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Aglaonema: cuidados según las estaciones

Aglaonema: cuidados según las estaciones

Para una planta de interior en plena salud

Contenido

Modificado el 27 de enero de 2026  por Leïla 6 min.

La Aglaonema es una planta de interior de follaje decorativo de colores y abigarrado. Originaria de los bosques tropicales del Sudeste Asiático, cálidos y húmedos, se adapta no obstante bien a nuestros interiores, siempre que se le ofrezca un entorno estable y unos cuidados adecuados.

Sin embargo, como cualquier planta, sus necesidades evolucionan con el paso de las estaciones. Riego, humedad, fertilización… cada periodo del año requiere algunos ajustes para garantizar su buen estado. Un mantenimiento bien pensado no solo favorece un crecimiento exuberante, sino que también ayuda a prevenir enfermedades y problemas asociados a las variaciones de temperatura y humedad.

En este artículo, descubre cómo cuidar la Aglaonema durante todo el año, adaptando su mantenimiento a cada estación para que siga siendo bonita y esté en plena forma.

Toma en cuenta que algunas especies de Aglaonema son más delicadas de cultivo, como la Aglaonema pictum ‘Tricolor’: se cultivan en las mismas condiciones que las demás, pero en el lado “alto”: más luz, más humedad ambiental.

Ten presente también que si tu interior es especialmente estable en cuanto a luminosidad, temperaturas y humedad ambiental, puedes aplicar unos cuidados más constantes, menos dependientes de las estaciones. Te darás cuenta si tu planta sigue produciendo hojas en invierno con la misma regularidad.

aglaonema pictum tricolor

Aglaonema pictum ‘Tricolor’, una bonita variedad algo delicada

Dificultad

La primavera: la estación del renacimiento

La primavera es el momento ideal para dar un “toque” de frescura a tu Aglaonema. Después de los meses de invierno, en los que el crecimiento se ralentiza, la planta recupera poco a poco la vitalidad. Por eso, es un buen momento para adaptar sus cuidados y acompañarla en esta fase de renovación.

Más luz para más crecimiento

Con el aumento de la luminosidad natural, el Aglaonema empieza a producir hojas nuevas. Para ayudarle:

  • Comprueba que esté en un lugar bien iluminado, protegido del sol directo, que podría quemar su follaje. El Aglaonema tolera una luminosidad media, pero su crecimiento es más bonito con el máximo de luz.
  • Si tu interior es oscuro, puedes usar una lámpara de crecimiento para compensar la falta de luz.

Riego y humedad: hay que encontrar el equilibrio

En primavera, la planta sale de su periodo de reposo y necesita más agua:

  • Riega cuando la superficie del sustrato esté seca en los primeros centímetros (por lo general, una vez por semana, pero adáptalo según la temperatura ambiente, el sustrato y la maceta).
  • Usa agua a temperatura ambiente para evitar un choque térmico en las raíces.
  • Mantén una buena humedad ambiental pulverizando regularmente las hojas y/o colocando un humidificador cerca.

Trasplante: un nuevo comienzo

Si tu Aglaonema parece demasiado justo en su maceta o si las raíces empiezan a salir por los orificios de drenaje, esta es la estación adecuada para trasplantarlo.

  • Elige una maceta ligeramente más grande (2 a 3 cm de diámetro más).
  • Apuesta por un sustrato bien drenante, como una mezcla de sustrato para plantas de interior a base de turba, enriquecida con perlita y, si lo deseas, con arena gruesa.
  • Aprovecha el trasplante para revisar las raíces y retirar las que estén dañadas o podridas.

Fertilización: un impulso de energía

Después del invierno, tu Aglaonema necesita nutrientes para reanudar bien el crecimiento:

  • Empieza a fertilizar con un abono líquido para plantas verdes, equilibrado o rico en nitrógeno.
  • Aplica el fertilizante cada cuatro a seis semanas, diluyendo ligeramente la dosis recomendada para evitar una sobrefertilización.
  • Reduce o detén la fertilización si notas manchas marrones en las hojas, señal de un exceso de sales minerales.

Vigilancia y cuidados de las hojas

La primavera también es una buena ocasión para limpiar el follaje:

  • Pasa un paño húmedo por las hojas para retirar el polvo y favorecer una mejor fotosíntesis.
  • Inspecciona la planta para detectar posibles parásitos, como cochinillas o pulgones, atraídos por el nuevo crecimiento.
  • Si aparece algún problema, utiliza una solución a base de jabón potásico diluido para tratar tu Aglaonema de forma natural.
Aglaonema luz y trasplante

El Aglaonema agradece una buena luminosidad. La primavera es la estación ideal para trasplantarlo

El verano: calor y vigilancia

El verano es una época en la que el Aglaonema puede desarrollarse plenamente gracias al calor y a la luz. Sin embargo, esta estación también exige una atención especial, porque las temperaturas altas, el aire seco y una exposición excesiva a la luz pueden debilitar la planta. Así es como debes adaptar sus cuidados para que esté en plena forma durante el verano.

Ajustar el riego según el calor

Con el aumento de las temperaturas, el Aglaonema necesita más agua, pero es importante no caer en el exceso.

  • Riégala siempre en cuanto el sustrato empiece a secarse por la superficie; en general, dos veces por semana según el calor y la humedad ambiental. En periodos de mucho calor, quizá la riegues 3 veces por semana.
  • Comprueba siempre la humedad del sustrato antes de regar para evitar un exceso de agua, que puede acabar provocando la pudrición de las raíces.
  • Evita que el agua se quede estancada en el platillo, vaciando el excedente después de cada riego.

Luz: evita los rayos del sol

En verano, la luz es más intensa, lo cual puede ser beneficioso, pero también problemático si el Aglaonema recibe demasiada exposición.

  • Comprueba que la planta reciba la máxima luz posible, pero evita el sol directo, que podría quemar sus hojas.
  • Si la luz es demasiado directa, aléjala de las ventanas o utiliza un velo/visillo para filtrar los rayos del sol.

Humedad: prevenir el aire seco

Con el calor estival y, eventualmente, el uso del aire acondicionado, el aire puede volverse demasiado seco para el Aglaonema, que se adapta a los ambientes del hogar, pero prefiere entre 50 y 70 % de humedad ambiental, donde se desarrolla mejor.

  • Rocía las hojas varias veces por semana con agua no calcárea.
  • Agrupa las plantas para crear un microclima.
  • Utiliza un humidificador de aire para evitar que las hojas se resequen.

Vigilancia de plagas: atención a los “indeseables”

El verano favorece la proliferación de ciertas plagas, en particular cochinillas, pulgones y arañas rojas, atraídos por el calor y por el aire seco o, al menos, demasiado variable en humedad.

  • Inspecciona regularmente el envés de las hojas y los tallos para detectar posibles invasores.
  • En caso de plagas, utiliza una solución natural como jabón potásico (jabón negro) diluido (ver nuestros artículos correspondientes en los enlaces de este texto).
  • Aumenta ligeramente la humedad alrededor de la planta para impedir que las arañas rojas se instalen, ya que odian la humedad.

Abono: alimentar con moderación

Como el verano es una época de crecimiento intenso, el Aglaonema puede beneficiarse de un aporte de nutrientes, pero no hay que pasarse.

  • Como en primavera, aplica un abono líquido para plantas verdes cada cuatro o seis semanas, respetando bien las dosis indicadas.
  • Evita la fertilización en caso de temperaturas caniculares, porque un crecimiento demasiado estimulado con calor fuerte puede debilitar la planta.
  • Si notas manchas marrones en las hojas, separa más los aportes de abono para evitar la acumulación de sales minerales en el suelo.

Prevención de golpes de calor y de los choques térmicos

El Aglaonema no tolera ni temperaturas excesivamente altas ni cambios bruscos: su ventana de temperaturas ideal se sitúa entre 18 y 26 °C.

  • Evita colocarlo cerca de un climatizador o de un ventilador que le sople directamente.
  • Si la temperatura supera los 30 °C, vigila más la humedad y riega un poco más a menudo para evitar que la planta sufra estrés hídrico.
  • Si aireas la habitación, procura no exponer la planta a corrientes de aire demasiado frías, especialmente por la tarde/noche.

El verano es una época clave para el esplendor del Aglaonema. Con un buen equilibrio entre riego, humedad y luz, podrá desarrollarse sin sufrir el calor.

El otoño: una transición suave

El otoño marca el final del periodo de crecimiento activo del Aglaonema. A medida que los días se acortan y bajan las temperaturas, la planta empieza a ralentizar su metabolismo. Es una etapa de transición en la que conviene adaptar gradualmente los cuidados para preparar el Aglaonema para afrontar el invierno con total tranquilidad.

Reducir progresivamente el riego

Con el descenso de las temperaturas y la disminución de la luz, el Aglaonema necesita menos agua.

  • Riega con menos frecuencia que en verano, aproximadamente una vez por semana, en función de la rapidez con la que se seca el sustrato.
  • Comprueba siempre la humedad del suelo introduciendo un dedo a 2-3 cm de profundidad antes de regar.
  • Evita absolutamente el exceso de agua, porque en esta época las raíces tardan más en absorber la humedad, lo que puede favorecer la pudrición.

Separar los aportes de fertilizante

El Aglaonema entra en una fase de crecimiento más lento y ya no necesita tantos nutrientes.

  • Reduce la frecuencia de los aportes de fertilizante y, a continuación, detén completamente la fertilización a partir de finales de octubre.
  • Un exceso de fertilizante en otoño puede acumular sales minerales en el sustrato y debilitar las raíces.

Limpieza de las hojas

El otoño es un buen momento para refrescar el Aglaonema.

  • Retira las hojas amarillentas o dañadas con unas tijeras limpias y desinfectadas.
  • Limpia las hojas con un paño húmedo para eliminar el polvo acumulado y maximizar la fotosíntesis.
  • Aprovecha para inspeccionar la planta y detectar posibles parásitos.

Gestionar la luz que disminuye

Los días se acortan y la luminosidad baja, lo que puede ralentizar el crecimiento y afectar al color de las hojas.

  • Coloca el Aglaonema en un lugar más luminoso, por ejemplo cerca de una ventana orientada al este o al oeste.
  • Si la luz natural resulta insuficiente, considera usar una lámpara de crecimiento para compensar la falta de iluminación.
  • Gira la maceta con regularidad para que todas las hojas reciban la misma cantidad de luz y evitar que la planta se estire hacia una sola dirección.

Control de temperaturas y humedad

El Aglaonema agradece un ambiente estable y teme las variaciones bruscas de temperatura.

  • Mantenlo alejado de fuentes de calor como radiadores y de corrientes de aire frío cerca de ventanas abiertas o puertas que den al exterior.
  • Vigila la humedad ambiental, que puede empezar a bajar con la calefacción interior.
hojas del aglaonema

Las bonitas hojas coloreadas de Aglaonema

El invierno: descanso y sobriedad

El invierno es una época delicada para el Aglaonema. La menor luminosidad, el aire seco provocado por la calefacción y las temperaturas más frescas ralentizan su metabolismo. En esta estación, el objetivo es evitar errores de mantenimiento que puedan debilitar la planta y ofrecerle condiciones adecuadas para su reposo invernal.

Riego: menos pero mejor

El Aglaonema necesita menos agua en invierno, porque su crecimiento está en pausa.

  • Riegue con menos frecuencia, cuando el sustrato esté seco en la mitad del tiesto aproximadamente.
  • Evite absolutamente el agua estancada en el platillo para prevenir la pudrición de las raíces.

Temperatura: proteger del frío y de las corrientes de aire

El Aglaonema es una planta tropical que no tolera temperaturas inferiores a 15 °C.

  • Mantenga una temperatura ambiente estable
  • Aleje la planta de las ventanas mal aisladas, de las puertas que dan al exterior y de las fuentes de corrientes de aire frío.
  • Ojo con los radiadores: el calor directo puede resecar la planta y quemar sus hojas.

Humedad: evitar el aire demasiado seco

La calefacción interior tiende a resecar el aire, lo que puede afectar al Aglaonema. Si la humedad baja por debajo del 50 %, piense en usar un humidificador de aire.

Abono: pausa invernal

Como el Aglaonema no tiene crecimiento activo en invierno, no necesita aportes nutritivos.

  • Detenga completamente la fertilización entre noviembre y febrero.
  • Retome los aportes de abono solo a comienzos de la primavera, cuando vuelva a arrancar el crecimiento.

Vigilancia y mantenimiento mínimo

El invierno es una época en la que, sobre todo, hay que vigilar la planta y evitar errores de mantenimiento.

  • Continúe limpiando las hojas con un paño húmedo para retirar el polvo y optimizar la fotosíntesis.
  • Compruebe la ausencia de parásitos, ya que el aire seco puede favorecer la aparición de arañas rojas.
  • Si la planta parece debilitarse, no se preocupe: es normal que ralentice su actividad.

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