La generosa floración del ciclamen de Nápoles siempre me evoca una nube de pequeñas mariposas rosas listas para alzar el vuelo. ¡Es un espectáculo mágico bajo el sol rasante de un hermoso día de otoño como el de hoy…!



El ciclamen de Nápoles, bien vivácea, forma encantadoras tapia de flores desde finales de agosto hasta las heladas
También llamado ciclamen de hoja de hiedra (Cyclamen hederifolium), este bulbo originario de nuestros sotobosques claros es una vivácea resistente y poco exigente. De cultivo fácil, se naturaliza por siembra natural para formar amplias colonias bajo los árboles. En esta sombra seca donde nada más crece, prosperarán durante decenas de años; los bulbos viejos podrán entonces alcanzar el tamaño de un plato…
Así colmados de reservas, los ciclámenes de Nápoles se vuelven casi indestructibles y reaparecen fielmente cada año desde finales de agosto con sus primeras flores. Sus hojas, en cambio, no saldrán hasta que termine la floración, a finales de octubre, y formarán un tapiz de Plantas cubresuelos en invierno. Para prolongar el efecto, plántalos con ciclámenes de la isla de Cos (Cyclamen coum), que florecerán en primavera, de febrero a mayo, y con pequeñas vincas menores (Vinca minor) cuyo follaje verde oscuro ocupará el terreno en verano, cuando los ciclámenes estarán en reposo bajo tierra, para un bien merecido descanso estival.
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