Tanto por sus hermosas espigas florales como por su perfume inimitable, nos encanta la lavanda. Planta aromática a la que se le atribuyen numerosas propiedades terapéuticas, esta vivácea mediterránea puede usarse en versión fresca o desecada. Así la encontramos en la elaboración de saquitos perfumados o de ramos secos de verano, pero también para uso culinario, cosmético o incluso medicinal. Ella permite, entre otras cosas, preparar deliciosas infusiones fáciles y rápidas, además de ser conocida por sus beneficios.

Veamos cómo proceder para recolectar, conservar y usar bien la lavanda en infusión o en decocción.

¿Qué variedades de lavanda elegir?

Existen diferentes especies de lavandas, de las más extendidas y conocidas son: lavanda mariposa (Lavandula stoechas), la lavanda inglesa (Lavandula dentata), la lavanda aspic (Lavandula latifolia), o también la lavanda officinale (Lavandula angustifolia). Para hacer una infusión, suele ser esta última la más recomendada, también conocida con los nombres de «lavanda verdadera» o «lavanda fina».

Hay varios cultivares, todos muy aromáticos, como las variedades ‘Essence Purple’, ‘Siesta’, ‘Hidcote’, ‘Rosea’ o ‘Artic Snow’. El color de las espigas varía, desde el emblemático azul-violeta hasta el rosa, pasando por un delicado blanco, pero el perfume característico sigue siendo muy parecido.

Para cualquier uso culinario o cosmético, os aconsejamos dar prioridad a las lavandas cultivadas en agricultura ecológica, sin pesticidas ni otros productos químicos.

Lavandula angustifolia para infusión

No solo es muy ornamental, la Lavandula angustifolia o lavanda verdadera también es muy valiosa por sus cualidades aromáticas

¿Cuándo y cómo recolectar la lavanda?

Recolta la lavanda en el momento de la floración veraniega. Una recolección justo antes de la apertura completa de las flores, a principios de verano (entre junio y julio según las regiones) te permitirá disfrutar de un perfume más intenso.

Para la recolección, utiliza unas tijeras o un podador bien afilado y desinfectado previamente, para evitar la propagación de enfermedades. Corta los tallos por encima de las hojas.

Hazlo por la mañana en un día seco, el momento en el que los aceites esenciales de la planta están especialmente concentrados.

recolectar la lavanda

Recolecta la lavanda, preferiblemente, por la mañana

¿Cómo secar y conservar la lavanda?

Las flores de lavanda pueden utilizarse frescas, pero tienen el inconveniente de deteriorarse bastante rápido. Para conservarlas durante mucho tiempo sin alterar sus aceites esenciales, os aconsejamos secarlas al aire libre.

Secado plano

  • Coloca todas las espigas florales bien planas, sin que se superpongan, sobre una bandeja o una caja de madera forrada con papel de periódico o con un simple paño.
  • Déjalas en un lugar cálido y con ventilación, pero protegidas de la luz solar directa.
  • Tras unos días, da la vuelta a las espigas para un secado homogéneo.

Secado en ramilletes

  • Si es necesario, recorta los tallos para que tengan una longitud uniforme, facilitando la formación de ramos.
  • Forma pequeños ramilletes de unos 3 cm de diámetro reuniendo los tallos.
  • Átalos con un cordel, una goma elástica o un trocito de rafia.
  • Cuelga los ramilletes boca abajo, enganchándolos en un clavo pequeño, en un lugar seco y ventilado.

Procura no apretar demasiado los tallos para permitir una buena aireación y un secado óptimo sin riesgo de moho.

Conservación de la lavanda seca

Cuando las flores estén bien secas (aproximadamente 2 a 3 semanas después, según la temperatura ambiente), se desmenuzarán al tocarlas. Entonces podrás desgranarlas a mano sobre una superficie de trabajo o bien recortar los tallos para conservar las flores enteras.

Coloca tu lavanda seca en una bolsa de papel bien cerrada o en un recipiente apto para alimentos (caja metálica o tarro hermético). Guárdala en un lugar seco, protegida de la humedad y de los rayos del sol.

La lavanda se conservará durante aproximadamente 1 año, antes de ir perdiendo poco a poco su poder aromático.

Aprovechar los beneficios de la lavanda en infusión

Las diferentes virtudes atribuidas a la lavanda

Entre las plantas a las que se les atribuyen numerosos beneficios para la salud, la lavanda es, sin duda, una de las más conocidas. La planta es de hecho utilizada desde la Antigüedad tanto por su perfume como por las propiedades terapéuticas asociadas. Hoy forma parte de lo imprescindible de la aromaterapia, gracias a la potencia de sus aceites esenciales.

La lavanda tendría así:

  • efecto calmante y relajante
  • acción sedante
  • acción cicatrizante
  • acción antiséptica
  • acción antibacteriana
  • acción antiinflamatoria
  • acción antiespasmódica
  • efecto diurético

Consulta con un médico antes de usarla, especialmente en caso de antecedentes médicos, embarazo, lactancia o en niños pequeños.

La infusión de lavanda

  • En una taza (unos 150 ml de agua), deposita una cucharadita de flores de lavanda secas.
  • Completa con agua llevada a ebullición.
  • Deja infusionar 10 minutos antes de colar (o utiliza previamente un filtro para té que simplemente retirarás de la taza).

Puedes adaptar tu infusión añadiendo otros aromáticos y flores secas (melisa, citronela, tomillo, salvia, manzanilla, …), miel, jengibre o también rodajas de cítricos.

Se pueden beber 2 a 3 tazas de infusión al día, especialmente por la noche antes de acostarse. La infusión de lavanda puede tomarse tanto caliente como fría.

infusión de Lavandula

Muy fácil de preparar, la infusión te permitirá disfrutar de los numerosos beneficios de la lavanda

Más allá de su sabor delicado y de la hidratación que aporta, la infusión de lavanda ayudaría a combatir el estrés y los estados de ansiedad calmando el sistema nervioso. También contribuiría a aliviar las migrañas, facilitar la digestión y ofrecer un sueño de mejor calidad. Por último, también permitiría aliviar afecciones respiratorias (bronquitis, anginas, estados gripales, sinusitis, …) y apoyar el sistema inmunitario.

La decocción de lavanda

Para una decocción, pueden conservarse los tallos y las hojas además de las flores, para extraer la mayor cantidad posible de principios activos de la planta.

  • En una cacerola, pon unos 50 g de lavanda seca.
  • Añade 1 litro de agua fría y llévala a ebullición.
  • Deja hervir durante aproximadamente 5 minutos.
  • Retira del fuego y deja enfriar.
  • Cuela.

La decocción de lavanda puede utilizarse en fricciones y masajes. Se dice que permitiría aliviar la picadura de un insecto, ayudar a cicatrizar una pequeña quemadura, corte o rascadura, e incluso aliviar esguinces, torceduras y músculos doloridos.

En uso cosmético, tendría la ventaja de calmar la piel, suavizar el enrojecimiento, acelerar la cicatrización de los granos del acné y calmar el cuero cabelludo. Para usar en pulverización.