Plantación: las falsas buenas ideas
¡Abajo las ideas preconcebidas!
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La plantación de un árbol, un arbusto, una vivácea o incluso un bulbo parece sencilla a primera vista. Sin embargo, no es algo que deba tomarse a la ligera si se desea una buena vida para la planta. Además, a veces se leen u oyen consejos de plantación que, si se aplican, harán más mal que bien. Hagamos un repaso de algunas ideas preconcebidas y supuestas buenas ideas sobre la plantación.
¡Es imprescindible plantar en primavera!
¡No!
He aquí una idea muy arraigada: la plantación solo se hace en primavera. Y, a veces, incluso se oye: «esperemos a que terminen las últimas heladas«. Sin embargo, en el norte de Francia y en Bélgica puede helar hasta principios de mayo. Eso limitaría mucho los periodos de plantación.
En realidad, las fechas de plantación dependen de numerosos factores:
- La propia planta: los árboles y arbustos de follaje caduco se plantan preferentemente en otoño, los arbustos perennes a finales de verano y las plantas más sensibles al frío hacia mayo, por citar solo algunos ejemplos. Cada planta tiene su periodo de plantación preferente. Para cada una, verifica los periodos de plantación en la bibliografía o en nuestras fichas de producto;
- Cómo se ofrece la planta: ¿en raíces desnudas, en cepellón o en contenedor? Los árboles, arbustos y, a veces, incluso vivaces, que se ofrecen a raíz desnuda se plantan en otoño y al final del invierno. Los de cepellón gozan de un periodo de plantación algo más amplio. Mientras que las plantas vendidas en contenedor pueden, en teoría, plantarse todo el año, salvo con heladas o sequía;
- El clima: ¡no se planta al mismo tiempo en Lille que en Marsella! Las heladas no son las mismas, el suelo no se calienta en el mismo lapso de tiempo…
- El suelo: un suelo pesado, húmedo y mal drenado tarda en calentarse, lo que a menudo retrasa las plantaciones de primavera. Se puede plantar en otoño en este tipo de suelo, pero únicamente plantas que toleran esas condiciones. En una tierra bien drenada, los periodos de plantación son más amplios (otoño y primavera).
En resumen: como habrás entendido, la primavera es uno de los periodos de plantación, pero no el único. Y, al final, no es la mejor para un buen número de plantas que prefieren una plantación otoñal.

El periodo de plantación depende, entre otras cosas, del tipo de contenedor de tu vivácea, árbol o arbusto
Ver también
Densidad de plantación: todo lo que debes saber¡Hay que plantar en un hoyo grande y cuadrado!
Ojalá fuera tan sencillo…
En cuanto a la forma del hoyo, ninguna investigación científica ha podido demostrar que un hoyo cuadrado, redondo o en forma de estrella sea más adecuado para el arraigo de una planta. ¡Haz un hoyo! Da igual su forma.
En cuanto al tamaño, es difícil generalizar, porque depende de muchos factores:
- el tamaño del cepellón o de las raíces en el momento de la plantación: en resumen, la edad de la planta;
- el tipo de sistema radicular de la planta: cespitoso, raíz primaria, raíces rastreras…;
- el suelo en el que se planta: en suelo pesado, se puede optar por una plantación en caballón, por lo que el hoyo será menos profundo;
En resumen: no hace falta excavar una fosa con una excavadora para plantar. Pero el hoyo tampoco debe ser demasiado pequeño. Para no equivocarse, se suele decir que un buen hoyo de plantación debe ser aproximadamente el doble de ancho y de profundidad que el cepellón o el conjunto de las raíces (en el caso de árboles y arbustos a raíz desnuda).

Adapta el hoyo de plantación al ejemplar
¡No hace falta regar en el momento de la plantación si llueve!
¡Pues claro que sí, caray! Sin embargo, ¿cuántas veces no habremos escuchado ya esta frase…
El agua que se aporta en la plantación de cualquier vegetal sirve para dos cosas muy importantes:
- aportar humedad suficiente al sustrato que rodea las raíces;
- pero, sobre todo, procurar limitar al máximo las «bolsas de aire» que podrían formarse entre el sustrato y las raíces. El peso de un buen volumen de agua (10 l para un árbol o un arbusto) arrastrará las partículas de tierra y reducirá este fenómeno.
En resumen: incluso si plantas bajo un diluvio (al fin y al cabo, ¡es tu derecho!), echa una buena regadera de agua a tu árbol, arbusto, vivácea o plántula repicada.

El riego es imprescindible, siempre al pie del ejemplar
¡Hay que podar en la plantación!
¡No!
Nos lo repetían hasta hace pocos años, pero ahora sabemos que son tonterías. Antes se solía recomendar reducir las ramas de los árboles y arbustos mediante la poda para equilibrar la parte vegetativa (ramas y tronco) y la parte de raíz. La ciencia ha avanzado y nos enseña que, en realidad, los brotes terminales producen auxinas. Estas auxinas son hormonas de crecimiento que permiten (entre otras cosas) la producción de nuevas raíces. Más brotes terminales = mayor producción de auxinas y, por tanto, mayor crecimiento de raíz.
En resumen: salvo ramas o tallos muy mal situados, guarda tus tijeras de podar durante la plantación de tus árboles y arbustos.

La poda en el momento de la plantación es opcional, únicamente para quitar ramas que estén dañadas o mal orientadas
¡Cambia la tierra en el momento de la plantación!
¡Olvida eso! «La planta adecuada en el lugar adecuado» debería ser el leitmotiv de todo jardinero. Sin embargo, algunos se empeñan en intentar cambiar su suelo para plantar lo que quieren. ¡Y es más bien una mala idea!
El ejemplo clásico es la implantación de un macizo de plantas acidófilas (suelo ácido) en un jardín con suelo calcicole (suelo básico). Entonces se cava un agujero enorme (a veces ni eso…), se retira la buena tierra para sustituirla por la llamada tierra de brezo. Sin embargo, eso nunca dura más que un tiempo y las plantas acidófilas acabarán muriendo igualmente.
En la misma línea, añadir sustrato en cada plantación no siempre es necesario. Si tu suelo es bueno y conviene a las plantas que instalas, no añadas nada: así está bien. Eso sí, un poco de compost maduro siempre es un buen añadido.
Evita, de paso, añadir directamente fertilizantes en la plantación. En el mejor de los casos no servirá de nada. En el peor, quemará las raíces jóvenes.
En resumen: procura cultivar plantas adaptadas a tu suelo y a tu clima y todo irá bien.

Planta plantas acidófilas… en suelo ácido; es una cuestión de sentido común
¡Se plantan ejemplares grandes para ganar tiempo!
¡Ni hablar! En cualquier caso, no para las leñosas. Al final, no ahorrarás tiempo y, además, gastarás mucho dinero y energía para nada.
Un árbol o un arbusto bien desarrollado, por tanto ya maduro se ha cultivado en contenedor durante demasiado tiempo o se ha arrancado de su suelo de cultivo para ser trasladado. En ambos casos, la planta sufre estrés. Por consiguiente, tardará más en volver a crecer con normalidad, el tiempo necesario para que su sistema radicular se desarrolle correctamente en tu suelo. Además, los ejemplares grandes requieren cuidados rigurosos los primeros años (especialmente en cuanto al riego), porque la planta está bajo estrés (con mayor riesgo de enfermedad) y las raíces no bastan para buscar agua en profundidad ni para anclarse correctamente en la tierra.
En resumen: la plantación de un árbol o de un arbusto debe hacerse cuando es joven para reducir al máximo el trauma de la plantación. En ese caso, la planta crecerá rápidamente y ofrecerá buena altura y porte en solo unos años, alcanzando a ejemplares grandes plantados al mismo tiempo. Es más barato, más sencillo, igual de rápido y… mejor para la planta.

La plantación de ejemplares jóvenes es ideal: alcanzarán pronto a ejemplares más viejos y se establecerán con mayor facilidad (© Gwenaëlle David)
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