Areca: ¿qué cuidados según las estaciones?
Nuestros consejos y trucos para que una planta esté a gusto y sana, de la primavera al invierno
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LaAreca (Dypsis lutescens) es sin duda la palmera de interior más común y más de moda en el mercado de las plantas de interior. Con su follaje elegante y exuberante, formado por varios estíptites particularmente finos, y su silueta grácil, aporta un innegable toque exótico. Originaria de Madagascar, crece en clima tropical, con calor y humedad. Aun así, se adapta bien a un cultivo en maceta en interior, siempre que se le ofrezcan las mejores condiciones de cultivo. Para que se mantenga en plena forma durante todo el año, su cuidado debe ajustarse a las variaciones estacionales.
Descubre cómo cuidar tu Areca a lo largo de las cuatro estaciones del año.
En primavera, reactivar el crecimiento de la areca
La primavera es la estación del renacimiento, también para las plantas de interior. En efecto, tanto dentro como fuera de casa aumenta la luminosidad, ya que los días son más largos. En cuanto a las temperaturas, son más suaves y el ambiente menos seco. Por eso, el Areca retomará su ritmo de crecimiento. Es, por tanto, un periodo ideal para estimular su desarrollo y proporcionarle las condiciones de cultivo más favorables.
Trasplante: nuevas macetas y sustrato para su Areca
Lo ideal es trasplantar el Areca cada 2 o 3 años. Si nota que su Areca empieza a sentirse apretado en la maceta (aunque sea una situación que a él le guste), la primavera es el momento adecuado para trasplantarlo. Su sistema radicular se desarrolla con rapidez, y un recipiente apenas más grande le permite crecer mejor y desenvolverse con más vigor.
La elección del sustrato es esencial. Un sustrato especial para plantas verdes garantiza un buen drenaje y evita el exceso de humedad, enemigo de sus raíces. También puede ofrecerle una tierra de jardín normal, aligerada con arena o con perlita para mejorar el drenaje. Agradece igualmente una aportación de un puñado de compost.
Si el trasplante no es necesario o no es posible por el tamaño de la maceta, basta con el surcado superficial: sustituir la capa superior del sustrato por un sustrato fresco enriquecido con compost le permite aportar nuevos nutrientes.

En primavera, el Areca retoma su crecimiento
Riego: ¡agua, pero sin pasarse!
Con la reactivación del crecimiento, las necesidades de agua del Areca son mayores. El riego debe ser regular, pero sin excesos. Una o dos veces por semana es una buena media, procurando que el sustrato se seque un poco entre dos aportes. También hay que asegurarse de que nunca quede agua residual en el platillo o en el cubremacetas.
Siempre es preferible un riego con agua no calcárea a temperatura ambiente, por ejemplo agua de lluvia. El agua del grifo se puede utilizar, siempre que se deje reposar durante unas horas.
La humedad ambiental desempeña un papel importante. Si el aire es demasiado seco provoca el desecamiento de las hojas, que se vuelven amarillas y luego marrones. Para evitar estos inconvenientes, es necesario:
- Rociar el follaje con agua no calcárea una o dos veces por semana
- Colocar una bandeja con bolitas de arcilla y agua bajo la maceta para mantener un ambiente más húmedo.
Exposición: ponga su Areca en buena luz
La primavera también es una oportunidad para optimizar la exposición del Areca. Necesita luz intensa, pero sin sol directo. Un lugar cerca de una ventana orientada al este o al oeste es ideal. La luz de un invernadero/terraza acristalada también le sienta bien a su Areca, siempre que no se coloque directamente detrás de los cristales.
Fertilización: un impulso extra para su Areca
Después del invierno, el Areca necesita un empujón nutritivo para reactivarse bien. Se recomienda abono líquido para plantas verdes, rico en nitrógeno. Una aplicación cada dos semanas hasta el final del verano favorece un follaje denso y luminoso.
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Palmera de interior: ¿cómo cultivar la Areca?En verano, gestiona el calor y la humedad ambiental alrededor de la Areca
Durante los meses cálidos, el Areca entra en su fase de máximo crecimiento. Su follaje se vuelve más frondoso, pero hay que procurar que no sufra por el calor y la falta de humedad.
Riego y humedad: se intensifica
El calor acelera la evaporación del agua, así que el riego debe ser más frecuente. Pueden ser necesarias de dos a tres veces por semana, sobre todo si el Areca está en un lugar caluroso. Con las mismas precauciones que en primavera: no dejar que el agua se estanque. El agua debe estar a temperatura ambiente y no ser calcárea para evitar manchas blancas en las hojas.
En cuanto a la humedad, el verano es una estación más difícil de gestionar. El aire se vuelve seco, así que hay que intensificar las brumizaciones sobre el follaje.
Exposición: sol, pero sin incidencia directa
Aunque la palmera de interior aprecia la luz, un sol demasiado fuerte quema su follaje. Si aparecen manchas marrones, conviene alejarla de una ventana demasiado expuesta o filtrar la luz con una gasa ligera. Idealmente, si tienes jardín, una pequeña estancia de junio a septiembre le sentará bien a tu Areca. A condición de colocarlo en una sombra luminosa, por ejemplo bajo un árbol de follaje ligero, o en semisombra iluminada por el sol de la mañana.

Una estancia al aire libre en verano es beneficiosa para el Areca
Atención a las plagas
Con el calor y la humedad, algunas plagas como las cochinillas y las arañas rojas aparecen. Un control regular del follaje permite actuar rápidamente. Descubre cómo combatirlas con nuestros dos artículos: cochinillas: identificación y tratamiento y arañas rojas: identificación y tratamientos.
En otoño, prepara el período de reposo de la Areca
Con la bajada progresiva de las temperaturas y la disminución de la luz, el Areca ralentiza su crecimiento para entrar en dormancia invernal. El cuidado debe ajustarse para evitar un estrés innecesario.
Riego: se reduce con suavidad
Al Areca le hace falta menos agua en otoño. Hay que empezar a espaciar los riegos, pasando a una vez por semana, e incluso menos si la habitación está fresca. Las pulverizaciones de agua, en cambio, pueden continuar, sobre todo si el ambiente interior está seco.
Fertilización: se detiene
El aporte de nutrientes también debe reducirse para que tu palmera de Areca entre en reposo invernal. Es preferible detener la fertilización a finales de octubre, ya que la planta entra en fase de dormancia y ya no necesita un exceso de nutrientes.
Exposición: es necesario moverla
Si la luz se vuelve demasiado escasa, el Areca puede acercarse a una ventana bien orientada. En cambio, no hay que instalarlo cerca de una fuente de calor, como un radiador, una estufa o una chimenea. En cuanto a la temperatura ambiente, no debe bajar de 15 °C. Recuerda que tu palmera de interior es originaria de Madagascar. Una temperatura de 18 a 24 °C le va perfectamente.
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Enfermedades y parásitos de la ArecaEn invierno, protege la Areca del frío y de la falta de luz
El invierno es una época delicada para el Areca, como para muchas plantas de interior. Su crecimiento se ralentiza y es más sensible a la falta de humedad y a la sequedad del aire, a causa de la calefacción.
Riego: lo mínimo imprescindible
En el periodo de letargo invernal, el palmiste que se multiplica no debe regarse más que cada dos o tres semanas. Hay que esperar siempre a que la superficie del sustrato esté bien seca antes de añadir agua. En cambio, es imprescindible seguir con las pulverizaciones para contrarrestar los efectos negativos de un ambiente seco. Y colocar la maceta sobre una cama de bolitas de arcilla y agua.

En invierno, el Areca debe disponer de buena iluminación
Vigilar el frío y los parásitos
Si tu Areca no ha pasado a sus aposentos de invierno, es imprescindible colocarlo en una habitación luminosa, con una temperatura superior a 15 °C. Presta mucha atención a las corrientes de aire frío y a las ventanas mal aisladas.
El invierno también puede favorecer la aparición de cochinillas. Un control regular de las hojas permite actuar con rapidez si hay una infestación.
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