
Abono o enmienda: ¿cuál es la diferencia?
¡Nuestros consejos para elegirlos y utilizarlos!
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Los abonos y las enmiendas tienen como objetivo proporcionar a las plantas condiciones ideales para desarrollarse bien. Permiten a las plantas crecer en un suelo rico y fértil. Son importantes para tener plantas sanas, que ofrezcan flores bonitas y cosechas generosas. Con el tiempo, el suelo del jardín puede tender a degradarse, empobrecerse o apisonarse… por eso es importante aportar elementos para mantenerlo rico y fértil. Los abonos y las enmiendas son dos términos que a menudo se confunden. Descubre su utilidad en el jardín y cómo diferenciarlos, para poder elegir los elementos que aportar a tu suelo.
¿Cómo diferenciar abonos y enmiendas?
Los abonos están pensados para nutrir las plantas directamente. Aportan elementos minerales que no están o ya no están presentes en el suelo, proporcionando a las plantas nitrógeno, fósforo y potasio. Responden directamente a las necesidades de las plantas y evitan así que desarrollen carencias. Hay que aportarlos regularmente, porque se agotan al ser absorbidos por las plantas o lixiviados. Los abonos pueden ser minerales (por ejemplo, en forma de gránulos, de barritas o en forma líquida), u orgánicos (cuerno triturado, sangre seca…). También se les denomina fertilizantes. Son bastante fáciles de aplicar.
Las enmiendas mejoran la estructura física del suelo: retención de agua, circulación del aire, permeabilidad, etc., y permiten ajustar el pH. Tienen una acción global y duradera. Las enmiendas no se dirigen a la planta en particular, sino al equilibrio y la fertilidad del suelo. Permiten ante todo nutrir el suelo y mejorarlo. Las enmiendas pueden corregir el pH del suelo, hacerlo más ligero y permeable, mejorar la retención de agua o el drenaje. Las enmiendas permiten restablecer un equilibrio entre la arena, la arcilla, el limo y el humus que componen el suelo. Esto facilita la circulación del aire, del agua y de los elementos minerales en el suelo.
- Las enmiendas pueden ser minerales: es el caso de la cal, que permite corregir el pH de suelos demasiado ácidos. También es posible aportar arena, arcilla, cenizas de madera, sulfato de aluminio, dolomita…
- Las enmiendas orgánicas (compost, estiércol, abonos verdes…) permiten nutrir el suelo y constituir una reserva de humus. Así, nutren a los microorganismos y mantienen la vida del suelo. Las enmiendas orgánicas actúan tanto sobre la estructura como sobre la fertilidad. Tienen la particularidad de ser a la vez una enmienda y un abono, ya que, al degradarse, liberan progresivamente minerales que van a nutrir las plantas. El acolchado también puede considerarse una enmienda, porque se descompone con el tiempo y aporta materia orgánica al suelo.
Ver también
Lograr un buen compost en 5 puntos¿En qué casos utilizar abonos?
Los abonos aportan a las plantas los elementos minerales que necesitan. Según su composición, pueden aportar tres macroelementos: nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K), así como elementos secundarios y oligoelementos. Las plantas absorben habitualmente estos elementos del suelo, que puede terminar agotándose. Por ello, es necesario aportar abono para seguir nutriendo a las plantas.
Los abonos son muy útiles para nutrir los vegetales, pero no mejoran la fertilidad del suelo. Terminan desapareciendo al ser absorbidos por las plantas o lixiviados. Hay que aportarlos regularmente.
Los abonos existen en forma sólida (gránulos, barritas…) o líquida.
Se utilizan principalmente para:
- Prevenir o corregir carencias
- Mejorar la floración, la producción de fruta o de hortalizas…
- Nutrir plantas en macetas o en jardinera, cuyos recursos son limitados.
- Fortalecer las plantas
- Revitalizar una planta que ha sufrido estrés o una enfermedad
Aunque algunas enmiendas también nutren las plantas, los abonos resultan más sencillos y eficaces para aportar directamente a una planta los nutrientes que necesita. Si tiene altas necesidades de nitrógeno o presenta carencia de este elemento, se elegirá un abono nitrogenado; si necesita potasio, también encontraremos un abono adecuado…
Los abonos permiten responder a necesidades precisas y son muy eficaces para corregir carencias.

Descubre nuestra ficha de consejos para elegir bien un abono, ya sea para macizos de flores, el huerto o árboles y arbustos.
¿En qué casos utilizar enmiendas?
Las enmiendas ejercen una acción global y duradera, al mejorar la estructura física del suelo (las partículas del suelo) o el pH. Permiten, por ejemplo, aligerar el suelo, elevar el pH, mejorar el drenaje o aumentar la capacidad de retención de agua… Antes de aportar enmiendas, hay que conocer el tipo de suelo y sus características, y determinar qué conviene corregir.
Como las enmiendas orgánicas (compost, estiércol…) nutren el suelo, lo vuelven más fértil y vivo, hacen menos necesarios los aportes de fertilizantes. Además, a diferencia de los fertilizantes, los elementos que aportan son poco lixiviados y permanecen disponibles durante más tiempo para las plantas.
Pueden considerarse fertilizantes y enmiendas complementarios.
Algunos ejemplos de uso:
| Objetivo | Enmienda a aportar |
| Elevar el pH | Dolomita, cal, ceniza de madera… |
| Bajar el pH | Azufre o sulfato de hierro. Atención: elementos que deben aportarse de forma lenta y progresiva. |
| Aligerar un suelo pesado y compacto | Materia orgánica: compost, estiércol, compost de hojas… o aportes de cal |
| Mejorar la retención de agua | Materia orgánica: compost, estiércol, compost de hojas… o aportes de arcilla bentonítica |
| Dejar el suelo blando y fácil de trabajar | Materia orgánica: compost, estiércol, compost de hojas… |
| Mejorar el drenaje | Grava o arena gruesa (arena de río) |
| Mejorar la absorción de elementos minerales y de agua por las plantas | Micorrizas |
Es importante, no obstante, cultivar plantas adaptadas a tu terreno. Si tu suelo es ácido, en lugar de intentar elevar el pH, lo mejor es cultivar plantas de tierra de brezo. Del mismo modo, si es calcáreo, cultiva plantas que prosperen en suelos calcáreos. En un suelo arenoso y muy drenante, conviene evitar cultivar plantas que prefieren suelos frescos o húmedos, para optar más bien por especies adaptadas a la sequía.
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