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Agallas en las plantas: ¿qué son?

Agallas en las plantas: ¿qué son?

¡De todos modos, no pasa nada!

Contenido

Modificado el 13 de noviembre de 2025  por Olivier 4 min.

Agallas vegetales extrañas, abultamientos de un tallo, bolas o protuberancias de colores… Existe una infinidad de agallas diferentes y sería difícil citarlas todas. Una agalla o cecidia no es una enfermedad, sino una reacción de la planta a la picadura de un insecto o de un ácaro (en la gran mayoría de los casos) que deposita sus huevos en los propios tejidos de la planta. Esta reacción tisular creará partes «anormales«, deformes y a veces espectaculares en la planta. Esa agalla servirá entonces de protección y de alimento al parásito. Pero, ¿una agalla en mi planta? ¿Es grave, doctor?

Dificultad

¿Cómo se forma una agalla?

Una agalla o una cecidia (término más científico) es el resultado de la reacción de una planta a la presencia en su interior de un organismo parásito (más raramente simbiótico). Este parásito puede ser un hongo, un virus, una bacteria, un gusano nematodo, pero, la mayoría de las veces, es un insecto o un ácaro: la agalla producida se denomina entonces zoocécidia.

El parásito segrega una serie de compuestos químicos que van a modificar radicalmente el desarrollo de ciertos tejidos de la planta huésped. Lo que creará entonces agallas vegetales anómalas, bultos de tamaño variable, deformaciones de órganos… como si fueran «tumores benignos«. Estas deformidades, a veces apenas visibles a simple vista, pueden, por el contrario, ser muy coloridas e incluso llegar a resultar estéticas en ocasiones (ejemplo: el bedegar en Rosa sp.).

Una agalla o cecidia puede aparecer en distintas partes de la planta: tallos, hojas, yemas, raíces o frutos. En realidad, una agalla ofrece «alojamiento y comida» a una o varias larvas de insectos o de ácaros: las células vegetales transformadas sirven de alimento a la vez que protegen a la larva de las agresiones externas (depredadores, parasitismos, humedad, frío…).

El estudio de las agallas se denomina Cecidología y el naturalista o biólogo que las estudia es, por tanto, un cecidólogo. No hace falta decir que los cecidólogos son pocos y, si se te pasa por la cabeza lanzarte a la aventura: ¡no lo dudes!

Nota bene : Una agalla no debe confundirse con una sarna. Sarna es una enfermedad en las personas y en los animales, pero por analogía, también da nombre a algunas enfermedades criptogámicas y bacterianas en la patata como la sarna plateada, la sarna de corcho o la sarna pulverulenta.

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Agalla de pelo radicular del rosal

¿Qué hacer si se observa una agalla en una planta?

¡No haga nada! No es una enfermedad, sino una reacción de la planta a un parásito.

No es en absoluto peligroso para la planta. Los «daños» son únicamente estéticos. Como mucho, puede observarse una ligera disminución del vigor cuando las agallas son tan numerosas en las hojas que reducen su fotosíntesis.

Este tipo de parasitismo es ventajoso para el parásito, por supuesto, y debería, en teoría, ser desventajoso para la planta. Sin embargo, la planta huésped parece tolerar bien este ataque parasitario. Según las últimas investigaciones, si la planta lo tolera bien es gracias a su diferenciación celular (la propia agalla). Así, la planta consigue «canalizar» al parásito, limitándolo dentro de esa agalla. En otras palabras, la formación de una agalla es una reacción de protección de la propia planta.

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Agalla Pediaspis aceris en hoja de arce

¿Qué plantas se ven afectadas?

Una cantidad incalculable de plantas puede verse “afectada” por agallas: árboles, arbustos, vivaces e incluso anuales o de huerto. Por tanto, resulta muy difícil describirlas todas y aún más complicado intentar establecer generalidades sobre el reconocimiento de una agalla.

Las más famosas y reconocibles son:

  • Las agallas del roble (porque existen varias) o manzanas de roble: unas bolas situadas en las axilas foliares y provocadas por insectos, en particular los cinípidos;
  • El bedegar o agalla de pelo radicular en rosales y escaramujos: una especie de bola musgosa provocada por una avispa diminuta, el cínipido del rosal;
  • La agalla cornuda del tilo: pequeñas puntas de rojo vivo situadas en la hoja, provocadas por ácaros;
  • La agalla piña: que deforma la punta de los brotes de la pícea común, provocada por un pulgón;
  • La Cecidomia de la Haya común: pequeñas pepitas en las hojas de haya, provocadas por un diminuto díptero.
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Agallas en el roble, el tilo y la haya común

Cada agalla o cecidia recibe su nombre en función del organismo (insecto, ácaro, virus, bacteria, hongo…) que la provoca. Así, la célebre agalla del rosal, llamada bedegar (a veces escrito «bedeguar»), provocada por un pequeño himenóptero, Diplolepis rosae (o cínipido del rosal), se denominará: Diplolepis rosae.

Cada especie de insecto o de ácaro solo parasitará una única especie de planta (más raramente un género). Por eso, las (pocas) guías de identificación de agallas se estructuran ante todo en torno a una clasificación botánica. En otras palabras, hay que reconocer la planta con certeza y localizarla en la guía antes siquiera de poder hacerse una idea de los posibles parásitos. Por tanto, conviene tener buenos conocimientos de botánica antes de adentrarse en la cecidología. Una ciencia que, al final, resulta ser un puente entre la botánica y la entomología (estudio de los insectos y otros artrópodos terrestres).

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