
Crear una turbera en el jardín
Comprender, crear y mantener una turbera
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La turbera es un ecosistema único y frágil que aún está presente en algunas partes del mundo. Explotada por el ser humano desde hace miles de años, constituye un reservorio de carbono y de una biodiversidad colosal. Las turberas son célebres por su diversidad de plantas carnívoras y otras especies únicas; este tipo de diseño puede resultar especialmente original en un jardín. Descubre este medio húmedo fascinante y nuestros consejos para crear una mini turbera en tu jardín.

Turbera del Jardin des Plantes de Nantes (© Gwenaëlle David)
¿Qué es una turbera?
Las turberas son zonas húmedas caracterizadas por la proliferación de esfagno vivo (musgo) que, al morir, se acumula y forma turba.
Estos suelos muy ricos en agua y en materias orgánicas vegetales esponjosas (poco o nada descompuestas) forman medios la mayor parte del tiempo ácidos. Debido a la falta de oxígeno y a la dificultad que tienen los microorganismos para descomponer este material, la turba puede acumularse con el tiempo hasta varios metros de espesor.
Los ecosistemas turbosos cubren entre el 3 % y el 5 % de las superficies terrestres emergidas; la biodiversidad allí es muy elevada y el almacenamiento de carbono se realiza de manera muy eficaz. Numerosas especies vegetales y animales solo se encuentran en estos medios tan particulares, propicios para el cultivo de plantas carnívoras. En suma, allí se encuentran especies adaptadas a vivir en condiciones pobres, húmedas y en climas rigurosos en invierno.
La turbera es un espacio húmedo poco acogedor para los árboles debido a su pobreza en elementos minerales y en oxígeno para las raíces (exceso de agua). Por ello, estos ecosistemas suelen estar expuestos a plena luz.
Antaño se explotaba la turba como combustible y se drenaban estos medios, considerados improductivos, para poder cultivar la tierra o plantar árboles.
Hoy en día, estos medios están protegidos, pero en algunos países siguen sufriendo una fuerte explotación, en particular por parte de la industria hortícola, que utiliza la turba como base para la fabricación de sustratos.

Turbera explotada
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El mejor periodo para crear una turbera es en primavera, cuando vuelve el buen tiempo.
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Montar una turbera no requiere mucho trabajo si eliges la opción de un contenedor, un acuario o una jardinera. Será diferente si decides crear una fosa grande rellena de turba, una instalación a la vez costosa y poco ecológica, dadas las cantidades de turba necesarias para rellenarla. Te sugerimos más bien elegir un contenedor para colocar en la terraza o cerca de un ventanal, para disfrutarlo todo el año y facilitarte la vida. Si prefieres en terreno abierto, también es posible crear una turbera enterrada, pero sé razonable con el tamaño de la fosa.
El material necesario para fabricar una turbera en contenedor
Para tu proyecto necesitarás:
- De turba rubia como sustrato
- De perlita, arena o arcilla expandida
- De un acuario, un contenedor de madera o con palés reciclados, una jardinera vieja, una pequeña charca prefabricada, etc.
- De un material impermeabilizante como una lona, un liner u otro revestimiento para impermeabilizar tu contenedor si es necesario
- De plantas de turbera
- De un tubo de PVC
- De agua de lluvia
- De una regadera
Las etapas de creación de la turbera en contenedor
- Después de elegir el tipo de contenedor que mejor se ajuste a tu gusto y a tu presupuesto, verifica su impermeabilidad. Muníte de una lona, un plástico o cualquier otro material impermeabilizante. Tu contenedor deberá medir 50 cm de altura como mínimo para crear una reserva de agua más importante en el fondo del contenedor. Cuanto mayor sea la altura, más espacio tendrán las raíces y mejor resistirán los rigores del invierno.
- Una vez impermeabilizado tu contenedor, podrás colocar la primera capa. Esta estará compuesta de un material que servirá para redistribuir el agua por capilaridad a tu turba. Puede tratarse de bolas de arcilla expandida, puzolanas, grava o cualquier otro elemento que pueda cumplir esta función. Atención: no utilices ningún material calcáreo; las plantas de medios turbosos son acidófilas.
- Coloca a continuación de manera vertical un tubo de PVC de una longitud equivalente a la altura de tu contenedor. Este elemento servirá durante el riego para saturar de agua la primera capa. Mantener la base de tu contenedor bajo agua imitará una turbera real y servirá también de reserva (como un acuífero) en caso de sequía.
- Prepara una mezcla de 70 % de turba y 30 % de perlita o arena para facilitar que las raíces se abran paso. Llena tu contenedor con esta mezcla. Durante el llenado, compacta tu sustrato y satúralo de agua: al ser la turba muy esponjosa, habrá que saturarla de agua y compactarla para imitar las condiciones naturales del medio de origen.
- Llena tu contenedor hasta el borde; un extremo del tubo de PVC debe aflorar en la superficie.
- Podemos pasar a la fase más divertida: la plantación.
Plantar plantas de turbera
Existen decenas de especies para implantar en este tipo de proyecto. El esfagno seguirá siendo la planta imprescindible que introducir en tu proyecto, porque es la base de este ecosistema. Colócalo en una pequeña cavidad creada con la palma de tu mano y riégalo abundantemente las primeras semanas… ¡éxito garantizado! El tapiz que formará este curioso musgo protegerá el resto de este microhábitat durante los largos meses de invierno.
La drosera es una planta de turbera emblemática. También encontramos los algodoncillos de pantano, el arándano rojo o incluso las Sarracenia; dionea o Darlingtonia son muy populares en este tipo de microhábitat. También es posible integrar carex de pequeño tamaño o molinia.
Pequeños árboles como el abedul enano o el sauce rastrero también pueden añadirse para composiciones de mayor tamaño.
La mayoría de estas plantas (incluidas las carnívoras) agradecen el acompañamiento del esfagno (en particular) y no requieren grandes distancias de plantación entre cada cepellón, porque se desarrollan poco. Sin embargo, las droseras deberán vigilarse, ya que son de tamaño muy pequeño y podrían quedar ahogadas por las demás.

Esfagno, algodoncillos de pantano, Molinia caerulea ‘Moorhexe’ y Salix repens
Lo importante es cubrir bien la superficie a plantar para crear un efecto natural rápidamente.
Procura agrupar las especies entre sí y no mezclarlo todo. No queda bien a la vista y complicará el mantenimiento de tu proyecto.
¡No olvides adaptar tus plantas a tu clima! Si tienes la suerte de vivir en una región cercana a una turbera, ¿por qué no hacer una visita para reconocer las plantas que adaptar en casa?
En cuanto al mantenimiento, se procurará mantener una humedad constante y alta. Atención también a las plantas de poco desarrollo, que no deben verse superadas por las demás.
→ Descubre nuestro vídeo sobre las Sarracenias
¿Y una turbera integrada en tu estanque natural?
Si ya dispones de un estanque natural, es perfectamente posible dedicar un rincón de este a una zona de turbera.
Sepárala del resto del estanque con algunos bloques de piedra (no calcárea) u otro obstáculo que permita retener la turba rubia y planta allí tus plantas.
¡La turba ejerce un efecto tampón sobre el pH de tu estanque y alberga un montón de buenas bacterias depuradoras, beneficiosas para el agua de tu estanque!

Turbera en el Jardín de las Plantas de Nantes; a la derecha, Angelica heterocarpa ‘Lloyd’ (© Gwenaëlle David)
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