Combinar el Durillo
6 ideas de asociaciones con el durillo, en el jardín o en la terraza
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El laurel-tin es un arbusto presente desde hace generaciones en muchos jardines, muy apreciado por su aspecto perenne y su floración invernal, blanca y luminosa. A veces se considera pasado de moda, pero no por ello deja de ser una apuesta segura por su facilidad de establecimiento en muchas exposiciones y tipos de suelos, y por su robustez. Bajo su apariencia de no molestar, el Viburnum tinus puede integrarse en muchas escenas del jardín, ya sea con la especie tipo de follaje oscuro, o con las numerosas variedades ornamentales, con flores más rosadas o con hojas abigarradas.
Les proponemos varias combinaciones con el laurel-tin, esté ya plantado en el jardín o si desea instalarlo en un macizo de arbustos, como seto o en una composición para la terraza.
En un jardín de invierno
El follaje oscuro y perenne del laurel tin aporta un telón de fondo apreciable al crear macizos de invierno, donde se juegan con los colores. Podremos emplearlo como se haría con una conífera para dar al macizo el material justo, y hacer que destaquen otras plantas más arquitectónicas o más coloridas. Los vegetales colocados delante, elegidos por su corteza coloreada o por su suave floración, resaltarán especialmente bien.
Uno o dos Viburnum tinus en forma de tipo se colocarán como fondo del macizo, idealmente recortados con forma redonda u oblongo, por ejemplo con un Thuya occidentalis, y un Euonymous fortunei ‘Emerald Gaiety’ más abajo, en el centro del macizo. Estos arbustos persistentes se complementan bien gracias a sus formas y follajes distintos: verde oscuro para el laurel tin, verde claro para el Thuya y abigarrado de crema para el fusain. Varias bellezas invernales marcarán el conjunto con su ligereza y su color: algunos Cornus alba para un fogonazo en pleno corazón del invierno (‘Sibirica’ o ‘Winter Flame’, por ejemplo), otros tipos de madera de un blanco inmaculado como el Rubus cockburnianus, y, si apetece, un Miscanthus sinensis para aportar la elegancia de sus espigas con aspecto de pergamino.
Una franja más baja, compuesta por Ophiopogon planiscapus ‘Nigrescens’, de Perce nieve, y de Bergenias, además de algunas bruyères de invierno (Erica carnea y x darleyensis), quedará francamente bien a la vez que servirá como cubresuelos. Por último, otra viiburnum, esta vez deliciosamente perfumada, como el Viburnum bodnantense ‘Dawn’, que se cubrirá con pequeñas flores rosadas durante enero o febrero, aportará la delicadeza a este macizo en pleno corazón del invierno.

Viburnum tinus, Thuya occidentalis, Viburnum bodnantense, Erica carnea, Cornus alba ‘Winter Flame’, Euonymous fortunei ‘Emerald Gaiety’ y Perce nieve
Estructurado, en un jardín mediterráneo
Adaptándose muy bien a exposiciones muy soleadas y soportando bien la sequía, el laurel-tin es un candidato ideal para componer algunas estructuras perennes de un jardín mediterráneo. Para este uso, conviene podarlo para darle una bonita forma de bola, por ejemplo, o moldearlo en borduras semibajas.
Se integrará a la perfección en un jardín provenzal estructurado donde la armonía de las formas, erigidas, bolas o en cono, aportarán el volumen indispensable, la belleza de la vegetación local las bases coloridas y aromáticas, y la persistencia de muchos árboles y arbustos, un valor añadido para animar el jardín durante todo el año.
Para este jardín estructurado del sur, apuesta por valores seguros, atemporales y muy eficaces, y una paleta vegetal bastante reducida para ponerla mejor en valor: lavandas en número, ciprés de Provenza, un olivo por su silueta destacada, romeros rastreros y arbustivos, Helichrysum orientale o Helichrysum italicum por su follaje grisáceo y su bonita floración amarilla. Algunas restanques podrán encajarse aquí y allá en el caso de un jardín de tamaño medio o grande.

Viburnum tinus podado, romero, lavanda angustifolia ‘Hidcote’, Ciprés de Provenza y Trachycharpus fortunei y boj en bolas
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En un seto libre
El laurel tin se siente como en casa en las setos del jardín, ya sean separativos o de delimitación, y el laurel tin es un arbusto que se asocia muy bien con otros arbustos floridos. Además, normalmente suele adelantarse a los compañeros de macizo, con su larga floración de enero a abril, e incluso desde el mes de diciembre. Para una plantación en seto libre, fácil de mantener, se pueden considerar numerosos cultivares de Laurier tin, como un Viburnum tinus ‘Purpureum’ con un brotado primaveral de hojas de color púrpura, o bien la especie tipo, adaptable a cualquier situación, o todavía la variedad ‘Lisarose’, con flores especialmente rosadas.
Lo ideal es alternar arbustos perennes y caducos, y escalonar los periodos de floración: Weigelia, Syringa, y Abelia grandiflora o Abelia chinensis crean una bonita combinación que conjuga tonos de flores suaves y primaverales, que continúan durante mucho tiempo en otoño con la Abelia. Para el nivel perenne, en seto alto, cuente con un Prunus lusitanica ‘Angustifolia’ por sus bonitas hojas barnizadas, y con un Eleagnus ebbingei por sus reflejos plateados. Un Abeliophyllum distichum, primo blanco del forsythia, también puede integrarse en un seto que se mantendrá algo más bajo, ya que florece a la vez que en invierno. Un Ceanothe o laureles rosas perennes aportarán materia y color en regiones templadas, y un Osmanthus fragrans aurantiacus añadirá, además, un interesante toque naranja y perfumado hasta bien entrada la temporada.

Viburnum tinus ‘Lisarose’, Abeliophyllum distichum en floración invernal, Osmanthus fragrans ‘Aurantiacus’, Abelia chinensis, Eleagnus ebbingei y Weigelia florida ‘Rosea»
En un jardín clásico
El durillo tiene la cualidad versátil de poder integrarse perfectamente en tipos de jardines radicalmente diferentes. Puede encajar sin problema en un jardín formal, de concepción clásica, es decir, el jardín a la francesa: se trata de un jardín donde los parterres están organizados de forma muy marcada, ordenados en rectángulos delimitados por borduras bajas (a menudo boj), con calles más bien estrechas y lineales, lo que también puede ocurrir en un jardín de curé o en una rosaleda, por ejemplo.
Como el durillo se poda sin oponerse, sabrá hacer compañía a otras plantas de porte muy variado, cuidando siempre de mantenerle un tamaño limpio, sea cual sea la forma elegida (bola o sobre tronco). Por ejemplo, puede formar un dúo arquitectónico de perfecta simetría al fondo de una calle, delimitándola. Los parterres se plantarán con vivaces suaves y estructurantes, como una combinación de lupinos, de lirios de las estepas, de rosales, que aportan clasicismo y una gran elegancia. Algunos topiarios se colocarán con acierto dentro del conjunto. Otras persistentes con contraste, como los berberis púrpura, también se integran muy bien en esta atmósfera clásica.

Viburnum tinus recortado en forma de bola, rosal antiguo, mezcla de vivaces, Eremurus himalaiacus y Thuya moldeado en topiario
En una maceta grande en la terraza o el balcón
También se puede, en una terraza o en un balcón, conducir el durillo en forma de árbol, para formar un pequeño arbusto precioso, cuya cabeza esférica, toda florecida en los meses más fríos, aportará mucha elegancia, así formado. Este tipo de silueta encajará muy bien en un balcón, incluso si es estrecho, o alargado. Estará perfectamente acompañado de eléboros orientales en la base, que florecerán durante mucho tiempo en invierno.
Alrededor de Viburnum tinus ‘Eve Price’, con flores blanco-rosadas y cuyo follaje de porte pequeño es ideal para este uso, instale también, según el espacio disponible, algunas otras macetas grandes perennes, pero también arbustos caducos que reavivarán la escena en primavera o en verano: una buena idea consiste en responder al durillo en árbol con otro ejemplar persistente como un Trachelospermum jasminoides, también conducido en árbol, que florecerá más tarde, en junio, perfumando la terraza, o bien un aligustre (Ligustrum), un manzano ornamental enano como el Malus Toringo ‘Tina’, o invitar a un rosal en árbol para aportar un poco de color durante todo el verano.
Los viburnos persistentes que florecen un poco más tarde, en mayo o junio, tomando el relevo, como el Viburnum cinnamomifolium o Viburnum davidii, ofrecen un bonito porte esférico y un follaje brillante y nervurado. Por último, para contrastar con hojas más pequeñas, un Pittosporum tenufolium, también persistente, será perfecto, elegido en versión abigarrada, y de más o menos tamaño (‘Green Elf’, ‘Silver Ball’).

Viburnum tinus ‘Eve Price’, Viburnum davidii, Helleborus ‘Cinderella’, rosal en árbol y Pittosporum tenuifolium
En un patio, un patio interior o un pequeño jardín con sombra
Los espacios pequeños que reciben poca luz merecen algunos follajes persistentes y abigarrados para animar la zona. Viburnum tinus tiene la ventaja de crecer bien en condiciones difíciles, algo que a menudo se encuentra en patios, porches y pequeños jardines urbanos sombreados: menor luminosidad, un suelo de poca calidad y contaminación urbana. Siempre que drene el suelo de forma suficiente en este tipo de espacio, una variedad de follaje abigarrado de durillo, un Viburnum tinus ‘Variegatum’ tendrá la ventaja de embellecer un macizo con sus hojas de un verde bello, marginado de amarillo crema, aunque florecerá un poco menos que en una situación más soleada.
En una maceta lo bastante grande (con un diámetro mínimo de 60 cm) o en tierra, acompaña tu durillo variegado con arbustos que se den bien en maceta, poco exigentes y con un follaje también ornamental: un Aucuba japonica Crotonifolia por su moteado crema y amarillo, un Pieris de flores rosadas como ‘Katsura’, un Choisya por su floración elegante, blanca y remontante en otoño, y uno o dos hostas que se sienten bien a la sombra, como el elegante Hosta ‘Stiletto’ con finas hojas bordadas de crema. En el caso de un jardín, instala algunas plantas cubresuelos que florecerán en tonos blancos y rosados para acompañar al durillo: Anémonas blanda ‘White Splendor‘ e Ipheion que florece durante mucho tiempo, o una alfombra de lirio de los valles rosa, por ejemplo. Para el verano, una hortensia compacta como ‘Cap Sizun’ aportará el toque de color necesario.

Pieris japonica ‘Katsura’, Hosta ‘Stilleto’, Choisya ternata ‘White Dazzler’, Anémona blanda ‘White Splendor’, Aucuba japonica ‘Crotonifolia’, Convalaria majalis ‘Rosea’ y Viburnum tinus ‘Variegatum’
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