El Iris germanica o Lirio azul ‘Cartouche’ es un cultivar de la familia de las Iridáceas, clasificado entre los iris barbados de bordillos. Fue obtenido por Richard Cayeux en 2009 e introducido en 2010. Este cultivar es resultado del cruce entre la siembra resultante de ('Chevalier de Malte' × 'Conjuration') y 'Fabuleux'. Es uno de los numerosos cultivares obtenidos desde hace siglos, cuya controvertida origen se discute en torno al número de cromosomas de los ancestros potenciales. Se considera que los Lirios azules tienen orígenes europeos. 'Cartouche' se distingue por sus flores exquisitas con pétalos y sépalos de un blanco inmaculado, estos últimos delicadamente bordeados por un ribete azul oscuro de unos 2 mm de ancho. Las barbas amarillas, que terminan en puntas blancas, a veces se prolongan con un delicado espolón blanco, acentuando la finura del diseño floral. La forma es impecable, con bordes finamente ondulados y muy cerrados. La planta adopta un porte compacto y alcanza una altura de unos 60 cm en terreno abierto. Su crecimiento es rápido y vigoroso, formando matas densas gracias a sus rizomas carnosos que se extienden horizontalmente. En macetas, las dimensiones pueden ser ligeramente reducidas, pero la planta conserva su elegancia. El follaje está compuesto por hojas en forma de espada, de color verde azulado, caducifolio. El sistema radicular, formado por rizomas carnosos, asegura tanto la propagación como el almacenamiento de reservas. La flora ocurre desde mediados hasta finales de la primavera, generalmente en mayo.
En un bordillo soleado, el iris ‘Cartouche’ con su blancura satinada es como un punto de luz en los primeros calores de la primavera. Combina a la perfección con los follajes grises de las artemisas blancas, las inflorescencias ligeras de un gypsophila o las matas suaves de un Stachys byzantina, jugando con las texturas y los tonos suaves. Para reforzar la armonía o crear contrastes sutiles, puedes asociarlo con otros iris como ‘Sea Fire’ por sus tonalidades pastel, o incluso ‘Cutie’ que prolonga su brillo en el macizo. En maceta, se convierte en una pieza ornamental de una delicadeza excepcional, digna de un patio mediterráneo o de un balcón florido al estilo francés.