
¿Cómo preservar la vida del suelo en un invernadero?
Nuestros consejos para mantener un suelo rico y fértil en tu invernadero de jardín
Contenido
Tener un invernadero en el jardín presenta numerosas ventajas: aumento de la productividad, alargamiento de las temporadas de cultivo, protección contra enfermedades, almacenamiento de la siembra más sencillo, etc.
Pero el cultivo en un medio más o menos cerrado también conlleva algunos inconvenientes, en particular los relacionados con la gestión del riego y el mantenimiento de un clima templado todo el año. Estos elementos esenciales afectan tanto al desarrollo de las plantaciones como a la vida del suelo.
Además, a medida que se suceden los cultivos, el suelo bajo invernadero tiende a secarse y a empobrecerse al perder sus nutrientes, hasta que finalmente la vida termina por abandonar por completo el suelo.
Pero para mantener un suelo vivo, fértil, rico en microorganismos y en valiosas lombrices, existen soluciones sencillas de aplicar.
Aquí tienes nuestros consejos para cuidar el suelo de tu invernadero y mantener un buen suelo vivo.

Un suelo vivo y fértil ofrece cosechas abundantes y una vegetación exuberante.
El riego, imprescindible para mantener la vida del suelo
El agua es indispensable para preservar la vida del suelo. Sin embargo, a diferencia de los cultivos al aire libre, no es posible (salvo modelos particulares) aprovechar el agua de lluvia para regar naturlamente la tierra en el interior del invernadero.
Por tanto, prevea un sistema de riego que permita un riego regular y abundante, sobre todo en periodo estival. Idealmente, este sistema podrá ser autónomo.
La recogida de agua de lluvia es el medio más económico y ecológico para regar en invernadero, pero puede plantear problemas de almacenamiento en espacios reducidos.
También puede instalar un estanque fijo directamente en el interior del invernadero : excave una charca o instale una bañera que, aunque su estética sea discutible, será igual de práctica y eficaz. Este estanque mejorará la higrometría (el grado de humedad) natural del invernadero y proporcionará agua a temperatura ambiente, ideal para el riego de los cultivos, ya que limita los choques térmicos.

Un simple tonel puede servir para recoger agua de lluvia.
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Nutrir el suelo de forma natural.Buena ventilación, esencial en invernadero
Como complemento al riego, la gestión de las temperaturas en el invernadero es uno de los puntos clave.
En verano, el clima suele ser tropical, combinando calor y humedad. El invernadero puede convertirse rápidamente en un auténtico horno para los cultivos, máxime porque los materiales de construcción tienden a transformar los rayos del sol en calor.
Por el contrario, en invierno, las temperaturas pueden bajar rápidamente por debajo de 0 y las diferencias de temperatura entre el día y la noche a veces son muy elevadas, provocando choques térmicos poco deseables.
Por tanto, una buena ventilación resulta indispensable para favorecer la circulación del aire y regular la temperatura interna del invernadero: abre la puerta, las ventanas o los tragaluces para que el aire caliente en verano y la humedad en invierno se evacúen bien.
En el jardín al aire libre, las plantas cuentan con la sombra natural de su entorno: árboles, arbustos, edificios,… En invernadero, el sol puede volverse rápidamente nocivo para las plantas y la vida del suelo.
Para paliar esta falta de sombra, puedes cultivar plantas trepadoras que, además de aportar un bonito toque estético, harán de parasol. Opta por clemátides, pasifloras perfumadas, jazmines o anuales como los guisantes de olor o las Ipomaceae.
Para aportar sombreado y una protección adicional contra los rayos intensos del sol, aplica en los cristales del invernadero blanco de Meudon (o blanco de España), un producto natural, económico y biodegradable a base de tiza. Este producto se encuentra fácilmente en internet o en tiendas de bricolaje. Se elimina simplemente con esponja y agua al final de la temporada, garantizando al mismo tiempo una auténtica limpieza de las superficies acristaladas.

Invernadero con tragaluces que permiten una buena ventilación.
Acolchado para mantener la humedad y proteger el suelo
El acolchado tiene la ventaja de mantener la humedad del suelo durante más tiempo al limitar la evaporación. Además, ofrece una capa protectora y limita la proliferación de malas hierbas (« malas hierbas »).
Distintos elementos pueden utilizarse para acolchar el suelo del invernadero:
- cartón sin tintas químicas y sin tratar
- paja
- césped de siega seco para evitar la fermentación
- restos de poda y otros « residuos » de cultivo
- hojas secas
Este acolchado se extenderá sobre el suelo del invernadero en una capa fina de unos centímetros.
Según el clima y la rapidez de descomposición, será necesario renovarlo una o varias veces al mes. En caso de alto calor estival, un riego también puede ser beneficioso para evitar que el suelo se reseque.

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Abonos verdes: ¿por qué y cómo?Enmiendas para nutrir y revitalizar el suelo
Las enmiendas permiten enriquecer el suelo con nutrientes, favorecer la presencia de microorganismos indispensables para la vida y mejorar la estructura natural de la tierra.
En primavera, cubre el suelo con unos milímetros de compost doméstico maduro compuesto de residuos vegetales y restos de cocina, o utiliza estiércol de caballo o de otros animales (aves de corral, vacas…) bien descompuesto y rico en nitrógeno.
Como complemento de estas enmiendas, puedes hacer aportes de productos naturales fitostimulantes: pulverización de purín de ortiga rico en nitrógeno, de purín de consuelda rico en potasa y en boro, o incluso el uso de productos a base de hongos y carbón activo para mezclar con el sustrato o esparcir.
Cultivo de abonos verdes para una tierra fértil
Conocemos bien las numerosas ventajas de los abonos verdes en el jardín. De cultivo fácil y rápido, permiten nutrir el suelo devolviendo los nutrientes, mejorar su estructura, protegerlo y evitar el desarrollo de malas hierbas.
El otoño suele marcar el final del periodo de cultivo en invernadero más importante del año. Por lo tanto, es el mejor momento para sembrar al voleo los abonos verdes, preparando así el suelo para los cultivos de la primavera siguiente: mostaza blanca, veza de Cerdaña o alfalfa roja en septiembre, centeno en octubre-noviembre.
Antes de la floración, para evitar cualquier siembra natural, siega los abonos verdes. Luego podrán dejarse directamente sobre el terreno o triturarse para mezclarlos con la capa superficial del suelo del invernadero, para poder cultivar desde el mes siguiente.

A la izquierda, mostaza blanca (Foto Rasbak) y a la derecha, veza de Cerdaña
Soluciones más radicales
Si, a pesar de nuestros consejos para proteger y mantener el suelo de tu invernadero, toda vida parece haber desaparecido y la tierra está estéril, existen otras soluciones más drásticas.
Sustituye al menos unos 15 cm de tierra por tierra de jardín nueva o por tierra vegetal. Esta operación, laboriosa y que consume tiempo, no garantiza, sin embargo, una recuperación inmediata de la vida del suelo.
Otra solución consiste, si el modelo lo permite, en desplazar el invernadero cada 2 o 3 años a una nueva zona del jardín, favoreciendo así la renovación del suelo. Los invernaderos móviles tienden, además, a generalizarse cada vez más, precisamente para paliar el problema de mantener la vida en el suelo y para reducir los riesgos de enfermedad.
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