Exhalando mil sabores y otros tantos perfumes, desde los más sutiles hasta los más potentes, las plantas aromáticas y condimentarias tienen además la ventaja de ser poco exigentes. Se cultivan en todas partes, sea cual sea el tamaño o el estilo del jardín: en macetas en las terrazas o balcones y en terreno abierto, a elegir, en un espacio dedicado, en el borde del huerto e incluso dentro de los macizos.

En nuestro jardín están por todas partes y así es como las “acondicionamos”:

1- En el huerto, “clasificadas” por temática, en bancales elevados

Porque es muy práctico, hemos agrupado las aromáticas más utilizadas en cocina en bancales elevados. Las mediterráneas que acompañan las barbacoas y las pizzas (Orégano, Albahaca, Tomillo) están al sol, en una mezcla drenante porque temen la humedad. Bajo Sombra ligera, la Hierba Luisa convive con la Melisa y la Hierbabuena; sirven para infusiones. Un tercer bancal, siempre a media sombra, alberga Cebollino, Cilantro, Perejil y también Pimpinela, que se cultiva tanto por su nombre encantador como por su saborcito a pepino.

2- En el borde de la terraza, a modo de seto bajo

Las aromáticas “voluminosas”, que forman a la madurez arbolitos, se utilizan en seto bajo, en el borde de una terraza expuesta al sur: son el Romero, el Estragón, la salvia común, la Siempreviva planta curry y la Santolina, de bonito follaje grisáceo.

3- Con los rosales, en un maridaje romántico

Desde hace varios años, la Esclarea ha establecido su hogar (se siembra de manera natural) en el macizo, algo romántico, de rosales, en compañía de la Agastache de hojas anisadas, de la Bergamota silvestre y de la Menta gatuna, de la que Michoko, nuestro gato, es un fan… lo que compensa un poco el olor de la Ruda, que detesta, aunque a mí me encanta su follaje azulado. Este año, pienso añadir allí algunas plantas de Malvavisco: su floración combinará de maravilla con la de los rosales ingleses de David Austin.

4- En pleno corazón de las vivaces

Cada año y en todos los macizos, siembro generosamente y en dos o tres tandas (para disfrutarlas más tiempo) semillas de Eneldo, porque me parece de porte elegante. Y si utilizo las hojas con pescado y para realzar las ensaladas de pepino, también adorno mis ramos con sus maravillosas umbelas. El Hinojo bronce y la Angélica han encontrado su lugar en un macizo “pradera”, donde no desentonan entre las gramíneas. Por último, la Salvia piña, que florece tardíamente y cuyas hojas son maravillosas en ensalada de frutas, se ha instalado en otro macizo, más colorido.

5- Al pie de los frutales

He intercalado tanaceto, conocido por ahuyentar los gusanos, entre dos hileras de Común frambuesa (los trepadores y los no trepadores, están separados porque no se podan de la misma manera, pero eso es otro tema…) y estoy esperando a que nuestros frutales jóvenes estén bien establecidos para instalar, a sus pies, algunas plantas de Artemisa blanca, Orégano dorado y Manzanilla.

¿Y en vuestro jardín? ¿Disponéis de un pequeño espacio de estilo medieval, de una bonita espiral de piedras secas donde estén agrupadas o, como nosotros, sois más de “freestyle”, colocándolas por todas partes? ¡Contádnoslo!