"Hago pipí en el césped, para regar a las mariquitas..." ¿Conoces la canción? Pues resulta que vuelve a estar de moda y cada vez se habla más del uso de la orina en el jardín. O, para ser más precisos, volvemos a hablar de ello, porque hacer pipí en el jardín para hacer crecer las plantas (¡o simplemente por gusto!) era una práctica habitual antaño en nuestros campos.
Pero ¿es realmente eficaz? ¿La orina humana puede sustituir a nuestros fertilizantes habituales? ¿Regar con pipí es la panacea? ¿No aporta enfermedades? ¡Comprobémoslo!
La orina como abono: un concentrado de nitrógeno
La orina humana es naturalmente rica en nitrógeno. De hecho, puede servir para corregir una carencia de nitrógeno. Para ser precisos, la orina contiene urea que se transforma por reducción en gas amoniacal NH3 (¡ese es el olor!). Este, según la temperatura y la biología del suelo, puede reducirse de nuevo a amonio NH4+, lo cual es bueno; u oxidarse a nitrato NO3-, lo cual es menos deseable... Pero ambos compuestos químicos pueden ser asimilados directamente por las raíces de las plantas. De hecho, forman parte de lo que se llama el ciclo del nitrógeno.
La orina también contiene fósforo, potasio, azufre, magnesio y varios otros oligoelementos.
La composición varía según la alimentación de la persona: el contenido de nitrógeno oscila entre 3 y 6 g/litro, mientras que para el fósforo y el potasio rondamos 1 g/litro de media.
Todo ello convierte a la orina en un abono equilibrado y directamente asimilable por las plantas.
Pero, como todo, ¡hay que usarla bien!

La orina en el huerto
En un suelo bien enmendado de base (con compost o estiércol), el uso de fertilizante líquido no es realmente necesario. Pero como aporte, la orina puede usarse diluida a razón de 100 ml en 1 litro de agua, cada dos semanas y durante la fase de crecimiento de las plantas.
Atención: no des este “abono” a siembras ni a plantas demasiado jóvenes. En ese caso producirán tallos y follaje en detrimento del sistema radicular, causando problemas después. A esas plantas les costará más buscar agua y nutrientes y serán menos resistentes.
La orina en el compost
La orina en el compost acelera la descomposición de la materia orgánica.
Sin embargo, a dosis altas, la orina es tóxica para las lombrices de tierra, las lombrices de compost y otros organismos vivos del suelo. Así que úsala con moderación o dilúyela a razón de 250 ml de orina por litro de agua como mínimo.
La orina en otras zonas del jardín
La orina es un abono nitrogenado potente. Un exceso en ciertos puntos del jardín favorecerá la proliferación de plantas nitrófilas: ortiga y Campanita morada a la cabeza. Incluso, en algunos casos extremos, puedes “quemar tus plantas”. Prudencia, pues...
Si se ha tenido la precaución de colocar estiércol en la plantación y de mantener un suelo vivo y sano, un abono nitrogenado rara vez es útil para las Plantas ornamentales: árboles, arbustos e incluso viváceas.
En macetas o en jardineras, en cambio, puede ser una buena alternativa a los fertilizantes líquidos habituales. También aquí, recuerda diluir la orina: 50 a 100 ml de orina por litro de agua. Y aporta tu mezcla (o micción...) solo una vez cada dos semanas.

¿La orina? ¿Puaj?
Es sobre todo en Occidente donde mantenemos reticencias a usar excreciones humanas y animales. En África, Asia y Sudamérica se utiliza con frecuencia la orina. Y hay numerosas investigaciones agronómicas en curso para cuantificar el impacto real de esta práctica: por ahora, los resultados son más que alentadores.
¡El pipí huele mal!
La orina, incluso diluida, presenta un olor desagradable durante su degradación. Un almacenamiento de una semana solucionará este problema. En un suelo sano y equilibrado, la degradación de la orina será muy rápida, lo que limitará en el tiempo ese olor desagradable.
¡El pipí no es higiénico!
La orina es naturalmente estéril en una persona sana. En cambio, evita usar en el huerto la orina de una persona con una infección bacteriana: ten en cuenta que un almacenamiento relativamente largo (al menos un mes) permite eliminar los eventuales patógenos. Y, a la inversa, evita también usar orina de una persona en tratamiento, sobre todo con antibióticos.
Nota: también hay que señalar que la orina puede aportar una salinidad excesiva en suelos sensibles.
Conclusión
Si se supera la repulsión a utilizar nuestras propias excreciones, la orina puede resultar un abono eficaz. No la utilices pura, no demasiado a menudo y solo cuando sea necesario. En resumen, las precauciones de uso de un abono de verdad. Lo ideal es también almacenar previamente la orina para evitar los patógenos y reducir considerablemente el olor.
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