Rosas, amarillas, rojas o incluso blancas… los rosales, con su belleza hipnotizante y sus delicados aromas, son auténticas joyas en cualquier jardín. Sin embargo, para mantener su buena salud y su estética, es esencial entender y eliminar los chupones que pueden agotar su energía. Te explicamos por qué es importante eliminar esos brotes vigorosos y cómo hacerlo correctamente para asegurar que tus rosales se mantengan en plena forma.
¿Qué son los chupones en un rosal?
Los chupones, que también se llaman brotes, son brotaciones que crecen a partir del portainjerto de un rosal injertado, por lo general por debajo del punto de injerto. Estos tallos se distinguen por un crecimiento rápido y vigoroso, a menudo en detrimento de la planta principal. Como obtienen su energía del robusto sistema radicular del portainjerto, estos brotes pueden llegar a dominar el rosal, reduciendo así la floración y debilitando la planta.
¿Por qué es importante retirarlos?
Dejar los chupones en un rosal puede provocar varios problemas. No solo desvían los nutrientes y el agua de la parte injertada, sino que también pueden llevar a una planta descompensada, con menos floración y más propensa a las enfermedades.
Aún peor, el portainjerto puede acabar imponiéndose sobre el injerto y te encuentras con un rosal… totalmente distinto del que habías elegido. Por ejemplo, algunas especies de rosales silvestres (Rosa multiflora, Rosa canina, Rosa laxa, ...) se usan con frecuencia como portainjertos por su gran resistencia a enfermedades radiculares y su buena adaptación.
Eliminar estos chupones permite, por tanto, redirigir la energía hacia las ramas que producen flores y hojas sanas, favoreciendo así el crecimiento y la floración de tu rosal.
¿Cómo identificar los chupones?
Para empezar, ¡hay que reconocer esos famosos chupones! Por lo general crecen desde el tronco principal o desde las raíces, siempre por debajo del punto de injerto, y tienen un aspecto distinto al de las ramas normales: suelen ser más gruesos, con un follaje más claro y con entrenudos más largos. Además, no producen botones florales y crecen con una fuerza que contrasta con el resto de la planta.

¿Cómo eliminar los chupones?
1- Equípate con guantes de jardinería, preferiblemente específicos para rosales, para evitar que te pinchen.
2- Después, hazte con un corta-ramas bien afilado. Asegúrate de que las cuchillas estén limpias y desinfectadas para evitar la transmisión de enfermedades.
3- Inspecciona atentamente la base de tu rosal en busca de brotes que salgan del portainjerto, por debajo del punto de injerto. A veces pueden estar ocultos bajo el follaje o surgir desde las raíces.
4- Corta cada chupón lo más cerca posible del tallo principal o del suelo. Haz un corte limpio para no dañar más el rosal.
5- Después de eliminar los chupones, vigila regularmente tu rosal para eliminar cualquier intento nuevo de rebrote de chupones, sobre todo durante la temporada de crecimiento activo.
6- Tras la poda, riega tu rosal y mantén el suelo húmedo, pero sin excesos. No dudes en añadir mantillo alrededor de la base del rosal para ayudar a conservar esa humedad y prevenir el crecimiento de malas hierbas.

Consejos y trucos adicionales
- Poda en el momento adecuado: el final del invierno o el inicio de la primavera, antes de que el rosal empiece a crecer de forma activa, es el momento ideal para inspeccionar y eliminar los chupones.
- Ojo con las heridas: evita dañar el portainjerto o el tallo principal al podar.
- Aporta abono para rosales después de suprimir los chupones para ayudar a la planta a recuperarse de la pérdida de esos brotes tan “voraces” en energía. Esto favorecerá el desarrollo de las yemas florales.
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