
9 plantas perennes para crear una rocalla alpina
¡Descubre nuestra selección!
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Si bien existen cientos de variedades de plantas perennes para rocallas, las plantas alpinas resultan especialmente interesantes: robustas, apenas requieren mantenimiento, prosperan en suelos pobres, drenados y pedregosos. Además, están acostumbradas a soportar condiciones extremas de viento, de calor, de sequía o de heladas.
Estas plantas aportarán un toque natural y silvestre al jardín, ofreciendo rasgos que les han permitido adaptarse a su medio natural: talla pequeña, porte rastrero, silueta rechoncha,…
Cada planta perenne que crece en montaña suele ofrecer gran diversidad de colores y de flores, que satisfarán todos los gustos.
Aquí tienes nuestra selección de 9 plantas perennes de montaña para crear tu rocalla.
→ Descubre nuestro vídeo con Mickaël y Olivier sobre la creación de una rocalla
Siemprevivas, imprescindibles en rocalla
Las siemprevivas o sempervivums son pequeñas plantas suculentas muy decorativas, con aspecto de pequeñas alcachofas.
En verano, de junio a agosto, florecen formando rosetas de gran efecto gráfico, con múltiples matices de color:
- Sempervivum ‘Chick Charms Berry Blues’ con tonos pastel que van de un gris azulado a un púrpura malva con el paso de las estaciones;
- Sempervivum ‘Chick Charms Gold Nugget’ y su extraordinario colorido evolutivo, que va del verde al dorado, antes de vestirse de matices rojos y anaranjados en otoño;
- ‘Commander Hay’ y ‘Silberkarneol’, con rosetas bicolores rosas y verdes;
- Sempervivum calcareum y sus rosetas verdes con puntas rojas o marrones, acentuando aún más el efecto gráfico natural de la planta;
- ‘Dark Beauty’, una variedad de color oscuro atípico.
En la Edad Media, esta planta se consideraba protectora contra los rayos, por eso se cultivaba a menudo en los tejados.
Las siemprevivas son de cultivo muy sencillo: no requieren mantenimiento, prosperan con poco sustrato y se multiplican espontáneamente hasta colonizar la rocalla.
La lluvia, incluso escasa, basta generalmente para cubrir las necesidades hídricas de esta vivácea de montaña.

Sempervivum calcareum (Foto Wikipedia)
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Plantas perennes alpinasLa flor de las nieves, el símbolo de la montaña
La Flor de las nieves de los Alpes (Leontopodium alpinum) es una planta emblemática de la montaña.
Se reconoce por sus pequeñas inflorescencias de 3 cm con forma de estrella, recubiertas por un manto blanco lanoso que recuerda a la nieve. Sus hojas también están cubiertas de un ligero fieltro blanco.
La floración tiene lugar a comienzos de la primavera y se prolonga hasta julio. La flor, muy decorativa cuando se seca, permite crear bonitos ramos.
Esta pequeña planta alcanza 20 cm de altura y 10 cm de envergadura.
Hoy en día escasa, la «Flor de las nieves», antaño utilizada como amuleto de la suerte, actualmente está protegida. Encontrarse con una Flor de las nieves en la montaña sigue siendo sinónimo de suerte para los senderistas.
Fácil de cultivar, la Flor de las nieves de los Alpes solo exigirá pleno sol y un terreno perfectamente drenado, que no deje agua estancada, sobre todo en invierno.

Leontopodium alpinum
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Saxífragas, bonitos cojines floridos
Las saxífragas, cuyo nombre latino significa «que rompe las piedras», son plantas perennes de montaña perfectas para rocalla.
Su floración estrellada, ligera y vaporosa varía del blanco al amarillo, del rojo al rosa. Tiene lugar en primavera o en verano.
- Saxifraga x arendsii ‘Pixie White’ ofrece un pequeño cojín de musgo realzado por una floración rosa oscuro muy dinámica.
- Saxifraga cotyledon ‘Southside Seedling’ produce adorables flores estrelladas blancas, salpicadas de rojo.
- Saxifraga arendsii ‘Peter Pan’ se engalana con pequeñas flores rojas de corazón amarillo, realzadas por un follaje parecido a un cojín de musgo.
- Saxifraga umbrosa ‘Variegata’ se viste de un follaje bicolor verde y amarillo, coronado por una nube de flores blancas con centro rojo.
Los follajes son igual de decorativos: hojas recortadas, follaje en roseta, hojas finas de aspecto musgoso, follaje variegado,…
La planta forma bonitos cojines tapisantes muy estéticos para vestir una rocalla.
Las saxífragas no requieren mantenimiento especial: estas plantas perennes se acomodan en una tierra bien drenada, incluso pobre y con poco sustrato. Soportan exposiciones soleadas o en semisombra, que las protejan del sol abrasador del medio del día.

Saxifraga umbrosa
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15 plantas para acondicionar una rocalla soleadaGenciana, un magnífico toque azul en rocalla
Las gencianas son vivaces originarias de las montañas, que reúnen numerosas variedades, algunas de las cuales se dan especialmente bien en rocalla.
Es el caso de la genciana o genciana de los Alpes, que se engalana a finales de primavera con flores en forma de trompeta de 5 cm, de un magnífico azul profundo con un toque de verde en el centro.
Alcanza 20 cm de envergadura y 10 cm de altura. Su follaje en roseta basal le confiere un porte tapisante.
Para lograr la plantación de la genciana, opta por una exposición soleada o en semisombra. Algo más exigente que otras plantas alpinas, requiere un suelo rico, bien drenado para evitar cualquier encharcamiento, pero que se mantenga fresco y húmedo.

Gentiana acaulis (Foto Maja Dumat)
Aubrietes, tapices coloridos
Las aubrietes son plantas perennes alpinas de la familia de las coles (Brasicáceas), que alcanzan 10 a 15 cm de altura.
De marzo a junio, estas plantes muy floríferas se cubren de flores de 1 a 3 cm, mostrando 4 pétalos y colores que varían según la variedad:
- Aubrieta ‘Royal Blue’ luce un bonito azul malva;
- ‘Red Carpet’ ofrece un rosa intenso y luminoso;
- ‘Kitte White’ se viste de flores de un blanco puro, realzadas por un corazón amarillo;
- ‘Bressingham Red’ florece en tonos rojo carmín;
- ‘Dr Mules Variegated’ produce flores malvas, realzadas por un follaje verde con márgenes blancos.
Esta planta cubresuelos de follaje perenne, verde o abigarrado, es ideal en rocallas y puede incluso trepar por muretes. Se extiende rápidamente para cubrir espacios y puede llegar a ahogar a las plantas vecinas si no dispone de suficiente espacio.
El cultivo de las aubrietes es posible en toda Francia, siempre que la exposición sea lo bastante soleada para favorecer el desarrollo de las plantas. Esta vivácea aprecia los suelos ligeros, bien drenados, pero que no se resequen demasiado en verano.

Aubrieta ‘Bressingham Red’ (Foto Wikipedia)
Pulsatilla, campanillas luminosas
pulsátila o Pulsatilla común es una Perenne herbácea originaria de las regiones alpinas, alcanzando unos 15 a 30 cm de altura.
Con una floración primaveral temprana (marzo a mayo), ofrece deslumbrantes campanillas ligeras y coloridas, que aportan un auténtico aire de montaña salvaje al jardín.
Los tallos se visten de una delicada pelusa plateada que contrasta con los colores de las flores.
El follaje finamente disecado aparece tras la floración. Los atractivos estéticos de la planta se refuerzan aún más con la producción de sorprendentes frutos plumosos a finales de temporada.
- Pulsatilla vulgaris ‘Rubra (Röde Klokke)’ aporta un verdadero toque de vitalidad a las rocallas, gracias a su rojo intenso iluminado por estameñas amarillas, seguida de una Fructificación en pequeñas semillas con pelusa.
- Las campanillas estrelladas de ‘Violet’ son, como su nombre indica, de un magnífico color violeta, iluminadas por estameñas de tonos dorados. La planta ofrece una Fructificación en pompones aéreos, como si estuvieran formados por finas plumas.
- Los largos tallos con pelusa plateada de ‘Alba’ muestran flores blancas inmaculadas, de corazón amarillo soleado. Esta pulsátila se adorna con penachos blancos plateados en el momento de fructificar.
Muy resistentes hasta -20 o -30 °C, las pulsátilas prefieren inviernos fríos y veranos secos. Crecen en suelo calizo, drenado y profundo, para que su raíz primaria se desarrolle bien.
El sol favorece la apertura de las flores, que se cierran cuando llueve.

Pulsatilla vulgaris ‘Violet’ (Foto Orchi)
Carlinas o alcachofas silvestres
La carlina es una especie de cardo de pequeño tamaño, que se encuentra en las montañas europeas del lado de las laderas áridas.
Florece desde la primavera hasta el verano, mostrando grandes capitula muy gráficos en tonos blancos, anaranjados o amarillos, adornados con numerosas brácteas.
Las flores conservan además todas sus cualidades estéticas al secarse y se revelan candidatas perfectas para ramos secos.
La floración da paso a frutos vellosos en aquenio, que permiten que la planta se siembre de manera natural.
Sus hojas largas dispuestas en roseta presentan bordes recortados cubiertos de espinas.
Planta carlinas al sol para disfrutar al máximo de sus flores, que se cierran en caso de lluvia y de humedad elevada, lo que les ha valido el apodo de «Barómetro del Pastor».
Esta vivácea de montaña se cultiva en suelo pedregoso, pobre, seco y drenado, para evitar cualquier pudrición de las raíces pivotantes. La planta apenas requiere mantenimiento.

Carlina acaulis ssp simplex ‘Bronze’ (Foto Peganum)
Los alisos de roca, el toque dorado
El alyssum (Allysum) o cesta de oro agrupa varias especies, entre las más comunes se encuentran las vivaces originarias de regiones montañosas y de rocalla.
A comienzos de primavera y hasta verano, forma un magnífico cojín cubresuelos brillante, amarillo o, más raramente, blanco.
- El Alyssum saxatile ‘Goldkugel’ forma auténticas matas perennes, que en primavera y durante un mes se cubren de multitud de flores amarillo oro deslumbrantes.
- El Alyssum montanum ‘Berggold’ o «aliso dorado de montaña» ofrece un porte compacto, que en la floración se ilumina con un amarillo solar y exhala un delicado perfume a miel.
En verano aparecen pequeños frutos redondos y verdes, lo que permite que la planta se siembre de manera natural.
Amante del sol, alyssum se cultiva en suelos incluso pobres y poco agradecidos, pedregosos o arenosos.
No requiere cuidados particulares, salvo algunos riegos en caso de fuerte sequía estival y ausencia de lluvias.

Alyssum saxatile ‘Goldkugel’ (Foto Wikipedia)
Lewisia cotyledon, un verdadero ramo de flores deslumbrantes
Las Lewisia cotyledon o lewisia de Siskiyou son plantas perennes originarias de las Montañas Rocosas de Norteamérica.
Su pequeño tamaño (25 cm de altura y de envergadura) y sus raíces pivotantes ramificadas les permiten prosperar en grietas o en pedregales.
Desde la primavera hasta mediados del verano, nos regalan una profusión de flores de colores vivos y brillantes, que mezclan matices rosas, rojos, naranjas o salmón.
Las flores de 3 cm de diámetro forman corolas estrelladas, de 7 a 12 pétalos, que se cierran al caer la noche.
El follaje perenne en forma de lengua pasa del verde al rojo en periodo de frío.
Muy resistente, la lewisia solo teme la humedad invernal. Se cultiva en suelo muy drenado, pero rico en materia orgánica, a pleno sol o a media sombra en las regiones cálidas.

Lewisia cotyledon ‘Elise Ruby Red’ (Foto Floragran)
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