El Aloe vera se ha ganado una reputación desde hace algunos años fuera del jardín o como planta de interior. Esta bonita planta suculenta se ha convertido en un ingrediente muy buscado en cosmética, ¡e incluso se utiliza en cocina!
El Aloe vera, o Aloe verdadero, cultivado sobre todo por su roseta de hojas finas en algunos países, se utiliza de hecho por su gel y su jugo, con múltiples virtudes.
¿Quieres saber más sobre las cualidades nutricionales y los beneficios que el Aloe vera aporta a tu cuidado de la piel y a tus recetas? Este tutorial es para ti.

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El Aloe vera, un imprescindible entre las suculentas

A veces se confunden los Aloe con los agaves, aunque no pertenecen a la misma familia. Al formar parte de la familia de las Liliáceas, en el mundo se cuentan unas 275 especies de Aloe. El Aloe vera (Aloe barbadensis en latín) es una especie originaria del norte de África, pero se ha ido introduciendo poco a poco y naturalizando en muchos países. Se cultiva en Barbados desde 1650 y hoy se encuentra principalmente cultivado en suelo abierto en nuestro entorno mediterráneo, en jardines de rocalla o en exóticos jardines secos.

El Aloe vera, de hecho, necesita mucho calor y sol para crecer bien, requiere un suelo muy drenado y no tolera temperaturas inferiores a -2 °C. Produce flores de color amarillo a mediados del invierno.
Sus largas hojas dentadas y carnosas, de un bonito color verde grisáceo, le permiten almacenar el agua necesaria para sobrevivir en los medios áridos de los que procede. Tras este follaje tan gráfico, el Aloe vera esconde un jugo con propiedades cicatrizantes, muy reconocido especialmente para tratar quemaduras.
Los egipcios —que lo elevaban al rango de planta sagrada— así como los romanos, ya eran conscientes de ello y lo utilizaban en la fabricación de cuidados para la piel, además de usarlo en sus rituales de embalsamamiento de los cuerpos.

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El preciado jugo gelatinoso y transparente en el interior de las hojas carnosas

El Aloe vera: propiedades nutricionales, cosméticas y terapéuticas

El uso de las hojas de esta planta exótica con fines terapéuticos no es, por tanto, algo nuevo, ya que desde la Antigüedad, se extrae el valioso gel para ayudar a curar las heridas, las quemaduras y los golpes de los soldados. La Historia recoge que Alejandro Magno llevaba plantas consigo en las batallas, con el simple objetivo de cuidar y aliviar a sus tropas; algo que también haría mucho más tarde Cristóbal Colón. La medicina tradicional china lo utiliza desde hace siglos por sus propiedades laxantes y en el tratamiento de las hemorroides, aunque también se encuentra en el uso de la mayoría de civilizaciones árabes e indias, especialmente con una utilización ancestral en medicina ayurvédica.
Hoy en día, su gel (mucílago) se usa sobre todo por sus cualidades hidratantes y regeneradoras para la piel. Muchas gamas cosméticas lo incluyen cada vez más en cuidados específicos anti-edad y para pieles con tendencia a la sequedad. Rico en oligoelementos, aminoácidos y vitaminas, actuaría en el organismo como un refuerzo de energía. Además, como antes, se puede utilizar el gel para cicatrizar ciertas heridas, acelerar la recuperación de las ampollas o aliviar las quemaduras solares.

¡Importante! Pero ten en cuenta que un uso recurrente o excesivo puede resultar irritante y peligroso para la salud. Además, su uso no se recomienda a mujeres embarazadas y en período de lactancia, ni a los niños: consulta sobre este tema las recomendaciones actualizadas de la ANSES.

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Recolección, preparación y conservación del Aloe

La recolección se hace simplemente cortando cada base de hoja con ayuda de un cuchillo bien afilado. Lava tu hoja. Sobre una tabla, elimina los bordes espinosos de la hoja para no hacerte daño. Para extraer el gel, es primordial retirar las hojas de su primera envoltura. Corta la hoja en varios trozos y pasa la hoja del cuchillo a lo largo de la envoltura externa, dura y coriácea, para recuperar con facilidad la pulpa. Enjuaga este gel con agua clara para eliminar al máximo el látex amargo, que procede de la pared interna de las hojas (se reconoce por su color amarillo, rico en aloína, ¡es precisamente lo que tiene propiedades laxantes!). Ya solo debería quedar gel transparente, sin restos verdes ni amarillos.

Nota: la planta, incluso si la cultivas en interior, producirá de nuevo hojas nuevas. Hoy en día es fácil encontrar hojas de Aloe vera en algunas tiendas ecológicas.

Las hojas se conservan idealmente a temperatura ambiente una vez recolectadas. En frío pierden sabor y también sus nutrientes. Así que, una vez preparado, consume tu Aloe vera con rapidez para aprovechar todos sus beneficios nutricionales.

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El Aloe vera en cocina

Primero que debes tener claro: el mucílago extraído de las hojas no se puede calentar, ya que perdería todas sus valiosas cualidades. Por eso, el Aloe vera se utiliza solo en preparaciones frías. Para cocinarlo, se utiliza exclusivamente el gel transparente del interior de la hoja. Su sabor es casi neutro: se trata más bien de una textura que ayuda a ligar los elementos de una ensalada o de un zumo.

Al igual que el nopal, una cactácea muy usada en la cocina mexicana, el Aloe vera aportará un toque de originalidad y, usado con moderación, te ofrecerá sus propiedades de superalimento. Combina especialmente bien con la lima, el aguacate, las gambas, el coco, el mango, etc. Se encuentra sobre todo en cocinas indias, mexicanas y tailandesas.

Ensaladas con Aloe vera
Con base de aguacate, mango, pepino, gambas, langostinos o salmón, y con hierbas como el cilantro o la menta, el Aloe vera añade un toque exótico: puede incorporarse en una vinagreta (solo hay que mezclar aceite de oliva, limón y gel de Aloe vera) o bien añadirse en tiras o en pequeños trozos directamente en la ensalada. También puedes cortarlo en dados pequeños para un ceviche de pescado, o integrarlo en ensaladas asiáticas a base de fideos de arroz, pepino, papaya verde, nuoc-mâm y cacahuetes.

En smoothie
Solo tienes que batir su pulpa con frutas —preferiblemente exóticas— como piña, mango o plátano, para preparar un smoothie que espesa su textura.

Jugo de Aloe vera casero
Para extraer su jugo, interesante por su lado energizante, basta con pasar la pulpa gelatinosa de una hoja —cortada en trocitos— por la centrifugadora, la batidora o el blender, con un poco de agua (300 ml para una hoja de 10-15 cm de largo) y medio zumo de limón. Según tus gustos, puedes añadir un poco de miel o sirope de agave para endulzarlo y ajustar el jugo con más o menos agua.

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El Aloe vera en cuidados de belleza

Una de las formas más simples y prácticas es usar el gel puro de Aloe vera directamente sobre una herida, una quemadura o una ampolla para beneficiarte de su efecto calmante y cicatrizante. Ojo, lo repetimos: no debe quedar ningún residuo de color verde o amarillo. Déjalo actuar 15 minutos, luego humedece un guante y retira el gel con el guante.

Para una mascarilla casera calmante e hidratante, mezcla dos cucharadas soperas de pulpa de Aloe vera, con una cucharada sopera de yogur natural y una cucharada sopera de miel. Aplica la mascarilla sobre el rostro limpio y deja actuar 10 minutos. Enjuaga con agua tibia, con un guante para facilitar el proceso, y seca tu cara. Como con todos los cuidados caseros, haz primero una prueba para comprobar que no tienes ninguna alergia a este compuesto vegetal.

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El Aloe vera: hacia una diversificación agrícola anunciada…

Así que, tanto para producir gel como para producir jugo, se cultiva sobre todo el Aloe vera en muchos países exóticos y también en países mediterráneos. En Francia, además, esta planta está despertando ahora un interés creciente debido al cambio climático, ya que se revela especialmente resistente a las sequías. Un entusiasmo que ha llevado a algunos agricultores o viticultores reconvertidos de la región de Occitania a lanzarse a este cultivo tan poco habitual, como en Lot, el Aude o las Pirineos Orientales, que sufren grandes déficits de agua. Y es que la planta puede resistir algunas heladas esporádicas con una protección ligera, y además logra desarrollarse correctamente en suelos cada vez más áridos, sin necesidad de insumos de pesticidas. El Aloe vera podría convertirse, igual que los pistacheros, en un nuevo cultivo de diversificación. Así que habrá que seguirlo de cerca en las próximas décadas en nuestro territorio…