¿Conoces el robot cortacésped?

Formo parte de esas mujeres a las que les dejan indiferentes los escaparates de joyerías y demás chucherías. Nuestro banco se alegraría si no me sintiera irresistiblemente atraída por el de mi tienda de maquinaria de jardinería. Y entre las innovaciones de estos últimos años, hay una que me interpela: el robot cortacésped.

En casa de Sophie (Citrouilles et Lutin), ahora es "Marie-Jeanne" quien se ocupa del césped.

Siendo honesta, al principio miré el aparato con un punto de desdén, sospechando que formaba parte de esos artilugios que se vuelven locos, hasta atropellar al gato, a la primera tormenta. Y luego, con las demostraciones, mi condescendencia fue desapareciendo. Incluso se ha transformado en un auténtico interés desde que veo aparecer estos robots cortacésped en algunos de mis blogs preferidos.

Como se trata de una compra importante, os propongo compartir aquí mis reflexiones sobre el tema.

El robot cortacésped: ventajas

  • El robot es autónomo, va a lo suyo… hasta aquí, nada del otro mundo, es el principio de un robot. Pero la diferencia está en que trabaja incluso cuando no estáis en casa (recordad el aspecto del césped a la vuelta de vuestras últimas vacaciones…) y con cualquier tiempo. Ya no es necesario esperar a una ventana de buen tiempo para devolver un aspecto cuidado al jardín. El robot se encarga, incluso si llueve.
  • Bajo su carcasa, es "Eduardo Manostijeras"; sus cuchillas están afiladas como auténticas navajas. La calidad de corte no tiene nada que ver con la de nuestros mejores cortacéspedes.
  • El aspecto del césped mejora rápidamente porque el robot cortacésped es el rey del mulching. Junto con cortes más frecuentes y por tanto menos bajos, el mulching permite conseguir un césped más verde. Las briznas de hierba se descomponen en un abrir y cerrar de ojos y nutren las gramíneas. El resultado llega rápido: menos musgo y malas hierbas... ¡y ningún residuo!
  • Los robots cortacésped son casi silenciosos. Su nivel sonoro ronda los 65 dB, equivalente al ruido de una conversación normal. Pueden trabajar incluso en domingo sin molestar a los vecinos más cercanos.
  • El peso de los robots de corte es razonable, lo que los hace ahorradores. Funcionan con baterías recargadas con electricidad. Y aunque esta provenga en parte de la energía nuclear, no emiten gases contaminantes como nuestros viejos cortacéspedes de gasolina. El coste de su alimentación es muy inferior al del combustible y casi podríamos considerarlos ecológicos.
  • El robot cortacésped es sin mantenimiento: no hay cambio de aceite ni filtro que sustituir… solo hay que prever un cambio regular de cuchillas y una limpieza ocasional.

El robot cortacésped: inconvenientes

  • El robot de corte es costoso (entre 1.299 y 3.999 euros IVA incluido para el modelo más pequeño de Husqvarna) y cuanto más grande y accidentado sea el terreno, más suben los precios…
  • El robot cortacésped se recomienda para jardines ya establecidos y jardineros poco versátiles. De hecho, más que inteligente, la “ciberoveja” es sobre todo obediente y necesita límites materializados por un cable perimetral que a veces se coloca a ras del suelo o enterrado. Esta instalación, aunque sencilla, es tediosa. Esta etapa de la puesta en marcha, por cierto, suele ofrecerse al comprar el cortacésped. Así que, una vez instalado el cable, ampliar un macizo da que pensar…
  • Aunque algunos modelos ya están diseñados para cortar muy cerca de los límites fijados, siempre queda una fina franja de hierba alrededor de los macizos y de los árboles, que habrá que rematar con el cortabordes. Y, según la configuración de vuestro jardín, esta pequeña tarea os llevará más o menos tiempo.
  • Si los obstáculos importantes (montículos de topo) lo detienen en seco, actúa con menos criterio con los elementos pequeños (ramas, juguetes pequeños de niños despistados…) que troceará sin miramientos o, peor aún, que dañarán sus cuchillas.
robot cortacésped

¿Pronto una ciberoveja en casa?

A la vista de tantas ventajas, casi sería razonable caer en la tentación, ¿no?

Pues no, nada de robot cortacésped para mi jardín. Al menos, no este año.

Porque, aunque objetivamente sea una compra bastante inteligente, lo digo alto y claro: me gusta cortar el césped. En mi pradera tengo total libertad: dejo crecer la hierba y voy trazando caminos según me apetece. Y quizá porque mis padres me negaron la Mobylette, confieso que me divierte la conducción deportiva de mi pequeño rider. Pelo al viento, casco en la cabeza, no hay quien me pare

Y a vosotros, ¿el robot cortacésped os tienta? Quizá ya estéis equipados... ¡Contadnos!