En aquellos buenos tiempos, la vida rural estaba marcada por dichos sobre los cultivos. En casi cada festividad del calendario, correspondía uno de estos dichos, que indicaba una actividad para una planta determinada. Así, la tradición oral está llena de estos aforismos tan queridos por los jardineros, que van dejando huella en las estaciones con referencias temporales: “en Santa Catalina, todo árbol echa raíces”, “plantas las patatas cuando el lila está en flor” o “el primero de los Santos de hielo, a menudo lo notarás”.

Hasta ahora se sabía, pues, que sembrar, podar, plantar o cosechar gracias a estas referencias. Pero hoy, ya casi nadie sabe a qué santo encomendarse, porque el ciclo climático alterado ya no encaja del todo con los dichos de nuestros antepasados y sus referencias estacionales. 

La floración del lila es una referencia muy conocida para empezar a plantar las patatas

Referencias estacionales alteradas

En efecto, en Francia, en un siglo, la temperatura media ha aumentado 0,7 °C y el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) prevé un aumento de las temperaturas mundiales entre 1,4 y 5,8 °C de aquí a 2100. No hace falta consultar a los especialistas para constatar este calentamiento, ver sus consecuencias en nuestros jardines y observar una desincronización respecto a las referencias estacionales tradicionales.

Así que no os sorprenda ver que vuestro manzano o vuestro cerezo se ofrecen una segunda floración a finales de agosto; el hecho de que “desestacionalicen” (ese es el término del argot jardinero) es la señal de este desajuste, al que lo vivo no sabe cómo adaptarse, ya que es demasiado brusco. Parece que una de las pocas expresiones que aún se mantienen en este tema es, precisamente, “ya no hay estaciones”. En medio de este caos, nuestros dichos tradicionales que marcan el año meteorológico siguen siendo una referencia, una memoria colectiva, pero lo cierto es que a partir de ahora tendremos que adaptarlos a la situación de un mundo transformado.

Los desajustes se ven en el jardín

En el conjunto de nuestra Hexágono y Bélgica, la fenología nos muestra desde hace varios años que los inviernos se vuelven cada vez más suaves, sin que por ello nos evite las heladas, incluso tardías. Las épocas de sequía están llamadas a multiplicarse, provocando el secado de los suelos y una menor disponibilidad de agua dulce.

Así, en la vegetación de los jardines y de la naturaleza que todavía nos rodea un poco, se aprecia que:

  • se producen brotes (el momento en que se abren los brotes de hojas o flores) y floraciones más tempranas. Los científicos consideran que, por cada 1 °C más, los brotes aparecen 5 días antes
  • la madurez de los frutos se adelanta
  • se da una desincronización entre las floraciones, lo que impide la polinización cruzada de estos frutales
  • hay un periodo de latencia que no se levanta de manera suficiente y falta endurecimiento frente al frío en las plantas
  • se inhibe el desarrollo general de las plantas
  • se produce el desarrollo de plagas, que permanecen en el jardín año tras año y presentan un ciclo más rápido y un periodo de reproducción más largo gracias al aumento de las temperaturas
  • se desarrolla el conjunto de enfermedades criptogámicas

Las diferencias en los ritmos estacionales afectan no solo a las plantas, sino también a los insectos, las aves y toda la fauna del jardín que se alimenta de ellas, afectando a veces a toda una cadena alimentaria.

abeja frutal
Una floración más temprana de los frutales puede tener consecuencias en cadena en la vida de los insectos polinizadores

La fenología como herramienta de resiliencia

Ante esta constatación, si queremos seguir teniendo jardines agradables para vivir en ellos, así como cosechas regulares y abundantes, tendremos que tener en cuenta todos los impactos actuales, pero también los que se prevén. Si las referencias estacionales ancestrales ya no son muy fiables, la fenología, es decir, la observación de los acontecimientos periódicos de la vida de las plantas y los animales (como la aparición de las hojas, la floración, la salida de las aves migratorias, etc.), realmente puede ayudarnos a entender la influencia del calentamiento en nuestro terreno.

Sacad vuestros cuadernos de jardinería y anotad vuestras observaciones a lo largo de las estaciones. Es muy probable que os sean valiosas para los próximos años. Pequeños desajustes en las épocas de siembra o en las fechas de floración, o en la aparición de enfermedades o plagas, por ejemplo, conviene anotarlos para recordarlos en años posteriores. Eso es la resiliencia: el hecho de adaptar nuestras prácticas y hábitos de jardinería para adaptarnos de forma gradual (¡o no!) y evitar repetir errores que pueden desanimar incluso a los más apasionados.

Llevar un cuaderno de jardinería con observaciones sobre las fechas de los distintos “acontecimientos” del jardín os ayudará a adaptaros a los cambios que están por venir

Si os metéis en el juego de estas fascinantes observaciones, podéis participar en un programa de ciencias ciudadanas en el sitio del Observatorio de las estaciones, creado por un grupo de investigación del CNRS, con el fin de ayudar a la comunidad científica a recopilar datos sobre los ritmos estacionales de la flora y la fauna para comprender el impacto del cambio climático en los ecosistemas.