Patrick Poitras)
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Las micorrizas se venden generalmente en forma de polvo para incorporar al suelo. La mayoría de las plantas se asocian con hongos del grupo de los Glomeromicetos. Según el uso, elige por ejemplo micorrizas destinadas al huerto, para árboles y arbustos o para plantas y flores de macizo. Las micorrizas son, por supuesto, utilizables en agricultura ecológica.
Las micorrizas deben aportarse en el jardín en el momento de la plantación (o del trasplante en el caso de una planta en maceta). A diferencia de los abonos, no hace falta aportarlas con regularidad: al tratarse de un organismo vivo, por lo general basta con una sola aportación.
Para aportar micorrizas:
- Cava un hoyo de plantación, adaptado al tamaño de la planta.
- Distribuye el producto en el hoyo de plantación, de manera que quede después cerca de las raíces.
- Saca la planta de su maceta y desenreda un poco las raíces. Puedes aplicar un poco de polvo en el exterior del cepellón. Luego coloca la planta en el hoyo de plantación.
- Rellena con tierra y compacta con la palma de la mano.
- Riega abundantemente.
También es posible aportar micorrizas a una planta ya establecida en el jardín. En ese caso, hay que hacer agujeros en el suelo, cerca de las raíces, depositar en ellos el polvo de micorrizas, y después tapar y regar.
Atención, sin embargo, algunas plantas no necesitan micorrizas: se trata de las brasicáceas (rábanos, coles, nabos…), las amarantáceas (espinacas, remolacha, acelgas…), y las poligonáceas (Rumex, persicarias, Muehlenbeckia, Polygonum, ruibarbo…)… Estas plantas no se asocian con los hongos formadores de micorrizas, por lo que es inútil aportárselas. Por el contrario, las micorrizas son muy beneficiosas en las fabáceas (judías, guisantes, altramuces…). Del mismo modo, todas las plantas que crecen en suelos pobres y degradados, así como las plantas en maceta o jardinera, se beneficiarán de un aporte de micorrizas.
Si utilizas abonos además de las micorrizas, elige abonos orgánicos o abonos de liberación lenta. Aportes elevados de abonos químicos reducirían la actividad de las micorrizas (¡sobre todo si son ricos en fósforo!). Evita también usar fungicidas, que pueden matar a los hongos formadores de micorrizas. En la medida de lo posible, evita voltear el suelo para no romper las redes de micorrizas. En general, las perturbaciones del suelo (contaminación, compactación, laboreo…) reducen notablemente la cantidad de micorrizas. Así, la mejor manera de preservarlas es cuidar la tierra de tu jardín.
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