Enfermedades y parásitos comunes del Kalanchoe
Prevención y tratamiento de enfermedades y parásitos del Kalanchoe
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Con sus hojas carnosas y su floración colorida que dura semanas en algunas especies, el kalanchoé lo cubre todo en la planta de interior perfecta, a la altura del Kalanchoé de Bloosfeld. Fácil de cuidar, poco exigente, luce con orgullo en nuestro interior. Pero detrás de ese aspecto de planta resistente se esconde una especie con cierta sensibilidad si no se respetan sus necesidades de cultivo: mildiu del kalanchoé, moho blanco del kalanchoé, enfermedades fúngicas, parásitos invisibles, exceso de agua mal tolerado… El kalanchoé puede empezar a decaer rápidamente si se pasan por alto algunos detalles.
Descubre cómo prevenir las enfermedades del kalanchoé de interior para mantener tu planta en su mejor forma.
El Kalanchoe: variedades y especies
Obviamente, al pronunciar el término «kalanchoé» viene a la mente la imagen de la pequeña planta suculenta, con una floración especialmente generosa y, sobre todo, muy duradera. Se trata del Acoro de Blossfeld (Kalanchoe blossfeldiana), que florece en blanco, rosa, rojo, amarillo, naranja, violeta… Es la planta florida, estrella de los interiores, fácil de encontrar en cualquier sitio. Le gusta la luz intensa, un sustrato bien drenante, y no tolera el exceso de agua ni la humedad estancada. En cuanto al riego, el Kalanchoé necesita una atención especial.
Pero el género Kalanchoe ofrece otras joyas en cuanto a formas, tamaños y necesidades, gracias a los numerosos cultivares:
- El Kalanchoe tomentosa: también llamado «planta panda», se reconoce por sus suaves hojas aterciopeladas. Es muy tolerante a la sequía, pero sus pelos pueden retener la humedad y favorecer ciertas enfermedades fúngicas
- El Kalanchoe thyrsiflora o «rosa del desierto»: es magnífico por sus hojas planas y lisas, como pétalos de rosa. Con el sol, los bordes de sus hojas se tiñen de rojo. Prefiere los interiores secos
- El Kalanchoe beharensis , con sus grandes hojas triangulares y aterciopeladas. Es una planta muy gráfica, pero necesita un espacio luminoso y con buena ventilación
- El Kalanchoe marmorata atrae la mirada con sus grandes hojas planas jaspeadas de violeta. Es especialmente sensible al exceso de humedad, sobre todo en invierno, y puede desarrollar manchas fúngicas si no se ventila bien
- El Kalanchoe farinacea, más discreto, presenta un follaje polvoriento de un ligero tono azulado. Tiene cierta resistencia a la sequía, pero no aprecia los ambientes demasiado húmedos
- El kalanchoe daigremontiana, apodado «madre de los mil», produce una multitud de plántulas en los bordes de sus hojas. Espectacular, se valora por su facilidad de reproducción, pero sus tejidos jóvenes y tiernos pueden ser vulnerables a los hongos o al exceso de riego.

Las diferentes especies del Kalanchoé: alrededor del Acoro de Blossfeld, Kalenchose tomenstosa, thyrsiflora, beharensis, marmorata, farinacea y daigremontiana (en el sentido contrario a las agujas del reloj)
Ver también
Kalanchoe: cultivo y cuidadosLos pequeños y grandes males del Kalanchoe
Aunque el Kalanchoé es una planta resistente, puede verse afectado por diversas enfermedades. Identificar los síntomas a tiempo permite actuar con rapidez y evitar que se propague a otras plantas.
Las enfermedades fúngicas
- El oídio es una de las afecciones más frecuentes, sobre todo en interior o en invernadero. Se manifiesta como un polvo blanco y harinoso sobre la superficie de las hojas. Después, las hojas amarillean, se necrosan, y finalmente caen. Para tratarlo, primero se retiran las hojas más afectadas y se mejora la ventilación. Los tratamientos en pulverización a base de bicarbonato de sodio pueden ayudar a limitar la propagación.
- La podredumbre gris, causada por Botrytis. Ataca las flores marchitas, los tallos o las hojas dañadas, y se reconoce por un moho gris que cubre los tejidos reblandecidos. De nuevo, hay que cortar y desechar todas las partes afectadas. También conviene separar bien las macetas para limitar la humedad estancada.
- La podredumbre de las raíces y del cuello suele aparecer por un exceso de agua o por un sustrato demasiado compacto. El Kalanchoé se marchita, aunque el sustrato esté húmedo, y las raíces se vuelven negras y blandas. En este caso, hay que sacarlo de la maceta, retirar todas las raíces afectadas, dejar secar el sistema radicular y, después, trasplantarlo a una mezcla ligera, muy drenante.
Las enfermedades bacterianas
Menos frecuentes pero temibles, las enfermedades bacterianas suelen desarrollarse después de una herida, un exceso de humedad o una mala ventilación. Provocan un marchitamiento rápido de los tallos, manchas oscuras y, a veces, malos olores.
Cuando se detectan estas señales, hay que cortar rápidamente todas las partes enfermas y desinfectar las herramientas. Si la infección está demasiado avanzada, lo mejor es deshacerse del Kalanchoé.
Las plagas, a menudo poco visibles, del Kalanchoe
Los kalanchoés también pueden ser objetivo de diversos insectos y ácaros, a menudo discretos pero potencialmente devastadores.
Las cochinillas
Se temen especialmente. Las cochinillas harinosas en el kalanchoé forman pequeños grupos blancos algodonosos en las hojas o en las axilas de los tallos. Otras, con “escudo”, aparecen en forma de pequeñas conchas pardas, fijas al Kalanchoé. Se alimentan de la savia, debilitan el kalanchoé y favorecen la aparición de la fumagina, un moho negro ligado a la melaza que segregan.
¿Qué hacer? El tratamiento empieza por una limpieza manual, con un bastoncillo de algodón empapado en alcohol de 70 %. Después, pulverizaciones de una cucharadita de jabón negro, alcohol de 70 °C y aceite vegetal, diluidos en agua, permiten asfixiarlas. Es indispensable una vigilancia regular, ya que tienden a volver si las condiciones siguen siendo favorables.
Los pulgones
Especialmente presentes en primavera, los pulgones se instalan en los brotes jóvenes, provocando deformaciones y un crecimiento más lento. Sus picaduras también favorecen el desarrollo de la fumagina y de los virus.
¿Qué hacer? Para eliminarlos, a veces basta con un simple chorro de agua al inicio de la infestación. Si no, se puede usar jabón negro mezclado con agua, o una infusión/decocción de ajo.

El Kalanchoe longiflora se cubre de flores amarillo canario a finales de la primavera
Los trips
Difíciles de detectar, los trips provocan manchas plateadas, rayas o agujeros en las hojas del Kalanchoé, y a veces una floración alterada. A menudo se detectan demasiado tarde.
¿Qué hacer? En ese caso, hay que actuar con rapidez usando trampas cromáticas adhesivas azules para capturarlos. Una buena humedad ambiental también puede limitar su desarrollo.
Las arañas rojas
Frecuentemente llamadas «arañas rojas«, estos ácaros aparecen sobre todo cuando el aire está demasiado seco. Provocan un amarilleamiento progresivo de las hojas, que acaban por secarse. Pueden aparecer telas muy finas entre las hojas.
¿Qué hacer? Un simple pulverizador suele servir para ahuyentarlas. También puede sacar su Kalanchoé al exterior bajo la lluvia, si las temperaturas no son demasiado bajas.
Las buenas prácticas para evitar enfermedades y parásitos
La prevención sigue siendo la mejor defensa contra todos estos problemas que pueden poner en riesgo el Kalanchoé. Aquí tienes los hábitos que debes adoptar para mantener tu kalanchoé en plena forma:
- Utilizar un buen sustrato, ligero y con buen drenaje. Las mezclas para cactus o plantas suculentas, enriquecidas con perlita o con arena gruesa, permiten evitar la acumulación de agua, principal causa de las podredumbres
- Elegir una maceta adecuada, que cuente siempre con un agujero de drenaje. Es esencial vaciar los platillos y las cachepotes después del riego, ya que el agua residual es perjudicial para el sistema radicular
- Regar con moderación, solo cuando la tierra esté bien seca en la superficie. En invierno, las necesidades se reducen muchísimo. Mejor que se quede un poco demasiado seco a que esté un poco demasiado húmedo. Un riego cada 15 días en primavera, cada 10 días en verano (o más en caso de altas temperaturas), y una vez al mes en invierno es suficiente

El Kalanchoé necesita riegos moderados
- Asegurar una buena luminosidad. El kalanchoé aprecia la luz intensa, pero algunas especies deben protegerse del sol directo en verano
- Garantizar una buena aireación, sobre todo en interior. Una habitación cerrada o demasiado húmeda favorece la aparición de hongos y parásitos. Por lo tanto, es imprescindible ventilar, incluso en pleno invierno
- Separar las plantas, para evitar la propagación rápida si hay una infestación
- Vigilar con regularidad el follaje, los tallos e incluso las raíces en el momento del trasplante. Cuanto antes detectes un problema, mayores serán las probabilidades de recuperación
- Aislar las plantas nuevas durante dos a tres semanas después de comprarlas o de que lleguen a casa. Esto permite detectar posibles parásitos o enfermedades antes de que se extiendan a las demás
- Limpiar y desinfectar las herramientas después de cada uso, especialmente si se corta una planta enferma
- Evitar los excesos de abono, especialmente los ricos en nitrógeno, que vuelven los tejidos más tiernos y, por tanto, más atractivos para los insectos. Una pequeña aportación de abono líquido para plantas con flores para el Kalanchoé de Bloosfeld, de abono especial para plantas suculentas para las demás especies, se hará una vez al mes. Es incluso preferible dividir las dosis recomendadas entre dos.
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