Cultivar el propio jardín es un acto político. No lo digo yo, sino Pierre Rabhi.
Y hablar de política suele implicar doctrina, mayoría, oposición y movimientos contestatarios.
Seguramente te estarás preguntando qué mosca me ha picado o qué le he echado a mi café de la mañana. Tranquilos, hoy voy a hablaros de cultivo, poda y manejo de los tomates, un ejemplo perfecto de tema que divide a los jardineros.
De hecho, desde hace décadas se da por sentado que los tomates, con mano de hierro en guante de goma, se tutoran de forma sólida, se conducen con firmeza y se podan. Es una tradición con reglas estrictas: plantas firmes sobre inflexibles tutores y eliminación sistemática y sin piedad de los “chupones”. Orden y método.
Todo habría sido sencillo sin la llegada de una nueva generación de jardineros, insumisos hasta el punto de cuestionar lo que consideran mitos hortícolas. Y, sobre todo, curiosos o impertinentes hasta experimentar métodos alternativos como el cultivo de tomates en jaula, a ras del suelo, en libertad y sin poda e incluso sin agua.
¿Contestación estéril, peligroso laxismo o inicio de la anarquía? (Dime cómo cultivas tus tomates y te diré a quién votas...)
Pero, antes de encargar nada a los institutos de encuestas, exploremos estos distintos métodos, no precisamente convencionales...
Tomates en jaula o la libertad vigilada
Encerrar para liberar puede parecer contradictorio. En la práctica, se trata de una libertad vigilada.
Este modo de cultivo consiste en cultivar los tomates sin podarlos, rodeando las plantas con una jaula de malla para sostenerlas y contener su abundante vegetación. Estas jaulas tienen una doble ventaja: liberan al jardinero tanto de la esclavitud de la caza de los “chupones” como de la servidumbre de los riegos diarios, gracias a la reserva de agua prevista en la propia jaula. Para fabricarlas, hemos preparado un tutorial que te lo explica todo, paso a paso: construir una jaula para tomates.
Los tomates también se benefician de esta técnica: al no podarse, ya no presentan heridas y, por tanto, menos enfermedades. Los brotes axilares, antes suprimidos, producen flores que se transforman en frutos, ofreciendo así cosechas más abundantes que con una conducción clásica.

El cultivo de tomates en jaula - Foto: "Le sens de l'humus"
Tomates sin tutor ni poda: independencia, pura y dura
El principio no puede ser más simple y viene de perlas a los jardineros perezosos, pues basta con plantar la tomatera (de preferencia tumbada, su posición favorita) y dejar que la naturaleza siga su curso !
Los tomates se extienden de forma natural por el suelo. Única condición: aislarlos de la humedad con un acolchado grueso de materiales secos (paja, hierba seca) o con cajas de fruta. Como las Calabazas, tus tomates se darán sus aires… La ventaja es evidente: no tendrás nada que hacer salvo cosechar. Pero, ojo, este método requiere espacio y también ausencia de ratones de campo, topillos y otros roedores cavadores que se darían un festín probándolos.
Observa, de paso, que es perfectamente posible cultivar, de forma clásica, tomates sin tutor. Para ello, elige variedades de porte determinado, que formen un arbusto más o menos “autoportante”… según la fuerza del viento. Es el caso del tomate arbustivo (… lógica implacable), pero también de las variedades enanas y de cereza como Totem o Gold nuggets.
¿Y el tomate sin riego? Un movimiento alternativo revolucionario
El cambio es ahora… y empecemos por cerrar los grifos. Porque hacer crecer tomates sin agua es posible y Pascal Poot lo demuestra, cultivando nada menos que 450 variedades, sin regar jamás. Pero para ello no hay polvos mágicos, sino un proceso largo que consiste en “enseñar” a las hortalizas, generación tras generación de semillas, a vivir con poco, con un mínimo social garantizado: una simple dosis de compost.
Demostración:
Y tú, ¿eres más bien partidario del mantenimiento del orden y de la depilación obligatoria de las axilas (de los tomates… dicho sea de paso) o militas más bien por la confiscación masiva de tutores y tijeras de podar?
Venga, lo confieso: en casa somos más bien aplicados, pero nos falta constancia; quitamos los chupones durante las primeras semanas para, al final, dejarnos superar con gusto por una jungla incontrolable que parece enarbolar con orgullo un cartel: «¡Viva el tomate libre!»
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