Los coníferos en el jardín: ¡juega con las asociaciones naturales para el invierno!
Sus puntos fuertes para realzar esta temporada
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Salpicados de nieve o luminosos a pleno sol, los coníferas no tienen rival para transformar el jardín en invierno, mientras las demás plantas están en reposo. Combinadas con algunas floraciones y plantas de bayas o con follaje decorativo, crean escenas coloridas sorprendentes. Para que el efecto esté a la altura, piensa en todas las coníferas originales, ya sea por su porte o por su coloración, y en las combinaciones de colores intensos para alegrar, como se merece, la estación fría.
¿No sabes cómo combinarlas bien? Aquí tienes cinco ideas para realzar el jardín en invierno, con un espíritu muy natural, que demuestran que los abetos, pinos y demás Podocarpus tienen mucho que decir en esta estación. ¡No hay duda de que vas a cambiar de opinión sobre el uso de las coníferas en el jardín!
En una Rocalla
Los coníferos enanos son aliados ideales para formar rocallas de colores. Al elegir especies enanas como el Pinus mugo, y jugar con tonos azulados o dorados, se muestran como los compañeros perfectos para un pequeño macizo sin mantenimiento, ya que a menudo son muy cubrientes.
Un ejemplo reúne aquí un Pinus mugo ‘Mops’ y un Chamaecyparis obtusa ‘Nana Gracilis’ y algunas vivaces y gramíneas persistentes: desde Heuchera ‘Amethyst Mist’ con follaje grisáceo y púrpura, hasta algunas festucas para plantar en número impar y asegurar una masa azulada. Una floración larga resulta indispensable para recuperar un matiz rosado o rojo, que se obtiene fácilmente con el Erica x darleyensis ‘Kramer’s Rote‘, una de las más vivas incluso en pleno invierno. Completa con algunos bulbos de primavera para prolongar el efecto de este macizo de colores.

Brezo rosado ‘Kramer’s Rote’, Chamaecyparis obtusa ‘Nana Gracilis’, Pinus mugo ‘Mops’, Heuchera ‘Amethyst Mist’ y festuca azul
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3 ideas de bonitas masas en inviernoEn un gran macizo luminoso
Las coníferas se imponen como piezas maestras en los grandes macizos, donde su porte y su persistencia ofrecen una estructura indispensable. Para crear un conjunto armonioso en tonos alegres de azul y amarillo, puedes, por ejemplo, asociar la Abies koreana ‘Kohouts’, con sus escamas como espolvoreadas de nieve y sus conos violetas, con el Malus ‘Sparkling Sprite’, cuyas frutas amarillas atraen la mirada hasta bien entrado el invierno. El contraste entre el verde azulado del abeto y el amarillo vivo de las manzanas ornamentales es perfecto, sobre todo bajo la luz rasante del invierno. A sus pies, una Bergenia ‘Ice Queen’ florecerá al mismo tiempo en primavera, en tonos crema y verde, muy fresco.
Para aportar un toque de suavidad, integra algunas Carex oshimensis, cuyas hojas finas y arqueadas bailan con el viento invernal. Sus reflejos dorados o cobrizos, según las variedades, combinan a la perfección con los tonos cálidos de las cortezas y las ramitas. A sus pies, planta Iris unguicularis en masa. Sus flores delicadas florecen muy temprano, aportando una gran frescura.
Por último, para prolongar el interés del macizo hasta el corazón del invierno, planta un Hamamelis mollis, la especie tipo que se recomienda encarecidamente por sus flores en filamentos amarillos, que se abren en plena temporada fría. Esta mezcla de texturas, colores y perfumes transforma el gran macizo en un escenario vivo, donde cada planta desempeña su papel con elegancia, sin quitarle protagonismo a ninguna. En otoño se convertirá de nuevo en un arbusto flamígero, volviendo a lograr un buen maridaje con el abeto de Corea.

Abies koreana ‘Kohouts’, Lirio de Argelia, Carex oshimensis, Malus ‘Sparkling Sprite’ y Hamamelis mollis
En un jardín de invierno
Los jardines de invierno están de moda y no podía ser de otra manera. Nos encanta su resplandor, su manera única de calentar los días de la temporada que se considera triste. Las coníferas desempeñan un papel importante, al mismo nivel que las cortezas y los ramales enrojecidos. Les aportan, por supuesto, su persistencia, y con frecuencia se eligen por su color contrastante o por una silueta singular. Es una forma estupenda de integrarlas de manera natural en el jardín.
Un falso ciprés Hinoki del Japón (Chamaecyparis obtusa ‘Contorta’), cuyo follaje se vuelve bronceado con el frío, es una conífera única cuya apariencia retorcida queda espectacular en este tipo de escena. Además, su crecimiento lento permite integrarla también en un jardín pequeño, donde se quiere crear este tipo de ambiente invernal lleno de color.
Invita otra conífera a un gran macizo, por ejemplo una especie de follaje azulado (¡los Juniperus son mágicos!). Se colocarán junto a los ramales desnudos y enrojecidos de Cornus de madera decorativa, el follaje flexible y luminoso de Carex testacea ‘Prairie Fire’, y el de tonos cálidos de Libertia ixioides ‘Taupo Sunset’. Lo ideal es añadir también un árbol de hermosa corteza, como un Acer griseum o un abedul. Sin olvidar algunas floraciones, como las de los perce-neige, y por qué no la de un Camelia de otoño ‘Cinnamon Cindy’, con flores blancas, o la de un Stachyrus praecox, con delicadísimas flores amarillo claro.

Chamareocyparis obtusa ‘Contorta’, Acer grisum, cornejo rojo, Libertia ixiodes ‘Taupo Sunset’ y Carex testacea ‘Prairie Fire’
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Jardín de invierno o winter garden¡La magia de la Navidad!
Para ir todavía más lejos en originalidad, atrévete con un macizo que recree la magia de la Navidad, retomando su código de color: verde, blanco, rojo.
Crea un macizo en el que las fructificaciones rojas y blancas de algunos vegetales, cuidadosamente seleccionadas, provoquen una auténtica ilusión navideña, manteniéndose totalmente naturales, ya que colocas arbustos de sotobosque en escena.
Un tejo (Taxus baccata) del que antes del tiempo se van enrojeciendo las arilas es ideal… siempre que se mantengan bien en el árbol antes de que los pájaros se las coman. Si no, elige un Juniperus o un Epicea o un conífera llorona para aportar más originalidad. Rodéalo de arbustos emblemáticos por su coloración invernal, con una zarza de adorno muy útil, el Rubus tibetanus ‘Silver Fern’, que muestra en pleno invierno sus ramitas blancas y fantásticas. Para potenciar el toque blanco, se invitará a un Symphoricarpos ‘Albus’ (la encantadora symphorina y sus pequeñas bolitas blancas), semiperenne en las regiones templadas, así como un follaje plateado perenne, como el cerastio, a modo de cubresuelos. El Garrya eliptica, y su aspecto también plateado, puede incorporarse perfectamente a estos vegetales para mantenerse dentro del código del blanco. También piensa en plantar algunos heléboros llamativos, como ‘helleboro oriental ‘Rouge‘.
Las bayas rojas del Cotoneaster lacteus y del acebo completan la decoración y la idea de un acercamiento inminente de Papá Noel en el jardín.

Cotonester lacteus, Symphoricarpos, cornejo de madera ornamental, acebo y zarza de adorno ‘Silver Fern’
En una escena 100% de frondosas
Al rodear un conífero de arbustos o de plantas cuyo interés principal es el follaje, se crea un ambiente realmente natural, sin el más mínimo desatino, que realza la belleza de cada especie si se eligen con criterio.
En este último ejemplo, damos prioridad tanto al efecto gráfico de cada planta como a su espectacular coloración para el invierno. Este tipo de asociación, basada en follajes persistentes (y con el Miscanthus manteniéndose como una presencia casi anual), será igual de atractiva en el resto de estaciones.
Un Pinus mugo, otra vez él pero es que nos encanta, como la variedad ‘Ophir‘, viene a hacer compañía a un Phormium ‘Sundower‘, a un Yucca rigida ‘Blue Sentry’, que aportan a su vez un toque exótico poco común. Un color púrpura lo aportan un Pittosporum ‘Tom Thumb’ o un Dodonea en las regiones más resguardadas. Así se consigue una bonita armonía con el follaje del Phormium.
Miscanthus sinensis los acompaña con la luz que atravesará las plantas y hará brillar sus inflorescencias en forma de penachos.

Pinus mugo ‘Ophir’, Pittosporum ‘Tom Thumb’, Phormium Sundower, Miscanthus sinensis y Yucca rigida ‘Blue Sentry’ (© wikimedia-KrzysztofZiarnek)
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