Visitante del jardín: la ardilla roja
Este curioso pelirrojo
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La ardilla, este pequeño acróbata de los árboles, evoca a menudo un toque de alegría y de picardía en nuestros jardines. Con su pelaje rojizo (o gris para las especies «exóticas») y su cola frondosa, es un visitante que a muchos les resulta especialmente enternecedor. Sin embargo, su presencia en tu espacio verde dista mucho de ser inocente. Por un lado, desempeña un papel esencial en la biodiversidad y en el equilibrio del ecosistema. Contribuye a la dispersión de las semillas y es un eslabón nada despreciable de la cadena alimentaria. Por otro lado, también puede ser la causa de algunos inconvenientes, como comederos de aves vaciados o daños en tus preciadas plantaciones. Entonces, ¿cómo convivir en paz con este pequeño ser travieso?
En esta ficha de consejos te proponemos una exploración completa de la vida de la simpática ardilla en nuestros jardines: los beneficios que aporta, pero también las precauciones que conviene tomar para limitar sus pequeños desmanes. Tanto si quieres alimentarla como si prefieres alejarla, sigue nuestras recomendaciones para una convivencia armoniosa.

Sciurus vulgaris, el nombre latino de la ardilla roja
La ardilla roja: su vida, su obra…
El Esquilo rojo, conocido científicamente como Sciurus vulgaris (familia de los Sciuridae), también se llama comúnmente Esquilo de Eurasia. Este nombre se debe a su área de distribución, que abarca gran parte de Europa y del norte de Asia. Vive principalmente en el bosque y aprecia especialmente las zonas arboladas ricas en coníferas y en frondosas, donde encuentra refugio en los árboles. Su nido, llamado «drey», es una construcción cuidada de ramas y hojas, situada en lo alto.
Su alimentación es variada: va desde las semillas de coníferas hasta los frutos, pasando por algunos insectos. No es raro verlo hacer reservas para el invierno enterrando nueces o semillas en el suelo, una práctica que también favorece la dispersión de las plantas en su entorno.
En lo que respecta a la reproducción, el esquilo rojo está especialmente activo entre diciembre y julio. Tras un periodo de gestación de aproximadamente 38 días, la hembra da a luz una camada de tres a seis crías, que abandonarán el nido al cabo de siete u ocho semanas. El esquilo rojo puede vivir en libertad 6 a 7 años, pero muere con frecuencia mucho antes por culpa del hambre, el tráfico rodado y numerosos depredadores, como la marta, las rapaces diurnas y nocturnas, y a veces también el perro y el gato doméstico.
Lamentablemente, el esquilo rojo está hoy amenazado por la destrucción de su hábitat debido a la urbanización y la deforestación. Además, se ve afectado por la competencia de su primo, el Esquilo gris (Sciurus carolinensis), una especie invasora procedente de América que resulta más resistente a las enfermedades y más eficaz a la hora de encontrar alimento. Estos factores combinados hacen que la supervivencia del esquilo rojo sea cada vez más precaria y requieren una atención especial para su conservación.

Un esquilo haciendo sus provisiones para crear su refugio en un árbol
La ardilla roja: una ventaja para la biodiversidad en el jardín
La presencia de la ardilla roja en un jardín suele percibirse como un espectáculo encantador, pero su papel va mucho más allá del simple atractivo visual. En efecto, este pequeño mamífero contribuye significativamente a la biodiversidad y al equilibrio del ecosistema. Gracias a su dieta variada, la ardilla roja participa activamente en la dispersión de las semillas. Al enterrar nueces u otras semillas para sus reservas invernales, favorece el crecimiento de nuevas plantas, enriqueciendo así la flora local. Esta acción resulta especialmente beneficiosa en los jardines en los que, a veces, la diversidad vegetal puede ser limitada.
No solo ayuda a la propagación de las plantas, sino que también es un elemento clave de la cadena alimentaria. Como presa para ciertos depredadores como las aves rapaces, contribuye a regular sus poblaciones, garantizando así un equilibrio entre las especies. Además, su actividad incesante en busca de alimento crea una dinámica que puede afectar positivamente al ecosistema del suelo, en particular al contribuir a airear la tierra.
Mucho más que un simple visitante, la ardilla roja es, por tanto, un actor ecológico de primer nivel. Su presencia en los jardines es un indicador de buena salud ambiental, y su protección se convierte, en consecuencia, en una prioridad para cualquiera que desee mantener un espacio verde rico y diverso. Encarnа la simbiosis entre fauna y flora, y da testimonio de la riqueza y el equilibrio de un ecosistema saludable.

Un pequeño duende a veces travieso…
La ardilla roja, con su pelaje brillante y sus movimientos ágiles, suele asociarse a la imagen de un pequeño duendecillo travieso que corretea alegremente entre los árboles. Si su aspecto tierno y su andar pícaro encantan a pequeños y grandes, no hay que pasar por alto los daños potenciales que puede causar en el jardín. Entre los perjuicios más habituales, el vaciado de los comederos de aves es un problema recurrente para los amantes de la ornitología. Gracias a su gran agilidad y sentido del equilibrio, la ardilla consigue acceder fácilmente a los comederos y consumir el contenido, para desgracia de las aves del jardín que se quedan sin su fuente de alimento.
Además, este pequeño animal también puede causar daños a las plantas al cavar el suelo para esconder sus reservas alimentarias. Los bulbos de algunas plantas ornamentales pueden así ser desenterrados, lo que compromete su crecimiento futuro. Su afición por la fruta también puede convertirse en un problema, sobre todo si tu jardín alberga árboles frutales. Las manzanas, las cerezas o los melocotones parcialmente mordisqueados y luego abandonados pueden convertirse rápidamente en una fuente de frustración para el jardinero que había puesto grandes esperanzas en su cosecha.
A pesar de estos pequeños inconvenientes, conviene recordar que la ardilla roja es un ser vivo que forma parte integrante de nuestro ecosistema. Antes de tomar medidas drásticas para alejar a este visitante tan travieso, es mejor considerar soluciones más respetuosas con la biodiversidad, como instalar comederos para aves a prueba de ardillas o elegir plantaciones menos atractivas para estos pequeños roedores. Así, es posible convivir en paz con este encantador, aunque a veces molesto, habitante de nuestros jardines.

¡La ardilla tenderá a aprovechar más que tú las avellanas del jardín!
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Cómo hacer un refugio para murciélagos?¿Cómo convivir pacíficamente con una ardilla?
Convivir de forma pacífica con estos pequeños seres es totalmente posible gracias a algunos ajustes y precauciones. Para limitar los “daños” en tus plantaciones, puedes optar por plantas menos atractivas para las ardillas. Por ejemplo, las especies de olor intenso como el romero o la lavanda tienden a ahuyentarlas.
Para evitar el saqueo de los comederos de pájaros, piensa en instalar modelos diseñados específicamente para que sean inaccesibles para las ardillas. Estos comederos suelen incorporar mecanismos que se cierran cuando la ardilla intenta acceder a la comida. Además, también puedes instalar protecciones alrededor de los troncos de los árboles para impedir que la ardilla trepe.
Si lo que buscas es alimentar a las ardillas en vez de alejarlas, el maíz (si es posible en mazorca, pero sobre todo ¡no maíz en lata!) es una buena opción, porque les encanta. No obstante, no abuses y procura variar el “menú”, con avellanas, nueces, semillas de girasol, pero también frutas y verduras como manzanas, uvas, una zanahoria. Asegúrate de colocarlo a una distancia razonable de las zonas que quieres proteger y ¡no olvides un cuenco con agua fresca!
Por otro lado, si tu objetivo es ahuyentar a las ardillas, los repelentes a base de capsaicina pueden ser eficaces. Se trata de una sustancia natural presente en los pimientos que altera los sentidos del animal sin causarle perjuicio. Se irá “de paseo” mientras te maldice, probablemente, por este pequeño rodeo que le obligas a hacer.
Al final, convivir con una ardilla requiere un poco de reflexión y preparación, pero los resultados merecen la pena. No solo protegerás tu jardín, sino que también contribuirás a un ecosistema más sano y equilibrado.

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