La vida del suelo descifrada: entender su papel esencial en el jardín
Los secretos del suelo vivo
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Bajo nuestros pies se oculta un ecosistema complejo y rico, donde una multitud de organismos vivos interactúan y contribuyen a nuestro entorno y a nuestra alimentación. Entender la vida del suelo, sus funciones y su importancia puede transformar nuestra forma de afrontar la jardinería. Esta diversidad biológica subterránea influye directamente en la fertilidad del suelo, en la pureza del agua e incluso en la calidad del aire que respiramos. Le proponemos descubrir la vida del suelo, su composición y su funcionamiento, así como los gestos sencillos que conviene adoptar para favorecerla.
¿Qué es la vida del suelo?
La vida del suelo, a menudo invisible a simple vista, constituye un ecosistema vital y extremadamente diverso. Bajo la superficie terrestre, una multitud de organismos interaccionan y forman una comunidad compleja que desempeña un papel primordial en la salud de nuestros jardines. En el corazón de esta vida subterránea, encontramos una variedad impresionante de seres vivos, desde diminutas bacterias y hongos, hasta algas, protozoos, nematodos, ácaros, crustáceos como los cochinillas de la humedad, colémbolos, sin olvidar los indispensables lombrices de tierra. Estos organismos tienen funciones específicas: descomponen la materia orgánica, transformando los restos vegetales en nutrientes asimilables por las plantas, contribuyen a la formación del humus, mejoran la estructura del suelo e influyen en su capacidad de retención de agua y aire. Estos procesos naturales aseguran la fertilidad y la productividad del suelo, favorecen el almacenamiento de carbono, filtran y depuran el agua, y mantienen la biodiversidad. La fauna del suelo se distribuye en distintos niveles, y cada uno de ellos contribuye, a su manera, al equilibrio y a la salud del suelo:
- la fauna endógena : Situada en los primeros centímetros del suelo, esta fauna, que incluye lombrices que excavan galerías horizontales, se alimenta de materia orgánica como las raíces muertas. Estos organismos contribuyen a la aireación del suelo y al reciclaje de nutrientes.
- la fauna epígea : Presente en la superficie o justo debajo, esta fauna descompone la hojarasca vegetal, transformando los restos en humus y mejorando así la estructura del suelo. Incluye lombrices rojas, colémbolos, cochinillas de la humedad y otros organismos.
- la fauna anécica : Compuesta principalmente por grandes lombrices de tierra, crea galerías verticales profundas, redistribuyendo la materia orgánica consumida en la superficie hacia el suelo en forma de turrículos, lo que enriquece y airea el suelo.

Muchos organismos viven en el suelo (fauna endógena) o en la superficie de este (fauna epígea)
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¿Labrar la tierra, buena o mala práctica?¿Qué es un suelo vivo?
Un suelo vivo es un suelo dinámico, rico en biodiversidad y caracterizado por una intensa actividad biológica. No se limita a proporcionar un soporte para las raíces de las plantas o un simple depósito de nutrientes, sino que actúa como un ecosistema complejo en el que interactúan muchos organismos para favorecer y mejorar el crecimiento de las plantas, la salud del suelo y el equilibrio ecológico global. Un suelo vivo es:
- rico en materia orgánica: Esencial para alimentar a los micro-organismos, esta materia se descompone de forma progresiva, liberando nutrientes que enriquecen el suelo.
- diverso en micro-organismos: Un suelo vivo alberga miles de millones de bacterias, hongos, protozoos y nematodos, que son indispensables para la descomposición de la materia orgánica, la fijación del nitrógeno, la detoxificación del suelo y la protección frente a los patógenos.
- repleto de organismos activos: Las lombrices de tierra y los insectos del suelo airean el suelo y facilitan la circulación del agua y de los nutrientes al crear redes de galerías.
- resiliente: Un suelo vivo resiste mejor los estreses ambientales, como las inundaciones o la sequía, gracias a su rica actividad biológica y a su buena estructura.

Los colémbolos viven en los primeros centímetros del suelo y desempeñan un papel importante en la descomposición de la materia orgánica. Aquí, colémbolos del género Entomobrya.
¿Por qué la vida del suelo es tan importante?
La vida del suelo está directamente relacionada con la fertilidad de nuestros jardines. Un suelo rico y activo ofrece una mejor nutrición para las plantas, refuerza su resistencia a las enfermedades y a los estreses ambientales como la sequía o las temperaturas extremas. Una alta diversidad biológica en el suelo también limita la proliferación de agentes patógenos, fortaleciendo así la capacidad del suelo para resistir y recuperarse tras perturbaciones ambientales. Un suelo bien equilibrado contribuye además a la calidad del agua, filtrando los contaminantes antes de que lleguen a los cursos de agua.
Los organismos del suelo, como las lombrices de tierra y los microorganismos, contribuyen asimismo a mejorar la estructura del suelo al crear galerías y agregados. Esta estructura mejorada favorece una mejor infiltración del agua, reduce el escorrentía y la erosión, y aumenta la retención de agua, beneficiando así a las plantas y al entorno. Un suelo vivo alberga una gran diversidad de organismos, que interactúan entre sí y con las plantas. Al descomponer la materia orgánica, estos organismos convierten los elementos minerales en formas asimilables para las plantas, permitiéndoles encontrar los nutrientes necesarios para su crecimiento.
Además, los suelos ricos en vida desempeñan un papel esencial en el almacenamiento de carbono. Cuando los organismos del suelo descomponen la materia orgánica, una parte del carbono que contiene se convierte en humus, una forma estable de carbono orgánico que puede permanecer en el suelo durante siglos. Esta capacidad para retener el carbono ayuda a reducir la cantidad de CO2 en la atmósfera.
¿Cómo favorecer la vida del suelo en el jardín?
Para tener un jardín próspero y favorecer una vida del suelo rica y diversa, aquí tienes algunas prácticas y gestos sencillos para poner en marcha:
- Aportar materia orgánica: es uno de los medios más eficaces para estimular la vida microbiana. El compost, los restos de cocina, las hojas secas y los residuos de la siega aportan una fuente rica en nutrientes para los microorganismos del suelo. Estos materiales se descomponen de forma progresiva, liberando nutrientes que alimentan a las plantas y, al mismo tiempo, mejoran la estructura del suelo.
- Limitar el trabajo del suelo: evita dar la vuelta a la tierra y utiliza herramientas para airear el suelo sin cavarlo por volteo, como la grelinette, que reduce la perturbación de los hábitats de los organismos subterráneos y favorece una estructura de suelo estable.
- Practicar la rotación de cultivos: alternar los cultivos en tu huerto permite prevenir el empobrecimiento del suelo, limitar la proliferación de plagas y enfermedades, y reforzar la biodiversidad.
- Cubrir el suelo: usa mantillos orgánicos, cubiertas vegetales o abonos verdes para proteger el suelo de la erosión, el lavado (lixiviado) y las variaciones de temperatura. Estas cubiertas también fomentan la actividad biológica y el enriquecimiento del suelo en materia orgánica.
- Dar prioridad a los métodos de control biológico y a los abonos naturales: esto preservará la salud y la biodiversidad del suelo.
- Favorecer la biodiversidad: planta una gran variedad de especies en tu jardín, incluidas las plantas autóctonas, para atraer y apoyar la fauna del suelo y a los polinizadores. Las setas, los árboles y las flores silvestres ofrecen hábitats y fuentes de alimento para los organismos del suelo y los animales auxiliares.

Algunas técnicas sencillas permiten favorecer la vida del suelo: aportar materia orgánica (compost o estiércol bien descompuesto); utilizar una grelinette en lugar de dar la vuelta al suelo; acolchar
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