Las hojas de mi arbusto cambian de color y se caen: ¿por qué?
¿Cuáles son las razones y cómo solucionarlo?
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Tu arbusto parecía estar hasta ahora en plena forma, pero desde hace algún tiempo observas que sus hojas pierden color y empiezan a caerse… ¿Está enfermo o atacado por parásitos? ¿Está a punto de morir? Es fundamental entender qué está pasando para actuar de forma eficaz. Te explicamos las principales razones de estos cambios y te damos soluciones para mantener tus arbustos en plena forma y con una buena foliación.
Mi arbusto sufre de estrés hídrico
Los arbustos necesitan una cantidad de agua adecuada para desarrollarse correctamente. La falta de agua es una de las principales razones que pueden explicar la decoloración y la caída del follaje. Un arbusto con sed se reconoce por las hojas, que se inclinan hacia el suelo y cuyos bordes se repliegan sobre sí mismos, antes de volverse secas y marrones, y finalmente caer. Si tienes dudas, comprueba la humedad del sustrato rascando los primeros centímetros del suelo. Asegúrate de regar tus plantas de forma regular y coloca una capa de acolchado para que el suelo se mantenga fresco durante más tiempo. Presta especial atención en periodos de canícula y de sequía prolongada, así como en los arbustos cultivados en maceta, ya que el sustrato se seca más rápido que en terreno abierto. También puedes trasladar los arbustos en maceta a la sombra para protegerlos del sol abrasador.
Del mismo modo, un exceso de humedad puede provocar síntomas similares. El exceso de agua priva a las raíces de oxígeno y puede causar la pudrición de las raíces, que se manifiesta con hojas amarillas y blandas, que acaban cayendo. Comprueba que el sustrato sea lo suficientemente drenante. Si no lo es, puedes aportar compost bien descompuesto y arena gruesa para mejorar el drenaje. Si tu arbusto está en maceta, asegúrate de que tenga agujeros de drenaje y evita dejar que el agua se estanque en el plato o en la parte inferior de la maceta. Espera siempre a que el sustrato se seque antes de regar de nuevo.
Para saber más, consulta nuestra ficha de consejos: «Mi arbusto pierde las hojas en verano: ¿por qué? »

Cuando una planta tiene sed, sus hojas se inclinan hacia el suelo y se repliegan sobre sí mismas, antes de secarse y caer
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10 formas de matar una planta... ¡naturalmente!Mi arbusto está cloroseado.
La clorosis se manifiesta por la decoloración del follaje debido a la falta de nutrientes. Se trata, con más frecuencia, de una carencia de hierro (clorosis férrica). Entonces las hojas se vuelven amarillas entre las nervaduras, mientras que estas permanecen verdes. El amarilleo se observa principalmente en las hojas más jóvenes, situadas en la extremidad de las ramas. Con el tiempo, las hojas pueden llegar a necrosarse y caer. El arbusto queda debilitado y su crecimiento se ralentiza. La clorosis suele deberse a un pH demasiado alto o a un exceso de caliza en el suelo. La presencia de caliza impide que el arbusto asimile el hierro; ahora bien, este elemento es indispensable para la síntesis de la clorofila: por eso las hojas se amarillean. Sin embargo, la clorosis también puede estar causada por un exceso de fósforo o potasio, un suelo encharcado o demasiado compacto, o por riegos con agua demasiado calcárea. La clorosis se observa con frecuencia en las plantas de tierra de brezo (rododendros, camelias, hortensias…) plantadas en un suelo con un pH demasiado alto (lo que impide que el arbusto asimile el hierro), pero también puede afectar a los cítricos, las fresas y numerosos arbustos y plantas ornamentales.
Para prevenir la clorosis, es importante elegir plantas adecuadas al tipo de suelo que tiene en su terreno: evite los arbustos de tierra de brezo si su suelo es calcáreo. Del mismo modo, si su suelo es pesado y tiende a retener agua, habrá que trabajar el drenaje en el momento de la plantación (aportación de materia orgánica, de arena gruesa…). Las aportaciones regulares de compost o estiércol le permitirán alimentar sus plantas de forma natural y evitar que sufran carencias. También le recomendamos regar con agua de lluvia, ya que el agua de red puede resultar demasiado calcárea para sus plantas. También puede utilizar tratamientos anti-clorosis, en particular quelatos de hierro, que se pulverizan sobre el follaje, así como purín de ortiga: rico en hierro y en elementos minerales, tiene un efecto realmente anti-clorosis.
Para saber más, consulte nuestra ficha-consejo sobre la clorosis férrica, además de nuestros consejos en vídeo: «¿Cómo combatir la clorosis?»

La clorosis se reconoce fácilmente por el amarilleo del follaje, a excepción de las nervaduras, que permanecen verdes.
Mi arbusto está enfermo o lo ataca un parásito
Las enfermedades y los parásitos pueden causar la decoloración y la caída de las hojas. Las enfermedades criptogámicas (causadas por un hongo) pueden provocar manchas, amarilleamientos, así como la caída prematura de las hojas. Por eso, es importante saber reconocerlas y actuar antes de que sea demasiado tarde. Entre ellas, el oídio se caracteriza por la aparición de un fieltro blanco en las hojas, que pueden acabar secándose y cayendo, mientras que la roya provoca la aparición de manchas anaranjadas en las hojas. En el caso de la fumagina, las hojas se cubren de manchas negras, parecidas al hollín. Tus arbustos también pueden verse afectados por la antracnosis, el marsonia, la entomosporiosis… así como por enfermedades bacterianas o virales (fuego bacteriano, Xyllela fastidiosa…).
Tu arbusto también puede ser atacado por insectos parásitos, como los trips. Estos pequeños insectos pican las hojas para alimentarse de su savia, lo que provoca la decoloración de las hojas, que aparecen con pequeñas manchas o moteados gris plateados. Con el tiempo, acaban secándose y cayendo. Los insectos parásitos como los pulgones y las cochinillas también pueden provocar la aparición de fumagina, que se desarrolla sobre la melaza secretada por estos insectos. Asegúrate de inspeccionar tus plantas con regularidad, mirando también el envés de las hojas: a menudo los parásitos (o sus huevos) se esconden ahí.
No dudes en consultar nuestra ficha de consejos: «Identificar los principales insectos parásitos y enfermedades de las plantas»

Diferentes enfermedades y parásitos pueden provocar la decoloración de las hojas: oídio, roya, antracnosis, marsonia, fumagina y trips
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¡Socorro! Mi rosal sufre de la sequía.Las hojas de mi arbusto están quemadas.
Una exposición excesiva al sol y al calor puede provocar la decoloración y la caída de las hojas de tus arbustos. Entonces las hojas se vuelven amarillas o marrones y caen de forma prematura. Para evitar este problema, asegúrate de plantar tus arbustos en un lugar adecuado, en función de sus necesidades de luz y calor. Si tu planta está colocada en una exposición inadecuada (por ejemplo, una planta de sombra puesta al sol), su follaje corre el riesgo de quemarse y descolorarse.
Incluso si se coloca en una exposición adecuada, tu arbusto pudo sufrir un golpe de calor durante una ola de calor. Entonces sus hojas se ablandan, se vuelven amarillas y secas, como si estuvieran quemadas por el sol. Para evitar este problema, no dudes en dar sombra a tus plantas en pleno verano: ya sea moviendo a la sombra las plantas en maceta, instalando lonas de sombreo o usando plantas trepadoras para conducirlas por una pérgola, por ejemplo. Además, acuérdate de regar abundantemente (evitando mojar el follaje, porque las gotas de agua podrían crear un efecto lupa que arriesga quemar las hojas). También te recomendamos colocar en la base una capa de acolchado orgánico. Por último, poda las partes que se han quemado, los tallos dañados y las hojas muertas: así el arbusto podrá ahorrar energía y regenerarse más rápido.

Hojas quemadas por el sol
Mi arbusto va bien: ¡la causa es natural!
Los arbustos caducos entran en reposo en otoño, en cuanto se enfrían las temperaturas y los días se acortan. Reducen su producción de clorofilo; entonces, sus hojas empiezan a cambiar de color y a caer. Con las sequías prolongadas y las olas de calor cada vez más frecuentes en los últimos años, las plantas pueden entrar en reposo antes, a finales de verano en lugar de en otoño. Se protegen limitando la fotosíntesis y la evapotranspiración, lo que les permite ahorrar agua. Es un fenómeno natural que no les impedirá reanudar el crecimiento en primavera, cuando las condiciones climáticas sean más favorables. Sin embargo, al entrar en reposo más temprano, corren el riesgo de disponer de menos reservas nutritivas y de ser más sensibles a enfermedades y parásitos, así como a los imprevistos climáticos.
Algunas medidas preventivas para mantener los arbustos sanos
- Planta arbustos adaptados a tu tipo de suelo y a tu clima, y cuida la plantación, aportando compost, así como arena gruesa o grava en suelos pesados.
- Regula los riegos. Recuerda regar tus plantas de forma regular, pero dejando secar el sustrato entre dos riegos.
- Riega preferiblemente con agua de lluvia para reducir el riesgo de clorosis.
- Mulcha la base de tus arbustos para que el suelo se mantenga fresco durante más tiempo.
- Inspecciona regularmente tus plantas para comprobar la presencia de enfermedades y parásitos, lo que te permitirá ponerles remedio cuanto antes.
- Aporta compost en la base de los arbustos para alimentarlos. Puedes incorporarlo de forma superficial al suelo mediante un ligero escardado.
- En el caso de arbustos cultivados en maceta: comprueba que la maceta tenga agujeros de drenaje y no dejes que el agua se estanque en el plato inferior. Reduce las aportaciones de agua en invierno. Recuerda trasplantar tus arbustos o realizar un surfaçado cada año para renovar el sustrato.
- Poda para aclarar el follaje y permitir una mejor circulación del aire. Recuerda desinfectar tus herramientas de poda y aplicar masilla en las cortes más grandes.
- Elimina las hojas enfermas o estropeadas en cuanto las veas.
- Fortalece las defensas de tus plantas. Descubre nuestros consejos para hacer purín de cola de caballo y purín de ortiga, así como para preparar una decocción de ajo.
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