
¿Cómo proteger una mimosa para el invierno?
Buenas prácticas para proteger del frío
Contenido
Disfrutar de la magnífica floración amarilla de las mimosas (acacias) es un verdadero placer en pleno invierno, pero estos arbolitos frioleros de origen exótico temen los inviernos rigurosos, el frío y las heladas tempranas. Aunque algunas mimosas soportan heladas pasajeras de hasta -6 °C, Protegerlas de forma eficaz resulta imprescindible en la mayoría de las regiones, cuando no están bien aclimatadas o cuando se cultivan en macetas.
Tanto si se trata de una mimosa ya establecida desde hace varios años como, por el contrario, de una mimosa joven recién plantada, injertada o no, plantada en tierra o en una gran maceta, vivas en Rennes o en Collioure… los efectos del frío sobre cada ejemplar serán más o menos severos.
Acolchado, velo de invernada, riego… ¿cómo preparar tu mimosa para afrontar del mejor modo el periodo invernal? Para no comprometer su increíble floración en pompones, y protegerlas durante todo el invierno, sigue nuestros consejos y los cuidados imprescindibles que debes brindar a estos árboles de luz!

¿De qué mimosa estamos hablando?
De las aproximadamente 1200 especies dentro del género Acacia, se cultivan una treintena en Francia, principalmente Acacia dealbata (las más resistentes hasta -7°C) y Acacia baileyana (-5°C). Todas son resistentes: su zona de implantación se limita a la franja litoral atlántica (desde Cotentin hasta el País Vasco) y al Mediterráneo. Algunas toleran aun así temperaturas de hasta -10°C, entre ellas Acacia dealbata ‘Gaulois’ y Acacia recurrens ‘Rustica’, resistente hasta -11°C.
No siempre es fácil identificar qué especie está presente en tu jardín si te mudas y no la has plantado tú. Única indicación evidente para la Acacia retinodes: florece en invierno y es trepador todo el año; es el famoso o Acacia amarilla. Presenta hojas simples alargadas, muy diferentes del follaje compuesto pinnado de las mimosas clásicas. Esta es resistente hasta -8°C; fuera del litoral debe plantarse imperativamente en una maceta grande.
Un ejemplar joven es mucho más sensible al frío que uno adulto: incluso en regiones templadas, donde las temperaturas diurnas rara vez son negativas, deberás proteger durante los primeros años los arbustos cuyos troncos aún están poco formados.
Por último, ten en cuenta que los arbustos injertados son menos resistentes al frío que los arbustos de pie propio (procedentes de siembra), pero la mayoría de las mimosas se injertan para permitirles aceptar suelos calizos.

Acacia dealbata (a la izquierda) y Acacia retinodes o Acacia amarilla (a la izquierda) son de resistencia distinta
Ver también
Cultivar mimosa en macetasEn terreno abierto
La mayoría de las acacias no toleran los suelos calcáreos y la humedad estancada. Si has plantado una en tu jardín, en terreno abierto, debe adaptarse a esta particularidad y estar plantada en suelo drenado, a ser posible ácido, en exposición soleada y, sobre todo, resguardada de los vientos dominantes. Son de verdad, en todas las regiones, además de la edad del arbusto, estas condiciones de suelo, de exposición y de luminosidad las que marcarán la diferencia durante periodos de heladas. Porque uno o dos grados de diferencia tendrán consecuencias muy distintas en caso de helada para un arbusto en exterior.
En regiones «templadas»
En el litoral mediterráneo, y en la franja atlántica que va del Cotentin al País Vasco, una mimosa plantada en terreno abierto desde hace varios años no teme el invierno, porque las temperaturas nocturnas rara vez descienden por debajo de 0 °C. En caso de un invierno especialmente riguroso, periodos de heladas muy breves de -5 a -7 °C no les serán fatales.
En las demás regiones
En las demás zonas (excepto el noreste de Francia y las regiones montañosas, demasiado rudas para las mimosas), al acercarse las primeras temperaturas nocturnas negativas, o a finales de otoño en las regiones donde la temperatura nocturna baja de -1 °C, ¡es imprescindible proteger tu arbusto!
¿Cómo proteger tu mimosa?
Aporta abundantemente mantillo en el borde del hoyo de plantación con un mantillo de hojas secas y paja, con 40 a 50 cm de espesor y anchura. Es importante que el portainjerto, si se trata de una acacia injertada, quede cubierto por este mantillo. Esta protección permitirá que la mimosa rebrote bien por encima del portainjerto en caso de un invierno muy riguroso.
Para contener el mantillo de hojas, rodéalo con un círculo de malla (tipo malla de gallinero), o con una vuelta de arpillera.
Si se trata de una mimosa joven plantada este año, conviene asegurarle una doble protección: además del mantillo protector, rodea también la base de las ramas con un velo de invernada, en doble capa.
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En macetas
El cultivo en maceta ofrece numerosas ventajas para las mimosas. No solo puedes adquirir este árbol maravilloso aunque no vivas en una de sus regiones de predilección, sino que además este tipo de cultivo te permite elegir la tierra que le conviene, que quizá no sea la de tu jardín, es decir, un sustrato no calcáreo y bien drenado.
¿Qué tipo de maceta?
Los pequeños arbustos gelificantes instalados en macetas son siempre más gelificantes que sus semejantes plantados en terreno abierto: aunque las raíces queden aisladas del frío cuando el contenedor se elige lo bastante grande como para rodearlas de un volumen de tierra protector, nunca lo están como cuando se desarrollan en terreno abierto. Además, las partes aéreas están especialmente expuestas al viento y a las heladas. Las mimosas, por su frilosidad, se plantarán en macetas o bacs de gran capacidad. Cuanto mayor sea su tamaño (un diámetro mínimo de 50 cm), mayores serán las probabilidades de protección invernal.
¿Cuándo meterla a resguardo?
También es importante poner la maceta a cubierto en el momento adecuado: no esperes a que las temperaturas bajen demasiado en regiones donde las heladas son intensas y tempranas. Noviembre suele ser el mes ideal para invernar tu maceta.
¿Dónde colocarla?
Instala tu mimosa idealmente en un invernadero sin calefacción o en una estancia necesariamente luminosa, fresca, ventilada, a resguardo de las heladas, con una temperatura de unos 10 °C. En los días invernales soleados, incluso puedes abrir el invernadero o la Veranda a mediodía para ventilar al máximo.
Si no dispones de una estancia a resguardo de las heladas con suficiente luz, puedes, en exposición sur o suroeste únicamente, en regiones donde las temperaturas nocturnas negativas no bajan de -5 °C, colocar tu maceta en la terraza, pegada a una pared, en un lugar bien protegido de los vientos dominantes.
¿Cómo proteger tu mimosa?
Instalada durante unos meses en un invernadero o una Veranda, tu mimosa no tendrá necesidades particulares. No obstante, puedes añadir un poco de sustrato en superficie si falta, que actuará como aislante natural y, al mismo tiempo, como enmienda.
Si optas por mantenerla en exterior, en una exposición resguardada, mímala al máximo: Lo que hay que proteger, sobre todo, es la maceta, en realidad las raíces: un mantillo de hojas secas es un paso previo a su reposo. A esta protección se añadirá un aislamiento exterior envolviendo la totalidad de la maceta con un felpudo de coco enrollado, varias vueltas de cañizo o de Brezo, tela de yute en triple capa, etc. Estos aislantes tienen la ventaja de ser eficaces y algo más estéticos que el velo de invernada.
Anticípate a las temperaturas que superen el umbral fatídico de -5 °C envolviendo las partes aéreas: el velo de invernada se coloca procurando multiplicar las capas y cerrar bien la parte superior, sin comprimir los tallos. También puede aislarse la parte superior de la planta con una tela de yute. No olvides abrir las telas por arriba en los días templados, para ventilar la planta y, sobre todo, no provocar condensación alrededor de sus hojas.

¿Hay que regar, podar?
Es importante, para la mimosa en maceta, no dejar nunca que el cepellón se seque, máxime cuando está en plena floración. Riégala una vez por semana o en cuanto observes que la superficie está seca: el sustrato debe permanecer fresco, procurando no dejar agua estancada en el plato si has colocado uno bajo la maceta. Podrás retomar riegos algo más abundantes a mediados de primavera.
En cuanto a la poda, se realiza a finales de invierno, cuando tu mimosa termina de florecer, para conservarle un bonito porte.
Ver también
Mimosa: plantar, podar y cuidarPara ir más allá
- Consulta nuestro artículo para elegir qué mimosa plantar según tu región
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